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Archivo de septiembre, 2018

Lecciones aprendidas en Heidelberg

El pasado 24 de septiembre, la comunidad matemática estaba revolucionada ante el anuncio de que Sir Michael Atiyah presentaría en el Heidelberg Laureate Forum una demostración sencilla de uno de los santos Griales de nuestra disciplina, la hipótesis de Riemann.

Esencialmente, la hipótesis de Rieman nos dice que los ceros no triviales de la función zeta de Riemann tienen todos parte entera ½:

La función zeta de Riemann posee una intrigante conexión con la densidad de números primos, de ahí su gran interés.

Esta imagen tan espectacular de la función zeta fue construida por David Martín de Diego (más detalles en esta entrada de Matemáticas y sus fronteras):

Escribí un artículo sobre el anuncio de Atiyah, publicado el 25 de septiembre en El Mundo, Un alarde de erudición para ‘resolver’ la hipótesis de Riemann que acompañaba a otro de Miguel G. Corral, titulado Anuncian la solución de la hipótesis de Riemann, el enigma matemático que podría revolucionar internet.

No fueron los únicos artículos publicados en medios de comunicación, porque el anuncio estaba hecho por una persona del carisma y la categoría científica del Michael Atiyah, ganador de una medalla Fields en 1966 y del Premio Abel en 2004. Y estamos citando solo las dos más altas distinciones. Si hubiera sido el anuncio de otro matemático (y ha habido unos cuantos anuncios fallidos de la resolución de este problema) nadie le hubiera prestado mucha atención y la respuesta habría sido que no lo había probado.

Atiyah basó su prueba en las propiedades de la función de Todd, y la despachó en muy pocas líneas. No hubo muchos detalles, y los analistas tienen muchas dudas de que exista una función con las propiedades que se le adjudican. El argumento no convenció. Pero la gente no prestó atención a las obras que referenciaba en su anuncio: la de John von Neumann titulada On an algebraic generalization of the quantum mechanical formalism, esencial para la formulación matemática de la mecánica cuántica; una segundo titulada Arithmetic genera and the Theorem of Riemann-Roch, clásico en geomería algebraica, escrito por el matemático alemán Hirzebruch, y cuyo resultado principal está basado en la teoría del cobordismo de René Thom; y otra obra clásica del premio Nobel P.A.M. Dirac, The Quantum Theory of the Electron, en el que introduce la ecuación de onda del electrón unificando la mecánica cuántica y la relatividad especial.

Con estas tres pistas, Atiyah ya nos estaba dando una lección. Hay que seguir leyendo a los clásicos, hay que conectar las matemáticas con la física y el mundo real. Hablaremos en próximas entradas de algunas de estas maravillas que estaban detrás de las ideas de Atiyah para Heidelberg.

 

Atiyah en Heidelberg

La segunda lección que hemos aprendido del Foro de Heidelberg es sobre la edad. Hemos visto en redes sociales algunos comentarios sobre la edad de Atiyah (89 años) y veladas alusiones a su capacidad intelectual. Publicamos hace tiempo una entrada sobre ese mito de la juventud que se ha instalado en las matemáticas, probablemente influenciado por la edad exigida para conseguir una medalla Fields. Atiyah ha dado otra lección, mostrando como a su edad se puede seguir manteniendo la ilusión, las ganas de buscar la verdad matemática allá donde se encuentre. Ojalá todos los matemáticos jóvenes mostraran esa vitalidad.

El joven Atiyah

Es muy probable que la Fundación Clay no tenga que emplear ese millón de dólares, pero Sir Michael Atiyah ya tiene un lugar bien ganado en el Olimpo Matemático y de ahí no lo vamos a bajar nunca.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias).

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Las matemáticas del arte. Más allá del número de oro

Acaba de publicarse el cuarto libro de la colección Miradas Matemáticas, una aventura editorial que el Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha emprendido en colaboración con la Federación Española de Sociedades de Matemáticas (FESPM) y la editorial Catarata.

Miradas Matemáticas trata de combinar la divulgación con la didáctica de las matemáticas, y llevar la investigación en matemáticas a las aulas de secundaria y bachillerato. El objetivo es romper con la idea de las matemáticas como un cuerpo estanco, que no evoluciona, con reglas que parecen surgir de la chistera de un mago, cuando, al contrario, se trata de un conocimiento en constante ebullición y profundamente conectado con la realidad.

