Archivo de agosto, 2017

Sobre la inteligencia, con un elogio a la estupidez

Acabo de leer (y releer) el ensayo de Hans Magnus Enzensberger, “En el laberinto de la inteligencia”, publicado en Anagrama en 2009, y no puedo más que maravillarme una vez más de la brillantez e ironía que despliega el autor alemán.

Cualquier lector debería ir ya a la lectura prevenido por el subtítulo “Guía para idiotas”, y es que más que un discurso sobre la inteligencia, lo es sobre la estupidez.

La pregunta de casi imposible contestación es: ¿qué es la inteligencia¿ , y a continuación, ¿cómo podemos medirla? Y el psicólogo Edwin G. Boring juntaba ambas en esta definición¨”La inteligencia es aquello que miden los tests de inteligencia”.

Enzensberger recuerda la historia de Alfred Binet, un filántropo francés que orientó sus intereses a la naciente neurología y fundó en 1889 un laboratorio en La Sorbona. Binet desarrolló un test para medir la inteligencia, pero siempre mantuvo la cautelas sobre sus medidas.

Alfred Binet

Fue el psicólogo alemán William Stern quien acuñó el término “coeficiente de inteligencia” en 1912, y más adelante, Hans Jürgen Eysenck, profesor de la Universidad de Londres, el que diseñó un test en 1962 que se extendió como la pólvora. Eysenck ponía un ejemplo con la invención del termómetro y la teoría del calor: el primero se inventó para medir la temperatura antes de saber muy bien en que consistía el calor; lo mismo ocurriría con la inteligencia y su coeficiente.

Hans Jürgen Eysenck

Enzensberger arremete contra todas estas medidas de la inteligencia, que, además, en ocasiones se han utilizado con fines racistas y discriminatorios. Y no es el único. La neurociencia sin duda pondrá a cada uno en su sitio.

La inteligencia no es aditiva, las habilidades no están igualmente repartidas y una definición de inteligencia se sigue escapando de nuestras posibilidades. Hablando de las matemáticas, ¿cómo juzgaríamos las habilidades aritméticas de un cuervo? ¿o las de optimización de la que hacen gala las hormigas? ¿o las de la orientación de las abejas? Se han descrito cientos de tipos de inteligencia, hasta las inteligencias múltiples, propuestas en 1983 por Howard Gardner.

Yo soy matemático, de una tribu que se supone formada por seres algo más inteligentes que la media (dicen algunos). Pero si miro a mi entorno, veo pájaros de todos los plumajes. Idiots savants como los que describimos en la entrada anterior y que en su vida han leído un libro, otros que sí lo han hecho y se creen una reencarnación de Francisco de Quevedo, otros que tienen que reunirse una y otra vez y enviarse muchos mensajes electrónicos para tomar una decisión al cabo de meses o no tomarla nunca, … ¿Son ellos más inteligentes que la encargada de la ferretería de mi barrio que siempre me deja sorprendido con su eficiencia? Afortunadamente, la mayoría de los matemáticos son gente normal con la que se puede ir a tomar un café, hablar de los últimos libros leídos, o de las exposiciones visitadas, y sí, incluso de matemáticas.

Enzensberger imagina un experimento en el que un investigador de Stanford, Londres o Berlín, se confronta con una de estas personas que ha de valorar su inteligencia: 1) un inuit de Groenlandia, 2) un indio del Amazonas, 3) un navegante de Polinesia. El fracaso sería evidente.

Cerramos esta entrada con un poema, un himno a la estupidez con el que Enzensberger cierra también su libro. No podíamos elegir mejor broche.

 

Himno a la estupidez

Poder celestial, que se oculta en los pliegues del

[tronco encefálico,

inagotable dote para el género humano in

[saecula saeculorum,

iconmesurable como la Vía Láctea eres

[y múltiple como la hierba.

 

Poderosa hermana gemela de la inteligencia,

[de la mano

celebras con ella un melancólico parloteo.

 

Sí, con ardor nos inspiras en siempre renovadas

[metamorfosis,

Como necedad femenina y como idiotez

[masculina,

 

cómo resplandeces en los ojos inyectados

[en sangre del pendenciero

y te escurres de puntillas en la arrogancia

[de aristocrático carraspeo,

 

cómo nos cubres con el fétido aliento de una

[musa ebria

y con el delirio multisilábico del seminario

[filosófico.

