1ª Imagen: El pensamiento y la salvaje. Tomás de Andrés. Prof. Titular del Dptº de Psicología Evolutiva y de la Educación de la U.C.M.
La mujer y el hombre de hoy ven al conjunto de la actividad científica como un medio, que ha de ser eficaz e inmediato para resolver sus problemas cotidianos y contribuir a aliviar su angustia existencial. El pensamiento antiguo o el primitivo eran capaces de dar una interpretación de lo que los ojos asombrados podían contemplar y esa explicación contribuía a dar una identidad personal y cultural a la tribu, también a calmar la intranquilidad y el desasosiego. Pero la extraordinaria parcelación actual del conocimiento técnico-científico nos aleja de una concepción unitaria, asequible y que se pueda llegar a asumir, del significado de nuestro sentido personal frente a una naturaleza inmensa y complejísima. La necesidad de ofrecer una idea unitaria que resuma los aspectos esenciales del pensamiento científico de nuestra época, la conveniencia de concebir un nuevo paradigma de la explicación universal de las cosas, es uno de los muchos retos filosóficos y educativos que piden hoy una respuesta.
En cierta ocasión una alumna de selectividad, y al tratar en filosofía el tema del estructuralismo, señaló que Claude Lévi-Strauss – el famoso antropólogo estructuralista- había escrito un libro que se llamaba “El pensamiento y la salvaje”, confundiéndole con su verdadero título: “El pensamiento salvaje” (La pensée sauvage. 1962). Ignoro qué extrañas fantasías se habían acumulado en su mente, si se había acordado de repente de la compañera de Tarzán o si simplemente se trataba de uno de esos lapsus calami de la vida cotidiana que tanto le interesaban a S. Freud y que tan entretenida hacen la lectura de su “Psicopatología de la vida Cotidiana”.
Hoy recordando la anécdota, una de tantas que ilustraban las “antologías del disparate”, pienso en el pensamiento humano y pienso en la salvaje situación científica a la que le enfrentamos. Salvaje no por primitiva sino por descomunal, exagerada e inasequible. Salvaje no por expresión sustantiva sino adjetiva.
Porque esa es la primera imagen que descubrimos de la ciencia de nuestro tiempo: su inmensidad inconquistable. La imagen que ofrecían las selvas primitivas a sus primeros pobladores o a sus arriesgados exploradores y aventureros.
No obstante estamos en tiempos de renovación y esperanza para la sociedad y para la ciencia. De entusiasmo y valor decidido ante el reto del saber. Tiempos, además, complicados, de grandes movimientos sociales migratorios, multiculturalismo, postcolonialismo, fundamentalismo y globalización, en los que nos resulta difícil encontrar esa identidad necesaria entre el ser humano y la diversidad de las obras de la ciencia de su tiempo.
Tiempos, en definitiva, de ganas de hacer y de solidaridad, de exigir a los científicos lo utilizable para el progreso y el bienestar de todos. Pero de inseguridad y con cierta dificultad para que los individuos se perciban a sí mismos en condiciones aceptables en su relación con el pensamiento científico.
Avanzamos sí, pero tenemos la sensación de ser una sociedad cada vez más vulnerable. Cuantos más conocimientos tenemos a un alcance relativo más inseguros parece que nos sentimos. Y es que a la ciencia le pedimos que nos garantice una respuesta segura a nuestros temores, para apartarlos para siempre de nuestras agoreras perspectivas, pero ya no le pedimos que nos ayude a clarificar nuestra identidad ni que nos ofrezca una visión armónica del universo de las cosas.
Si pensamos lo pequeño que es nuestro mundo, en un universo que se amplía sin cesar…¡ qué pequeño puede resultar nuestro mundo cultural científico!
Por ello, en los momentos actuales, como desde hace ya años, la transmisión de los contenidos y su articulación en una concepción globalizadora y unitaria es uno de los problemas básicos de la educación y de quienes tienen a su cargo su planificación y divulgación científica.
Pero no podemos negar que se desprendía de ellos algo importante: una cosmovisión, un concepto del mundo: el del ser humano como medida y centro del universo.
Además un sabio renacentista podía almacenar en su cerebro una síntesis básica de todos los conocimientos científicos de su momento histórico; podía ser teórico y experimental a la vez y sobrarle incluso tiempo para merecer con justicia el nombre de sabio ya que podría ayudar a las gentes a tratar de comprender el sentido de las cosas.
Hoy casi la totalidad de los conocimientos científicos aplicables a la realidad social y tecnológica se deben a personas de nuestro tiempo. El número de revistas científicas y técnicas supera con mucho las 100.000, con millones de artículos de interés cada año.
