Posts etiquetados con ‘Mujeres matemáticas’

Diez libras para la matemática escocesa Mary Somerville

No son muchas las científicas que aparecen en los billetes de las diferentes divisas nacionales, así que es una gran alegría ver como el Royal Bank of Scotland lanzará el 4 de octubre próximo un billete de 10 libras con la imagen de la matemática escocesa Mary Somerville.

Digamos antes de nada que, aunque la moneda oficial del Reino Unido es la libra, además de los billetes impresos por el Bank of England, hay tres bancos escoceses que emiten sus propios billetes: el Royal Bank of Scotland, el Bank of Scotland y el Clydesdale Bank. Todos estos billetes son de curso legal en todo el Reino Unido. Por lo tanto, aunque la iniciativa es escocesa y en los billetes aparecerá el Royal Bank opf Scotland, estas libras de Mary Somerville serán tan válidas como las del Bank of England en las que aparece el retrato de la reina Isabel.

Retrato de Mary Somerville

Mary Fairfax Greig Somerville nació el 26 de diciembre de 1780, en Jedburgh, una ciudad de los Scottish Borders, que marcaban la frontera entre el sur de Escocia y el norte de Inglatrerra. Somerville falleció en Napóles, el 29 de noviembre de 1872, y está enterrada en el Cementerio Inglés de esa ciudad. Mary Somerville fue un personaje singular, autodidacta, que tuvo una enorme influencia en la ciencia británica hasta el punto de ser la primera mujer, en compañía de Caroline Herschel, en ser nombrada académica de la Royal Astronomical Society. Se la conoce como “La Reina de las ciencias del siglo XIX”.

Mary Somerville tuvo una educación bastante irregular, y quiso recibir las mismas enseñanzas que su hermano, en particular en matemáticas, disciplina por la que se apasionó al recibir lecciones de perspectiva de Los elementos de Euclides, cuando estudiaba arte con su tutor. A fuerza de voluntad consiguió superar las barreras de género de la época que impedían la educación de las mujeres en pie de igualdad con los hombres.

Tras un primer matrimonio con un marido que no apreciaba sus intereses científicos y del que enviudó a los tres años, contrajo segundas nupcias en 1812 con William Somerville que sí la apoyaba. Residieron en Edinburgo, donde pudo gozar de un círculo de amistades entre los científicos de la universidad. Este se amplió cuando se trasladaron a Londres en 1814 y nombraron a su marido miembro de la Royal Society.

Una de las grandes aportaciones de Mary fue la traducción de la obra de Laplace, Mecánica Celeste, a la que añadió muchas explicaciones sobre las matemáticas que se usaban. Pasó también un tiempo en París y tuvo la oportunidad de debatir con los mejores matemáticos y científicos de la época.  Escribió numerosas obras y fue reconocida por instituciones británicas y estadounidenses. Fue también tutora e inspiradora para otra gran matemática, Ada Lovelace.

Dos breves apuntes sobre esta figura colosal de la ciencia que dan fiel testimonio de su relevancia. Cuando William Whewell reseñó una de las publicaciones más famosas de Somerville, On the Connexion of the Physical Sciences,  acuñó el término “scientist” ya que se usaba antes el de “man of science” o “natural philosophers”, lo que era inapropiado para referirse a Mary. El segundo apunte es cuando John Stuart Mill organizó una petición al Parlamento solicitando el voto para las mujeres: pidió a Mary Somerville que fuera la primera firmante.

En 1838, los problemas de salud de su marido aconsejaron la búsqueda de climas más amables que los de las islas y recalaron en Nápoles, donde fallecería a la edad de 91 años.

Mary Somerville es un ejemplo que muestra la valía de las mujeres para la ciencia. Por eso aplaudimos entusiásticamente la iniciativa del Real Banco de Escocia.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU)

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Mujeres

Hoy, 8 de marzo, se celebra el Día Internacional de la Mujer. Aunque las raíces de la celebración se remontan a hace más de un siglo, fue en 1975, coincidiendo con el Año Internacional de la Mujer, cuando las Naciones Unidas celebraron el Día Internacional de la Mujer por primera vez el 8 de marzo.