 

¡Qué sería del eficaz sin ti, estupidez tonta

[del bote, de remate y de capirote,

que corres con ímpetu por sus venas, como

[una sobredosis de anfetaminas,

 

y del investigador sin la idea fija tras la cual

[traquetea a través de los blancos pasillos

de su instituto, como la rata en el laberinto!

 

Inútil recordar la Historia Universal, pues

[de quién se acuerda ella,

sino del vencedor en su napoleónica estulticia.

 

Y así conservamos el necio orgullo del ganador

y el sordo rencor del perdedor, sólo de vez

[en cuando edulcurado

 

por la charla ilustrada del predicador,

el cómico y el borrachín. Estupidez,

 

a menudo calumniada, que en su astucia

[te muestras

más estúpida de lo que eres, protectora de todos

[los débiles,

 

sólo a los escogidos les concedes tu don más

[preciado,

la bendita simpleza de los simples.

 

Ellos son las páginas en blanco de tu gran libro,

cuyo sello no nos abres a ninguno de nosotros.

 

Hans Magnus Enzensberger

 

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU)

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Las dos culturas y los dos idiotas

C.P. Snow y las dos culturas

Charles Percy Snow (1905-1980) fue un científico y novelista inglés, muy conocido por su serie de novelas Strangers and Brothers,  pero sobre todo por su alegato a favor de un acercamiento entre científicos y humanistas para romper la brecha de las llamadas dos culturas.

Charles Percy Snow

El 7 de mayo de 1959 dictó una conferencia sobre Las dos culturas en Cambridge. Posteriormente, esa conferencia se publicó con el título The Two Cultures and the Scientific Revolution. Pero ya en el New Statesman del 6 de octubre de 1956 había publicado un artículo titulado The Two Cultures. En 1963 publicó una secuela: The Two Cultures: And a Second Look: An Expanded Version of The Two Cultures and the Scientific Revolution.

Recordemos algunas frases del discurso de C.P. Snow:

Son muchos los días que he pasado con científicos las horas de trabajo para salir luego de noche a reunirme con colegas literatos. Y, viviendo entre dichos grupos, se me fue planteando el problema que desde mucho antes de confiarlo al papel había bautizado en mi fuero interno con el nombre de “las dos culturas”.

 [Se trata de] dos grupos polarmente antitéticos: los intelectuales literarios en un polo, y en el otro los científicos. Entre ambos polos, un abismo de incomprensión mutua; algunas veces (especialmente entre los jóvenes) hostilidad y desagrado, pero más que nada falta de entendimiento recíproco.

Los científicos creen que los intelectuales literarios carecen por completo de visión anticipadora, que viven singularmente desentendidos de sus hermanos los hombres, que son en un profundo sentido anti-intelectuales, anhelosos de reducir tanto el arte como el pensamiento al momento existencial. Cuando los no científicos oyen hablar de científicos que no han leído nunca una obra importante de la literatura, sueltan una risita entre burlona y compasiva. Los desestiman como especialistas ignorantes. Una o dos veces me he visto provocado y he preguntado [a los no científicos] cuántos de ellos eran capaces de enunciar el segundo principio de la termodinámica. La respuesta fue glacial; fue también negativa. Y sin embargo lo que les preguntaba es más o menos el equivalente científico de “¿Ha leído usted alguna obra de Shakespeare?”

John Brockman

Snow recibió apoyos y críticas por su visión. En 1995 John Brockman, agente literario y escritor, publicó un libro The Third Culture, en el que participaron numerosos científicos de áreas diversas. El concepto hace referencia a la necesidad de una tercera cultura que aunara, superándolas, a las dos culturas. Su idea era que los científicos relevantes escribieran sobre sus hallazgos y sus significados para nuestras vidas (qué somos) y no dejar el tema sólo para los intelectuales tradicionales. Brockman creó Edge Foundation, Inc con ese propósito.

Los dos idiotas

Decía Peter Esterházy (aristócrata, novelista, matemático y futbolista):

“Chacun devient idiot à sa façon” (“Cada uno se hace idiota a su manera”)

Péter Esterházy

La frase alude al concepto de idiot savant, que se usaba como insulto en el ámbito universitario del siglo XVIII. Esta figura del idiot savant, del “científico como idiota”, tiene su contrapartida en el “idiot lettré”, aplicada a los humanistas, artistas y escritores. Estas imágenes especulares son negativas para ambos mundos, para ambas “culturas”.

