Posts etiquetados con ‘Astronomía’

Diez libras para la matemática escocesa Mary Somerville

No son muchas las científicas que aparecen en los billetes de las diferentes divisas nacionales, así que es una gran alegría ver como el Royal Bank of Scotland lanzará el 4 de octubre próximo un billete de 10 libras con la imagen de la matemática escocesa Mary Somerville.

Digamos antes de nada que, aunque la moneda oficial del Reino Unido es la libra, además de los billetes impresos por el Bank of England, hay tres bancos escoceses que emiten sus propios billetes: el Royal Bank of Scotland, el Bank of Scotland y el Clydesdale Bank. Todos estos billetes son de curso legal en todo el Reino Unido. Por lo tanto, aunque la iniciativa es escocesa y en los billetes aparecerá el Royal Bank opf Scotland, estas libras de Mary Somerville serán tan válidas como las del Bank of England en las que aparece el retrato de la reina Isabel.

Retrato de Mary Somerville

Mary Fairfax Greig Somerville nació el 26 de diciembre de 1780, en Jedburgh, una ciudad de los Scottish Borders, que marcaban la frontera entre el sur de Escocia y el norte de Inglatrerra. Somerville falleció en Napóles, el 29 de noviembre de 1872, y está enterrada en el Cementerio Inglés de esa ciudad. Mary Somerville fue un personaje singular, autodidacta, que tuvo una enorme influencia en la ciencia británica hasta el punto de ser la primera mujer, en compañía de Caroline Herschel, en ser nombrada académica de la Royal Astronomical Society. Se la conoce como “La Reina de las ciencias del siglo XIX”.

Mary Somerville tuvo una educación bastante irregular, y quiso recibir las mismas enseñanzas que su hermano, en particular en matemáticas, disciplina por la que se apasionó al recibir lecciones de perspectiva de Los elementos de Euclides, cuando estudiaba arte con su tutor. A fuerza de voluntad consiguió superar las barreras de género de la época que impedían la educación de las mujeres en pie de igualdad con los hombres.

Tras un primer matrimonio con un marido que no apreciaba sus intereses científicos y del que enviudó a los tres años, contrajo segundas nupcias en 1812 con William Somerville que sí la apoyaba. Residieron en Edinburgo, donde pudo gozar de un círculo de amistades entre los científicos de la universidad. Este se amplió cuando se trasladaron a Londres en 1814 y nombraron a su marido miembro de la Royal Society.

Una de las grandes aportaciones de Mary fue la traducción de la obra de Laplace, Mecánica Celeste, a la que añadió muchas explicaciones sobre las matemáticas que se usaban. Pasó también un tiempo en París y tuvo la oportunidad de debatir con los mejores matemáticos y científicos de la época.  Escribió numerosas obras y fue reconocida por instituciones británicas y estadounidenses. Fue también tutora e inspiradora para otra gran matemática, Ada Lovelace.

Dos breves apuntes sobre esta figura colosal de la ciencia que dan fiel testimonio de su relevancia. Cuando William Whewell reseñó una de las publicaciones más famosas de Somerville, On the Connexion of the Physical Sciences,  acuñó el término “scientist” ya que se usaba antes el de “man of science” o “natural philosophers”, lo que era inapropiado para referirse a Mary. El segundo apunte es cuando John Stuart Mill organizó una petición al Parlamento solicitando el voto para las mujeres: pidió a Mary Somerville que fuera la primera firmante.

En 1838, los problemas de salud de su marido aconsejaron la búsqueda de climas más amables que los de las islas y recalaron en Nápoles, donde fallecería a la edad de 91 años.

Mary Somerville es un ejemplo que muestra la valía de las mujeres para la ciencia. Por eso aplaudimos entusiásticamente la iniciativa del Real Banco de Escocia.

———

Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU)

Etiquetas: ,
Categorias: General

La muchacha que analizaba los datos

En 1965, una joven graduada en Física, Jocelyn Bell, comenzó en la Universidad de Cambridge su doctorado en astrofísica bajo la dirección de Anthony Hewish, quién quería poner en marcha un nuevo método observacional de los recientemente descubiertos quasars, con la ayuda de un nuevo radiostelescopio. Con sus colegas de doctorado, Jocelyn comenzó la ardua construcción del telescopio, que comenzó a funcionar en julio de 1967, todavía sin terminar. El trabajo de Jocelyn era usarlo y analizar los datos que se iban recogiendo: casi 30 metros de papel cada día.