En esta entrada queremos contribuir a la celebración recordando diversas entradas previas en las que narramos la historia de algunas mujeres que supieron sobreponerse a las dificultades para poder dedicarse a la investigación matemática. Hemos contado cómo Hipatia de Alejandría sufrió la intolerancia de una época con una muerte trágica, pero también cómo Sophie Germain tuvo que ocultar su identidad bajo el seudónimo de M. Blanc para poder seguir los cursos de la universidad y cartearse con Carl Friedrich Gauss, o Sofía Kovaleskaya recurrió al matrimonio de conveniencia para poder estudiar en Alemania, ya que no podía hacerlo en su Rusia natal.

También recordamos cómo Emmy Noether no fue aceptada como profesora en la Universidad de Gotinga, a pesar de las recomendaciones de Albert Einstein y David Hilbert, y Julia Robinson estuvo a punto de abandonar la investigación al contraer matrimonio con Raphael Robinson, con lo que hubiéramos perdido a una magnífica matemática.

Cuando comentamos estos hechos con los colegas masculinos, muchos defienden que los puestos deben ir para los mejores, independientemente del género. Nada que objetar, todos estaremos siempre de acuerdo con las exigencias del mérito. Pero conviene preguntarse cuántos hombres a lo largo de la historia han tenido que ocultar su género para poder estudiar matemáticas, cuántos han sido rechazados por ser hombres en una universidad para un puesto de profesor, cuántos han dejado su apellido por el camino para tomar el de su mujer, cuántos se han tenido que casar por conveniencia para poder ser aceptados en unos cursos universitarios, tal y como les ha ocurrido a las mujeres que citábamos.

Aunque hoy en día han cambiado muchas cosas, no hay una igualdad completa. En cualquier centro de investigación sigue habiendo muy pocas mujeres en los puestos más importantes, aunque sí abundan en las etapas predoctorales. Sí son mayoría en los puestos de administrativos y gestores. Todo esto indica que queda mucho camino por andar.

Aprovechemos por lo tanto este ocho de marzo para mirar a nuestro entorno inmediato, a nuestras colegas femeninas, y darles las gracias por estar ahí, trabajando codo con codo con nosotros, porque no debemos prescindir de ellas.

Terminamos recordando a Gata Cattana, una rapera prematuramente fallecida a los 26 años, con una de sus desgarradoras rimas

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU) y Cristina Sardón (ICMAT-CSIC).

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La señora Robinson

Esta entrada está dedicada a una mujer excepcional, que fue pionera en muchos campos y que, pese a las dificultades encontradas a lo largo de su camino, fue capaz de marcar hitos en su carrera científica: hablamos de Julia Robinson (de soltera, Julia Bowman).

Julia Robinson

Cocos, marineros y un mono

Las ecuaciones diofánticas son ecuaciones con dos o más incógnitas cuyos coeficientes toman valores en los números enteros y cuya solución son números enteros. Por lo tanto, resolver una ecuación diofántica consiste en determinar qué números enteros la cumplen. El nombre alude al matemático griego Diofanto de Alejandría, quien estudió profusamente estas ecuaciones.

Para ilustrar este tipo de ecuaciones, planteamos como ejemplo de ecuación diofántica el problema del mono y los cocos, recogido en la obra de Martin Gardner, “The Monkey and the Coconuts” en 1961.

El problema se plantea de la siguiente manera: cinco marineros y un mono naufragan en una isla desierta. Deciden recoger provisiones durante un día completo. Pasan el primer día recogiendo cocos. Uno de los marineros, desconfiado, decide separar su parte y la de los demás en cinco partes iguales. Como sobra un coco para igualar las partes, decide dárselo al mono. El segundo de los marineros, también desconfiando, repite de nuevo la operación la noche siguiente. Así ocurrirá con los cinco marineros desconfiados. Tras las cinco noches de desconfianza de cada uno de los naúfragos, se dividen los cocos de nuevo en cinco montones sin que sobre ninguno. La pregunta es: ¿cuántos cocos se habían recolectado inicialmente? Aquí se puede encontrar la solución.

