Los beneficios de combatir el Cambio Climático

Estoy leyendo uno de los últimos números de Science y he leído un artículo de El Mundo sobre el ahorro de energía.

 

En Science se habla del calentamiento de Ártico, mucho más rápido de lo que se puede suponer si solo pensamos en un aire más caliente. Se habla de la salinización creciente de los suelos de la Tierra. Se habla de cómo los árboles y sus raíces defendieron la costa frente al tsunami de Indonesia.

 

He recibido varias informaciones de amigos que me dicen que soy blanco de las iras de ciertos grupos de gentes a las que molesta, parece ser, que se hable de cambio climático y de problemas ambientales.

 

No puedo entender estas reacciones. El clima está cambiando entre 10 y 100 veces más rápido de lo que lo ha hecho en el último millón de años, y lo hace porque estamos inyectando en la atmósfera cantidades gigantescas de CO2. De esto no puede haber duda. No hay duda de la salinización por irrigación exagerada, ni de la desertización creciente de la Península Ibérica, por esta salinización y por los incendios múltiples en el espacio y repetidos en el tiempo, sin que las autoridades tomen más iniciativas que “convencer” a la gente de que no haga fuegos, pero no contratan a 10.000 guardabosques. No hay duda del papel que juegan los árboles sanos, fuertes, respecto a la lluvia y a la protección de la vida de los seres humanos.

 

Trabajar contra estos problemas es trabajar por nosotros mismos. ¿Cual es el motivo del rechazo de las opiniones que expreso aquí? El denunciar los peligros de la degeneración ambiental lo único que lleva es a proponer una nueva revolución industrial y energética, frente a la actual, que está al final de su ciclo.

 

Trabajar contra el cambio climático es insistir en el montaje de una nueva energía: La energía solar directa, en vez de la energía solar fósil. España dispone de sol, dispone de fábricas de placas solares. Puede fabricar hidrógeno desde el agua del mar de sus costas con energía solar directa. Rehacer el sistema energético y crear las nuevas industrias implica un desarrollo industrial inimaginable hoy día: Hay que montar la centrales, los conversores, las líneas de transmisión, montar placas en las viviendas. Hay que montar los hidrolizadores, almacenar el hidrógeno, montar los gasoductos, las estaciones de servicio de hidrógeno, las fábricas de motores de hidrógeno, los talleres de reparación, etc., etc. : Mientras que otros ven dificultades, yo veo un universo de trabajo, de oportunidades, de empleo, de nuevas tecnologías, de dinero fresco, pues, ¿qué es el dinero sino una medida de la energía disponible?

 

¿Por qué la resistencia a avanzar en esa dirección? Probablemente es el miedo a lo nuevo, el miedo a abrir nuevos horizontes a la humanidad. Es la resistencia de los artesanos ingleses del siglo XIX a la nueva tecnología de los telatres mecánicos, que aparte de dinero, trajo ropa barata para todo el mundo y otros miles de beneficios diversos. Pero aquellos artesanos, apegados a un medio primitivo de producción, se aferraban a sus telares manuales y quemaban las nuevas fábricas.

 

Tenemos por delante un desafío magnífico. Podemos limitar los efectos del cambio climático. Podemos recuperar nuestras tierras. Con energía solar podemos disponer de agua dulce para nuestras costas. Podemos replantar los bosques en nuestras montañas.

 

Pero para ello se precisan esfuerzos de otro tipo de los que se describen mediante el marciano Go-Go de la ministra Narbona.  Se precisa no dilapidar la energía, pero sobre todo se precisa capturarla.

 

La ministra Narbona hace un trabajo inmenso, inimaginable en un miembro de un gobierno: No parece que sea política profesional. Pero Narbona está sola en la mesa de Moncloa donde se sienta los viernes con sus colegas.  En Fomento se sigue gastando dinero a manos llenas en autovías, en Industria se subvenciona el carbón y se desprecia al IDAE. No se ve que Industria esté montando centrales solares, ni rápidamente ni siquiera de manera lenta. En Industria se autorizan los 4×4 que gastan el doble o el triple que otros coches. En Vivienda no se impone de una vez por todas la normativa de edificación que lleva años en la vía muerta. Desde Agricultura no se ve que se planten bosques de forma masiva, ni desde Educación se ve que se financie masivamente la investigación en Medio Ambiente.

 

El marciano Go-Go pasará a la historia como un esfuerzo valiente en medio de una incomprensión generalizada, no de la sociedad, que también la muestra, sino de los propios compañeros de equipo de la ministra.

 

Necesitamos cambiar de chip. Los problemas ambientales no se corrigen con educar a los niños y a las amas de casa: Hay que volver a llevar a la universidad a secretarios de estado, a directores generales, a directivos de empresas.  Necesitamos no que las amas de casa compren bombillas fluorescentes enrolladas, con ser útil. Lo que necesitamos de verdad es que las personas con capacidad decisoria y normativa entiendan el problema y cojan al toro por los cuernos. Primero por nuestra propia vida. Pero en segundo lugar, por la inmensa prosperidad que eso nos aportaría.

 

Lo que hay que hacer es abrir los ojos y reconocer la realidad, no vivir tras las telarañas de  lo que aprendimos hace 25 años.

 

Resolver los problemas ambientales no solo es bueno para nuestra propia vida, sino que, esencialmente, es bueno para nuestros bolsillos. 

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