Susan Jocelyn Bell

 

Un día detectó un extraño patrón en los registros de las lecturas, un pulso regular, aproximadamente uno por segundo. Lo denominó temporalmente LGM (Little Green Man, Hombrecillo verde), porque tanto ella como Hewish pensaron en un principio que eran ocasionados por extraterrestes. Los quásares son también objetos luminosos y emiten en todas las longitudes de onda. La diferencia radicaba en la frecuencia de los destellos, por lo que debería tratarse de un nuevo objeto. Finalmente identificó la fuente como una estrella de neutrones de rápida rotación.

Primera observación de púlsares

Resumidamente, un púlsar es una estrella de neutrones que emite radiación periódica. Esta radiación es fruto de intensos campos magnéticos en el corazón de la estrella, y se emite a intervalos regulares relacionados con la rotación de este objeto.

 

Púlsar de la Nebulosa del Cangrejo. Esta imagen combina imágenes del telescopio HST (rojo), e imágenes en rayos X obtenidas por el telescopio Chandra (azul).

Un púlsar surge de una estrella que explota y cuyo materia residual se comprime. En este proceso, disminuye la distancia entre los átomos aunque los electrones que orbitan alrededor del núcleo se repelen mutuamente, pero en una estrella de neutrones los electrones son atraídos desde sus órbitas hacia el núcleo. Así, junto con los protones, se forman más neutrones, hasta que la estructura atómica se transforma en un cúmulo de neutrones, dando lugar a una estrella de neutrones.

Jocelyn nació en Irlanda del Norte en 1943 y desde una temprana edad mostró su interés por la Física, gracias a las enseñanzas de su profesor de Física en el Mount School de York, Inglaterra. Mr. Tillott, quién le decía: «No tienes que aprender montones y montones de datos; tan sólo aprende unas pocas cosas clave, y… entonces podrás aplicarlas y construir y desarrollar sobre ellas.”

Este descubrimiento fue digno de premio Nobel y se entregó a Anthony Hewish, el supervisor de Jocelyn. Únicamente se le entregó a él, en vez de a Jocelyn, cuando ella era la auténtica protaogonista.

Jocelyn no guarda rencor a la Academia Sueca y cree que quizás no le concedieran el Nobel porque en aquel momento sólo era una doctoranda.

No obstante, Jocelyn ha recibido muchos otros elogios. Ha pertenecido a importantes grupos de investigación en la Universidad de Southhampton, en el Royal Observatory de Edimburgo, en University College de Londres, Universidad de Princeton, Oxford, Bath y es actualmente la presidenta de la Royal Astronomical Society. También recibió la medalla de oro del CSIC hace dos años.

El trabajo de Jocelyn Bell (ahora Jocelyn Bell Burnell, por su casamiento) descansó sobre el análisis de los datos. Hace cincuenta años, los métodos eran muy primitivos, pero hoy en día existen técnicas poderosas para analizar los millones y millones de datos que los astrónomos obtienen, tanto de los telescopios y radiotelescopios en tierra como de las misiones espaciales. El análisis de estos datos descansa en las matemáticas, y el aumento exponencial que de este auténtico aluvión de datos precisa de algoritmos matemáticos cada vez más sofisticados. Esta necesidad ha creado un nicho muy interesante donde los matemáticos pueden encontrar muchas oportunidades. En los países más avanzados así lo han entendido, tal y como comentábamos en entradas anteriores.

Terminamos con esta excelente conferencia de la mismísima Jocelyn Bell sobre el descubrimiento de los púlsares.

Imagen de previsualización de YouTube

______

Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU) y Cristina Sardón (ICMAT-CSIC).

Etiquetas: ,
Categorias: General

De noche, bajo el puente de piedra

La lectura del libro “De noche, bajo el puente de piedra”, de Leo Perutz, publicado recientemente por Libros del Asteroide, nos ha deparado la sorpresa de encontrar entre sus personajes a uno de nuestros científicos y matemáticos mas apreciados, Johannes Kepler.