Remitimos a la interesante discusión de Hans Magnus Enzensberger sobre el idiot savant y el idiot letré en su libro Los elixires de la ciencia (Anagrama, Barcelona, 2002).

Podemos ilustrar el comportamiento del idiot lettré con un curioso episodio que se produjo cuando las teorías de Descartes se unieron a las de Newton para explicar la formación de los arco iris. Se dice que el pintor Haydon y los literatos Keats, Wordsworth y Lamb coincidieron en un banquete en sus críticas a Newton por haber destruido la magia del arco iris, y al final todos brindaron “a la salud de Newton y por la confusión de las matemáticas.”

Como muestra del idiot savant, recordemos esta anécdota que cuenta G. H. Hardy, el matemático inglés que trabajó en teoría de números y descubridor del genio indio Ramanujan, en su libro A Mathematician´s Apology (1967). Hardy recibe una visita de su amigo Steve Jones, genetista, que le cita a Samuel Taylor Coleridge, un poeta del romanticismo inglés que solía asistir a las clases de química de la Royal Institution. Cuando se le preguntó por qué se tomaba esa molestia, Coleridge, al parecer, contestó: “Para enriquecer mis provisiones de metáforas”. Y Hardy observa al respecto: “Jones parecía desaprobar este empleo del conocimiento científico; él habría preferido un método más preciso. Por otra parte, ¿qué sería la ciencia sin metáforas?”

La inutilidad que nos une

Probablemente (y esta podría parecer una visión cínica por nuestra parte) ambos mundos coincidan en la “inutilidad”. Porque, ¿para qué son útiles las artes?, o ¿para qué son útiles las matemáticas?

Recordemos el nacimiento del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, obra de Abraham Flexner, quién publicó un ensayo titulado La utilidad de los conocimientos inútiles, en Harper’s Magazine en octubre de 1939. Recientemente, se ha traducido en el librito de Nuccio Ordine, La utilidad de lo inútil, publicado en Acantilado y reseñado en este mismo blog.

En su ensayo, Flexner defiende con ejemplos claros como esa ciencia declarada inútil, es la más aplicada (por ejemplo, las ecuaciones de Maxwell y su influencia en toda la industria relacionada). Pero nadie discutirá tampoco la utilidad de las artes y las humanidades.

Así que ambas culturas, y los dos idiotas, tienen mucho más en común de lo que pensaban. Les dejamos con un video que presenta un debate reciente sobre estos temas

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU) y Cristina Sardón (ICMAT-CSIC).

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Lupito de Barcelona (Lupitus Barchinonensis)

Para la ciudad de Barcelona, con todo el dolor y todo el amor

 

En el año 984, Gerberto de Aurillac, a la sazón obispo de Reims, escribe una carta a un monje del Monasterio de Ripoll pidiéndole un libro de Lupitus Barchononensis. Aunque todavía quedan algunas dudas sobre la identidad de Lupitus, se cree con bastante fundamento que se trataba del arcediano Sunifred Llobet.

Vista frontal

Este manuscrito contiene la descripción de un astrolabio, conocido como el astrolabio de Barcelona, y está considerado como el más antiguo del Occidente cristiano con caracteres latinos del que se tiene noticia. El astrolabio fue encontrado por el investigador francés Marcel Destombes quién lo legó al Instituto del Mundo Árabe de París en 1983. La Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona lo pidió en préstamo, para hacer una copia que hoy se puede ver en la sede de la Academia en la Rambla de Barcelona. En la carta que escribe Gerberto de Aurillac pide a Lupitus una traducción del manuscrito árabe original, Sententiae Astrolabii, original que se atribuye al propio al-Khwarizmi. El astrolabio tiene grabada la fecha 980 y la latitud de Barcelona (41-30), y está escrito en latín.

 

Anverso del astrolabio

A finales del siglo X, el entonces condado de Barcelona estaba subordinado al reino Carolingio dentro de la llamada Marca Hispánica. Borrell II (927- 992) era conde de Barcelona, Gerona y Osona y conde de Urgel, un gobernante protector de las ciencias y la cultura. En el año 985, Almanzor arrasó Barcelona y al no recibir la ayuda solicitada de Francia, llevó a que Borrell II se desvinculara de la casa de los Capeto.

