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Posts etiquetados con ‘excelencia’

La fragilidad de la excelencia

Hace casi cinco años, publiqué en Materia un artículo titulado “Los tres miedos a la excelencia” , en el que destacaba las dificultades que teníamos en España de poner en marcha programas que identificaran de manera fehaciente la excelencia, y que, según mi opinión, venían de los miedos de los propios científicos, de las universidades y de las administraciones a cambiar el ‘statu quo’. Respondía así a algunas críticas sobre el Programa Severo Ochoa, y afirmaba que cualquier programa como éste es visto “como un ataque al resto del sistema”.

Campus de Janelia

Casi cinco años después, me reafirmo en mis argumentos. Sobre el Programa Severo Ochoa, valga decir que supone un porcentaje ínfimo del total dedicado a la investigación, y en muchos de sus centros participan las universidades – porque también he leído críticas en este sentido. No me voy a referir a otros programas de ámbito autonómico como el BIST en Cataluña, Ikerbasque en el país Vasco o los IMDEA en Madrid.

Mi intención es reflexionar sobre la excelencia, o más bien, sobre la búsqueda de la excelencia. Afirmar que la excelencia es una entelequia es una barbaridad; sí existe la excelencia, y no solo como palabra, sino como concepto. El Diccionario de la RAE la define en su primera acepción como: “Superior calidad o bondad que hace digno de singular aprecio y estimación algo.” Si yo afirmo que la Universidad de Stanford o que el Janelia Research Campus  son excelentes, la inmensa mayoría de ciudadanos con conocimiento de causa coincidiría conmigo. Por lo tanto, existe la excelencia y lo que tendremos que hacer en España es tratar de emularla, dentro, claro está, de nuestras limitaciones. Aunque se puede hacer mucho con poco, y así lo demostramos en su día con el Instituto de Ciencias Matemáticas, ICMAT.

Campus de la Universidad de Stanford

Buscar la excelencia supone definir una estrategia, marcar a donde queremos llegar y el camino que pretendemos seguir para conseguir acercarnos al objetivo. Yo siempre digo que pensar es gratis. En esa estrategia hay que identificar los recursos humanos y económicos necesarios y comenzar el trabajo (arduo en un país como el nuestro, por la escasez de recursos a disposición de los investigadores, por las trabas burocráticas y por los tres miedos a los que aludía en mi artículo en Materia).

Pero si hemos alcanzado, si no la excelencia, al menos algo bastante parecido, nos acecha una amenaza: la enorme fragilidad de la excelencia. Consolidar los logros es tan complicado como conseguirlos. Porque la excelencia no se hereda, se trabaja cada día, y si nos olvidamos de trabajarla, se desmorona en muy poco tiempo. Es como la roca de Sísifo.

Vuelvo con el Programa Severo Ochoa, que iniciará –todos confiamos en ello-  su octava edición en breve. Cada cuatro años, los centros galardonados deben competir de nuevo para tratar de mantener su galardón de excelencia, junto con otros nuevos centros que tratan de conseguirlo por primera vez. Algunos podrían pensar que una vez conseguido el galardón, este ya va a continuar a perpetuidad. Sin embargo, aunque la mayoría sí lo renueva, la Estación Biológica de Doñana (EBD) ya se ha quedado por el camino. No tuvo repercusión mediática, porque habría que dar explicaciones de cómo la actuación arbitraria de la anterior ejecutiva del CSIC descabezó al centro así del porqué investigadores de renombre buscaron otros aires ante la muralla burocrática del CSIC y el Ministerio. Ahora ha vuelto a ocurrir, y este verano se ha suscitado una polémica con el Institut Català d’Investigació Química (ICIQ) que, al menos de momento, parece haber quedado fuera en la última convocatoria de 2017.

El Ministerio se vió obligado a sacar una nota de prensa aclaratoria en la que establece claramente que las decisiones son las que tome la comisión internacional que evalúa los centros. En este caso, la comisión vió una serie de debilidades en la propuesta. Se han presentado alegaciones, y ya veremos el resultado final. Por mi parte, los mejores deseos para este importante centro de investigación química de Tarragona.

La lección que debemos extraer es que la excelencia hay que cultivarla, no está para siempre. Ojalá los matemáticos de mi entorno fueran conscientes de esta fragilidad.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias).

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¿Son adecuados los modelos actuales de los institutos del CSIC?

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el organismo Público de Investigación (OPI) más importante de España, se organiza en 120 institutos de investigación, de los cuáles 70 son propios y 50 mixtos. Propios quiere decir que sus trabajadores pertenecen todos al CSIC, y mixtos que son fruto de un convenio con, usualmente, alguna universidad. Ninguno de estos 120 centros tiene titularidad propia, y ésta es la del CSIC (un único CIF para toda la institución).

