Archivo de diciembre, 2017

Another Brick in the Wall?

We don’t need no education

We dont need no thought control

No dark sarcasm in the classroom

Teachers leave them kids alone

Hey! Teachers! Leave them kids alone!

All in all it’s just another brick in the wall

All in all you’re just another brick in the wall

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Impresionado todavía por la lectura de la obra maestra de Barry Hines, Kes, me planteé una reflexión sobre la escuela a la que asiste el protagonista, Billy Casper. Una escuela repetitiva, basada en el mantenimiento de la disciplina, olvidando la misión fundamental de transmitir el conocimiento. Con una sola excepción, la del profesor Sr. Farthing que, en un pasaje maravilloso, muestra como otra escuela es posible, explotando la curiosidad y la capacidad imaginativa de los chicos. Su uso de la diferencia entre HECHOS y FICCIÓN debería ser incorporada a cualquier clase de Primaria o Secundaria en cualquier país, sobre todo en los tiempos de la postverdad.

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Al autor de esta novela, Barry Hines, se le considera a veces como perteneciente al grupo de escritores conocidos como los “angry young men”, la de Alan Sillitoe, John Osborne o Harold Pinter, aunque es posterior a todos ellos.

La reflexión me ha llevado también a recordar la obra de Pink Floyd, “Another Brick in the Wall”, donde Roger Waters denuncia las duras reglas de la escuela británica y hace su protesta: “We don’t need no education”. La obra se enmarca en un relato más general, pero la “another brick in the wall” se refiere a la educación considerada “como una cadena de montaje entras por una puerta a los 3 años, te imponen una doctrina que a alguien le pareció la correcta y sales por otra puerta a los 16 listo para aportar tu granito de arena al progreso y así tus hijos podrán aportar su granito de arena con un poco más de comodidad.”

“Wrong, Do it again!”

“If you don’t eat your meat

you can’t have any pudding

How can you have any pudding

if you don’t eat your meat?”

“You! Yes, you behind the bike sheds

stand still laddie!”

Ese sistema educativo permitía el castigo físico, y tampoco estaba muy alejada de lo que ocurría en esos años sesenta del siglo XX en España. Como comenta el propio autor de Kes en un epílogo posterior a su libro, probablemente muchos de esos chicos deberían haber accedido a otro tipo de educación. Pero eran tiempos en los que no se tenía en cuenta el entorno social en el que los alumnos están creciendo, algo que nunca debería esta discociado de los métodos educativos. No podría asegurar que esto se está teniendo en cuenta desde las administraciones públicas, aunque sí confirmo la preocupación de los profesores. Nuestras visitas a los centros en ese maravilloso programa del CSIC, Ciencia en el barrio, lo confirman.

Estos días hemos visto como el péndulo del acoso se ha ido ahora sobre los profesores, y el tema de su autoridad está a debate. No se trata ahora de volver a los tiempos pasados, sino de que el profesor pase a ser una persona respetada. Y ahí también queda mucho camino por parte de las administraciones públicas y, sobre todo, por parte de las familias.

Otra reflexión que surge tanto de la lectura de la novela como del albúm de Pink Floyd es el para qué la educación. En la película que Ken Loach realizó sobre la novela de Barry Hines, Billy se entrevista con la persona encargada de aconsejar a los alumnos sobre su continuidad en el estudio o la búsqueda de un trabajo adecuado (muchas veces en las minas de carbón de la región). ¿Queremos otros ladrillos para el muro o queremos ciudadanos que sepan pensar por su cuenta y tomar decisiones? No es un asunto menor, porque el muro ha tomado otras formas en los tiempos modernos y es fácil engañarse.

Les dejo con este documental de la BBC cuarenta años después del estreno del film de Ken Loach.

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Manuel de León (CSIC, Fundador y Director del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU).

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Eppur si muove

Hace unos días, nos hacíamos eco en la sección Café & Teoremas con la que el ICMAT colabora con Materia y El País, de lo que ocurrió con el observatorio que el sultán Murad III había construido para que el astrónomo Taqi al-Din pudiera realizar observaciones más finas. El sultán no perdonó sus fallidos pronósticos astrológicos y ordenó la destrucción del observatorio, confundiendo la ciencia con la superstición.

La Selenographia de Hevelius, mostrando a Alhacén representando la razón, y a Galileo representando los sentidos

A lo largo de la historia se han dado casos similares, mostrando la dificultad que a veces tienen los científicos en mantener contentos a los poderosos, de los que dependen sus salarios y la financiación para sus investigaciones.

El caso más conocido es sin duda el de Galileo Galilei. En unos tiempos en los que la Iglesia Católica de Roma tenía un enorme poder, sus investigaciones no eran del agrado del Vaticano. Galileo basó sus trabajo en la experimentación, y no en las ideas preconcebidas. Su Sidereus nuncius (Mensajero sideral), publicado en Venecia en 1610, es un tratado científico basado en observaciones astronómicas realizadas con un telescopio, y que supone el finiquito para la teoría geocéntrica; el golpe que remata la faena iniciada por Nicolás Copérnico con su De revolutionibus orbium coelestium, de 1543.