 

Silvestre II

La relación de Gerberto de Aurillac con Lupitus viene motivada por su estancia como estudiante en los monasterios de Vich y Ripoll, por la invitación de Borrell II, siendo Lupitus su maestro en esos años. Gerberto de Aurillac fue un erudito que años más tarde llegaría a Papa con el nombre de Silvestre II, el primer papa francés de la historia. Además de sus trabajos en filosofía y teología, fue un excelente matemático, e introdujo en Francia el sistema decimal árabe y el uso del cero. Utilizó su poder como Papa para obligar a los clérigos al uso del sistema decimal. Sus conocimientos científicos le crearon fama de hereje, y se le acusó de tener un pacto con el diablo. Son muchas las leyendas sobre Gerberto de Aurillac.

Lupitus era también un conocedor de la astronomía y las matemáticas, y fue arcediano (archidiácono) de la catedral de Barcelona desde el año 975 al 995, y hombre de confianza de Borrell II. Se sabe que nació en el Alto Penedés pero en 950, pero no se tienen noticias de su fallecimiento; la pista se pierde tras una peregrinación que emprendió a Roma.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU).

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Afán de trascender

¿Cómo nos imaginamos a un científico? Habitualmente los científicos aparecen caracterizados con una bata blanca, una probeta, pelos de loco y un gran afán en transcender con sus descubrimientos. Por ejemplo, los dibujos animados de Ricky y Morti, Dexter y su laboratorio y Jimmy Neutrón plasman bien estas características. De la mano del cine, también hemos visto el afán de trascendencia en la reciente película dedicada a Ramanujan, “El hombre que conocía el infinito”, o en la película ganadora de cuatro Óscars “Una mente maravillosa”, dedicada a la vida del matemático y ganador de un premio Nobel John Nash. Y es que, al fin y al cabo, la descripción cliché del científico es bastante acertada en la mayoría de casos.

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Los científicos, además de por su afán de conocimiento, son reconocidos como desinteresados en valores materiales y luchadores por el bienestar de la humanidad. Por ejemplo, en “Logicomix”, no sólo se habla de las paradojas lógicas de Russell, sino también de su obsesión por aplicar la lógica a la sociología y su diálogo pacista en la primera y segunda guerra mundial. Pero a parte del sentido humanista y los cálculos, los científicos también han buscado la notoriedad y la gloria para trascender la historia. Si no, no existirían las rencillas de qué científico hizo tal descubrimiento antes, o los teoremas que tienen dos nombres distintos, según desde la escuela que te posiciones. Esta polémicas y afanes han existido desde siempre.

 

Evariste Galois

Porque, ¿qué pensaba Evariste Galois escribiendo frenéticamente sus cartas la noche previa al duelo que le costó la vida? Esa última noche de Galois está magnifícamente descrita en el librito “Cumpleaños” de César Aira, en el que el autor argentino se plantea qué sería de su memoria a punto de cumplir los cincuenta años, y recuerda entonces el caso de Galois.

Pero a veces, el ego puede llegar a ser enfermizo y llevar a algunos a las fronteras del mal comportamiento. Uno de los paradigmas en este sentido es, nada más ni menos, que el propio Sir Isaac Newton. Su inmenso ego se alimentaba de su reconocimiento y supremacía en cuantos asuntos científicos tratase. Esto le llevó incluso a abusar de su posición de poder en la Royal Society, ocultando los logros científicos de sus competidores.

Isaac Newton

 

En 1669, Newton fue nombrado profesor de matemáticas en el Trinity College de Cambridge, y en 1671 se hizo miembro de la Royal Society. En 1703, fue nombrado presidente de esta institución, siendo reelegido sucesivamente hasta su muerte en 1727.

Newton tuvo fuertes polémicas con Robert Hooke, otro de los grandes científicos británicos, pero su archienemigo fue el filósofo y matemático alemán Gottfried Wilhelm Leibniz, con el que disputó la primacía en el descubrimiento del cálculo diferencial. Como sucede a veces, dos científicos, por rutas dispares confluyen en un resultado por cuya autoría han de luchar.

