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Posts etiquetados con ‘Política científica’

Lecciones de la combinatoria de Strathclyde

Hace unos días leí la última entrada del magnífico blog de Timothy Gowers, titulada The fate of combinatorics at Strathclyde. Gowers, medallista Fields en, cuenta que ha recibido un email de Sergey Kitaev, uno de los tres matemáticos dedicados a la Combinatoria en la Universidad de Strathclyde, que trabajan en el Departamento de Informática, informándole que la universidad ha decidido eliminar esta especialidad. En su breve entrada, Gowers informa que el problema está perfectamente resumido en otra entrada del blog de Peter Cameron. En lo que sigue trataremos de explicar el problema.

 

En esta universidad escocesa de Glasgow trabaja un excelente grupo de Combinatoria, formado por los matemáticos David Bevan, Sergey Kitaev y Einar Steingrímsson. Este grupo está incluido en el Departmento de Ciencias de la Computación y la Información, departamento que ha emprendido un plan de futuro, estratégico, en el que la combinatoria parece no tener sitio.

De hecho, se refiere literalmente que este tema no tiene una influencia en las tareas de la universidad, y que este  campo puede ser cubierto por otros profesores de análisis de datos o ciberseguridad. Se aduce también que estos tres matemáticos no consiguen proyectos de los de un millón de libras, y por tanto, no son necesarios y la combinatoria debe desaparecer de la universidad.

El informe del director del departamento obvia que este grupo es el responsable de una gran parte de la producción científica de más calidad, que han conseguido casi un millón de libras en proyectos en los últimos cuatro años, y que han contribuido con cursos a que el resto del departamento haya adquirido la formación necesaria para ser más competitivos.

Este problema, comenta Cameron, está ocurriendo en otras universidades británicas, al pensar que las matemáticas básicas no son necesarias o pueden adquirirse por otros medios.

 

Decir que la combinatoria no es útil es una preocupante muestra de ignorancia, ya que es una de las disciplinas más útiles en informática y en análisis de datos. Se aplican además a los sistemas dinámicos, la física estadística, teoría de códigos, o problemas de investigación operativa.

La reflexión que podemos hacernos es si los matemáticos estamos haciendo llegar de manera eficiente la utilidad de las matemáticas al resto de los científicos y a los que deben tomar las decisiones de política científica. Vivimos en España unos momentos en los que las matemáticas están muy presentes, pero también llegan noticias de falta de aprecio en la toma de algunas decisiones. Que las matemáticas son fundamentales, lo sabemos los matemáticos, lo saben muchos o la mayoría de nuestros colegas científicos, pero quizás falta un punto de estrategia para convencer a los que toman las decisiones. Podemos estar asistiendo a una burbuja matemática y no sería de gente inteligente dejar que fuera así.

Tenemos foros donde se puede mostrar el valor de las matemáticas. Por ejemplo, la Alianza SOMMA es un foro muy desaprovechado. Si el ICMAT fue activo en las reuniones de centros Severo Ochoa y María de Maeztu, estos cuatro últimos años  su presencia es puramente testimonial ante la falta de compromiso de sus actuales responsables. Y el BGSM ya no será unidad María de Maztu, con lo que los efectivos disminuyen. Por otra parte, la Red Estratégica de Matemáticas afronta también problemas para su continuidad. Creo que toca reflexionar.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias).

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La fragilidad de la excelencia

Hace casi cinco años, publiqué en Materia un artículo titulado “Los tres miedos a la excelencia” , en el que destacaba las dificultades que teníamos en España de poner en marcha programas que identificaran de manera fehaciente la excelencia, y que, según mi opinión, venían de los miedos de los propios científicos, de las universidades y de las administraciones a cambiar el ‘statu quo’. Respondía así a algunas críticas sobre el Programa Severo Ochoa, y afirmaba que cualquier programa como éste es visto “como un ataque al resto del sistema”.