En la actualidad, no hay nadie capaz de abarcar sino una diminuta parcela del saber. Un especialista, aún minimizando el ámbito específico de su experiencia, no podría abarcar más que una pequeña parte de todo lo que se publica sobre el sector especializado del conocimiento que cultiva. Y desde luego nadie diría de esa persona que es sabia, a no ser que fuera capaz de transmitirnos una visión trascendental de la realidad que abarcara a la intuición de la totalidad y de la que se desprendiera una enseñanza ética para la vida.
Nuestra actual civilización se ha enriquecido con un enorme volumen de conocimientos, pero cada persona concreta sólo tiene acceso a una fracción mínima de ellos. Se nos ofrece, de esta manera, el contraste de una civilización tecnológicamente avanzada, extraordinariamente sabia en términos generales, pero poblada de una gran multitud de ignorantes. Y esa brecha entre la sabiduría colectivamente disponible y lo que cada uno de sus miembros sabe va a seguir forzosamente aumentando a un ritmo imparable.
Pero si por salvaje consideramos al pensamiento primitivo habría que señalar que al fin y al cabo éste era capaz de organizar el mundo real como una red de sistemas, de signos y significados, que podía llegar a satisfacer las necesidades de identidad, de ofrecerles a los miembros de la tribu un sentido en relación a lo incomprensible. Un sentido del que ahora no disponemos.
Los seres primitivos podían así disponer de estructuras mentales que les servían para interpretar el mundo y relajar su angustia ante lo inconmensurable.
Nuestro pensamiento “cultivado”, que representa el ideal de la ciencia moderna, trata de organizar el mundo real con una red de propiedades físicas cuantificables, la cuantificación del mundo exterior en términos de propiedades físicas es la base para la transformación necesaria de la realidad material que ha de ser sometido a los objetivos del progreso técnico, pero – por otra parte – cada vez nos alejamos más de una comprensión de totalidad, que necesitamos, para aliviar nuestra zozobra existencial.
No obstante ambos modalidades persisten en nuestra vida social, y a medida que se va haciendo más grande la distancia entre individuo y conocimiento científico, tanto más vuelve el sujeto a reencontrase con ese pensamiento mítico, totémico, silvestre…
Es este un punto de vista erróneo pero, al fin y al cabo, el pensamiento mágico es un modo más de codificar la realidad y hacer compatible la inquietud humana con el misterio de lo desconocido. Cuando la distancia se va haciendo inasimilable se renuncia a iniciar la travesía del conocimiento científico.
Necesitamos comprender el mundo pero cuando el pensamiento normal no llega a comprender sus mecanismos exige que las cosas le entreguen su sentido, el pensamiento normal sufre siempre de un déficit de significado mientras que el pensamiento mágico, que en nuestro tiempo adquiere la dimensión de pensamiento patológico – cuando éste se impone como el único camino admisible de comprensión de la realidad -, puede proporcionar, sin duda, un gran número de significados satisfactorios para una mente poco exigente.
Pero, si no podemos saber ni dominarlo todo, ni siquiera en un campo especializado del saber, ¿Qué es lo que podemos y debemos saber?
Desde luego eso que debemos saber estará condicionado por las exigencias y necesidades del tiempo que nos corresponde vivir, por las de la supervivencia de nosotros mismos, en tanto que individuos y colectividad social, y por las expectativas que se abren en el horizonte de nuestro futuro más inmediato y que exigen un desarrollo de la investigación en los ámbitos de las ciencias medioambientales, la energía, la estructura de la materia viva e inorgánica, la astrofísica, la astronomía, la física nuclear y de partículas, las ciencias de la vida y biomédicas, las ciencias sociales y humanidades, además, entre otras cosas, de los conocimientos exigibles en el campo del tratamiento de datos y de la computación, para que la bestia pueda, en cierta medida ser sometida al pensamiento, al científico no al mágico.
Pero también, y para satisfacer nuestra exigencia de intuición humana simple de la realidad compleja, tendremos que esforzarnos por ofrecer una imagen de unidad de la ciencia.
La unidad de la ciencia que muchos filósofos y científicos han reivindicado como posible sigue siendo un ideal, deseado, trabajado y en cierta parte conseguido. Logrado cuando la interdisciplinaridad se convierte en exigencia y único camino posible para el avance en el conocimiento, cuando no podemos separar la robótica de la informática o de la biotecnología, cuando la ingeniería abarca también el campo de la genética o cuando la arqueología necesita de la física….
Einstein decía que el fin de la ciencia es, de un lado, la comprensión más completa posible de la conexión entre las experiencias sensibles en su totalidad; y, de otro, la consecución de tal fin, con el empleo de un mínimo de conceptos primarios y de relaciones.
Y, en cualquier caso, convendría recordar y tener presente una reflexión antigua que jamás perdió actualidad: “la verdadera sabiduría no consiste en saber muchas cosas sino una fundamental que las resume a todas”.