Por un lado, Newton había desarrollado su método de las “fluxiones”, que permite determinar los máximos y los mínimos de funciones, calcular la tangente a una curva, además de sus puntos de inflexión y otras propiedades de concavidad, convexidad, etc. Este método fue ideado, particularmente, para la aplicación en mecánica clásica. Pero en una visita a la Royal Society, Leibniz presentó en Londres sus propios desarrollos del cálculo, que superaban a los de Newton, especialmente por el uso de una mejor notación simbólica. A día de hoy, seguimos utilizando la nomenclatura de Leibnitz.

Como era de esperar, Newton inmediatamente menospreció el trabajo de Leibniz, quien publicó su obra “Calculus” en 1684, sin citar el trabajo de Newton. El inglés montó en cólera ipso facto.

Newton consiguió que sus discípulos John Wallis, Fatio de Duillier y John Keill se pusieran en pie de guerra contra Leibniz, al que acusaron de plagiar la obra todavía inédita de Newton. Y aquí es donde entra en juego el abuso de poder. Como presidente de la Royal Society, Newton nombró una comisión que había de juzgar quién ha sido el primero en desarrollar el cálculo infinitesimal. Como era de suponer, el resultado favoreció al presidente. Leibniz trató desesperadamente hacer valer su primacía, pero Newton era demasiado poderoso.

Esta disputa provocó también un distanciamiento entre las matemáticas desarrolladas en las islas y las que se hacían en el continente. Sin embargo, el tiempo hace justicia, y hoy en día usamos el cálculo diferencial e integral tal y como los desarrolló Leibniz.

Grigori Perelman

 

Como ocurre siempre en la vida, existen excepciones valiosas. En este, el paradigma de la negación del ego es Grigori Perelman. Este matemático ruso consiguió probar la conjetura de Poincaré, envió sus trabajos a arxiv y no los quiso publicar en ninguna revista. Se retiró a su modesta casa de cincuenta metros cuadrados que comparte con su madre, y rechazó la medalla Fields y un premio con una gran dotación económica. Y ha trascendido, su nombre está ya en la historia.

Si observamos a nuestro alrededor en el mundo académico en el que trabajamos, y nos referiremos solo a los matemáticos, veremos comportamientos de este tipo. No los observaremos – en general – en los matemáticos que han alcanzado grandes honores, que suelen ser gente asequible; quizás porque no necesitan probar nada al mundo, ellos ya han trascendido.

Sí lo veremos en otra gente que no ha conseguido esa notoriedad y trata por todos los medios de conseguirla. Y no hay nada malo en buscar la trascendencia, pero sí cuando la manera de hacerlo es denigrando el trabajo de otros. El propio Newton reconocía, al fin y al cabo, que había conseguido sus logros porque “se había subido a hombros de gigantes”. Y es que no hay nada mejor para conseguir la trascendencia que rodearse de los mejores. Ya lo decían las abuelas: “Díme con quién andas, y te diré quién eres”, triste, pero cierto. Pero también en una visión menos pesimista: “Al que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”. Son enseñanzas que deberían transmitirse de los mayores a los jóvenes discípulos, y no transferir -como desgraciadamente ocurre tan a menudo- las rivalidades basadas en el culto al ego.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU) y Cristina Sardón (ICMAT-CSIC).

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Diez libras para la matemática escocesa Mary Somerville

No son muchas las científicas que aparecen en los billetes de las diferentes divisas nacionales, así que es una gran alegría ver como el Royal Bank of Scotland lanzará el 4 de octubre próximo un billete de 10 libras con la imagen de la matemática escocesa Mary Somerville.

Digamos antes de nada que, aunque la moneda oficial del Reino Unido es la libra, además de los billetes impresos por el Bank of England, hay tres bancos escoceses que emiten sus propios billetes: el Royal Bank of Scotland, el Bank of Scotland y el Clydesdale Bank. Todos estos billetes son de curso legal en todo el Reino Unido. Por lo tanto, aunque la iniciativa es escocesa y en los billetes aparecerá el Royal Bank opf Scotland, estas libras de Mary Somerville serán tan válidas como las del Bank of England en las que aparece el retrato de la reina Isabel.

Retrato de Mary Somerville

Mary Fairfax Greig Somerville nació el 26 de diciembre de 1780, en Jedburgh, una ciudad de los Scottish Borders, que marcaban la frontera entre el sur de Escocia y el norte de Inglatrerra. Somerville falleció en Napóles, el 29 de noviembre de 1872, y está enterrada en el Cementerio Inglés de esa ciudad. Mary Somerville fue un personaje singular, autodidacta, que tuvo una enorme influencia en la ciencia británica hasta el punto de ser la primera mujer, en compañía de Caroline Herschel, en ser nombrada académica de la Royal Astronomical Society. Se la conoce como “La Reina de las ciencias del siglo XIX”.