Campus de Janelia

Casi cinco años después, me reafirmo en mis argumentos. Sobre el Programa Severo Ochoa, valga decir que supone un porcentaje ínfimo del total dedicado a la investigación, y en muchos de sus centros participan las universidades – porque también he leído críticas en este sentido. No me voy a referir a otros programas de ámbito autonómico como el BIST en Cataluña, Ikerbasque en el país Vasco o los IMDEA en Madrid.

Mi intención es reflexionar sobre la excelencia, o más bien, sobre la búsqueda de la excelencia. Afirmar que la excelencia es una entelequia es una barbaridad; sí existe la excelencia, y no solo como palabra, sino como concepto. El Diccionario de la RAE la define en su primera acepción como: “Superior calidad o bondad que hace digno de singular aprecio y estimación algo.” Si yo afirmo que la Universidad de Stanford o que el Janelia Research Campus  son excelentes, la inmensa mayoría de ciudadanos con conocimiento de causa coincidiría conmigo. Por lo tanto, existe la excelencia y lo que tendremos que hacer en España es tratar de emularla, dentro, claro está, de nuestras limitaciones. Aunque se puede hacer mucho con poco, y así lo demostramos en su día con el Instituto de Ciencias Matemáticas, ICMAT.

Campus de la Universidad de Stanford

Buscar la excelencia supone definir una estrategia, marcar a donde queremos llegar y el camino que pretendemos seguir para conseguir acercarnos al objetivo. Yo siempre digo que pensar es gratis. En esa estrategia hay que identificar los recursos humanos y económicos necesarios y comenzar el trabajo (arduo en un país como el nuestro, por la escasez de recursos a disposición de los investigadores, por las trabas burocráticas y por los tres miedos a los que aludía en mi artículo en Materia).

Pero si hemos alcanzado, si no la excelencia, al menos algo bastante parecido, nos acecha una amenaza: la enorme fragilidad de la excelencia. Consolidar los logros es tan complicado como conseguirlos. Porque la excelencia no se hereda, se trabaja cada día, y si nos olvidamos de trabajarla, se desmorona en muy poco tiempo. Es como la roca de Sísifo.

Vuelvo con el Programa Severo Ochoa, que iniciará –todos confiamos en ello-  su octava edición en breve. Cada cuatro años, los centros galardonados deben competir de nuevo para tratar de mantener su galardón de excelencia, junto con otros nuevos centros que tratan de conseguirlo por primera vez. Algunos podrían pensar que una vez conseguido el galardón, este ya va a continuar a perpetuidad. Sin embargo, aunque la mayoría sí lo renueva, la Estación Biológica de Doñana (EBD) ya se ha quedado por el camino. No tuvo repercusión mediática, porque habría que dar explicaciones de cómo la actuación arbitraria de la anterior ejecutiva del CSIC descabezó al centro así del porqué investigadores de renombre buscaron otros aires ante la muralla burocrática del CSIC y el Ministerio. Ahora ha vuelto a ocurrir, y este verano se ha suscitado una polémica con el Institut Català d’Investigació Química (ICIQ) que, al menos de momento, parece haber quedado fuera en la última convocatoria de 2017.

El Ministerio se vió obligado a sacar una nota de prensa aclaratoria en la que establece claramente que las decisiones son las que tome la comisión internacional que evalúa los centros. En este caso, la comisión vió una serie de debilidades en la propuesta. Se han presentado alegaciones, y ya veremos el resultado final. Por mi parte, los mejores deseos para este importante centro de investigación química de Tarragona.

La lección que debemos extraer es que la excelencia hay que cultivarla, no está para siempre. Ojalá los matemáticos de mi entorno fueran conscientes de esta fragilidad.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias).

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Unas breves notas sobre el Plan Estatal de Investigación 2017-2020

Hace unas semanas, la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación lanzó el borrador del próximo Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación 2017-2020. Dos comentarios son pertinentes: uno positivo, y es que la consulta a los investigadores, sociedades científicas, centros de investigación, etc., para el envío de sugerencias que ayuden a mejorarlo es de agradecer; y otro negativo, la tardanza en poner en marcha este Plan porque estamos ya en la última recta de 2017 y estamos funcionando con una prórroga del Plan Estatal 2013-2016, que, por cierto, ya sufrió del mismo retraso. La consulta la pondremos en el haber de la Secretaria de Estado; el retraso, en el deber del actual gobierno.