Esto es lo que Heráclito de Éfeso nos enseñó, cuatrocientos años antes de nuestra era: que sólo entendiendo la norma central de las cosas puede un ser humano llegar a ser sabio y plenamente eficiente.
Esta fue la verdadera moral de su filosofía y en ella estuvieron, por vez primera en la historia de la humanidad, enlazadas de manera interdisciplinaria la ética y la física. Como en los buenos tiempos del neopositivismo.
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Comentarios
Antes de comentar esta imagen quería apuntar que me parece muy buena la metodología de Tomás de Andrés ya que nos permite dar nuestra opinión y logra que sus clases sean más prácticas que teóricas.
En cuanto a esta primera imagen, entiendo que en el siglo XV se intentara recoger toda la sabiduría en unos cuantos tomos pero hoy en día creo que esto es imposible. Cada día avanza la ciencia y se descubren nuevas cosas de las que puede que no nos enteremos.
En mi opinión, cada uno puede tener una idea unitaria sobre los conocimientos científicos pero veo impensable que se pueda llegar a un acuerdo para dar con una idea unitaria universal sobre los conocimientos científicos, que son múltiples.
Hoy en día, las personas ven la ciencia como la vía que da respuesta a todo pero la ciencia no es un "Dios" y no tiene la solución para todos los problemas. Quizá la ciencia está subestimada pero sí que necesitamos sus descubrimientos.
En conclusión, estoy de acuerdo con Tomás de Andrés, cuanto más conocimientos tenemos más inseguros nos sentimos.
Cristina Rubio
Ciencia, esa gran desconocida que creemos hija nuestra, pero que sin nosotros saberlo puede poco a poco destruir lo más humano de la gente. La ciencia en realidad no da tal seguridad al ser humano, pues lo que hoy es verdad, mañana es menos verdad y pasado es casi mentira. ¿Cómo fiarnos ciegamente de algo que no nos da seguridad? Por ponerlo en termino entendibles, si comparasemos la ciencia con una persona, un amigo nuestro, este sería el que cree hoy una cosa, mañana una cosa diferente, y pasado te ha engañado…
No quiero decir con esto que no nos valgamos de la ciencia, pues, a pesar de todo, es un amigo de la infancia y cuesta mucho decirle que no queremos volver a verle, puesto que, muchas veces, no cuando estamos tristes pero sí cuando estamos felices, este amigo contribuye a nuestra felicidad. Decía Nietzsche en su crítica a las ciencias positivas que estas acababan con la magia de la vida, pues si todo es controlable, previsible, medible y cuantificable no ha lugar al libre alberdio, a la locura del romántico me atrevería a decir, pues, como todos sabemos aquellos tiempos ya pasaron.
Dice mi hermana, farmaceútica, que todo en la vida es química, que todo se puede resumir y explicar en ecuaciones de elementos que dispuestos de una u otra manera producen una u otra reacción química. ¿Y si pudiese la ciencia llegar al punto de explicar el amor con una ecuación, o desarrollar en un papel la ecuación de la motivación, de la alegría o de la desgracia? Esto significaría que metiendo nuestro propio genoma en un máquina, un ordenador a modo de base de datos, te podría decir ésta con qué persona te deberías casar, qué personas te motivan, a quienes te debes juntar y de cuales te debes alejar. ¡Qué aburrimiento! ¡Alejadme de eso!
Déjenme equivicarme, como dice un buen amigo mío en su obra: "quiero tus defectos, sentir la decepción" pues esto es lo que verdaderamente nos hace humanos. En la magen de la ciencia que hoy tenemos, ésta es la que puede salvarnos la vida en un hospital un día concreto, pues ha llegado tal punto en medicina que es absurdo comparar el avance tecnológico que ahora existe con el de hace cien años. Pero es tambien ésta la que puede hacernos vivir una vida entera sintiéndonos sólos. Cuanto más se tiene, menos se necesita, y la necesidad es algo inherente al ser humano, si no necesitamos, no buscamos, no encontramos, y morimos. Es bien sabido que las personas cuando llegan a la vejez, no mueren tanto por una cuestión de salud como por una cuestión de actitud frente a la vida. Tengo la creencia, no la sabiduría, de que mueres cuando no tienes más que hacer en la vida, cuando ya has realizado la más gran construcción de la vida, has transmitido la palabra que te fue transmitida, pero ves vacío de sentido tu seguir en este mundo. Por eso puede morir quel que no quiere vivir más a los 60 años y vivir aquel que sigue activo, con ganas de vivir, a los 85.