Mary Somerville tuvo una educación bastante irregular, y quiso recibir las mismas enseñanzas que su hermano, en particular en matemáticas, disciplina por la que se apasionó al recibir lecciones de perspectiva de Los elementos de Euclides, cuando estudiaba arte con su tutor. A fuerza de voluntad consiguió superar las barreras de género de la época que impedían la educación de las mujeres en pie de igualdad con los hombres.

Tras un primer matrimonio con un marido que no apreciaba sus intereses científicos y del que enviudó a los tres años, contrajo segundas nupcias en 1812 con William Somerville que sí la apoyaba. Residieron en Edinburgo, donde pudo gozar de un círculo de amistades entre los científicos de la universidad. Este se amplió cuando se trasladaron a Londres en 1814 y nombraron a su marido miembro de la Royal Society.

Una de las grandes aportaciones de Mary fue la traducción de la obra de Laplace, Mecánica Celeste, a la que añadió muchas explicaciones sobre las matemáticas que se usaban. Pasó también un tiempo en París y tuvo la oportunidad de debatir con los mejores matemáticos y científicos de la época.  Escribió numerosas obras y fue reconocida por instituciones británicas y estadounidenses. Fue también tutora e inspiradora para otra gran matemática, Ada Lovelace.

Dos breves apuntes sobre esta figura colosal de la ciencia que dan fiel testimonio de su relevancia. Cuando William Whewell reseñó una de las publicaciones más famosas de Somerville, On the Connexion of the Physical Sciences,  acuñó el término “scientist” ya que se usaba antes el de “man of science” o “natural philosophers”, lo que era inapropiado para referirse a Mary. El segundo apunte es cuando John Stuart Mill organizó una petición al Parlamento solicitando el voto para las mujeres: pidió a Mary Somerville que fuera la primera firmante.

En 1838, los problemas de salud de su marido aconsejaron la búsqueda de climas más amables que los de las islas y recalaron en Nápoles, donde fallecería a la edad de 91 años.

Mary Somerville es un ejemplo que muestra la valía de las mujeres para la ciencia. Por eso aplaudimos entusiásticamente la iniciativa del Real Banco de Escocia.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU)

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Fallece Cathleen Synge Morawetz, una luchadora de las matemáticas

Nos llega hoy la triste noticia del fallecimiento el pasado 7 de agosto de Cathleen Synge Morawetz, a los 94 años de edad, en la ciudad de Nueva York. Cathleen Morawetz ha sido una de las grandes damas de la matemática norteamericana, un hito en la comunidad internacional.

Cathleen Morawetz

Nacida en Toronto, Ontario, el 5 de mayo de 1923, desarrolló su carrera ceintífica en los Estados Unidos. Era hija del famoso matemático John Lighton Synge, y de Eleanor Mabel Allen Synge, también matemática. Su padre decía de ella que si llegaba a ser matemática “podría luchar como los hermanos Bernouilli”.

Cathleen se casó con el químico Herbert Morawetz, y se trasladaron al Massachusetts Institute of Technology en 1945, donde ella haría su máster en matemáticas en1946. Tras algunas dudas en seguir la carrera de las matemáticas, se traslada a Nueva York para hacer su tesis doctoral en el Courant Institute de la Universidad de Nueva York, bajo la dirección de Kurt Otto Friedrichs sobre flujos supersónicos y ondas de choque. En este artículo, dedicado a Friedrichs Morawetz habla de estos temas.

En el Courant, Morawetz desarrolla toda su carrera, llegando a ser directora del instituto en 1984, convirtiéndose en la primera matemática en ocupar una posición de este nivel en la historia. Es elegida posteriormente Presidenta de la American Mathematical Society para el bienio 1995-96, la segunda en la historia tras Julia Robinson.

En cuanto a su investigación, valga decir que en los años 1950 consiguió importantes resultados en el estudio de las ecuaciones en derivadas parciales, resultados que tuvieron aplicaciones relevantes en aerodinámica. Después obtuvo resultados en electromagnetismo, acústica y óptica.