El décimo problema de Hilbert

David Hilbert, en su famosa conferencia en el Congreso Internacional de Matemáticos (ICM) de París en 1900, planteó 23 problemas. El décimo se refería a la existencia de un algoritmo que pudiera decidir si una ecuación diofántica tenía soluciones enteras.

La solución a este problema fue aportada por tres matemáticos estadounidenses y un ruso: Julia Robinson, Martin Davis, Hilary Putnam y Yuri Matiyasevich, que en varios artículos desde los años 40 a los 70 del pasado siglo, probaron que tal algoritmo no existe.

Con Yuri Matiyasevich

¿Quién fue Julia Robinson? Una matemática estadounidense, que vivió intensamente entre 1919 y 1985, y cuya tesis se focalizó en los problemas de decibilidad en teoría de números.

Julia Robinson a los tres años

La niñez de Julia fue complicada, sufriendo escarlatina primero y después fiebres reumáticas, lo que no facilitaba su asistencia a la escuela. Sin embargo, fue capaz de recuperar terreno, y su tutor escribió

… en un año, trabajando tres mañanas a la semana, avanzamos en el programa de quinto, sexto, séptimo y octavo grados. Esto me lleva a  preguntarme  cuanto tiempo se puede perder en las aulas.

Aunque su padre estaba en buena situación económica, la Gran Depresión se llevó sus ahorros, y acabó suicidándose en 1937. Julia se sobrepuso, siguió sus estudios, y en Berkeley tomó clases con el que sería poco después su marido, Raphael Robinson, también un notable matemático. Tras su matrimonio, las reglas de la universidad le impedían dar clases en el mismo departamento que su marido. Esto la llevó a abandonar la investigación, hasta que en una visita a Princeton acompañando a Rapahel, conoce a Tarski y comienza con él un doctorado, que defiende con éxito en 1948. Inmediatamente se pone a trabajar en el Décimo Problema de Hilbert, consiguiendo avances importantes. El problema lo resuelve totalmente Matijasevic en 1970, y Julia se pone a trabajar con él, abriendo un ambiente de colaboración inusual entre norteamericanos y rusos. Julia trabajó además en muchos otros temas, consiguiendo siempre resultados espectaculares.

Honores

Julia Robinson fue la primera mujer en pertenecer a la Academia Nacional de Ciencias en Estados Unidos, sirviendo como consejera a la nación en medicina, ciencia e ingeniería. Fue también elegida presidenta de la  Sociedad Americana de Matemáticas (AMS), la primera mujer en el cargo.

Sus logros la hicieron merecedora de numerosos premios y homenajes, como el premio MacArthur (galardonado anualmente a veinte o treinta personas que han desarrollado un trabajo relevante en cualquier rama del conocimiento) o la presentación de una conferencia Noether (propuestas por la Unión Matemática Internacional y que se desarrolla cada cuatro años en el Congreso Internacional de Matemáticos, ICM), una serie de conferencias dedicadas a homenajear a mujeres ilustres en el ámbito matemático. Actualmente, se celebra el Julia Robinson’s festival, organizado por el Instituto Americano de Matemáticas, que trata incentivar a niños y adolescentes a descubrir el interesante y sorprendente mundo de las matemáticas mediante la formación de clubs y asociaciones y desarrollo de museos interactivos.

La señora Robinson poseía una personalidad fuerte y emblemática. No sólo se dedicó a las matemáticas, sino que también fue una decidida activista política demócrata. Una gran mujer, un ejemplo para las niñas que quieran ser matemáticas.

Julia Robinson en 1975

Y terminamos con sus propias palabras:

Lo que realmente soy es una matemática. Más que ser recordada como la primera mujer en esto o en lo otro, yo preferiría ser recordada por los teoremas que he probado y los problemas que he resuelto.