Este quinto libro es “Las matemáticas del arte”, escrito por Julio Rodríguez Taboada y Pilar García Agra, y que lleva el sugerente subtítulo de “Más allá del número de oro”.  El libro relata las relaciones que a lo largo de la historia, se han dado entre el arte y las matemáticas. Uno de los cánones de la belleza ha sido la proporción áurea o número de oro, y la geometría ha sido utilizada profusamente para la creación artística.

A lo largo de sus capítulos, se van desgranando de manera muy amena estas relaciones, abarcando múltiples manifestaciones artísticas, como la pintura, escultura, arquitectura, música, fotografía, artes decorativas, diseño de moda o de joyas, etc..

El libro contiene además ejercicios y actividades a desarrollar en el aula qie ayudarán al profesor y al alumno, al aprendizaje de las matemáticas a la vez que repasarán muchos conceptos artísticos, contribuyendo así con una aproximación integral a su formación.

Contenidos del libro

Introducción

Capítulo 1. La proporción áurea

Capítulo 2. A la búsqueda del número de oro

Capítulo 3. Elementos geométricos en el arte

Capítulo 4. Mosaicos y teselaciones

Capítulo 5. Fractales

Bibliografía

Los autores

Julio Rodríguez Taboada, es matemático, profesor de Secundaria en el CPI Dos Dices de Rois (A Coruña), y es el actual presidente de la Asociación Galega do Profesorado de Educación Matemática (AGAPEMA) y miembro del grupo de trabajo de Paseos Matemáticos de la FESPM.

Pilar García Agra es matemática, profesora de Secundaria en el IES nº 1 de Ordes (A Coruña), y miembro de la directiva de AGAPEMA  y del grupo de trabajo de Paseos Matemáticos de la FESPM.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias).

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SOS de la ciencia argentina

La ciencia argentina está al borde del colapso. Después de 12 años continuados de expansión, desde 2003 a 2015, los recortes de presupuesto, de personal, los incumplimientos de las obligaciones en proyectos nacionales e internacionales, están poniendo en un serio peligro a la ciencia en ese país.

Un grupo de directores de centros de investigación (Alfredo Cáceres, Ana Franchi, Andrea Gamarnik, Edgardo Baldo, Gloria Chicote, Juan Pablo Paz, Marcos Vaira, María Cristina Carrillo, Raquel Chan, Rolando Gonzalez José) han dirigido una carta abierta al Presidente de Argentina, Mauricio Macri, y a las autoridades argentinas a cargo de la ciencia y la tecnología, con un dramático llamamiento.

El principal organismo científico del país, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), fundado hace 60 años por el Premio Nobel de Medicina en 1947, Bernardo Alberto Houssay, que emplea 10.000 investigadores senior, otros 10.000 estudiantes de doctorado y postdoctorales y unos 3.000 técnicos, en unos 250 centros, está a punto de cerrar. No hay dinero para la limpieza ni para el mantenimiento de los equipos científicos, y los salarios han caído en picado con las continuas devaluaciones del peso. En una situación parecida está la Agencia Nacional para la Promoción de la Ciencia y la Tecnología (ANPCYT) y las universidades. Se teme un éxodo masivo de investigadores.

Bernardo Alberto Houssay

Como ocurrió en España con el anterior gobierno, ha desaparecido el Ministerio de Ciencia y se ha rebajado a una Secretaría de Estado. Este hecho muestra la escasa preocupación por la ciencia en Argentina por parte del nuevo gobierno.

En varios artículos periodísticos, como éste de Clarín se ha ido advirtiendo de esta crisis. En este otro artículo, los investigadores describen como han ido “trampeando” (“bicicletaendo” en el argot argentino) con los proveedores y poder seguir manteniendo la investigación. Pero la situación ha explotado. Y en este artículo, más reciente, se describe ya la situación de emergencia.

Como matemático, colaborador y amigo de muchos matemáticos argentinos, no puedo más que hacerme eco de esta dramática situación, y aportar un granito de arena para que impere la razón y las medidas de un ajuste económico brutal no echen el cierre a la ciencia argentina.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias).

