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Archivo de octubre 21st, 2019

Evaluar la docencia, ¿un problema todavía no resuelto?

Evaluar el rendimiento de un docente (y me voy a centrar solo en el ámbito universitario, el ámbito de la Secundaria merece una reflexión particular) es un tema de una gran dificultad y que genera un debate que todavía parece no haber encontrado una solución satisfactoria.

No pesenta dificultad la evaluación de la cantidad de docencia que se imparte, basta medir y certificar los créditos impartidos en las diferentes modalidades de profesorado. Pero, ¿cómo medir la calidad de la docencia impartida?  Y no olvidemos que lo que se persigue es garantizar la calidad no de la enseñanza impartida sino de cómo se imparte. Hay dos pasos en este objetivo: garantizar la calidad del profesor que va a acceder a la acreditación de alguna de las figuras de profesorado, y garantizar que, una vez se ha acreditado y ha sido contratado en alguna universidad, esa calidad se mantiene, lo que debe ser parte no solo de un control sino y más importante todavía, de un plan de formación permanente.

Hasta no hace mucho, la manera de contrastar la calidad de la docencia impartida por un aspirante se reducía prácticamente a las encuestas de satisfacción de los alumnos. Este es un tema polémico, ya que se puede argumentar que estas pueden estar sesgadas por muchos factores, como por ejemplo el grado de “bondad” de un determinado profesor en las calificaciones o la “dureza” de otro. Si se puede medir la puntualidad en las clases, o se pueden analizar los resultados conseguidos por los alumnos, pero evidentemente hacen falta más datos que unas encuestas. Si se trata de Trabajos de Fin de Grado o Trabajos de Fin de Máster, se puede tener en cuenta las calificaciones, y una medida positiva es si si estos trabajos resultan en mejores calificaciones que las esperadas a tenor del desempeño del alumno, lo que indicaría un mayor compromiso del profesor en cuestión.

Pueden también tomarse como signos de calidad la participación del profesor en proyectos docentes, en la elaboración de manuales, participación en congresos y actividades que persigan la mejora de la docencia, etc. Aunque no miden directamente la interacción con los alumnos, si muestran un interés por la mejora de la docencia a impartir.

La ANECA ha puesto en marcha desde 2007 el llamado Programa DOCENTIA, “en estrecha coordinación con las agencias de evaluación autonómicas, el Programa de Apoyo a la Evaluación de la Actividad Docente del Profesorado Universitario (DOCENTIA) con el objeto de apoyar a las universidades en el diseño de mecanismos propios para gestionar la calidad de la actividad docente del profesorado universitario y favorecer su desarrollo y reconocimiento.”

ENQUA (European Association for Quality Assurance in Higher Education), en sus Criterios y Directrices para la Garantía de la Calidad en el Espacio Europeo de Educación Superior, señala que es fundamental que el profesorado tenga:

  • Conocimiento y comprensión completos de la materia.
  • Conocimiento de métodos de aprendizaje y evaluación.
  • Habilidades y experiencia para transmitir el conocimiento.
  • Capacidad para atender a la diversidad de estudiantes.
  • Retroalimentación de su actuación.

El Programa DOCENTIA es en realidad muy ambicioso, se contempla formando parte crucial de la estrategia de la universidad en su afán de conseguir un modelo de excelencia académica. Un aspecto clave es la transparencia y la comunicación pública de los resultados del programa.

El Programa señala tres dimensiones: estratégica, metodológica y y de resultados, revisión y mejora. Y la pregunta del millón es: ¿cómo desarrollar este programa? Evidentemente, hay que planificar la docencia, después ejecutar lo planificado, y finalmente evaluar los resultados conseguidos.

El Programa contempla la responsabilidad de todos los actores, con informes del profesorado, los responsables académicos y los estudiantes. Hay evaluación interna (con representantes de todos los estamentos) pero también externa, que acaba emitiendo, en el caso favorable, un certificado de calidad válido por cinco años. Una consecuencia importante es que los profesores inmersos en esta evaluación global, obtendrían su certificado, evitando así la aportación de docenas y docenas de documentos conteniendo resultados de encuestas y otros certificados. Un ahorro burocrático sin duda muy estimable.

No sé si esta es la solución definitiva que garantizará la calidad de las enseñanzas universitarias. En cualquier caso, se está poniendo a prueba y los resultados se irán viendo en los próximos años.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias).

 

 

 

 

 

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