 

Sede central del CSIC en Madrid

La estructura de estos institutos (propios y mixtos) ha sido objeto de debate en algunas ocasiones, pero quizás no con la suficiente profundidad. A la vista del éxito de los institutos en Cataluña (como el IRB, ICFO, o CRG), hubo una iniciativa firmada por todos los presidentes del CSIC vivos en ese momento (Rafael Rodrigo, Alejandro Nieto, José Elguero, Enrique Trillas, Emilio Muñoz, Elías Fereres, José María Mato, César Nombela, Rolf Tarrach, Emilio Lora-Tamayo y Carlos Martínez) en el que se ponía en cuestión el actual modelo y se proponía experimentar con otros modelos que dieran más autonomía a sus institutos, o al menos, crear un programa piloto con algunos de ellos.

Colegio de Presidentes del CSIC

Desgraciadamente, la iniciativa no tuvo continuidad. El modelo catalán, muy exitoso, tiene un correlato en el País Vasco, y en la propia Comunidad de Madrid, han surgido los IMDEA (cada uno de ellos es una fundación).

Esta vertiente, la autonomía de los institutos del CSIC, es un aspecto a estudiar. Desgraciadamente, los últimos 6 años han supuesto una involución para el control de los centros en aras de una discutible eficiencia económica.

Los institutos mixtos

¿Cuáles son las razones detrás de los institutos mixtos? ¿Cuáles son los beneficios para cada parte? Para los investigadores del CSIC trabajando en una determinada materia, supone aumentar los efectivos con profesores de la universidad en cuestión. Algo que mucha gente desconoce es que el número de investigadores de plantilla en el CSIC no es muy alto, ya que depende enteramente de la Oferta de Empleo Público (OEP) y lo que cada gobierno quiera dedicar a la investigación. Así, doblar el número (la proporción habitual de investigadores en un centro mixto es del 50% de cada lado) de la plantilla permite abordar de una manera más racional sus líneas de investigación.

Por otra parte, para la universidad, supone en muchos casos el acceder a laboratorios bien equipados, e incluso edificios modernos que dan una dimensión estratégica clave para buscar recursos y visibilidad. El CSIC suele ser quién paga la construcción de un edificio en el campus, de equiparlo en gran parte, y proporciona también el personal mínimamente indispensable para la gestión (un gerente así como un habilitado-pagador, entre otro personal). Los edificios suelen figurar en el convenio como propiedad del CSIC, instalados en el campus, aunque al cabo de unos 50 años desde su construcción, pasan a ser propiedad de la universidad. Esto supone para un campus una plusvalía de grandes consecuencias económicas.

El CSIC aporta investigadores muy seleccionados y sus propias programas de recursos humanos y económicos (a veces el recíproco no se da con la misma generosidad). Otro aspecto clave es el de la formación de los investigadores. Aunque el CSIC mantiene un convenio con la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) que le permite desarrollar varios másteres y programas de doctorado prácticamente propios, en un instituto mixto se suele colaborar con los programas de máster y doctorado de la universidad asociada. Sin embargo, la participación suele reducirse a impartir algunos créditos, dirigir algunos Trabajos de Fin de Máster, y dirigir tesis doctorales. Pero no se le suele hacer partícipes a los investigadores del CSIC de la elaboración de los programas, cuando es esencial que los que van a formar futuros investigadores pudieran opinar sobre lo que deben aprender los estudiantes en el máster y el doctorado.

Otro tema importante es que al construir un edificio en un campus como sede del instituto mixto, no siempre los investigadores de la universidad usan el despacho que se les ha asignado, y continúan con los que tenían en sus departamentos (la comodidad de las clases, un tema que no está resuelto, porque las universidades deberían facilitar sus tareas docentes). Si lo que se quería es construir un espacio común de interacción, esta no se produce adecuadamente, y los principales perjudicados en un instituto en investigación básica son los investigadores en formación, que deberían vivir embebidos en un ambiente estimulante. Además, ¿podemos permitirnos excelentes despachos vacíos durante semanas y meses porque no se ocupan adecuadamente con el coste de mantenimiento que eso implica?

Un escenario preocupante

Un problema que surge en algunos centros mixtos es el de la pertenencia al instituto. Habitualmente, los investigadores de la universidad permanecen durante muchos años en el instituto (para los del CSIC es su único lugar de trabajo, a menos que se trasladen a otro instituto).

Podíamos extrapolar lo que podría ocurrir si nos fuéramos a una situación extrema. Imaginemos que cada cuatro años el personal de plantilla de la universidad tuviera que aplicar de nuevo para ser miembros del instituto. Y podría ocurrir que hubiese una renovación total (o, aunque parcial, de una cierta entidad).