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Muerte de un joven matemático comunista

“Il faut exécuter Audin, pour l’ exemple,  pour qu’ ils [les communistes] arrêtent de faire des atentats spectaculaires.”

Général Massu

El pasado 13 de septiembre, Francia, representada por su presidente Emmanuel Macron, ha reconocido la injusticia cometida con el joven matemático Maurice Audin visitando expresamente la casa familiar en la que vive su viuda en Bagnolet. Maurice Audin, comunista y defensor de la independencia de Argelia, fue arrestado por el ejército el 11 de junio de 1957 en su domicilio, delante de su esposa y sus tres hijos; ellos nunca volvieron a verlo. Durante cincuenta años, la versión oficial sobre su desaparición es que había sido voluntaria, e hicieron creer que lo habían matado los propios argelinos.

 

Maurice Audin

Para contar el caso de Maurice Audin, nos hemos basado en el emocionante artículo que nuestro colega Cédric Villani escribió en Le Monde, y hemos también indagado por nuestra cuenta en los testimonios de la época. Digamos que existe mucha documentación sobre el caso, que hasta ahora a muchos no franceses nos había pasado desapercibido.

Como es de suponer, Audin debió haber sufrido la suerte de muchos otros en esta cruel guerra que Francia libró en Argelia, con una actuación terrible del ejército francés, llena de interrogatorios inhumanos, torturas, y asesinatos clandestinos. Macron ha reconocido además que el ejército francés se extralimitó en la aplicación de estas prácticas con miles de argelinos, y ha pedido perdón en nombre de la República francesa.

 

Mairice y Josette Audin

El apellido Audin les sonará a los matemáticos actuales, porque dos de los hijos de Maurice siguieron las huellas de su padre por los caminos de las matemáticas. Pierre Audin es un gran divulgador de la disciplina, y Michéle Audin es una reconocida investigadora en el campo de los sistemas dinámicos.

Maurice Audin, nacido el 14 de febrero de 1932 en Béja (Túnez) era matemático, ayudante en la universidad de Argel, aunque previamente había comenzado una carrera militar. Se casa en 1953 con Josette Sempé, con la que tiene tres hijos: Michèle, Louis y Pierre. Ambos son comunistas y anticolonialistas. En 1957, Francia lanza la llamada “batalla de Argel”, con el general Massu, que desencadena una persecución en la que desaparecen 3000 argelinos, tras su arresto por los militares. Audin es uno de ellos, se le arresta el 11 de junio y no se le vuelve a ver. Es el comienzo del “asunto Audin”. Y el comienzo de una bella historia de la solidaridad de los matemáticos.

 

Maurice Audin

El 2 de diciembre de 1957, René de Possel solicita que se haga una defensa pública en la Facultad de Ciencias de País de la tesis de Audin, in absentia. El tribunal lo forman Jean Favard (presidente), Laurent Schwartz (informador) y Jacques Dixmier. Hablamos de cuatro de los grandes matemáticos que Francia ha dado al mundo. Dixmier expone los resultados de Audin delante de un numeroso público, y la tesis es aprobada con la máxima calificación (“très honorable”).

Su esposa, Josette no se resigna, y con el apoyo de sus colegas inicia una batalla judicial y mediática para encontrar a su marido, o al menos, conocer su destino y reivindicar su figura. Se crea un Comité Audin, que lucha contra el poderoso estado francés. El 16 de mayo de 2001, el general Aussaresses reconoce haber ordenado la muerte de Audin, y su viuda presenta una denuncia por secuestro y crímenes contra la humanidad. Los tribunales siguen haciendo caso omiso. El 1 de enero de 2009, su hija Michèle rechaza, como protesta, la Legión de Honor que se le concede por sus méritos académicos.

Es François Hollande quien comienza a interesarse por el caso, y en 2014 reconoce que ha muerto tras su detención. Finalmente, y gracias a nuestro admirado Cédric Villani, es cuando Emmanuel Macron declara que Audin fue ejecutado por los militares franceses. Una larga batalla que finalmente ha ganado la causa de la justicia.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias).