Sidereus Nuncius

Los ataques contra Galileo se van haciendo más y más furiosos, y son los religiosos de la Santa Sede los que hacen más daño. El epsiodio de El Libro de Josué, en el que éste ordena detenerse al Sol, es uno de los argumentos. La batalla es feroz, durante años, y el Santo Oficio entra en escena. En 1632 publica el Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo (Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo), donde vuelve a dar argumentos científicos para defender las tesis de Copérnico. Se inicia un proceso plagado de falsedades al final del cuál Galileo es condenado a un arresto domicilario de por vida.

Kitab al- manažér

No es el único caso con una condena parecida. Algo más de seis siglos antes, el matemático, físico y astrónomo Alhacén, llegó a El Cairo bajo el reinado del califa fatimí Al-Hakim. Alhacén era ya famoso en su época, y el califa, gran amante de la astronomía, lo contrató a su servicio. Le pidió un informe sobre la posibilidad de construir una presa que regularar las crecidas del Nilo, y ante su opinión negativa de la viabilidad de la mismo, lo condenó a arresto domiciliario. Se dice que Alhacén fingió locura para librarse de un castigo mayor, y se encerró en su casa desde 1011 hasta la muerte de Al-Hakim en 1021. Durante ese tiempo escribió su obra cumbre, su Libro de Óptica (Kitab al-Manazir) que es considerada la obra fundacional de esta disciplina.

Alhacén, Taqi al-Din y Galileo son tres ejemplos de como el poder establecido, las religiones y las supersticiones, han querido detener el avance del conocimiento; no lo han logrado. Pero en estos tiempos de la post-verdad y las pesudociencias, deberíamos inspirarnos en ellos y luchar con todas nuestras fuerzas contra la ignorancia y los prejuicios.

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Manuel de León (CSIC, Fundador y Director del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU).

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La medalla número 36

Este pasado miércoles, 29 de noviembre de 2017, tuve el privilegio de entrar a formar parte de una distinguida corporación, la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

La Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales fue creada el 25 de febrero de 1847, aunque tiene sus antecedentes en la Academia Real Mathematica, fundada por Felipe II el 25 de diciembre de 1582, tras iniciativa del entonces Aposentador Mayor Juan de Herrera. La Real Academia tiene 54 académicos de número, y la medalla que me corresponde es la número 36. Cada medalla tiene una historia, un pasado, representado por los científicos que la lucieron anteriormente. Por eso quise recordar en mi discurso de recepción a esa impresionante lista de académicos, con dos objetivos: mostrar el gran honor que supone para cualquier investigador el poder llegar a académico, y recordarme a mí mismo en el futuro la obligación de intentar al menos emularlos.

Quiero recordar aquí, en esta entrada, los nombres y unas breves frases que muestren sus logros.

El primer académico en ocupar esta medalla, fue D. Lorenzo Gómez Pardo y Ensenyat, pionero de la ingeniería de minas en nuestro país. Desafortunadamente, no pudo impartir su discurso de entrada por su prematuro fallecimiento. Decir que fue Diputado a Cortes y Académico fundador, uno de los primeros dieciocho.

Le sucedió D. José Subercase y Jiménez, quien hizo importantes contribuciones en Geología y Metereología. El sigueinte receptor de la medalla fue D. Manuel Becerra y Bermúdez, dos veces ministro de Ultramar y una de Fomento. D. Vicente Ventosa y Martínez de Velasco fue Primer Astrónomo y Director del Observatorio de Madrid, y  D. Antonio Vela Herranz, Catedrático de Astronomía Física en la Universidad Central, y Consejero de Instrucción Pública. D. José Gabriel Álvarez Ude fue Director del Laboratorio Matemático, de la Sección de Matemáticas en el Instituto-Escuela y de la Revista Matemática Hispano-Americana; une CSIC (entonces todavía Junta de Ampliación de Estudios) y la Real Sociedad Matemática Española.

De D. Germán Ancochea Quevedo baste citar la enorme calidad de sus trabajo de investigación en Geometría, disciplina en la que ha sido uno de los pioneros en España. Y mi cariño y recuerdo especial van a D. José Javier Etayo Miqueo, otro pionero de la Geometría Diferencial en España, y con el que tuve un excelente contacto profesional. D. Javier siempre me trató con enorme cariño, y solía encontrarlo paseando por el barrio ya que hemos sido vecinos en la castiza Avenida de la Reina Victoria. Él fue director del Instituto Jorge Juan, en una época muy diferente, pero a la que me siento conectado de manera natural, ya que el ICMAT es el heredero natural tanto del Laboratorio- Seminario Matemático de la Junta de Ampliación de Estudios (JAE), como del Jorge Juan.

De estos y otros ilustres académicos iremos hablando en futuras entradas de nuestro blog.

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Manuel de León (CSIC, Fundador y Director del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU).

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