Sede del ICMAT

Y aquí vienen una serie de preguntas ante tal situación:

- ¿Cómo va a planificar el instituto su desarrollo científico si cada cuatro años cambiara la mitad de sus investigadores de plantilla?

- ¿Se puede pretender que ese instituto pueda competir en buenas condiciones para convertirse en un centro de excelencia Severo Ochoa?

- ¿Qué pasaría con los estudiantes de doctorado e investigadores postdoctorales que estén dirigidos por  un investigador que no continuara? ¿Y qué ocurriría con sus proyectos de investigación concedidos por el CSIC o gestionados desde el CSIC al perder su condicion de miembro del instituto?

Además, si en el proceso de decisión sobre los que se van o se quedan, el instituto no tiene el control de dicho proceso -que está definido por su política científica mediante el Claustro Científico, la Junta y Órganos de gobierno-, sino que éste dependa de otros organismos o de un proceso externo desconocedor de dicha realidad, podría llevar al instituto a una situación catastrófica. Imagínense que podrían darse situaciones en las que la universidad usara este mecanismo para decidir a quién quiere premiar y a quién no, o para ambas partes, deshacerse de personal “incómodo” a las respectivas gobernanzas.

Usted, si ha estado leyendo hasta aquí, puede pensar que la hipótesis que planteo es imposible. Se equivocará. Es lo que va a ocurrir (si el CSIC o el Ministerio de Ciencia no lo remedian) en el Instituto de Ciencias Matemáticas, ICMAT, centro de excelencia Severo Ochoa, perteneciente al CSIC y conveniado con tres universidades (Universidad Autónoma de Madrid, Universidad Carlos III de Madrid y Universidad Complutense de Madrid). Y el porcentaje no es 50%-50%, sino 36%-64%, o sea, que las consecuencias pueden ser demoledoras.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias).

 

 

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¿Excelencia individual o colectiva?

Esta entrada está motivada por una conversación de hace unos días con uno de mis colegas. Tanto él como alguno más, sostienen que basta la excelencia individual para triunfar, así que uno debe contratar investigadores postdoctorales de calidad y esperar que alguno de ellos pueda probar teoremas importantes que le deparen, por ejemplo, la consecución de una de las codiciadas becas del European Research Council (ERC) (alguno se atreve a sugerir la obtención de una medalla Fields con este procedimiento).

Es verdad que la calidad individual es importantísima y que puede ayudar a probar resultados relevantes, pero en un instituto del CSIC tenemos dos graves handicaps. El primero es que los mecanismos de contratación del CSIC son tan perversos y obsoletos que al final el proceso se eterniza; a la vez, los salarios no son competitivos. La conclusión es que el número de candidatos es moderado, y se trata sobre todo de postdocs jóvenes. Estamos compitiendo con los grandes centros internacionales, que ofrecen mejores salarios y un contrato directo (no hay bolsa de trabajo ni inventos similares pensados para que, en aras de la transparencia y la igualdad de oportunidades, se dificulte todo lo posible el proceso de selección).

El segundo handicap es el número de contratos que se pueden ofertar. Si cada cuatro años ofertamos diez, no creo que el resultado tenga altas probabilidades de éxito realmente, porque el teorema de los monos tecleando las obras de Shakespeare requiere millones de monos (el Teorema del Mono Infinito fue planteado por un matemático eminente, Émile Borel, en 1913, en su libro Mécanique Statistique et Irréversibilité).

Por lo tanto, a la excelencia individual hay que añadir la excelencia institucional, la colectiva. Estos jóvenes postdocs deben encontrar en el instituto en cuestión un ambiente acogedor, una infraestructura de excelencia, que les ayude a explotar su potencial, proporcionándoles recursos para que su investigación vaya mas lejos. Son jóvenes investigadores que precisan todavía de formación y asesoramiento: un ambiente con seminarios, trimestres temáticos, congresos, los ayudará y estimulará.

A la vez, se precisa de gestores que coordinados con la dirección y la gerencia, y asesorados por ellos, los ayuden en la elaboración de proyectos, y que contemplen en un modo global la parte científica acompañada en algunos casos de las propuestas de transferencia, y siempre de las de comunicación. Por ejemplo, en el ICMAT creamos las oficinas ICMAT EUROPA e ICMAT TRANSFER y un Gabinete de Comunicación (este último dentro de una Unidad de Cultura Científica).

En consecuencia, se necesita excelencia individual acompañada de excelencia colectiva o institucional (la institución de acogida es siempre un plus en cualquier proceso selectivo). El apoyo mutuo genera el círculo virtuoso.