Cathleen Morawetz recinbiendo la Medalla Nacional de manos del Presidente Bill Clinton

En 1998 recibió la Medalla Nacional de la Ciencia, del Congreso de los Estados Unidos, siendo la primera mujer en recibir tal distinción. La lista de honores de Cathleen Morawetz es extensa. Citemos, además de la medalla nacional, el Premio Leroy P. Steele Prize por toda su carrera, el Premio George David Birkhoff Prize, académica de la American Mathematical Society, miembro de la National Academy of Sciences (de hecho, fue la primera mujer de la sección de Matemática Aplicada). Al recibir el Premio Birkhoff, mencionó en sus discurso de agradecimiento a la persona que siempre le había dado su apoyo, el creador del instituto, profesor Richard Courant.

Morawetz con el Premio Abel Peter Lax

Cathleen tenía una gran sentido del humor y una de sus bromas favoritas era decir “que se había hecho matemática por sus horribles dotes para la cocina”. Pero Cathleen formó una familia de cuatro hijos: Pegeen Ann, John Synge, Lida Joan, y Nancy Babette. Fue capaz de hacerlo en unos tiempos en los que se animaba a las mujeres a quedarse en el hogar. La National Organization of Women reconoció públicamente este ejemplo que animço sin duda a otras mujeres a proseguir sus carreras científicas.

En este enlace podemos seguir una maravillosa entrevista con esta gran mujer que nos ha dejado  Descanse en paz.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU)

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Unas breves notas sobre el Plan Estatal de Investigación 2017-2020

Hace unas semanas, la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación lanzó el borrador del próximo Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación 2017-2020. Dos comentarios son pertinentes: uno positivo, y es que la consulta a los investigadores, sociedades científicas, centros de investigación, etc., para el envío de sugerencias que ayuden a mejorarlo es de agradecer; y otro negativo, la tardanza en poner en marcha este Plan porque estamos ya en la última recta de 2017 y estamos funcionando con una prórroga del Plan Estatal 2013-2016, que, por cierto, ya sufrió del mismo retraso. La consulta la pondremos en el haber de la Secretaria de Estado; el retraso, en el deber del actual gobierno.

Sede de la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación

Mi lectura de este avance ha sido rápida (de hecho, han sido dos las lecturas rápidas) y aquí van algunos comentarios. Recordnado, eso sí, que la Agencia se estrena en esta convocatoria y merece por tanto un margen de confianza.

La coordinación regional-estatal (aquí se acuña el término “sistema de sistemas”) se anuncia en cada Plan pero hasta ahora no ha sido efectiva. Persiste la necesidad de de impulsarla fuertemente, para no desperdiciar los recursos. Para ello hace falta voluntad política: consejeros, rectores, OPIS, CSIC con sus centros en cada región. Sin esa voluntad política, cada vez las distancias entre comunidades autónomas irán aumentando, en contra de lo que dicta nuestro modelo constitucional.

Un problema que subsiste y que no es debido al plan es la insuficiente inversión. Si este tema no se resuelve, el plan pederá una gran parte de su eficacia. Existe además una falta de credibilidad ante los continuos anuncios y correspondientes incumplimientos sistemáticos. En este aspecto, la nueva Agencia debe hacer un ejercicio importante para crear credibilidad.

Un tema que ya se ha ido imponiendo es la dualidad Excelencia-Retos, intentando mimetizar el Programa H2020 y el European Research Council. Sin embargo, no parece estar funcionando,  debido a la capacidad adaptativa de los grupos de investigación españoles a cualquier situación. Si hay más dinero en Retos, acudimos a esa convocatoria, pero seguimos desarrollando el mismo tipo de investigación.

Se debe incidir en la flexibilidad de contratación y de ejecución. Sin la cooperación del Ministerio de Hacienda, será imposible avanzar en esta línea. Esta inflexibilidad está resultando demoledora para la ciencia española, y uno no acaba de entender como estos señores de Hacienda y Administraciones Públicas no son capaces de ver lo que se hace en otros países.

Un tema clave es el de la evaluación: necesitamos racionalizar, crear paneles potentes con coordinadores con una amplia mira y expertos indiscutibles. Hay que eliminar la actual doble evaluación de gestores del MINECO y coordinadores de ANEP, con sus equipos, yendo a un modelo como otras Agencias o el propio European Research Council. El nombramiento de estos coordinadores debe ser muy cuidadoso.