Sede de la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación

Mi lectura de este avance ha sido rápida (de hecho, han sido dos las lecturas rápidas) y aquí van algunos comentarios. Recordnado, eso sí, que la Agencia se estrena en esta convocatoria y merece por tanto un margen de confianza.

La coordinación regional-estatal (aquí se acuña el término “sistema de sistemas”) se anuncia en cada Plan pero hasta ahora no ha sido efectiva. Persiste la necesidad de de impulsarla fuertemente, para no desperdiciar los recursos. Para ello hace falta voluntad política: consejeros, rectores, OPIS, CSIC con sus centros en cada región. Sin esa voluntad política, cada vez las distancias entre comunidades autónomas irán aumentando, en contra de lo que dicta nuestro modelo constitucional.

Un problema que subsiste y que no es debido al plan es la insuficiente inversión. Si este tema no se resuelve, el plan pederá una gran parte de su eficacia. Existe además una falta de credibilidad ante los continuos anuncios y correspondientes incumplimientos sistemáticos. En este aspecto, la nueva Agencia debe hacer un ejercicio importante para crear credibilidad.

Un tema que ya se ha ido imponiendo es la dualidad Excelencia-Retos, intentando mimetizar el Programa H2020 y el European Research Council. Sin embargo, no parece estar funcionando,  debido a la capacidad adaptativa de los grupos de investigación españoles a cualquier situación. Si hay más dinero en Retos, acudimos a esa convocatoria, pero seguimos desarrollando el mismo tipo de investigación.

Se debe incidir en la flexibilidad de contratación y de ejecución. Sin la cooperación del Ministerio de Hacienda, será imposible avanzar en esta línea. Esta inflexibilidad está resultando demoledora para la ciencia española, y uno no acaba de entender como estos señores de Hacienda y Administraciones Públicas no son capaces de ver lo que se hace en otros países.

Un tema clave es el de la evaluación: necesitamos racionalizar, crear paneles potentes con coordinadores con una amplia mira y expertos indiscutibles. Hay que eliminar la actual doble evaluación de gestores del MINECO y coordinadores de ANEP, con sus equipos, yendo a un modelo como otras Agencias o el propio European Research Council. El nombramiento de estos coordinadores debe ser muy cuidadoso.

El Plan sigue manteniendo los proyectos de centros de excelencia Severo Ochoa y María de Maeztu, que habría que blindar (junto con las estructuras singulares, como el Instituto astrofísico de Canarias, y similares). Suponen una inversión mínima pero decisiva. Me preocupa la nueva Red Cervera porque conocemos como se puede inflar la burbuja de la excelencia tecnológica.

En cuanto a Recursos Humanos, es imprescindible unificar las diversas convocatorias de contratos predoctorales. Potenciar las convocatorias postdoctorales (vamos a la baja, así no se puede seguir), y, por supuesto, definir lo que podría ser una carrera científica, que nunca debería limitarse a que cuando uno entra en el sistema como estudiante de doctorado, vaya a seguir subiendo escalones automáticamente, habrá que definir los filtros. Pero al menos, que haya una esperanza para tantos jóvenes investigadores que se tienen que buscar su futuro fuera de España.

Es preciso también potenciar las convocatorias de técnicos (imprescindiibles para las infraestructuras de los centros) y de gestores (indispensables para la potenciación europea y la transferencia). Y en todo ello, flexibilidad al máximo de la contratación, hoy en día es imposible trabajar con un escenario temporal y estratégico razonable

Y finalmente, existe una trilogía imprescindible: ÉTICA-GÉNERO-SOCIEDAD INFORMADA. Lo escribo con mayúsculas y en otra entrada posterior desarrollaremos este tema.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, ICSU)

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