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Archivo de agosto 20th, 2016

Suicidios matemáticos

I scream at the sky, it’s easier than crying
I’m shyish when I’m shouting out loud
I feel so alone in a room full of people
I’m loudist when I’m in a crowd
I’m alone, and nobody hears me
Can’t nobody heal me, won’t somebody help me
I’m alone, I just need
Someone to take my hand and pick me up when I’m feeling down
Someone to take my heart and give it a home
Someone to be with me and help me through the times when I’m
down and lonely
Someone to be with me when I’m alone
I’m alone, all alone
Alone is the way I live, it’s not the way I want it but you
know
You can’t give in, alone is the way I feel, it’s so hard to
understand
Why I’ve got to be alone

Suicidal Tendencies, “Alone”

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Cur aliquis rigido fodit sua pectora ferro?

Cur aliquis laqueo collum nodatus amator

a trabe sublimi triste pependit onus?

Ovidio, “Remedia amoris”

 

La lectura del maravilloso ensayo “Semper Dolens. Historia del suicidio en Occidente” de Ramón Andrés, publicado en Acantilado, nos ha llevado a una reflexión sobre el tema del suicidio en el mundo de los matemáticos.

El libro de Ramón Andrés es un tour de force que recorre la existencia de la humanidad, desde la Prehistoria hasta nuestros días, pasando por Mesopotamia, Egipto, la Grecia Clásica, la Edad Media, el Renacimiento, y el Siglo de las Luces. El pensamiento clásico consideró el suicidio como un ejercicio de libertad, para una persona sumida en situaciones desesperadas o heroicas. Pero el surgimiento de comunidad y de Estado llevó a considerar a los individuos como posesión del mismo, y por lo tanto a los suicidas como criminales que atentaban contra él. Y así, en muchas sociedades se imponían castigos severos para los que se quitaban la vida, con exposición pública de sus restos, enterramientos prohibidos en los cementerios ordinarios o negación de su herencia a sus familiares. El suicidio también ha sido muy debatido por las religiones, por ejemplo, desde el cristianismo, que consideraba a los hombres como propiedad divina.

Este debate permanente en la sociedad, ha quedado reducido en la actualidad a una mera patología mental. Pero, ¿qué queda de la melancolía? El paradigma de la misma es John Dowland (1563 –1626), el compositor más famoso de la época isabelina, que eligió como lema “Semper Dowland, Semper Dolens”. De Dowlan reproducimos este video

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que contiene una de sus mas famosas composiciones, “Flow my tears” (interpretada por Valeria Mignaco, soprano y Alfonso Marin, laúd). Digamos como curiosidad para los amantes de la ciencia-ficción que Philip K. Dick era un entusiasta de Dowland y así tituló una de sus novelas “Flow My Tears, The Policeman Said”.

Navegando por la red se puede encontrar esta página en la que se citan algunos matemáticos que cometieron suicidio, por diferentes razones. Vamos a centrarnos en estos seis: Pitágoras, Empédocles, Hausdorff, Turing, Gödel y Taniyama.

Según relata Porfirio, Pitágoras se privó de alimentos durante cuarenta días, encerrado en un santuario en Metaponte, y así puso fin a su vida. Pero existe otra versión del mismo Porfirio según la cual mientras el fuego destruía la casa en la que vivía Pitágoras con discípulos y familiares, estos se echaron sobre el fuego para que pudiera salvarse el maestro pisando por encima de sus cuerpos; una vez salvado, al encontrarse sin sus parientes, se quitó la vida.

Diógenes Laercio describe las diferentes versiones sobre la muerte de Empédocles. Una de ellas dice que murió al caerse de una carreta; otra que, sintiéndose viejo, se adentró en el mar para perecer ahogado; o que se ahorcó en un árbol. Sin duda la más poética es la versión del Etna, donde se arrojó para tener un final digno de una divinidad, tal y como él mismo se consideraba.

El caso de Félix Hausdorff es bien diferente. Acosado por los nazis, consiguió evitar el campo de concentración hasta 1942, y ante lo inevitable, se suicidó junto a su mujer  y su cuñada el 26 de Enero de 1942, con una sobredosis de tranquilizantes. Tuvo la serenidad de dejar instrucciones sobre su trabajo y lo que había que hacer con sus cuerpos.

Alan Turing murió envenenado por una manzana con cianuro. Condenado a castración química por su homosexualidad, no aguantó el deterioro mental y físico; su cadáver fue encontrado el 7 de junio de 1954 en su casa.

Yutaka Taniyama

Yutaka Taniyama se suicidó el 17 de noviembre de 1958, a los 32 años. Es el autor (con su gran amigo Goro Shimura) de la llamada conjetura de Shimura-Taniyama, decisiva en la demostración del teorema de Fermat por Andrew Wiles. Taniyama dejó escrito: “Hasta ayer, no tenía la intención definitiva de suicidarme. Más de uno debe haber notado que últimamente estoy cansado tanto física como mentalmente. Yo mismo no lo entiendo del todo, pero no es el resultado de un incidente particular, ni una cuestión específica. Simplemente quiero decir que he perdido la confianza en el futuro. Quizás mi suicidio pueda perturbar o ser un duro golpe para ciertas personas. Espero sinceramente que este incidente no ensombrezca la vida de esta persona. En cualquier caso, no puedo negar que esta es una especie de traición. Excusad mi comportamiento. Es el último acto que hago a mi manera, como he venido haciendo mi manera toda mi vida.” Poco después su novia, Misako Suzuki, también se suicidó dejando una nota que decía: “Nos prometimos que no importaría a dónde nos dirigiéramos, nunca nos separaríamos. Ahora que se ha ido, yo también me tengo que ir a reunirme con él.”

Kurt Gödel sufrió en sus últimos años de inestabilidad mental. Su obsesión era el ser envenenado y solo comía lo que le preparaba su esposa, Adele. En cuenta esta fue hospitalizada y ya no pudo encargarse de Gödel, se negó a comer y falleció en  Princeton, el 14 de enero de 1978, por desnutrición e inanición.

Como vemos, motivos variados que prueban una vez mas que los matemáticos no somos muy diferentes al resto de los mortales, quizás mas cercanos a los artistas y creadores en general.

Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU) y Cristina Sardón (ICMAT-CSIC).

 

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