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Posts etiquetados con ‘Ernesto Sabato’

¿Buscando el orden?

La expresión abstracta final de todo arte es el número.

V. Kandinski

 

Una de las preguntas habituales a un matemático es sobre las razones que le llevaron a estudiar matemáticas. La respuesta, en muchos casos, es que se le daban bien en el colegio, pero esto no es más que un síntoma de algo más profundo. En la entrevista a Ernesto Sabato que incluimos en esta entrada del blog, su contestación consigue que lo profundo emerja a la superficie.

 

Sabato, pintando

Joaquín Soler Serrano, el entrevistador del programa A fondo, le comenta a Sabato por qué su interés por las matemáticas y la física, para las que estaba tan bien dotado pero abandonó. Sabato comienza diciendo que las matemáticas son la ciencia más simple de todas. Sabato dice que era un joven muy tímido, que llegó desorientado a la universidad, solo, y encontró en las matemáticas, en ese mundo platónico, el orden que necesitaba para el caos en el que vivía. Recordemos que el escritor provenía de una ciudad rural, Rojas, en la Pampa húmeda argentina. Esa paz que encontró en los teoremas, “lo precipitó” como el dice en el mundo de las matemáticas.

Vasili Kandinski

Recuerda Sabato a continuación como ejemplo paradigmático a Vasili Kandinski, uno de los creadores (o el creador) del arte abstracto. Como sus primeras obras expresionistas eran tumultuosas, hasta que llega a la abstracción, donde encuentra la paz de la geometría, en su teoría del punto y la línea. Como dice Sabato, “todos buscamos lo que no tenemos”. Por cierto, la pintura fue una de sus pasiones.

Es curioso que Sabato ponga el ejemplo de Kandinski, porque Kandinski confesó en su libro Concerning the Spiritual in Art, que siempre tuvo grandes dificultades con las matemáticas. Pero eso no le arredró para usar las matemáticas no sólo en sus cuadros, sino además para crear toda una teoría artística de la pintura. Si Galileo decía que “el mundo está escrito en el lenguaje de las matemáticas, y sus caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin las cuales es imposible entender ni una palabra; sin ellos es como girar vanamente en un oscuro laberinto”, Kandinski llevó estas palabras a la pintura, y usando estos simples elementos geométricos, creó hermosos cuadros que uno podría pensar fueron sus teoremas.

“Punto”, cuadro de V. Kandinski

Pero volvamos a los matemáticos y a lo que les inspiró. He vuelto a leer un libro poco conocido de entrevistas a famosos científicos, titulado One hundred reasons to be a scientist, publicado por el ICTP de Trieste con ocasión de su 40 anivrsario para encontrar algunas respuestas. Lennart Carleson, premio Abel en 2006, dice que era bueno en matemáticas, pero fue un curso de análisis complejo el que lo impactó de manera definitiva, especialmente esas sumas imposibles de series que de una manera milagrosa acaban dando como resultado el número π. Por cierto, cuenta que de los libros que estudió en esa época solo sobrevivió una edición polaca de un libro de Zygmund; los demás se los comieron sus perros a los que no pareció gustarle el pegamento polaco.

Lennart Carleson

Otro de los entrevistados, David Mumford cuenta como una vez interrumpió a un pintor amigo de la familia que estaba pintando un cuadro para preguntarle, “¿para quién pintas?”; la respuesta, “para mí mismo” le impactó y le llevó a preguntarse, “¿qué trabajo podría hacer por el que me pagaran y que yo lo hiciera para mi mismo?”. Mumford tuvo un profesor de la talla de Oskar Zariski. Cuenta que Zariski iba al encerado, escribía “Sea V una variedad” y todos se sentían como si estuvieran viendo a la misma V en el aula. Mumford entrevió un jardín secreto en el que quiso entrar él también.

David Mumford

Algunos grandes matemáticos no fueron buenos en matemáticas en su juventud, como confiesan Serge Lang (interesado en las Humanidades) o Yakov G. Sinai (loco por los deportes).

¿Buscaban, buscamos, todos el orden en nuestros caos personales como dice Sabato? Vean la entrevista (magnífica) y busquen sus propias respuestas

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, Real Academia Galega de Ciencias)

 

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Ernesto Sabato y el conocimiento luminoso

Ernesto Sabato es uno de los grandes escritores que dio Argentina al mundo en el siglo XX, con una carrera vital con dos etapas muy diferenciadas, la científica como un brillante físico matemático, y la literaria, abandonando de un modo que se podría calificar de temerario, estas disciplinas por la literatura. Pero si uno analiza sus escritos, vemos que esa formación científica permea su obra.