Todo ello exige dedicación por parte de la dirección del instituto en cuestión y de los directores científicos de los proyectos institucionales, y así, el sacrificar una parte de la investigación propia en aras de los intereses colectivos. La pregunta es si, en nuestro caso, mis colegas están dispuestos a ese acto de generosidad.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU).

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Excelencia matemática en el CSIC

ICONO, el observatorio de la FECYT, acaba de hacer público el informe Principales instituciones de investigación excelentes por áreas de conocimiento. 2005-2014, en el que se puede consultar la posición que ocupan las instituciones españolas de investigación en cada área científica para el período 2005-2014, atendiendo al criterio de excelencia científica.

Para el análisis se ha utilizado la clasificación por áreas temáticas de la base de datos Scopus, que discrimina entre 27 grandes áreas de conocimiento que se dividen en unas 300 categorías temáticas, tal y como se describe en el informe.

Así, se presentan en cada área de conocimiento, las diez primeras instituciones, ordenadas por una serie de indicadores que tienen que ver vcon los documentos de excelencia de la institución en particular (artículos en el primer cuartil por cada una de ellas, artículos en el 10% de los más citados en el área).

El resultado arroja esta clasificación en el caso de las matemáticas:

CSIC – Consejo Superior de Investigaciones Científicas

Universidad de Málaga

Universidad Autónoma de Madrid

Universidad de Granada

Universidad de Sevilla

Universitat Politècnica de Catalunya

Universitat Autònoma de Barcelona

Universitat Politècnica de València

Universidad Politécnica de Madrid

Universidad Complutense de Madrid

que puede verse de una manera gráfica en la imagen anterior.

Puesto que las matemáticas en el CSIC son producidas en gran medida en el Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT), cabe afirmar que este instituto representa hoy en día la excelencia en esta disciplina. Este hecho ya estaba avalado por la consecución en 2011 del sello de excelencia Severo Ochoa, revalidado en 2015, además de los 10 proyectos del European Research Council obtenidos en el período.

Pero se impone también una reflexión: ¿de dónde viene el ICMAT? Recordemos que en 1984 se suprimió en el CSIC el Instituto Jorge Juan de Matemáticas, sustituido por una Confederación Española de Centros de Investigación Matemática y Estadística (CECIME), una entelequia que apenas duró unos cuatro años y que agrupaba centros que no existían en realidad. Las matemáticas languidecieron después en una Unidad de Topología, Álgebra, Geometría y Sistemas, asociada directamente a la presidencia, hasta la adscripción de los escasos efectivos matemáticos al Instituto de Matemáticas y Física Fundamental (IMAFF), ya en un Departamento de Matemáticas de ese instituto.

Es finalmente en 2005 cuando el CSIC decide apostar en firme por la disciplina y se sientan las bases para la creación del ICMAT, en noviembre de 2007. Desde ahí la historia es ya mas conocida.

Mi historia personal está intímimamente ligada a la de las matemáticas del CSIC, al que me incorporé en enero de 1986, encontrándome con una situación devastadora. Hasta que empieza a verse la luz son casi 20 años de lucha en un territorio inhóspito, dominado por la física. La captación estratégica de investigadores seleccionados por el programa Ramón y Cajal, unido a algunas plazas de turno libre de investigadores de plantilla supone la creación en unos pocos años de un grupo potente de investigadores.

El ICMAT nace como un instituto mixto del CSIC con la UAM, UC3M y UCM, y hereda toda la problemática de los matemáticos de estas instituciones. Hubiera sido mas conveniente apostar por un instituto propio hasta que este se hubiera estabilizado y buscar después socios. En estos momentos, el instituto está afrontando su mayor crisis, fruto de una auténtica conspiración de necios e intereses cortoplacistas que buscaban capitalizar el éxito del instituto. Una institución, la UCM, que no afronta sus compromisos financieros con el instituto; las tres universidades, con una mayoría de investigadores que solo acuden esporádicamente a las magníficas instalaciones del instituto, en parte por las pocas facilidades docentes ofrecidas por sus instituciones; y un CSIC que mantiene intervenido al instituto desde la sede central de Serrano, cometiendo necedad tras necedad.

¿Será capaz el instituto de mantener el ritmo? Como fundador del ICMAT no puedo mas que expresar mi mas profunda preocupación. Personalmente son 30 años dedicados a poner en marcha esto que es un milagro en el panorama español. Y sé por tanto de la necesidad del esfuerzo diario combinado con una estrategia adecuada. Ojalá haya pronto recambios en el CSIC, y el ICMAT pueda mirar con confianza su futuro.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU).

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