Por supuesto que recordamos a Julia Robinson por sus teoremas, pero también por su compromiso con la ciencia y la sociedad.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU) y Cristina Sardón (ICMAT-CSIC).

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Rompiendo barreras

En la Agenda 2030, se señalaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible, entre los que se encuentra el lograr el acceso y la participación plena y equitativa de las mujeres y niñas en la ciencia; se trata de conseguir la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y las niñas.

Por estas razones, la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió proclamar el 11 de febrero como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, según la Resolución aprobada el 22 de diciembre de 2015. En 2016 se celebró ya este evento, y se repite en 2017 con mayor intensidad.

A pesar de los grandes avances en la igualdad de género, las barreras siguen estando ahí, y no se ha conseguido hasta ahora romper el techo de cristal. No vamos a dar aquí cifras, ni nos remitirenos a los múltiples estudios sobre el tema, porque en estos días se han multiplicado las noticias en todos los medios de comunicación y en las redes sociales.

Recordaremos sólamente estos datos la Comisión Europea en 2015 y rteproducidos en la Nota de Prensa del CSIC del pasado 8 de febrero:

Las mujeres obtuvieron el 60% de los grados concedidos por universidades públicas, mientras que ese porcentaje bajó hasta el 46% en el caso de los doctorados. En la categoría más alta de la vida académica las mujeres sólo representan el 21%. En el caso particular de las carreras de ciencias y las ingenierías las cifras son inferiores: las mujeres obtuvieron el 31% de los títulos universitarios y ocuparon el 13% de las cátedras.

Es por tanto una buena ocasión para señalar estas barreras y festejar el papel que  las mujeres desempeñan en la ciencia, y el que deberían desempeñar en un futuro, animando a las niñas a seguir carreras científicas. Y para esto último, nada mejor que mostrar científicas que puedan servir de modelos.

Y qué mejor modelo que el de una célebre matemática cuyos éxitos han roto uno de los tabúes que todavía pesan sobre las mujeres. Se trata de la iraní Maryam Mirzakhani, actualmente profesora en la Universidad de Stanford en California, y que es la primera mujer en la historia premiada con la medalla Fields, que le fue entregada en el Congreso Internacional de Matemáticas de 2014 celebrado en Seúl (República de Corea).

Maryam Mirzakhani

La medalla Fields es un premio concedido por el IMU (Unión Matemática Internacional) cada cuatro años a matemáticos menores de cuarenta años. El galardón a Maryam Mizarkhani rompió la barrera de género, pues ha sido la primera y única mujer galardonada con este premio desde su instauración en 1936. Pero su significado va más allá al ser una mujer que proviene del mundo islámico, en el que la mujer sufre todavía muchos vetos. Su ejemplo va más allá de su condición de mujer.

Maryam se licenció en la Universidad de Teherán y se doctoró en la Universidad de Harvard. Maryam ha descubierto fascinantes estructuras de las superficies hiperbólicas, que una por una son elusivas, pero todas a la vez (el moduli) proporcionan las respuestas deseadas. Las superficies hiperbólicas son las generalizaciones de la geometría no euclidiana descubierta por Bolyai, Gauss, y Lobatchevski. Así, rellena inacabables papeles con dibujos de toros, y de esferas en las que borra o añade asas. Maryam también ha desentrañado algunas de sus conexiones con la física teórica y otras ramas de las matemáticas.

Maryam es suave, rezuma empatía y humildad; cuando recibió un correo electrónico comunicándole que había ganado la medalla Fields creyó que era un hacker. Maryam relata también cómo el apoyo de la familia es imprescindible para que una mujer consiga sus metas.

En sus primeras entrevistas decía que el premio “es un gran honor, y seré feliz si anima a las jóvenes científicas y matemáticas; estoy segura que muchas mujeres ganarán este galardón en los próximos años”. Nosotros también estamos convencidos de ello y ojalá estos días de celebraciones contribuyan a conseguir este objetivo.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU) y Cristina Sardón (ICMAT-CSIC).