¿Dónde se valora la incertidumbre? Parece que sólo vale lo cuantificable. Si no está escrito en datos numéricos, no sirve. Esta ciencia que hoy concemos, con sus grandes avances, esta amiga algo traidora, la pobre, la hemos creado nosotros. Ha sido el ser humano quien ha querido controlar los fenómenos naturales, aún a riesgo de que algunos de los pobladores de la tierra, una parte pequeña, se sientan cada vez más solos en ella.
En el siglo XV (y hasta mucho más tarde) uno podía morir con 14 años de un catarro, de un corte en el dedo o de un ataque de celos. Ahora ni por un catarro ni por un corte y mucho menos por un ataque de celos mueres. Es este hecho, la irreversibilidad de la muerte, lo que ha motivado al hombre ha investigar hasta límites insospechados para conseguir prolongar un poco más la vida de los pobladores de la tierra, sin saber, que cada año de más que la ciencia ganaba a la muerte era un trocito pequeño arrancado de lo que hace humanos a las personas: la duda. El no saber qué puede pasar mañana nos invita a descubrirlo, porque somos mezquinos y queremos todo para antes de ayer, sin saber, otra vez, que una vez consigas tu objetivo, no tendrás motivación alguna, y tendras que ocupar el tiempo con vanalidades y con falsas búsquedas.
Creo que debemos apreciar la belleza del viaje mucho más que la del destino. La ciencia nos puede ayudar, pero no debemos dejarnos controlar por ella, pues, en un mundo controlado por científicos, empiristas e ingenierios, ¿dónde cabe la literatura, el poder de una lágrima o la vida de una risa? ¿Donde cabe en este mundo científico la paciencia del maestro, el amor de una madre, la evocación del perfume, la potencia del que nace o la verdad del que sufre?
La ciencia desde el inicio de los tiempos siempre ha ido unida al hombre, por consecuencia éste la ha hecho suya, la ha utilizado como medio, le ha servido para, de un modo rápido, solucionar sus problemas, algo que es lógico, evidente y real. ¿Pero la ciencia ha podido solucionar las cosas, todas las cosas?, ¿no ha empeorado o devaluado ciertos valores básicos?. en la actualidad la ciencia se entiende como un medio para solucionar nuestros problemas, o almenos eso es lo que nosotros mismos intentamos creer; pues si nos paramos a reflexionar hace como unos 20 años nadie o sólo algunos privilegiados tenáin teléfonos móvil, por poner un ejemplo, era algo extraño y desconocido; pero de un tiempo ha esta parte y con los progresos en satélites y telecomunicaciones el mundo de la telefonía móvil ha dado una expansión enorme, y hoy por hoy, ¿quién no tiene teléfono móvil? Es una pregunta quizás absurda, pero que bien analizada destapa la realidad más cercana, ¿antes de exsistir los teléfonos la gente no podía comunicarse?, ¿el móvil nos hace más libres o por el contrario es un instrumento que nos sirve para controlar y a la vez ser controlados por los demás? con este y otros infinitos ejemplos podemos abservar hasta que punto la ciencia avanza junto a todos los conocimientos científicos que hay en la actualidad y todos los descubrimientos y ensayos que se realizan, la ciencia de nuestra cultura, de nuestra época, la del S.XIX se ha convertido sin ninguna duda, en una ciencia que jámas podremos dominar.
la exigencia que hoy se pide por saber y conocer, nos envuelve en una espiral sin final, donde la ciencia se ha convertido para unos en un modo de vida, para otros en una tabla de salvación con recursos rápidos, pero…¿realmente la ciencia soluciona nuestros temores?. Los temores son miedos,que desafortunadamente no desaparecen sólos, entonces.. ¿que es realmente el miedo? según la Real Academia de la Lengua Espoñola:Recelo o aprensión que uno tiene de que le suceda una cosa contraria a lo que desea.
¿No deberíamos, entonces, ser nosotros mismos los que enfrentasemos nuestros propios temores, y les pusiéramos solución?.
por otro lado, desde una perspectiva evolutiva-hitórica de la ciencia y todo lo que la rodea o a ella se refiere, de algún modo ha supuesto una pequeña pero importante base, debemos compreder la ciencia de un modo sintetizado, esquematizado para, depués acceder si deseamos a conocer más en profundidad su riqueza. esto es algo, en cierto modo contrdictorio, pues por un lado, ¿quién no tiene hoy contacto o acceso con la ciencia o el cococimiento científico?Todos podemos obtener información desde la diferentes fuentes de información que existen, o al menos una parte de ellas, pero, por otro lado,frente a la complejidad de todos los datos y la diferencia de opiniones, ¿dónde o quién nos dice que es o no es lo correcto, lo concreto, lo verdadero?.
esta situación puede conducirnos a un "callejón sin salida", al centro de esa infita espiral; por ello muchas veces se recurre a las creencias, máginas o no, a la religión, o simplemente se deja volar la propia imaginación, creando un mundo utópico y maravilloso en el que se pueden sintetizar los conocimientos, las ideas,etc, se convierte, de alguna forma en una salida fácil y clara, una alternativa a la imagen de la ciencia.