El Plan sigue manteniendo los proyectos de centros de excelencia Severo Ochoa y María de Maeztu, que habría que blindar (junto con las estructuras singulares, como el Instituto astrofísico de Canarias, y similares). Suponen una inversión mínima pero decisiva. Me preocupa la nueva Red Cervera porque conocemos como se puede inflar la burbuja de la excelencia tecnológica.

En cuanto a Recursos Humanos, es imprescindible unificar las diversas convocatorias de contratos predoctorales. Potenciar las convocatorias postdoctorales (vamos a la baja, así no se puede seguir), y, por supuesto, definir lo que podría ser una carrera científica, que nunca debería limitarse a que cuando uno entra en el sistema como estudiante de doctorado, vaya a seguir subiendo escalones automáticamente, habrá que definir los filtros. Pero al menos, que haya una esperanza para tantos jóvenes investigadores que se tienen que buscar su futuro fuera de España.

Es preciso también potenciar las convocatorias de técnicos (imprescindiibles para las infraestructuras de los centros) y de gestores (indispensables para la potenciación europea y la transferencia). Y en todo ello, flexibilidad al máximo de la contratación, hoy en día es imposible trabajar con un escenario temporal y estratégico razonable

Y finalmente, existe una trilogía imprescindible: ÉTICA-GÉNERO-SOCIEDAD INFORMADA. Lo escribo con mayúsculas y en otra entrada posterior desarrollaremos este tema.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU)

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Una voz única para la ciencia

ICSU (International Council of Science) e ISSC (International Social Science Council) afrontan en octubre uno de sus mayores desafíos: unir los dos consejos científicos más importantes y que engloban en su conjunto a toda la ciencia mundial. Ciencias naturales y ciencias sociales ofrecerían así una voz única para todas las ciencias, una voz que debería ser oída en todas las cancellerías de los países; una voz única que llegue a toda la sociedad y le acerque el avance científico y la haga consciente de que la ciencia es la única solución para los problemas que afronta la humanidad; una visión que una a todos los científicos bajo una misma bandera, la humanidad, su bienestar, su progreso, su continuidad.

Logo de ICSU

Unir dos consejos tan diversos en sus estructuras organizativas como en sus costumbres científicas está resultando una tarea compleja, pero la firme decisión de ambos comités ejecutivos, refrendada por la reciente Asamblea General conjunta en Oslo el 24 de octubre de 2016, está sirviendo para allanar el camino.

Quisiera salientar un logro de este camino, que como dijo el poeta español Antonio Machado, “se hace al andar”, y es el mejor y mutuo conocimiento que ha ido surgiendo entre los miembros de las dos ejecutivas. Sin duda alguna, este entendimiento será útil para construir el camino que todavía falta.

Digamos también que se ha instalado una opinión de que este objetivo era imprescindible, y que no tiene vuelta atrás. Las reuniones, con sus inevitables acuerdos y desacuerdos, transcurren de una manera fluida; los acuerdos son en temas trascendentales, y los desacuerdos son solo en los detalles, y por lo tanto, fácilmente subsanables. Un primer borrador de Estatutos de la nueva unión está ya en debate, así como todo lo concerniente a presupuestos, cuotas, estructura interna, etc.

El último acto de esta unión tendrá lugar en la próxima Asamblea General en Taipei (Taiwan), en octubre, y todos confiamos en que los miembros de ambos consejos emitan un voto favorable que ratifique las decisiones de Oslo.

¿Por qué es importante esta unión? En primer lugar, es aconsejable que no haya distinción entre unas ciencias y otras, abolir de una vez por todas esa división de las dos culturas de C.P. Snow. Pero, además, afrontar los graves problemas de nuestro planeta requiere no sólo el uso de las ciencias naturales; un planeta superpoblado, con enormes problemas sociales, amenazado por migraciones masivas debido al cambio climático, requiere la visión de las humanidades y las ciencias sociales: la economía, la sociología, se deben unir a las matemáticas, la física, la química, para resolverlos.

En octubre de este año podemos estar celebrando un gran logro, allí depositamos nuestras esperanzas.

 

PD. La versión en inglés de esta entrada ha aparecido en el Newsletter de la Unión Matemática Internacional (IMU) IMU-Net 84: July 2017. Aprovechamos la ocasión para animar a todos nuestros lectores a suscribirse a este boletín de IMU siguirndo una de estas vías:

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU)

 

 

 

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