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La muchacha que leía matemáticas a la luz de las velas

Marie-Sophie Germain nació en París el 1 de abril de 1776, con un padre comerciante que fue elegido representante de los Estados Generales en la Asamblea Constituyente en 1789, lo que permitió mas tarde a Sophie escuchar en su propia casa conversaciones sobre filosofía y política con personas relevantes.

Retrato de Sophie Germain a los 14 años

Cuando estalló la revolución en 1789, Sophie estuvo un tiempo confinada en casa para protegerse de la vorágine de aquellos días. Se dedicó entonces a literalmente devorar la biblioteca de su padre y quedó fascinada por la muerte de Arquímedes en uno de los libros de historia de las matemáticas que encontró. Decidió entonces que debía dedicar todos sus esfuerzos a las matemáticas, llegando a aprender latín y griego para poder ller las obras de Isaac Newton y Leonhard Euler. Sus padres no aprobaron tal entusiasmo y llegaron a prohibirle encender una estufa para calentar su cuarto o que usara ropas de abrigo para evitar que siguiera leyendo. Nada pudo contra la voluntad de aquella muchacha que pasaba noches enteras a la luz de las velas para poder seguir con sus lecturas.

Cuando Sophie tenía 18 años, en 1794, abrió sus puertas la Escuela Politéctica de París, y aunque no admitían mujeres, si se podían seguir los cursos por las notas de clase, y así Sophie se inscribió con un nombre falso de hombre, Antoine-August Le Blanc. Los alumnos también podían enviar observaciones a sus profesores y así Joseph Louis Lagrange no tardó en recibir los comentarios de Monsieur Le Blanc. Al darse cuenta de su valía, le instó a reunirse y allí descubrió su identidad, aunque Lagrange continuó apoyándola.

Sophie Germain mantuvo una correspondecia activa con matemáticos de mucho renombre, como Legendre y Gauss. Con Carl Friedrich Gauss entabló una correspondencia regular con resultados interesantes sobre teoría de números, usando el seudónimo de M. LeBlanc. Su verdadera inquietud por la correspondencia con Gauss se acusaba en su interés por el teorema de Fermat, publicando posteriormente un resultado en un caso particular que llegó a ser conocido como Teorema de Germain.

La primera carta intercambiada entre ellos está fechada de 1804  y dura hasta 1809, aunque luego se reanudaron en 1815. Gauss contestaba con retraso y en muchos casos no lo hacía. Un episodio de la invasión napoleónica de 1807 fue la causa de que Sophie revelara su identidad a Gauss. Germain intercedió por Gauss que estaba en la invadida ciudad de Braunschweig por medio de un amigo de su familia, el general Pernetti, quien así lo hizo. Tres meses después se lo descubre y Gauss se lo agradece diciendo:

“Pero cómo describir mi admiración y asombro al ver que mi estimado corresponsal Sr. Le Blanc se metamorfosea [...] cuando una persona del sexo que, según nuestras costumbres y prejuicios, debe encontrar muchísimas más dificultades que los hombres para familiarizarse con estos espinosos estudios, y sin embargo tiene éxito al sortear los obstáculos y penetrar en las zonas más oscuras de ellos, entonces sin duda esa persona debe tener el valor más noble, el talento más extraordinario y un genio superior.”

Su segundo resultado importante en teoría de números fue la demostración de que para todo número primo n menor que 100 no existe solución a la ecuación de Fermat, cuando los números x, y, z no son divisibles por n, aunque de hecho la demostración valía para primos menores que 197. Mas tade, L.E. Dickson usa el Teorema de Germain para elevar la cota a 1700.

Récherches sur la théorie des surfaces élastiques, 1821

Sophie Germain, además de destacar en la teoría de números, desarrolló un trabajo incipiente en teoría de la elasticidad. Un concurso propuesto en La Academia de las Ciencias de París concedía el “Prix Extraordinarie” a quien resolviera un problema propuesto sobre el efecto de las vibraciones de una superficie elástica y permitiera comparar los resultados teóricos con los experimentos. Este problema venía de los experimentos de Ernst Florens Friedrich Chladni sobre placas metálicas vibrantes.

