Los dibujos del meteorólogo

Hay libros que te encogen el corazón nada más que lees las primeras páginas, y esto es lo que ocurre con El meteorólogo, del escritor francés Olivier Rolin.

El libro narra la historia de Alekséi Feodósievich Vangengheim, quién llegó a ser jefe del Servicio Meteorológico de la URSS. Vangengheim, nacido en 1881 en Krapivno, Ucrania, fue admitido en el Departamento de Matemáticas de la Fcultad de Física y Matemáticas de la Universidad de Moscú, de la que fue expulsado por haber participado en unos disturbios estudiantiles en 1991. Tras el servicio militar estudia meteorología en el Instituto Politécnico de Kiev, y después en el Instituto Agronómico de Moscú, aúnando cielos y tierra en su bagaje. Después de un periodo enseñando matemáticas, comienza su carrera de meteorólogo, pasa como tal la Primera Guerra Mundial, y finalmente, tras la Revolución de Octubre llega a ser el jefe del Servicio Meteorológico.

Alekséi Feodósievich Vangengheim es un hombre entregado a la causa del socialismo soviético, pero en 1934 es acusado de traición al régimen, sometido a uno de esos juicios demoledores del estalisnismo, y encerrado en un campo de trabajo, en las islas Solovkí, una lacra más del Gulag. Es asombroso como aquellos hombres, fieles al socialismo, tardaban en darse cuenta que el sistema les había condenado y no admitía recursos.

Rolin ha realizado una reconstrucción vibrante, durísima las veces en que se muestra la arbitrariedad del régimen que condena a millones de sus mejores miembros, en juicios amañados. Muchos de los verdugos no tardarán en sufrir la misma suerte.

Alekséi no pudo despedirse de su familia; su mujer se quedó esperándolo en la entrada del Bolshói donde habían quedado para ver Sadkó, la ópera de Rimski-Kórsakov. Y no volverá a ver a su hija Eleonora, entonces con cuatro años. Pero desde las Solovkí, Alekséi le dirigirá una amplia correspondencia, emocionante, plagada de dibujos. Quiere suplir su ausencia enseñándole aritmética, geometría, botánica, zoología, le envía adivinanzas gráficas, …

Conmueve de una manera terrible el leer estas cartas y contemplar estos dibujos.

Vangengheim será finalmente ejecutado, junto con cientos de otros presos. Unos años después será rehabilitado, pero ya es tarde. Rolin ha reconstruido una historia terrible, que le permite reflexionar sobre el vacío que el final de la utopía comunista ha dejado en Occidente: «el triunfo mundial del capitalismo no se explicaría sin el terrible final de la esperanza revolucionaria».

Cuando se leen estas historias sobre los juicios de ese período soviético (qué decir de la trilogía de Anatoli Ribakov) uno reflexiona sobre sus propias experiencias, y en como las instituciones pueden dañar a personas inocentes basándose en acusaciones falsas, fruto de envidias.

El regusto amargo de la obra de Rolin se compensa con la ternura de sus cartas de padre ausente a la hija, quedémonos con esto.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU, CorBI)

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Comentarios

Por favor, aprende ortografía. Los “metereólogos” no existen.

Ahora sí. Gracias

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