 

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La fragilidad de la excelencia

Hace casi cinco años, publiqué en Materia un artículo titulado “Los tres miedos a la excelencia” , en el que destacaba las dificultades que teníamos en España de poner en marcha programas que identificaran de manera fehaciente la excelencia, y que, según mi opinión, venían de los miedos de los propios científicos, de las universidades y de las administraciones a cambiar el ‘statu quo’. Respondía así a algunas críticas sobre el Programa Severo Ochoa, y afirmaba que cualquier programa como éste es visto “como un ataque al resto del sistema”.

Campus de Janelia

Casi cinco años después, me reafirmo en mis argumentos. Sobre el Programa Severo Ochoa, valga decir que supone un porcentaje ínfimo del total dedicado a la investigación, y en muchos de sus centros participan las universidades – porque también he leído críticas en este sentido. No me voy a referir a otros programas de ámbito autonómico como el BIST en Cataluña, Ikerbasque en el país Vasco o los IMDEA en Madrid.

Mi intención es reflexionar sobre la excelencia, o más bien, sobre la búsqueda de la excelencia. Afirmar que la excelencia es una entelequia es una barbaridad; sí existe la excelencia, y no solo como palabra, sino como concepto. El Diccionario de la RAE la define en su primera acepción como: “Superior calidad o bondad que hace digno de singular aprecio y estimación algo.” Si yo afirmo que la Universidad de Stanford o que el Janelia Research Campus  son excelentes, la inmensa mayoría de ciudadanos con conocimiento de causa coincidiría conmigo. Por lo tanto, existe la excelencia y lo que tendremos que hacer en España es tratar de emularla, dentro, claro está, de nuestras limitaciones. Aunque se puede hacer mucho con poco, y así lo demostramos en su día con el Instituto de Ciencias Matemáticas, ICMAT.

Campus de la Universidad de Stanford

Buscar la excelencia supone definir una estrategia, marcar a donde queremos llegar y el camino que pretendemos seguir para conseguir acercarnos al objetivo. Yo siempre digo que pensar es gratis. En esa estrategia hay que identificar los recursos humanos y económicos necesarios y comenzar el trabajo (arduo en un país como el nuestro, por la escasez de recursos a disposición de los investigadores, por las trabas burocráticas y por los tres miedos a los que aludía en mi artículo en Materia).

Pero si hemos alcanzado, si no la excelencia, al menos algo bastante parecido, nos acecha una amenaza: la enorme fragilidad de la excelencia. Consolidar los logros es tan complicado como conseguirlos. Porque la excelencia no se hereda, se trabaja cada día, y si nos olvidamos de trabajarla, se desmorona en muy poco tiempo. Es como la roca de Sísifo.

Vuelvo con el Programa Severo Ochoa, que iniciará –todos confiamos en ello-  su octava edición en breve. Cada cuatro años, los centros galardonados deben competir de nuevo para tratar de mantener su galardón de excelencia, junto con otros nuevos centros que tratan de conseguirlo por primera vez. Algunos podrían pensar que una vez conseguido el galardón, este ya va a continuar a perpetuidad. Sin embargo, aunque la mayoría sí lo renueva, la Estación Biológica de Doñana (EBD) ya se ha quedado por el camino. No tuvo repercusión mediática, porque habría que dar explicaciones de cómo la actuación arbitraria de la anterior ejecutiva del CSIC descabezó al centro así del porqué investigadores de renombre buscaron otros aires ante la muralla burocrática del CSIC y el Ministerio. Ahora ha vuelto a ocurrir, y este verano se ha suscitado una polémica con el Institut Català d’Investigació Química (ICIQ) que, al menos de momento, parece haber quedado fuera en la última convocatoria de 2017.

El Ministerio se vió obligado a sacar una nota de prensa aclaratoria en la que establece claramente que las decisiones son las que tome la comisión internacional que evalúa los centros. En este caso, la comisión vió una serie de debilidades en la propuesta. Se han presentado alegaciones, y ya veremos el resultado final. Por mi parte, los mejores deseos para este importante centro de investigación química de Tarragona.

La lección que debemos extraer es que la excelencia hay que cultivarla, no está para siempre. Ojalá los matemáticos de mi entorno fueran conscientes de esta fragilidad.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias).

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¿Son adecuados los modelos actuales de los institutos del CSIC?