Pero no debería extrañarnos, ya que según la biografía de Libros del Asteroide, “Leo Perutz (Praga, 1882-Bad Ischl, 1957) nació en una acomodada familia de origen sefardita, estudió matemáticas y trabajó en una compañía de seguros en Viena y Trieste antes de dedicarse por completo a la escritura.” Algunos escritores de esa época, que fueron muy populares en los años veinte y treinta del siglo XX, han sido casi olvidados. Perutz huyó de los nazis y en 1938 se marchó a Tel Aviv, volviendo en 1950 a Viena.

Leo Perutz

Esta obra de Leo Perutz a la que aludimos consta de 15 relatos ambientados en la Praga del siglo XVI, en los que aparecen el emperador Rodolfo II, el gran rabino Loew, místico y vidente, el rico judío Mordejai Meisl y su bella esposa Esther. El articulador de los relatos es un misterioso estudiante de medicina llamado Jakob Meisl.

Es en el cuento titulado “La estrella de Wallenstein” en el que aparece Johannes Kepler; en él, el noble Wallenstein (Waldstein en el cuento, otro de los nombres por los que se conoce a Wallenstein) acude a hacerse su carta astral, y Kepler le dice que será Venus y no Marte quién regirá al día siguiente su destino. El cuento comienza con la visita de Hanniwald, el secretario particular del emperador Rodolfo II, que recrimina a Kepler su retraso en la entrega de las Tablas rudolfinas que Kepler elaboraba como astrónomo imperial; Kepler le replica contándole como debe cubrir sus necesidades económicas trabajando particularmente como astrólogo ante los retrasos y malos pagos del emperador, que no cumple con su salario pactado; de ahí que no pueda dedicar todo su tiempo a la elaboración de las tablas.

Cuando  Hanniwald se va, Kepler ve que un copo de nieve se había quedado prendido de la manga de su capote y lo observa con una lente; a continuación escribe: “De nive sexangula. Del carácter raro, multiforme, pero siempre hexagonal, de las estrellas de la nieve.”

Retrato del Duque de Wallenstein, por Michiel Jansz. van Mierevelt

Se ha debatido mucho sobre si Kepler practicaba la astrología (levantando cartas astrales, elaborando almanaques anuales) únicamente por motivos económicos, dada la tacañería del emperador, pero hay también evidencias de que intentaba darle unos fundamentos matemáticos más sólidos.

Como ejemplo, está el reanálisis y la rectificación que hace precisamente de la carta astral de Albrecht Wallenstein, o sus dos cartas a Michael Maestlin, de la Universidad de Tubinga, en la que debate los horóscopos de su familia y la muerte de su hijo, un intercambio privado que no tenía ningún interés económico.

Retrato anónimo de Johannes Kepler

De cualquier manera, Kepler acierta en su predicción astrológica y en una auténtica intriga palaciega llena de malentendidos, lo que iba a ser una operación de secuestro termina en una aventura galante que lleva a Wallenstein a enamorarse y contraer después matrimonio con la que, seguramente, fue el único amor de su vida, la condesa viuda Lucrecia von Landek, quien al fallecer prematuramente, le cede toda su fortuna.

Este tal Wellenstein es un personaje clave en la Europa convulsa de aquellos años, que darían lugar a la Guerra de los Treinta Años. La importancia de Wellenstein queda reflejada en la obra de Friedrich Stiller, Wallenstein, en 1799, y en la de Pedro Calderón de la Barca, El prodigio de Alemania, en 1634.

Para finalizar,  digamos que en otro de los cuentos, “El pintor Brabanzio”, el emperador quiere que éste, un pintor callejero, le venda uno de sus cuadros, y para convencerlo acude a la casa donde vive con su hermano, sastre de profesión. Para esta visita, el emperador se ha disfrazado de escribano para no ser reconocido. En un momento de la conversación, sin saber que su interlocutor es el propio emperador, el sastre dice:

“También se dice que allá arriba, en el castillo, hay tres hombres que son los que gobiernan el país y fijan los impuestos: un camarero, un astrólogo y un anticuario.”

El astrólogo no es otro que nuestro personaje.

____

Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU) y Cristina Sardón (ICMAT-CSIC).

Etiquetas: ,
Categorias: General