10 razones para que investigadores españoles en el extranjero no vuelvan

Por su interés, y por complementar mis “10 razones para no ser historiador ni estudiar historia“, os copio aquí este post del blog Ciencia para Impacientes llamado 10 razones para que investigadores españoles en el extranjero no vuelvan, que a su vez es un texto original de Javier Sáez Castresana y publicado en Forum Libertas.

Simplemente quería dar mi enhorabuena a Ciencia para Impacientes y a Javier Sáez por publicar y difundir este texto. Dice bien claro que nohay, ni habrá en breve plazo, una carrera científica en España.

Aviso anavegantes: en los próximos años un teleoperador seguirá cobrando mássueldo y tendrá más reconocimiento laboral que un científico. Esto es lo que hay.
Quince años de políticas variopintas para captar “cerebros”, y España sigue sin garantizar a éstos una continuidad en su país.

Elministro de Sanidad y Consumo, Bernat Soria, en una visita realizada aSuecia hace un mes se reunió con más de 30 investigadores españoles enel Instituto Karolinska de Estocolmo, un prestigioso centro deinvestigación biomédica que además ejerce como una de las universidadesmédicas más grandes y célebres de Europa.

El ministro esbozó el proyecto de retorno de investigadores españoles que está diseñando el Ministerio de Sanidad y Consumo.

Hayvarias razones por las que aconsejo a estos científicos que no regresenprecipitadamente a España si la única causa para tal regreso fuera lapropuesta del ministro. No obstante, conviene antes hacer un poco dehistoria.

En el año 1992 se lanzaron por vez primera los“contratos de reincorporación de investigadores postdoctorales aEspaña”. También se hizo una llamada a los mal denominados “cerebros”para que regresaran a la patria a hacer investigación.

Muchosregresaron convencidos de que el país se abría a la contratación deinvestigadores. No fue así. Los contratos duraban tres años comomáximo, y sólo si el director de investigación al que se adscribíantenía un proyecto de investigación concedido.

Cuando dejaba detenerlo, el “cerebro” pasaba al paro. Y si el director disponía de otroproyecto varios meses después, el “cerebro” era recontratado. Estasituación acabó con la paciencia de muchos, que abandonarondefinitivamente la investigación, ya que tras sumar los tres años decontratación total pasaban directamente al paro al no haber sidodiseñado un plan de plazas de investigadores en las universidades o enel CSIC.

Otros “cerebros” que regresaron a España, fueroncontratados en alguno de los hospitales del Sistema Nacional de Salud.Para ello, el hospital pagaba una parte y el Fondo de InvestigaciónSanitaria el resto.

Así durante 6 años, con un salario bastantebajo, escasamente superior a los 1000 euros al mes. Hace un par de añosestos investigadores, han finalizado sus contratos: algunos han sidorecontratados a bajo sueldo por el propio hospital y otros han pasadoal paro. Varios abandonarán la investigación si encuentran un trabajomejor.

Hace pocos años se diseñó el plan de contrataciones Ramóny Cajal, como una mejora de los contratos de reincoporación de 1992.Ahora duran cinco años y no dependen de que el director deinvestigación al que el “cerebro” se adscribe tenga o no un proyecto deinvestigación concedido en un determinado momento, ya que lafinanciación se concede directamente al investigador contratado, al“cerebro”.

En breve iremos viendo cuál es el futuro de estosinvestigadores: ¿serán verdaderamente contratados por lasuniversidades, el CSIC u otros centros de investigación cuando el MECdeje de pagar los contratos Ramon y Cajal? ¿Se han creado plazasespecíficas para ellos?

¿Existe un modo de valorar su carreraprofesional? Nadie responde con claridad a estas preguntas en laadministración. Si algunos encuentran empleo será por el buen hacer desu propia universidad o de otra, pero las garantías de que todosaquellos que han trabajado correctamente encuentren empleo son mínimas.

Españano ha profundizado a nivel político sobre la importancia de lainvestigación científica en términos de contratación de personal. Lospolíticos hablan mucho de investigación, tal vez demasiado, pero noconcretan cómo hay que financiar los recursos humanos, verdaderosagentes activos de la investigación.

Tras15 años de políticas variopintas para la captación de “cerebros deinvestigación” España sigue sin garantizar el futuro de éstos una vezen su tierra.