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el organismo Público de Investigación (OPI) más importante de España, se organiza en 120 institutos de investigación, de los cuáles 70 son propios y 50 mixtos. Propios quiere decir que sus trabajadores pertenecen todos al CSIC, y mixtos que son fruto de un convenio con, usualmente, alguna universidad. Ninguno de estos 120 centros tiene titularidad propia, y ésta es la del CSIC (un único CIF para toda la institución).

 

Sede central del CSIC en Madrid

La estructura de estos institutos (propios y mixtos) ha sido objeto de debate en algunas ocasiones, pero quizás no con la suficiente profundidad. A la vista del éxito de los institutos en Cataluña (como el IRB, ICFO, o CRG), hubo una iniciativa firmada por todos los presidentes del CSIC vivos en ese momento (Rafael Rodrigo, Alejandro Nieto, José Elguero, Enrique Trillas, Emilio Muñoz, Elías Fereres, José María Mato, César Nombela, Rolf Tarrach, Emilio Lora-Tamayo y Carlos Martínez) en el que se ponía en cuestión el actual modelo y se proponía experimentar con otros modelos que dieran más autonomía a sus institutos, o al menos, crear un programa piloto con algunos de ellos.

Colegio de Presidentes del CSIC

Desgraciadamente, la iniciativa no tuvo continuidad. El modelo catalán, muy exitoso, tiene un correlato en el País Vasco, y en la propia Comunidad de Madrid, han surgido los IMDEA (cada uno de ellos es una fundación).

Esta vertiente, la autonomía de los institutos del CSIC, es un aspecto a estudiar. Desgraciadamente, los últimos 6 años han supuesto una involución para el control de los centros en aras de una discutible eficiencia económica.

Los institutos mixtos

¿Cuáles son las razones detrás de los institutos mixtos? ¿Cuáles son los beneficios para cada parte? Para los investigadores del CSIC trabajando en una determinada materia, supone aumentar los efectivos con profesores de la universidad en cuestión. Algo que mucha gente desconoce es que el número de investigadores de plantilla en el CSIC no es muy alto, ya que depende enteramente de la Oferta de Empleo Público (OEP) y lo que cada gobierno quiera dedicar a la investigación. Así, doblar el número (la proporción habitual de investigadores en un centro mixto es del 50% de cada lado) de la plantilla permite abordar de una manera más racional sus líneas de investigación.

Por otra parte, para la universidad, supone en muchos casos el acceder a laboratorios bien equipados, e incluso edificios modernos que dan una dimensión estratégica clave para buscar recursos y visibilidad. El CSIC suele ser quién paga la construcción de un edificio en el campus, de equiparlo en gran parte, y proporciona también el personal mínimamente indispensable para la gestión (un gerente así como un habilitado-pagador, entre otro personal). Los edificios suelen figurar en el convenio como propiedad del CSIC, instalados en el campus, aunque al cabo de unos 50 años desde su construcción, pasan a ser propiedad de la universidad. Esto supone para un campus una plusvalía de grandes consecuencias económicas.

El CSIC aporta investigadores muy seleccionados y sus propias programas de recursos humanos y económicos (a veces el recíproco no se da con la misma generosidad). Otro aspecto clave es el de la formación de los investigadores. Aunque el CSIC mantiene un convenio con la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) que le permite desarrollar varios másteres y programas de doctorado prácticamente propios, en un instituto mixto se suele colaborar con los programas de máster y doctorado de la universidad asociada. Sin embargo, la participación suele reducirse a impartir algunos créditos, dirigir algunos Trabajos de Fin de Máster, y dirigir tesis doctorales. Pero no se le suele hacer partícipes a los investigadores del CSIC de la elaboración de los programas, cuando es esencial que los que van a formar futuros investigadores pudieran opinar sobre lo que deben aprender los estudiantes en el máster y el doctorado.

Otro tema importante es que al construir un edificio en un campus como sede del instituto mixto, no siempre los investigadores de la universidad usan el despacho que se les ha asignado, y continúan con los que tenían en sus departamentos (la comodidad de las clases, un tema que no está resuelto, porque las universidades deberían facilitar sus tareas docentes). Si lo que se quería es construir un espacio común de interacción, esta no se produce adecuadamente, y los principales perjudicados en un instituto en investigación básica son los investigadores en formación, que deberían vivir embebidos en un ambiente estimulante. Además, ¿podemos permitirnos excelentes despachos vacíos durante semanas y meses porque no se ocupan adecuadamente con el coste de mantenimiento que eso implica?