Por esta razón, cada uno debe buscar aquello que realmente le de verdadera satisfacción, aquello con lo que encuentre el sentido, el fin de sus por qué, la propia identidad.Lo que no deja de lado que otros busquen, y quizás obtengan, la tan necesitada unidad de la ciencia, la unión de un todo en una sola concepción.
como muy bien se destaca en este artículo: "LA VERDADERA SABIDURÍA NO CONSISTE EN SABER MUCHAS COSAS SINO UNA FUNDAMENTAL QUE LAS RESUME A TODAS".Aunque esto sea una buena reflexión antigua, creo que no deberíamos dejar caer en el olvido que no es tan malo saber poco, pero saberlo bien, que mucho y mal.
"CIENCIA ¿Quién eres? Caminas y avanzas de tal forma que es difícil conocerte por completo.
Me intereso por tí y sin darme cuenta, siento, que puedes ser capaz de destruir lo más humano de mi ser, todo lo que tengo y lo que soy.
Han intentado resumirte, pero….hoy no puede ser….."
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Son muchas las personas que ven la ciencia como una amenaza, y no solo ahora, sino desde hace muchísimos años. Consideran que se debe a la sociedad, ya que esta no permite aquello sobre lo cual no se tiene información o no se comprende.
Los progresos en ciencia han sido muy rápidos en paises desarrollados, sin embargo, en aquellos subdesarrollados, el progreso de la ciencia es lento, tanto, que cada vez, la diferencia entre dos tipos de países es más grande.
Y yo me pregunto: ¿Por qué confiar ciegamente en la ciencia con tal de que esta nos aporte seguridad? Parece triste decirlo, pero así ocurre.
Necesitamos de la ciencia como necesitamos comer o dormir, vivimos de ella sin percatarnos de lo demás.
La ciencia nos rodea, siempre está ahí, a espensas a ser revisada o modificada, y se limita a buscar las causas o porqués de las cosas.
Investiga la causa de una enfermedad, la cual, tiene a nuestro querido abuelo postrado en la cama de un hospital durante meses, pero, sin embargo, no se pregunta por qué existe esa enfermedad, cosa que nosotros, los humanos nos preguntamos constantemente.
La ciencia comprueba su verdad, y jamás propone explicaciones que no pueda comprobar mediante métodos.
Yo, personalmente, veo la ciencia como algo impersonal, un tanto fría, que puede ser capaz de destruir lo más humano de tu ser sin darte apenas cuenta, como la explicación médica de por qué fue inevitable la muerte de un niño enfermo, cosa que no es consuelo para una madre. Y es por esta frialdad, por la cual, muchas personas y culturas sienten rechazo hacia la visión de la ciencia.
Cuando un profesor universitario de microbiología (pongamos un ejemplo), deja de ser un buen microbiólogo, también deja de ser un buen profesor, pues la educación profesional exije ser dada por profesionales en la carrera.
No podemos basar nuestra vida en la ciencia, no me imagino que llegue un día en el cual podamos elegir la fecha de nuestra muerte, o la de nuestro nacimiento, o vivir cuantas veces queramos, no.
No me imagino a un científico convenciéndome mediante su tesis y estudios, de la persona con la cual tengo que compartir el resto de mi vida. Y es que, como dice un refrán popular "equivocarse es de sabios", y yo quiero ser sabia a costa de equivocarme si tengo que hacerlo, pero por consecuencias de la vida. Si tengo que equivocarme con la elección de mi pareja, quiero ser yo la que lo vea y lo sienta, no que nadie me lo ponga en bandeja anticipándomelo. Porque quiero vivir esa experiencia y así poder sentirme verdaderamente humana.
La ciencia puede ayudarnos a vivir algo mejor, pero no debemos confiarle nuestra vida, ya que no nos garantiza nada, un día puede darte la vida, y otro día quitártela de golpe.
A mí me gusta despetar a diario sin saber que día me espera, descubrirlo por mí misma y saber que puedo equivocarme y aprender de mis errores, porque para ello soy persona.
Pero vivimos acelerados, queremos saber todo con anticipación, sin pararnos a pensar que si nos lo dan todo por sabido, entonces,¿dónde está la motivación?, ¿dónde se encuentra la ilusión por vivir? Entonces viviremos sin sentir lo hermoso de la vida. Yo elegí vivir este viaje contemplando el paisaje y disfrutando de cada piedrecita que me encuentro en el camino, apreciando lo que tengo e importándome poco el destino final del viaje.
