¿Se puede amar a la música?

Pegatina en un baño del edificio B de la Facultad de Filología de la Universidad Complutense
Comencemos con un paseo comparativo por las lenguas más directamente emparentadas con el español. ¿Qué sucede en ellas? ¿Se usa la preposición a en estos casos? Lo cierto es que no; en la mayor parte de las lenguas de esta familia (las lenguas románicas, procedentes del latín) nunca se usa preposición con los complementos directos. Por ejemplo, en francés no es en absoluto esperable una oración como “J’aime à la musique” (“Amo a la música”) porque tampoco es posible “J’aime à Marie” (“Amo a María”). Tampoco había diferencia en la lengua de la que todas ellas proceden, el latín, en la que se utilizaba el caso acusativo para marcar el complemento directo.
El uso de la preposición a en español parece bastante claro en oraciones como las siguientes:
Te vi a ti solo.
Vio a mi padre por la calle.
En cambio, las dudas empiezan en oraciones como éstas:
Acabo de ver a tu perro en el parque.
Vimos los perros de los vecinos cerca de la fuente.
Mientras que tampoco tendríamos dudas en casos como los siguientes:
¿Ves el azucarero en la encimera?
Ya he ido a ver la última película de Ang Lee.
Es posible que a algunos lectores de este blog ya les vaya sonando la idea. Parece que se trata de una manifestación más en la gramática de una lengua concreta, en este caso el español, de un principio general que conocemos como la JERARQUÍA DE ANIMACIÓN, que ya enunciamos en un mensaje anterior. De hecho, parece que, históricamente, el uso en español antiguo comenzó en los niveles más altos de la jerarquía.
En nuestro ejemplo concreto hay que contar, además, con que el verbo amar, por su propio significado, suele aparece con un complemento directo referido a una persona o a un ser animado, de modo que en la mayor parte de los casos lleva un complemento directo con preposición a, por lo que es más fácil que se extienda esta construcción a SUSTANTIVOS ABSTRACTOS como “música”, pero tal extensión es más difícil con SUSTANTIVOS CONCRETOS como “café”.
Para saber más:
Real Academia Española, Diccionario panhispánico de dudas, versión web. Hay que introducir como término de búsqueda “a”.
Real Academia Española, Esbozo de una nueva gramática de la lengua española, Madrid, Espasa-Calpe, 1986, pp. 372-375.
Si te gustó esta entrada anímate a escribir un comentario o suscribirte al feed y obtener los artículos futuros en tu lector de feeds.
Comentarios
Me parecía en principio algo así como un involuntario recurso poético, personificación de la música mediante el uso de la preposición “a”.
En cualquier caso parce bastante acertado pensar en una extensión del uso de la construcción “amar a”, como bien dices, por ser un verbo que normalmente lleva un complemento referido a persona.
Por otra parte, desconocía la información que aporta Miguel V.
Como dice T. Brandys, la música suena más personal de esta manera. Hay quien ama Tío Pepe y hay quien ama al Tío Pepe.
Precisamente en los baños de la facultad de Filología de la UCM había este fin de curso un cartel que tal vez más de uno haya visto, también por Madrid, que mostraba a un jugador negro con una camiseta del Rayo Vallecano acompañado de un eslogan contra el racismo en el deporte que rezaba “Ama al Rayo, odia el racismo”, que creo que viene muy a propósito de esta discusión, porque aporta una oposición muy curiosa entre ”amar” y “odiar”. Se podría pensar que, para el aficionado del Rayo, su equipo es más animado que el “racismo”, que tira más bien hacia inanimado/abstracto, pero más bien parece lo que se señala en la entrada del blog: que “amar” lleva como CD típico un animado, con lo que la construcción suele ser “amar a ALGUIEN”, mientras que “odiar” selecciona tanto inanimados como animados, en los que se usa “a” naturalmente como régimen. El hecho de que “amar” lleve animados, y estos lleven siempre “a” parece que ha llevado a imponer este régimen a todo complemento del verbo, sea o no sea animado.
Me parece interesante la discusión sobre sintaxis porque en principio se dice que el CD animado es el que impone el régimen de la preposición “a”, pero eso solo pasa en casos de construcción libre, como “odio esto /a este tipo”; ahí cabe una selección que no cabe en “amo a este tipo”, porque “amo esto / a esto**” no es de fácil aceptación.
¿Es el complemento animado o los criterios de selección léxica los que imponen el régimen? ¿Es a) [AMO [A MARÍA]] (= “a” lo impone “María”), o mejor b) [AMO A [MARÍA]] (= “a” lo impone el régimen verbal)? ¿Hemos podido pasar de un análisis a) a uno b)? Tal vez con este segundo caso, que es casi un suplemento, se expliquen mejor estos casos de “amo a la música”, “ama al rayo”, etc.
He encontrado la imagen que comentaba:
http://2.bp.blogspot.com/_neDLE0u3tM4/TUcprVdZLvI/AAAAAAAAADA/MpRY7-128iA/s1600/032.jpg

Si se echa un vistazo a la entrada “a” del “Diccionario panhispánico de dudas” se puede comprobar que el problema de la preposición ‘a’ con CD es bastante complejo. Miren si no estos ejemplos: decimos ‘dispersaron a la multitud’ pero ‘dispersaron una multitud’; ‘echaron a la gente’ y ‘necesito gente’; ‘vi a los hijos del vecino’ pero ‘quiero tener hijos’; ‘trajo a una mujer que no conocíamos’ y ‘quiero una mujer cerca’…
La oración de la imagen: ‘nos has enseñado a amar a la música’ no corresponde a ningún uso aceptado en el “Panhispánico” y creo que a todo hispanohablante de España le sonaría incorrecto. Sin embargo, está muy extendido en Argentina y Uruguay, incluso en un ambiente culto, el uso de CD de objeto inanimado con preposición ‘a’: ‘¿trajiste a los libros?’.
Aunque en la oración de la foto no se vosea ni se usa pretérito perfecto simple, típico de estos dos países sudamericanos, quizás fue un alumn@ argentin@ o uruguay@ quien lo escribió. Es una opción. De todos modos, me ha sorprendido que en el “Panhispánico” no se recoja este uso (aunque sea como incorrecto), siendo tan extendido en estos países.