Open Access en humanidades. “¿Lo cualo?”

En el post “Open Access en humanidades” del blogTecnocidanos su autor, Antonio Lafuente se extrañaba de que el movimiento “openaccess” tardase tanto en calar en los humanistas. Ponía como ejemplo que elResearch Council británico en humanidades no estaba muy por la labor deimpulsarlo oficialmente, lo que implicaría dejar abiertos los contenidosgenerados por investigaciones financiadas con fondos públicos. Y si esto pasaen una nación avanzada, en España la situación es peor porque este debate esinexistente.

Les propongo un experimento: pásense por las principalesfacultades y centros de investigación en humanidades de España, y pregunten alos investigadores su opinión sobre el “open access” o los documentos científicosde acceso abierto. Seguramente la inmensa mayoría de los que accedan aresponder dirán que qué es eso.

El mundo de la investigación en humanidades es arcaico, algológico si tenemos en cuenta que sus integrantes pueden ejercer su profesión sinque su empleo peligre por no estar al día ni de las últimas tendencias engestión de información y siendo unos completos ignorantes en el uso de latecnología. El resto de nosotros raramente nos podemos permitir ese lujo. 

Con todo hay otras razones, quizá desconocidas por AntonioLafuente, que en mi opinión explican que el open access se les atragante a loshumanistas:

La primera ya la he apuntado: la mayoría de profesores einvestigadores son unos completos ignorantes en tecnología. Y no me refiero ahacer un uso avanzado del ordenador, sino a entender como los métodos degeneración, transmisión, consulta y depósito del conocimiento están cambiando. Llegamosasí a extremos ridículos, como el que me pasó el día de la lectura de mi tesisen 2004, cuando un miembro del tribunal me critió que consultara unos librosdel XVIII en su versión original en la Biblioteca DigitalGallica en vez de haberme gastado mi dinero en haberme ido a París aconsultarlos personalmente. 

La segunda causa, por hacer el chiste, es que el mundo delas humanidades es “closed access”. Y lo digo no solo porque para podertrabajar en esto haya que moverse entre élites y jerarquías cerradas, es quetambién la competitividad brutal del sistema no premia lacolaboración sino el egoísmo.

Es frecuente no compartir ni divulgar los resultados de unainvestigación hasta que hayan sido publicados por miedo a que se plagien. Porponer un caso personal, hace unos años llamé a un importante personaje delInstituto del Patrimonio Histórico Español pidiendo ayuda y unos documentos parauna investigación. El “caballero” no me conocía de nada, pero asumía que iba a“fusilar” el resultado de sus “años” de investigación, así que se negó a darmenada (al final encontré lo que quería yo solo, y publiqué un artículo conmejores contenidos que los suyos). En contraste con esa desconfianza “porquesí”, cuando trabajé en Estados Unidos no hubo ni una sola persona ni instituciónque se negara a darme información muy valiosa para mis investigaciones. Inclusohubo gente que, sin conocerme, hasta me invitó a comer para que le contara máscosas.

En resumen: los humanistas no nos fiamos ni del vecino, y sidejamos “open access” nuestros trabajos puede que los republique a su nombre ynos quite nuestra ansiada plaza.

La tercera causa proviene la naturaleza de la produccióncientífica humanística: artículos y libros. Los libros son para vender y hacerpasta, porque ya me dirán ustedes qué otro producto creamos los historiadores.Así que el que quiera “acceso abierto” que lo compre o a la biblioteca. Y en elcaso de los artículos más que el público que lo vaya a leer (porque se escribenpor y para especialistas) lo importante es el público que te lo va a evaluar,porque pesan mucho a la hora de conseguir un trabajo fijo en esto. 

El tema no es baladí porque no está claro como las nuevasformas de publicación van a ser evaluadas a la hora de dar puestos de trabajo.Hoy en día vale más una publicación en papel que otra de Internet, a pesar dela escasa difusión del primer medio. Pero podemos meternos en terrenos aún máspantanosos gracias al open access. Por ejemplo, puedo liberar un artículo, otrome lo puede modificar, yo lo modifico, entra un tercero, y así, al estiloWikipedia, tendremos un trabajo mejor fruto de la colaboración de variaspersonas. Y si resulta que sale una plaza, ¿quién es el autor del resultadodefinitivo? ¿A quien darle los puntos que pueden suponer el trabajo fijo de loque te gusta para toda la vida?

En resumen: si liberar mi trabajo puede suponer beneficiar ala competencia, entonces open access pa su abuela. 

Esto es lo que hay, pero con todo el mundo de lashumanidades en España debería plantearse este debate. Como apunta AntonioLafuente, primero porque debería ser obligatorio para cualquier ciencia elponerse al día con el mundo de hoy, y no estar tan vergonzosamente atrasadoscomo estamos los humanistas. Segundo, porque es una obligación moral el poneren acceso público las investigaciones financiadas con recursos públicos, que enel caso de las humanidades deben ser cercanas al 90-100% (desgraciadamenteapenas hay empresas que inviertan en investigación en nuestro sector). Yfinalmente, porque en nuestro mundo de competitividad enfermiza el open accessdebería hacernos cambiar el chip a los humanistas y animarnos, de una vez, acolaborar entre nosotros y con la sociedad, en vez de a aislarnos y machacarnos.

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Comentarios

Más que retratar el mundo académico de las letras en tus posts retratas la universidad española en general, sus taras endémicas y estructurales, que además de no tener solución, puede afirmarse que, menos todavía, tampoco tienen parangón en los países modernos. Hay que pensar que la Universidad española se quedó castrada después de la 2ª República, y que la casta que la ocupó y que la sigue ocupando, y ‘liderando’=controlando, parecería vivir en otros tiempos, o al menos así les gustaría.

Gracias Miguel Angel. Es difícil rebatir lo que dices, aún cuando tengo dudas sobre si los libros debieran también ser incluidos entre las publicaciones sobre las que reclamamos open access. la pregunta que me hago y si una monografía es un género comparable a un artículo, porque en el mejor de los paises posibles un libro contiene (o puede contener) secciones más ensayísticas y digamos personales de lo que suele admirirse en un paper. donde los árbitros someten a escrutinio la correspondencia entre las fuentes manejadas y las conclusiones difundidas.

Los libros entonces, realizados a partir de artículos profesionales, podrían considerarse como un extra al que no están obligados los investigadores, cuyos méritos se miden por papers en revistas de impacto y no por monografías en editoriales comerciales que no pueden acreditar (ni tienen la obligación!) ningún control de calidad. Si este argumento fuera mínimamente convincente, habría entonces que reflexionar sobre cómo hacer los CV, qué papel asignar a los papers, qué función desempeñan los libros en la vida académica y otros asuntos de este tipo.

SON MUY MALOS LOS COMENTARIOS Q HACES SOBRE LAS CARRERAS

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