Lo reconozco, vivo el día a día, y soy íntima amiga de las emociones, sensible donde las haya, no me tapo de derramar una lágrima al sentir felicidad, también amiga de los sentimientos, no hay nada mejor que sentir el calor de una mano amiga que te apoya en un momento difícil, eso es verdadera amistad.
Pero sin embargo, intento huir de colegueos científicos, donde todo está sabido y encajado, donde de nada importa lo que sientas, donde ninguna emoción hará variar una cifra científica.
Es verdad que nos encontramos en tiempos de renovación, tiempos de esperanza tanto para la ciencia como para la sociedad, pero creo que no como para poner nuestra vida en el fuego por la ciencia, porque más de uno terminaría quemándose en la hoguera.
Terminando mi comentario, estoy muy de acuerdo con mi compañero Borja, y si es verdad lo que dice, yo estoy del lado de la palabra. También felicitar a mi profesor Tomás de Andrés por sus clases, me parecen geniales, llenas de contenido práctico para nuestra vida de profesionales en pedagogía. Me encanta la importancia que le da a la infancia, ya que es la base de todo ser humano, y la alegría de todo hogar.
Un Saludo.
Si miramos a nuestro alrededor podemos ver que la ciencia se encuentra en cada aspecto de nuestra vida, imagino un solo día en que no nos valiésemos de la ciencia y sus creaciones y me parece básicamente imposible, sin embargo no considero que la ciencia sea tan buena como a todos nos la presentan.
En mi opinión creo que alejándonos de la ciencia podríamos llegar a humanizarnos mucho más y no ser las personas en que nos estamos convirtiendo incapaces de pensar por nosotras mismas y que nos dejamos guiar por la moda, la última tecnología o simplemente lo que hemos visto en la última secuencia de la televisión.
Un claro ejemplo de que la ciencia nos está cambiando es la comparación que podemos hacer con otras culturas antiguas, en dichas culturas había un saber generalizado, no se podía concebir a una persona culta que no se supiese defender en la mayoría de los campos tanto de la vida practica como de la teórica, sin embargo nuestro conocimiento actual es totalmente contrario a esto, ahora solo se sabe de una cosa, tenemos un saber concreto, muy especifico y centrado en un solo área.
Yo creo que sería mucho más provechoso saber algo de todo y no solo de algo concreto pero esta es una de las consecuencias del gran avance de la ciencia, que aunque nos ha beneficiado en muchos aspectos también nos ha empobrecido en otros.
Por último y como conclusión quiero decir, valiéndome de mi experiencia fuera de una gran capital como es Madrid que la ciencia y la tecnología no tienen necesariamente que hacer nuestra vida más agradable sino que creo que la convierten en menos saludable.
¿Es más importante la ciencia que el propio pensamiento? Hoy en día la gente necesita de la ciencia para llevar a cabo sus labores cotidianas. La mente de los primitivos era capaz de dar una explicación y resolver lo que acontecía en ese momento, eso era lo que diferenciaba a una tribu de las demás.
Poco a poco la ciencia se ha ido convirtiendo en algo "salvaje" como bien dice, algo incontrolado que cada vez crece más y mas. La ciencia esta en continua renovación, por lo que cada día sabemos un poco mas. En el siglo XV una persona podía saber una síntesis básica de todos los conocimientos, ¿TODOS los conocimientos? Parece sorprendente este dato pero era cierto, de unos diez mil volúmenes que se sabia en ese entonces hemos pasado a cien mil millones, parece una barbaridad, y en mi opinión lo es, dentro de unos años el conocimiento ira creciendo más y mas hasta limites insospechados, o por el contrario, llegara un momento en que lo sepamos todo; no creo en esta ultima idea, la ciencia en mi opinión es infinita.
Hoy no hay nadie sabio, el especialista en una materia solo puede conocer un parte de ella, demasiada información seria imposible como para que la mente humana pudiese almacenarla.
El pensamiento mágico, aquello que necesitamos pensar para satisfacer nuestras exigencias, sin este pensamiento nuestra vida seria caos, estaríamos intranquilos.
Lo que debemos saber esta condicionado por la época que nos ha tocado vivir, y aquí es donde el pensamiento mágico desaparecería y entraría el pensamiento científico. Pero el pensamiento mágico es el importante para nosotros, cada uno es libre de pensar en libertad para llegar a la satisfacción. ¿Que seria de nosotros si solo nos rigiésemos por la ciencia? Nadie tendría su propio pensamiento. Pero con el tiempo la ciencia será más importante que la propia opinión.
Para ser un sabio no necesitamos saber toda la ciencia sino lo fundamental, por tanto terminaré con la pregunta del principio. ¿Es más importante la ciencia que el propio pensamiento? La ciencia es importante porque nos esta dando a descubrir muchos avances, pero llegará un momento en que la persona no tendrá su propia autonomía para pensar y esta no es la mejor alternativa.