Un escenario preocupante

Un problema que surge en algunos centros mixtos es el de la pertenencia al instituto. Habitualmente, los investigadores de la universidad permanecen durante muchos años en el instituto (para los del CSIC es su único lugar de trabajo, a menos que se trasladen a otro instituto).

Podíamos extrapolar lo que podría ocurrir si nos fuéramos a una situación extrema. Imaginemos que cada cuatro años el personal de plantilla de la universidad tuviera que aplicar de nuevo para ser miembros del instituto. Y podría ocurrir que hubiese una renovación total (o, aunque parcial, de una cierta entidad).

Sede del ICMAT

Y aquí vienen una serie de preguntas ante tal situación:

- ¿Cómo va a planificar el instituto su desarrollo científico si cada cuatro años cambiara la mitad de sus investigadores de plantilla?

- ¿Se puede pretender que ese instituto pueda competir en buenas condiciones para convertirse en un centro de excelencia Severo Ochoa?

- ¿Qué pasaría con los estudiantes de doctorado e investigadores postdoctorales que estén dirigidos por  un investigador que no continuara? ¿Y qué ocurriría con sus proyectos de investigación concedidos por el CSIC o gestionados desde el CSIC al perder su condicion de miembro del instituto?

Además, si en el proceso de decisión sobre los que se van o se quedan, el instituto no tiene el control de dicho proceso -que está definido por su política científica mediante el Claustro Científico, la Junta y Órganos de gobierno-, sino que éste dependa de otros organismos o de un proceso externo desconocedor de dicha realidad, podría llevar al instituto a una situación catastrófica. Imagínense que podrían darse situaciones en las que la universidad usara este mecanismo para decidir a quién quiere premiar y a quién no, o para ambas partes, deshacerse de personal “incómodo” a las respectivas gobernanzas.

Usted, si ha estado leyendo hasta aquí, puede pensar que la hipótesis que planteo es imposible. Se equivocará. Es lo que va a ocurrir (si el CSIC o el Ministerio de Ciencia no lo remedian) en el Instituto de Ciencias Matemáticas, ICMAT, centro de excelencia Severo Ochoa, perteneciente al CSIC y conveniado con tres universidades (Universidad Autónoma de Madrid, Universidad Carlos III de Madrid y Universidad Complutense de Madrid). Y el porcentaje no es 50%-50%, sino 36%-64%, o sea, que las consecuencias pueden ser demoledoras.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias).

 

 

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¿Por qué España no tiene una medalla Fields en Matemáticas?

Ese mes de agosto hemos publicado una serie de entradas en Matemáticas y sus fronteras sobre el Congreso Internacional de Matemáticos de Río de Janeiro, contando las decisiones tomadas en la Asamblea General de la Unión Matemática Internacional (IMU) celebrada unos días antes en Sao Paulo, así como trazando los perfiles de los premiados, entre ellos, los cuatro medallistas Fields.

Una de las preguntas que muchas veces me hacen los periodistas españoles es precisamente la que da título a esta entrada: “¿Por qué España no tiene una medalla Fields en Matemáticas?”. Pues aquí van mis opiniones sobre el tema, que son personales, naturalmente, pero fruto de muchos años de experiencia como miembro activo de la comunidad matemática española así como mi paso por la propia IMU.

La primera cuestión es si tenemos candidatos que puedan hacer un buen papel, candidatos que puedan competir para un nivel tan elevado como es el de un medallista Fields. Y sí hay, muy pocos, y alguna vez he citado algún nombre de los que trabajan en España. Y quizás ahora alguno más en el extranjero. Pero no muchos.

