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Klara y el Sol, o la melancolía de la máquina

Acabo de terminar la lectura de la última novela de Kazuo Ishiguro, el escritor británico que obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 2017. Klara y el Sol es su primera novela tras el premio y una fascinante incursión en la ciencia-ficción.

 

 

La novela se desarrolla en un inquietante futuro distópico, sobre el que no se dan muchos detalles. En una reciente entrevista en La Vanguardia, Ishiguro decía: “En mi novela, la gente ya no es desempleada sino post-empleada, desaparece la idea capitalista del trabajo”. Por eso, “en mi discurso del Nobel animé a las generaciones jóvenes a plantear nuevas ideas con el humanismo en su centro, porque las viejas ideas ya no son suficientes”.

Aparentemente, en esta sociedad, los niños tienen la posibilidad de ser mejorados genéticamente, aunque algunos padres obtan por no hacerlo. Josie, de 14 años, es una de esas niñas mejoradas pero en la que algo ha salido mal y padece una enfermedad posiblemente terminal. Por ello, su madre compra una AA, una amiga artificial, Klara, que es la auténtica protagonista de la novela y la narradora de la misma.

La Inteligencia Artificial y los robots son temas usuales en la literatura de ciencia-ficción desde hace muchas décadas, pero es interesante como escritores no especialistas y de altura, como es el caso de Ishiguro, se interesan por ellos. No hace poco, podíamos disfrutar de la novela de Ian Macewan, Máquinas como yo, en la que aparecía el mismísimo Alan Turing. Probablemente la inteligencia artificial, en su sentido más amplio, está cada vez más cerca de nuestras vidas.

 

Kazuo Ishiguro

Tampoco es esta la primera incursión de Ishiguro en el género, ya lo hizo con Nunca me abandones, en la que narra el proceso de desarrollo y aprendizaje de una niña (Kathy H) internada en un centro en Inglaterra donde los niños –clonados – son criados para ser donantes de órganos.

Klara y el sol es una indagación sobre lo que es ser humano, cuál es su esencia, una vez despojado de lo superficial, de las matemáticas y de los algoritmos, ¿hay algo más?, ¿el corazón?, ¿el alma?, ¿qué significa el amor de un ser humano por otro?, ¿y puede una AA convertirse en un humano indistinguible del original?

Klara está construida con algoritmos, sin duda (por cierto, nunca llegamos a intuir su forma física), pero la salvación de Josie no se produce por la ciencia. Una AA se alimenta del sol, y Klara piensa que el sol es capaz de producir los mejores efectos en todo lo vivo, no solo en las inteligencias artificiales. Así que trama su plan para curar a Klara en un acto completamente pagano y mágico,  haciendo un pacto secreto con el astro. Aunque no es tan simple, ya que lo que Klara está combatiendo es la polución moderna, causante sin duda de muchas enfermedades, quizás la de Josie. El pacto funciona, y cuando Klara cumple su ritual sacrificial, Josie se cura y puede hacer una vida normal como joven genéticamente mejorada.

¿Y qué pasa con Klara? Acaba en el depósito de AAs una vez terminada su función, feliz y melancólica. Por eso creo que Ishiguro hubiera acertado con el subtítulo que propongo. De hecho, en una reciente reseña sobre la novela en Vulture, se dice:

Klara es especialmente sensible a la melancolía, y se da cuenta de que incluso cuando la gente se abraza con alegría, puede hacer una mueca de dolor. La directora explica: “A veces… la gente siente un dolor junto a su felicidad”. De todas las lecciones que aprende Klara, ésa es la que parece escribir más profundamente en su código. Ishiguro está haciendo algo bastante complicado aquí, señalando nuestras propias funciones de simpatía bastante disfuncionales.

Recomiendo el libro; Ishiguro ha sido capaz de remover nuestro espíritu una vez más.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, Real Academia Galega de Ciencias).

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