Me ha parecido un comentario bastante bueno por parte del profesor, hace que nos planteemos ideas que están en nuestros días y pueden afectarnos a todos nosotros.
Cabe destacar que la ciencia es uno de los saberes más preciados hoy en día, ya que, desde culturas primitivas se hacían grandes descubrimientos; como el fuego, la rueda…y todos estos descubrimientos han contribuido, a lo largo de nuestra historia, ha crear la ciencia, la cual ha ido evolucionando y haciéndose cada vez más compleja; es decir; ha pasado de ser una hoja en blanco a llenarse de conocimientos. Esto ha dado lugar, que en la actualidad haya una multitud de documentos e investigaciones sobre el ser humano y el entorno que le rodea, conformando todo ello un saber, la ciencia. A diferencia que en épocas anteriores, en las que los descubrimientos científicos eran escasos, hoy en día hay cientos. Todo esto, tiene su lógica, bajo mi parecer, ya que en los diferentes periodos de la historia, anteriores al nuestro, no se disponía de los medios y recursos que hay hoy en día para investigar sobre todo lo que tiene que ver con el ser humano; aunque existe en este asunto una gran paradoja, ya que, sin esos descubrimientos de periodos anteriores no podríamos haber descubierto muchas cosas que hoy conocemos, debido a que estos nos abrieron la puerta a los grandes interrogantes y descubrimientos que engloban hoy en día a la ciencia. También pienso, que la causa del por qué en otras épocas la ciencia no englobaba tantos conocimientos como en nuestros días, es porque el ser humano ha ido evolucionando a lo largo de la historia, tanto física como psicológicamente; es decir, la naturaleza del ser humano va creciendo poco a poco a lo largo del tiempo y de una manera desmesurada.
Sin embargo, existe la gran controversia de que en esta sociedad actual, la del conocimiento, se tiene la sensación y la experiencia de que hay una gran cantidad de investigaciones y conocimientos, tales que el intelecto humano es incapaz de comprender y asumir, ya que es tal la cantidad que es imposible que el individuo lo sepa todo, teniendo la sensación que tenemos un montón de conocimientos, pero que no sabemos nada. En cambio, en épocas anteriores a la nuestra, había pocos documentos e investigaciones que englobaban a la ciencia, pero la gente tenía una idea clara de todos ellos, llegando a utilizarlos como instrumentos útiles para su formación humana, su identidad, para el significado de la vida y para poder vivir.
En mi opinión y a la vista de lo que se dice en este artículo, está claro que muchas veces no es más importan ante la cantidad de algo, sino la calidad; ya que si las cosas que se hacen son de calidad el hombre con su intelecto las comprende y las puede utilizar para su vida. Por eso, la gran pregunta que hago es: “¿De qué te sirve tener mucho si no sabes lo que tienes?” “¿De qué tener todo el saber en diferentes materiales, si en realidad no sabes nada?”. Todos estos dilemas, como se refleja en el artículo de Tomás de Andrés, es un venir y devenir de opiniones en el que se aboga y se quiere llegar a un conocimiento unitario, el cual no cree ninguna confusión o controversia en el pensamiento del ser humano sobre todo lo que le importa y le rodea. Este gran problema también se da en el ámbito de la educación, el cual es bastante común, ya que, por ejemplo, en la enseñanza secundaria dan infinidad de conocimientos, los cuales crean gran confusión mental a los alumnos, debido a que son muchos y muy genéricos y sin ninguna utilidad aparente, lo que hace que los niños no sean capaces de entender los contenidos y que a la hora de estudiar lo hagan de una manera mecánica y memorizada.
El ideal de la ciencia en nuestro tiempo es conseguir la unidad de la ciencia, pero el problema es que cada ciencia no es única y autosuficiente, una necesita de la otra.
Lo cierto es que creo que los profesionales de cada una de las ciencias o disciplinas no desean esa unidad. Actualmente existe el problema de la profesión de pedagógos, y psicólogos, como ya conocemos, de que cada vez más el uno le está ganado terreno al otro y viceversa. Siempre estamos luchando y debatiendo sobre este tema, sin embargo, ¿no creeis, que es hipócrita decir por otro lado que queremos la unidad en el saber de las ciencias?
Creo que las diferentes disciplinas han nacido a lo largo de la historia con la idea de lo concreto, de lo unitario, no de lo global, antes un profesional podía ocupar un solo puesto de trabajo, ahora unos le “quitan” el puesto a otros. Este seria un inconveniente de la unión de las ciencias.
La astronomía, la biología y la informática, son disciplinas científicas, sí todas ellas se llaman ciencias es porque tienen algo común, solo hay que encontrarlo y asi llegar a cumplir el sueño de muchos que desearon y desean, esa unidad.