Sophie tuvo que presentar hasta tres manuscritos para que se le concediera el premio, aunque con ciertas reservas por parte de Poisson.Quizás por ello no fue a recogerlo, al haberse sentido desprestigiada por muchos de sus colegas, por el hecho de ser mujer. En este trabajo Sophie propuso las ecuaciones diferenciales de superficies vibrantes. Las dos primeras entregas estuvieron inconclusas, hasta que la tercera fue la premiada, bajo la supervisión del análisis matemático por parte de Lagrange. El postulado principal de este trabajo fue: “en un punto de la superficie la fuerza de elasticidad es proporcional a la suma de las curvaturas principales de la superficie en dicho punto”. Las consideraciones de simetría translacional y rotacional de la placa, llevó a Sophie a la formulación de una ecuación en derivadas parciales de sexto orden, cuyas soluciones se daban en forma de series trigonométricas. Poisson, con el que tuvo varias consultas, publicó su propio trabajo sobre elasticidad sin agradecerle sus consejos.

Sophie supo en 1829 que tenía cáncer de mama, y así y todo, siguió trabajando sobreponiéndose al dolor  hasta su fallecimiento el 27 de junio de 1831 en su casa de París.

Tumba de Sophie Germain en el cementerio del Père Lachaise

Sophie, víctima de su sexo, y debido a su restringido acceso a la ciencia, no tuvo la oportunidad ni de acceder a una educación mas formal en matemáticas (se le criticó en su momento alguna falta de rigor en sus planteamientos matemáticos) ni de publicar sus resultados a tiempo, antes de que muchos otros lo hicieran, utilizando en varios casos sus ideas.

Sophie Germain fue una mujer que no sólo destacó en las matemáticas. También contribuyó con obras filosóficas que fueron bien acogidas por filósofos como Auguste Comte. Sin embargo, todos sus tratados no fueron siempre aceptados, debido al mismo problema de raíz: su naturaleza de ser mujer.

Hoy en día, Sophie Germain ocupa un lugar estelar entre los grandes matemáticos de la historia.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU) y Cristina Sardón (ICMAT-CSIC).

 

 

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Una matemática contra la intolerancia

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“Hypatia”, por el grupo Wray

Los sabios antiguos, como en el caso de los griegos, eran pensadores de amplio espectro; una misma persona podía ser médico, matemático, astrónomo y filósofo. Esto parece algo imposible en nuestros días con el aumento del grado de especialización y los esfuerzos necesarios para ser un experto en un campo determinado.

En el caso de Hipatia de Alejandría (durante los siglos IV y V) desarrolló una gran labor científica en campos como las matemáticas y la astronomía. Lo que sigue interesándonos de esta conjunción de entradas del blog, es la labor científica de una mujer. La historia ha ido demostrando las aptitudes de las mujeres en ciencia, y como no existe ninguna desventaja intelectual de ellas frente a los hombres. La brecha de género es simplemente una cuestión de roles sociales asignados por siglos a uno y otro género.

Hipatia de Alejandría

Hipatia estuvo muy influenciada en el mundo intelectual por su padre Teón, filósofo y matemático griego que fue el último director del Museo de Alejandría. La educación impartida por su padre fue una educación liberal, conociéndose hoy a Hipatia como la legendaria pensadora libre ante la intoleracia.

Hipatia fue una mujer libre, educada en la escuela neoplatónica y líder de las creencias neoplatónicas en Alejandría. Nunca se casó: a pesar de su belleza y elocuencia, dedicó su vida al trabajo científico.

Su labor investigadora se vió reflejada en numerosos manuscritos, como los “Comentarios a la Aritmética de Diofanto”. Diofanto fue un matemático griego que vivió a lo largo del siglo III y fue considerado el padre del álgebra y la aritmética, cuyos trabajos se centraron en ecuaciones algebraicas y teoría de números. De su nombre vienen las ecuaciones diofánticas. En una edición de este libro de Diofanto fue donde Pierre de Fermat escribió su famosa frase:

Por el contrario, no se puede dividir un cubo en dos cubos, ni un bicuadrado en dos bicuadrados, ni en general una potencia superior al cuadrado, hasta el infinito, en dos potencias del mismo grado: he encontrado una demostración verdaderamente admirable de esta afirmación. La exigüidad del margen no podría contenerla.