Paso a dar diezrazones (hay muchas más) para aconsejar a las nuevas promociones decientíficos postdoctorales españoles que sigan en sus puestos mientraspuedan y sólo regresen si no hay más remedio y amarrando todoslos cabos posibles, porque, de otra manera, con la simple confianza enel gobierno de turno, no prosperarán ni laboral ni científicamente.

1. España no ha diseñado una carrera científica.Los “cerebros” que retornen han de saber que las universidades lescontratarán como docentes, despreocuparándose, en general, por susquehaceres investigadores, exigiéndoles únicamente el cumplimiento dela docencia. Sólo el CSIC ha diseñado una carrera científica. Losinvestigadores que llegan del extranjero son, por ello, difícilmentecontratables en la universidad, o en hospitales si realizaninvestigación biomédica. Además la promoción posterior es inexistente.

2. Oposiciones frustradas a plazas en la Universidad .Quienes sólo se hayan dedicado a investigar, y no a enseñarformalmente, no podrán opositar a puestos de profesor titular ocatedrático, por mucho curriculum vitae que lleven a sus espaldas, yaque la función docente documentable, por escasa o inexistente, lesimpedirá ser incluso baremados como candidatos a tales puestos porparte de la actual ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidady Acreditación).

En otras palabras, España trata a estecolectivo como “investigadores no docentes”, aunque se pasen la vidaenseñando cómo investigar y dando conferencias con sus novedososresultados.

En nuestro país un premio Nobel no llegaría acatedrático si sólo hace investigación y no da clases de algunaasignatura de licenciatura. Y esta norma se ha seguido al pie de laletra durante décadas, por no decir siglos, a fin de introducir en elsistema a mediocres “docentes no investigadores”, impidiendo la entradade investigadores de calidad que podrían en poco tiempo adaptarse a ladocencia y contribuir con su investigación a incrementar el nivel deproducción científica de nuestras universidades.

3. Exceso de carga docente.La carga docente en la universidad es habitualmente pesada y tediosa, ylos “cerebros” que se encuentran en el extranjero, en general, deseaninvestigar. Al regresar a España, si se les explota excesivamente conla docencia, suelen rebelarse y los problemas comienzan. Por otraparte, si no se les da ninguna carga docente se encuentran en lasituación descrita en el punto anterior, lo cual a la larga podría serpeor, cuestionándose incluso desde la propia universidad si tal o cual“investigador no docente” debe continuar en el puesto que ocupa.

4. Dificultad para formar un grupo investigador.Aún cuando encuentren un puesto como investigadores en algún institutode nueva creación o en algún centro del CSIC, que no en la universidad,los “cerebros” tendrán muy difícil formar su propio grupo deinvestigación al estilo del que ellos conocen en otros países, ya que,en general no recibirán personal adscrito bien formado, sino, a lo sumoalgún becario para hacer la tesis doctoral bajo su dirección y despuésabandonar el grupo. Esta realidad no mejora con el tiempo, sino que secronifica y año tras año logra minar la ilusión científica de grannúmero de investigadores de nuestro país.

5. Escasa o nula financiación básica.España no otorga, ni siquiera a sus mejores investigadores, una mínimacantidad de dinero anual para poder investigar. Es cada jefe de grupoquien debe solicitarlo al Ministerio, explicando en largos y tediososdocumentos lo que quiere hacer, lo que ha hecho en el pasado, suhistorial de publicaciones científicas, etc.

En estos menesteresgasta el “cerebro” la mayor parte de su energía, sin ayuda de personalde secretaría de ningún tipo, lo cual le hará sentir que pasa demasiadotiempo pegado al ordenador y no pensando precisamente en experimentoscientíficos sino en cómo conseguir el dinero que necesita para realizarsu propio trabajo.

¿Saben Vds. de algún otro trabajo en que setrabaje para conseguir el dinero con el que hay que comenzar atrabajar? ¿Y si a pesar de todo no se consigue? Así es la vida delinvestigador universitario. Cualquier ingeniero que hace investigación,sin embargo, por estar asociado a empresas patrocinadoras, puedeplantearse objetivos más concretos, ya que existe una mínimafinanciación estable, consiga él dinero o no.

6. Exceso de burocracia en los procesos de investigación.La propia institución de investigación, sea el CSIC o lasuniversidades, por un exceso de burocratización y sin mala fe en muchoscasos, o con mala fe en otros, puede llegar a impedir al investigadorque realice parte de esas peticiones económicas a las agencias definanciación, así como la entrada de becarios o el establecimiento decolaboraciones científicas con otras instituciones. Sin entenderlo, portanto, no es raro que el investigador sienta que la propia institucióndonde trabaja no le facilita, sino lo contrario, su labor de búsquedade financiación y personal adscrito bajo su dirección.