Como segundo punto de debate, uno se puede preguntar por la calidad de la investigación matemática en España. En los noventa del siglo pasado, el campo de las matemáticas había emprendido una dinámica de crecimiento en cantidad y calidad. En nuestro caso, desde una situación prácticamente sin investigación relevante, se había alcanzado un gran nivel. A la vez, se consiguió un aumento notable de la internacionalización, aunado a una consolidación institucional con la reconstrucción de la Real Sociedad Matemática Española (RSME) y la creación del Comité Español de Matemáticas (CEMAT). Quizás el momento de mayor trascendencia fue la celebración en agosto de 2006 del Congreso Internacional de Matemáticos en Madrid. En 2007 todo quedó además pactado con el Ministerio de Ciencia y Tecnología para solicitar el paso de España del Grupo IV al V en IMU (el grupo V da derecho a cinco votos y el máximo en la Unión). La crisis y una inadecuada gestión por los propios matemáticos se llevó todo esto por delante, y el patrimonio generado por el ICM2006 se perdió en gran medida.

Nos podemos también preguntar sobre los instrumentos que poseemos para identificar y cuidar a nuestros talentos matemáticos. Si uno observa los perfiles de los ganadores de medallas Fields, verá que, en muchos casos, han sido previamente ganadores de medallas de oro en las Olimpiadas Matemáticas Internacionales (IMO en sus siglas inglesas). En España se celebra la Olimpiada Matemática desde hace muchos años, de manera ejemplar, de la mano de la RSME, habiendo incluso organizado una IMO en 2008. Y también tenemos una Olimpiada Matemática en años más tempranos que organiza la Federación Española de Sociedades de Profesores de Matemáticas (FESPM). Y que decir del exitoso Programa Estalmat puesto en marcha hace unos 20 años por la Real Academia de Ciencias. Tenemos pues instrumentos adecuados para identificar los talentos matemáticos. Falta quizás una mejor coordinación entre todos ellos, pero el gran problema es sin duda la falta de financiación estable adecuada; la pública se reduce a la eventual que se pueda conseguir cada año de la FECYT, lo que aportan algunas Comunidades Autónomas, y la del Ministerio de Educación. Y tenemos muy reciente el bochornoso espectáculo que hemos sufrido de la falta de financiación para asistir a las Olimpiadas Internacionales, espectáculo que quisiéramos desterrar para siempre de nuestras vidas. Y quiero señalar un grave peligro: algunos de los estudiantes brillantes identificados en las Olimpiadas Matemáticas ya deciden hacer su carrera en prestigiosas universidades extranjeras, ante el futuro que vislumbran en España y la falta de prestigio internacional de sus universidades: Oxford o Cambridge se perfilan como mejores opciones, por citar solo dos ejemplos.

El último punto al que me quiero referir es al sistema de nominaciones para las medallas Fields. Hace falta una coordinación en las mismas, no puede haber nominaciones (cuando las hay) de múltiples instituciones. Para que una nominación sea fuerte, hay que contar con un buen candidato respaldado por toda la comunidad matemática, sin fisuras. Resulta fácil no tener en cuenta un candidato nominado por una institución particular (sin falsas hipocresías, no es lo mismo una nominación que viene de Stanford o Harvard que una de una universidad española), pero si una candidatura viene de todas las sociedades matemáticas, centros de investigación, Reales Academias y universidades, habrá al menos que examinarla con cuidado, tendrá su peso. Me temo que eso no está ocurriendo.

Finalmente, quería señalar que otro punto cumbre en la comunidad matemática española fue la creación del Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT), primer centro del CSIC y primero en Matemáticas en conseguir el galardón Severo Ochoa, 12 proyectos del European Research Council avalan su prestigio. De este instituto muchos esperaban que pudiera salir un medallista Fields en unos pocos años. Por otra parte, la puesta en marcha del Basque Center for Applied Mathematics (BCAM) permitía una excelente interacción. Desgraciadamente, la pésima gestión de la anterior presidencia del CSIC con los actuales rectores de UAM, UC3M y UCM, ha supuesto un terrible varapalo para el ICMAT, del que le va a costar mucho recuperarse, a menos que se tomen medidas correctoras urgentes.

La última pregunta que me suelen hacer los periodistas es: “¿Cuándo tendremos un medallista Fields español?”. Y respondo que ojalá no nos pase como al italiano Alessio Figalli quién no encontró ninguna universidad ni centro de investigación en Italia y tuvo que emigrar, obteniendo su medalla Fields como profesor en la Universidad Politécnica de Zürich. A tiempo estamos todavía de evitar un caso parecido.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias).

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