Otra de sus aportaciones fue la edición de los “Elementos de Euclides”, con los comentarios de su padre Teón, un experto en la obra euclidiana. Los Elementos de Euclides ha sido el libro con más ediciones después de la Biblia, y recogen un tratado completo de geometría (la obra de Euclides ha sido tratada en varias entradas de este blog).

También reescribió un tratado sobre las “Cónicas” de Apolonio. Sus reinterpretaciones simplificaba los conceptos de Apolonio, con un lenguaje más asequible y convirtiéndolo en un manual fácilmente seguible por el lector interesado.

Desafortunadamente, muchas de las aportaciones de Hipatia se perdieron. Gracias a su correspondencia con su estudiante Sinesio de Cirene (posteriormente obispo de Ptolemaida), sabemos muchas de sus otras aportaciones. Sinesio de Cirene compartía el gusto por las matemáticas y astronomía de su tutora, pero tomó otros derroteros, convirtiéndose en el clérigo filósofo. Sinesio deja constancia de la singularidad de Hipatia como intelectual. Reclama su autoría en la construcción de un astrolabio, un hidrómetro y un hidroscopio.

El astrolabio es un instrumento construido para  determinar el posicionamiento de astros en la bóveda celeste. Este instrumento servía de guía para marineros o para ingenieros o arquitectos para determinar distancias por triangulación. Un dato curioso es el uso de este instrumento por los marineros musulmanes, con el cual se guiaban en la determinación de la Meca para poder orar.

Hipatia también destacó por sus dotes oradoras, y seguidora del neopitagorismo y neoplatonismo, se convirtió en una eminente profesora de matemáticas, dando clases en su casa a un grupo selecto de aristócratas, tanto paganos como cristianos. Su inteligencia le alzó el puesto de consejera de Orestes, prefecto del Imperio Romano de Oriente, exalumno suyo.

El carácter especial de Hipatia, con un trato de iguales a todos sus pupilos, educados desde la tolerancia y la racionalidad, despertó una serie de envidias que levantarían a muchos enemigos en su contra. Como pagana, partidaria del racionalismo científico griego y personaje político influyente, amiga de Orestes, sufrió la intensa hostilidad entre Cirilo (fanático cristiano, obispo de Alejandría)  y Orestes. Las acusaciones en su contra de blasfema y anticristina, por el simple hecho de negarse a traicinar sus ideales y dejar el paganismo, propició la emboscada del obispo Cirilo, arrastrando a masas populares para asesinarla brutalmente.

Asesinato de Hipatia

Sin embargo, Hipatia nunca proclamó su antipatía por el cristianismo. Simplemente, su carácter abierto aceptaba cualquier tipo de discípulo, independientemente de sus creencias religiosas.

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La vida de Hipatia fue una vida interesante. La vida de una mujer fuerte, luchadora por sus ideales y que emprendió el estudio de las ciencias en unos siglos en que a las mujeres se les negaba el acceso al conocimiento. Así se la retrata en la reciente película “Agora”, dirigida por Alejandro Amenábar en 2009, donde Hipatia aparece ensimismada en los Elementos de Euclides, las cónicas de Apolonio y el sistema heliocéntrico de Aristarco de Samos. Además, se la presenta como profesora de astronomía, en una clase en la que plantea las preguntas: ¿Por qué caen las estrellas?, ¿por qué sólo giran de oeste a este? ¿por qué, en cambio, el pañuelo cae al suelo en la tierra? Los alumnos responden e Hipatia analiza sus respuestas y explica desde un punto de vista Ptolemaico: “Las estrellas no caen porque están en un círculo. En la tierra caen porque es el centro del universo”.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU) y Cristina Sardón (ICMAT-CSIC).

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