7. No se contratan investigadores fuera de los puestos de funcionarios: profesores titulares o catedráticos.Normalmente en España se dirige un grupo de investigación o se hace latesis en él, para luego abandonarlo. No hay forma de contratar a unpostdoctoral con experiencia que no quiera dirigir un grupo. Las “capasintermedias” no existen. No hay dinero para contratar a personalcualificado de forma permanente.

Esto supone un gran riesgo paralos laboratorios: los directores no disponen de gente cualificada y vencon tristeza cómo ellos mismos van quedando desfasados de lo que un díahicieron. La calidad de la investigación de sus grupos puede irdisminuyendo progresivamente.

8. La productividad científica no se ve recompensada en España.Sólo se evalúa desde el Ministerio el crecimiento curricular de losprofesores funcionarios (profesores titulares y catedráticos). El restode profesores españoles son injustamente olvidados, produzcan lo queproduzcan, incluso si producen más o mejores resultados que algunos delos profesores titulares y catedráticos. Simplemente no se les pagaránada extra por ello. Y si producen poco, tampoco se les penalizará.

9. Falta de personal técnico o de apoyo.Lo normal es que el investigador haga todo lo que tiene que hacer élsolo: pedir fondos, rellenar folios y folios cada año con solicitudes,justificaciones, inventarios, facturas; buscar bibliografía publicada,escribir artículos dominando los programas informáticos existentes paraello; hacer fotografías o dibujos explicativos para incorporar a laspublicaciones (hay que ser casi un experto del Photoshop o programassimilares); dirigir a los becarios predoctorales de su grupo deinvestigación; atender las cuestiones que vengan de su Facultad ocentro de investigación…

En fin, poco tiempo le queda parainvestigar (pensar, discutir con otros, releer temas de contraste) conserenidad. El investigador español pierde mucho tiempo por no disponerde ayuda suficiente a nivel de secretaría fundamentalmente.

10. Un conjunto de diferentes razones comolas líneas de investigación prioritarias cambiantes cada poco número deaños; la baja consideracion social, laboral y económica delinvestigador; la injusticia curricular que normalmente ha desfavorecidoa quienes eran originales, inteligentes y sabían hacer sin dardemasiada lata; las célebres y nuevas inhabilitaciones a priori, segúnlas cuales no se permite solicitar dos proyectos a la vez comoinvestigador principal, perdiéndose los dos sistemáticamente alsolicitarlos incluso por error; y muchas otras razones me obligan arecordar a estos jóvenes investigadores que el científico en Españadifícilmente puede llegar a realizar una investigación seria,competetitiva y con utilidad.

Además se cronifica como un ser enminoría de edad, bajo salario, becario permanente, sin fijeza en eltrabajo, a la caza constante de dinero para investigar, finalizandotodo ello casi siempre en la génesis de un ser desanimado, con pérdidade autoestima, por no decir solitario, taciturno, cansado de la vida(de la profesional al menos).

Pero muchos siguen adelante: elcientífico no sólo investiga por vocación, o por gusto, o porobligación desde instancias superiores (aunque nadie le obliga,ciertamente), sino también y sobre todo si lleva años investigando, porvoluntad cajaliana con el convencimiento de que, a pesar de losobstáculos que el sistema español de ciencia y tecnología le puedaponer, unidos a los creados por su propio lugar de trabajo, él tieneuna misión en esta vida y, humildemente, tiene que llevarla a cabo.

JavierSáez Castresana dirige la Unidad de Biología de Tumores Cerebrales enla Universidad de Navarra. Ha trabajado anteriormente en el InstitutoKarolinska (1988-1990), la Universidad de Harvard (1990-1992), y elCSIC (1992-1997).

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Un escrito valiente y libre. En los tiempos que corren, artículos como este, no sólo brillan por lo que revelan y evidencian. Artículos como el escrito por el Dr. Saénz Castresana (muy escasos y como todo lo escaso, más necesarios aún), traslucen una libertad de conciencia y un compromiso en la búsqueda de la verdad que vence sobre convencionalismos y servidumbres.

Por ello mi admiración y enhorabuena al Dr. Saénz de Castresana.

Por su lucidez, su libertad, su valor y su constancia en la búsqueda de la verdad.

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