Ernesto Sabato

En su primer libro, el ensayo Uno y el universo, compara Sabato las matemáticas con el arte y la política:

“Existe una opinión muy generalizada según la cual la matemática es la ciencia más difícil cuando en realidad es la más simple de todas. La causa de esta paradoja reside en el hecho de que, precisamente por su simplicidad, los razonamientos matemáticos equivocados quedan a la vista. En una compleja cuestión de política o arte, hay tantos factores en juego y tantos desconocidos o inaparentes, que es muy difícil distinguir lo verdadero de lo falso. El resultado es que cualquier tonto se cree en condiciones de discutir sobre política y arte —y en verdad lo hace— mientras que mira la matemática desde una respetuosa distancia.”

Ernesto Sabato

 

Pero la gran obra de Sabato, con la que consigue un éxito internacional, es El Túnel, novela cuyo comienzo es ya mítico, y que tuvo enormes dificultades para ser publicada en Argentina, aunque tuvo un apoyo decidido en Francia por parte de Albert Camus (digno de mención es el intercambio de cartas y los juicios de los censores españoles hasta que finalmente fue aprobada su publicación).

En El túnel se nota la formación matemática de Sabato, en esas dudas de Juan Pablo Castel y en los interrogatorios a los que somete a María Iribarne; esa lógica enloquecida por los celos, pero analizando todas las posibilidades y todas las hipótesis.

Pero esta primera novela tiene una continuidad hasta completar una trilogía espectacular, compuesta con Sobre héroes y tumbas (que contiene ese tenebroso Informe sobre ciegos) y Abbadón el exterminador.

Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato

Muchos son los pasajes de estas dos voluminosas novelas donde Sabato recurre a las matemáticas. Por ejemplo, en Abbadón el exterminador:

“Como acabo de decirle, no hay que buscar coherencia en el poder diabólico, pues la coherencia es propia del conocimiento luminoso, y en particular de su máximo exponente, las matemáticas”.

O esta comparación cuando debate sobre el espíritu y la materia:

“Explicar, querer explicar hechos del espíritu mediante geodésicas es como pretender extirpar una angustia con tenazas de dentista”.

Estas tres novelas (a veces es difícil calificarlas como tales) mezcla todo tipo de personajes, unos inventados, otros reales (hasta el maestro Jorge Luis Borges o el Che Guevara), y el propio Sabato. Y lo mismo ocurre con los hechos, la mezcla de realidad y ficción consiste en pasar de una a otra continuamente.

Escuela Normal Superior de París

Recordemos que en 1937, Sabato obtuvo el Doctorado en Ciencias Físicas y Matemáticas en la Universidad Nacional de La Plata. Tuvo el apoyo de un ilustre científico argentino, Bernardo Houssay, que le ayudó a conseguir una beca para estudiar en el Laboratorio Curie en París. Y sí, Irene Joliot-Curie también aparece en varios lugares. Respecto a esto, en una de las entrevistas periodísticas que incluye en Abbadón el exterminador (¿reales, ficticias?) ante la pegunta: “Muchos lectores se preguntan, señor Sabato, como es posible que usted se haya dedicado a las ciencias físicas-matemáticas”, Sabato responde:

“Pues nada más fácil de explicar. Creo haberle ya contado que huí del movimiento estalinista en 1935, en Bruselas, sin dinero, sin documentos. Guillermo Etchebehere me dio alguna ayuda, él era trotskista, y durante un tiempo pude dormir en un altillo de la École Nórmale Supérieure, rue d’ Ulm. … (describe luego sus penurias, hasta alimenticias) … así que no di más y con muchas precauciones me robé de Gilbert un tartado de análisis matemático de Borel y cuando en un café comencé a estudiarlo, mientras afuera hacía frío y yo tomaba un café caliente, comencé a pensar en aquellos que dicen

que este mercado en que vivimos

está formado por una única sustancia

que se transmuta en árboles, criminales y montañas,

intentando copiar un petrificado museo

de ideas. …”

Con sus luces y sombras, Ernesto Sabato pasa a la historia como uno de los más grandes. Solo me queda recomendarles la lectura de su obra, no saldrán nunca defraudados.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, Real Academia Galega de Ciencias).

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