Otra cosa quería decir respecto a poseer todo el conocimiento, que está relacionado con lo tratado anteriormente, creo que saberlo todo de todo (que todo el mundo sepa de todo) seria un aburrimiento, ¿qué hay de aquello que se dice que todos los dias se aprende algo nuevo? Si terminamos por saberlo todo, no tendría sentido seguir en el mundo, no habría sueños o esperanzas, creo que no tendríamos esa inquietud por conocer que posee el individuo (algunos, porque otros se conforman, aunque no saben que su vida así no tiene mucho sentido).
En mi opinión, que cada uno sea especialista en lo suyo, tiene algo positivo, creo que genera una disposición a la ayuda al que necesita de otro especialista para completar su trabajo. Así ayudandonos unos a otros aprendemos a vivir en comunidad.
Atentamente, Irene Tártalo Pérez. 2º Pedagogía.
Ciencia, todo a nuestro alrededor es ciencia. No hay más que mirar a nuestro lado para ver los frutos que ha dado la ciencia. Hay muchos tipos de ciencia, aunque en el fondo todas se complementan.
Todos creemos saber de ciencia, y todos hablamos sobre ella pero si pedimos una definición ¿quien podría responder correctamente?
El conocimiento se remonta a los tiempos prehistóricos, como verifican los dibujos que los pueblos del paleolítico pintaban en las paredes de las cuevas, los datos numéricos grabados en hueso o piedra o los objetos fabricados por las civilizaciones del neolítico. Los testimonios escritos más antiguos de investigaciones científicas proceden de las culturas mesopotámicas.
Antiguamente una misma persona hablaba sobre muchos tipos de ciencia, hoy en día cada ciencia tiene sus especialistas, y ninguno se entromete en el campo de los demás. La ventaja sobre esto es que cada persona indaga sobre su especialidad y así obtenemos mas conocimientos sobre cada área, porque si cada persona estudia sobre todo deja muchas cosas sin descubrir, y, aún habiendo especialistas se dejan muchas cosas sin estudiar.
Las personas necesitamos creer en algo, lo necesitamos para poder vivir, para no vivir con el miedo y la angustia ante lo desconocido.
Pero ¿tenemos que creer todo lo que nos cuentan? ¿No deberíamos pensar por nosotros mismos? No podemos aceptar un pensamiento sin más, tenemos que ser capaces de romper las barreras de lo que ya existe y ser capaces de crear nuestras propias opiniones. ¿Es que el pensamiento de alguien es mejor que el de otro sujeto? Si otros han sido capaces de descubrir y de pensar por ellos mismos ¿por qué no lo vamos hacer también nosotros? Puede ser porque nos da miedo, nos da miedo romper con lo que ya existe y puede ser por temor al fracaso. Nos da tanto miedo fracasar que ni siquiera nos molestamos en intentarlo.
Quizás si todos pensáramos, en mayor o en menor medida por nosotros mismos, habría mas libertad en todos los sentidos, pero vivimos en una sociedad marcada por la moda y las ideas de otras personas, personas con poder.
En conclusión, yo creo que si todo el mundo, sobre todo especialistas, aportaran sus conocimientos podríamos descubrir cosas de las que todavía no somos conscientes y se generarían mas juicios de valor sobre las cosas.
Alba Sánchez
2º Pedagoía
Principalmente hay que destacar que hoy en día estamos donde estamos gracias a la ciencia, sinceramente sin la ciencia no somos nadie. Hoy en día todo lo que hacemos lo realizamos muy confortablemente gracias a las nuevas tecnologías que nos ha ofrecido la ciencia.
La ciencia antiguamente servia para dar solución o respuesta a aquellos interrogantes que nos planteaban determinados fenómenos. Esto era debido, y en la actualidad también se da, porque le pedimos a la ciencia que nos garantice una respuesta segura a nuestros temores.
Sin embargo, en otros tiempos anteriores un científico o sabio era aquella persona que podía almacenar en su cerebro una síntesis básica de todos los conocimientos científicos de su momento histórico, mientras que hoy en día un especialista conoce los conceptos del conocimiento que cultiva, pero solo una parte del sector. Esto hace que nuestra civilización esté poblada de ignorantes. Lo que debemos saber esta limitado por la época en la que vivimos.
A pesar de todo esto, deberíamos plantearnos la cuestión de que donde estaríamos si no existiera la ciencia, ya que gracias a ella, hemos desarrollado un importante avance en la sociedad, sin el que no podríamos abstenernos a las comodidades y descubrimientos que hoy en día tenemos.
Raquel Alvarez Flórez 2ºde pedagogia
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Bien venido,
Me parece un ensayo magnífico aunque no este de acuerdo en algún punto (que es lo de menos).
Saludos
Juanjo Ibáñez