La ciencia y el dogma

Este año celebramos los 100 años de los artículos de Einstein.  Uno de ellos se ocupa de la cuantificación de la energía y se refiere constantemente a Planck, quien , en

Octubre de 1900 propuso una modificación de la ecuación de Wien que el mismo había corregido. Esta ecuación de Wien-Planck debía describir como se radia energía desde un cuerpo totalmente negro. Lo hacía, pero la ecuación fallaba para frecuencias bajas, es decir para el infrarrojo. Como en otras partes de la ciencia la ecuación dejó paso al experimento, y fué corregida. Para explicar esa corrección, Planck sugirió en un artículo de Diciembre de 1900 que la emisión de energía se debía realizar mediante cuantos finitos de la misma, y no de forma contínua.

 

Durante los últimos 20 años del siglo XIX los científicos inventaron propiedades cada vez más complejas de un éter inexistente, para tratar de conservar las ecuaciones de la propagación de la luz que así lo exigían.  El mejor físico de finales de ese siglo, Lorentz,  y el mejor matemático de la misma época, Poincaré, escribieron miles de páginas para justificar éteres con propiedades cada vez más complejas.

 

En 1905, un joven Einstein resolvió el problema cambiando las ecuaciones.

 

Hoy tenemos el problema de la aceleración de las galaxias lejanas (lo que contradice la hipótesis de Einstein de que no puede alcanzarse la velocidad de la luz, por lo que en algun momento esa aceleración deberá dejar de existir). Para explicar esa aceleración mediante las ecuaciones de la relatividad general del mismo Einstein, se postula algo parecido al éter del siglo XIX: Una inmensa cantidad de materia que no se puede detectar, y una aun mayor cantidad de energía ( ¿de que tipo?), que tampoco puede medirse. 

 

Einstein y Planck cambiaron las ecuaciones de sus profesores.

 

A veces las ecuaciones de los profesores se convierten en dogmas de fe, en tablas de la ley.

 

 

Etiquetas:

Si te gustó esta entrada anímate a escribir un comentario o suscribirte al feed y obtener los artículos futuros en tu lector de feeds.

Comentarios

Naturalmente que se convierten en dogmas de fe. Y es que el criterio de autoridad pesa como una losa de granito llena de energía y materia oscuras.

Si no recuerdo mal, la ciencia surge en el renacimiento precisamente contra el criterio de autoridad. Surge aquí, y no en otro momento, porque esta es una época de contestatarios. Galileo no es otra cosa que un rebelde inconformista que intenta enmendar la plana de los maestros de todos, como Aristóteles y la propia Iglesia.

En los cuatro siglos de ciencia que llevamos hemos podido ver que el conocimiento avanza a grandes saltos, justo cuando aparece un rebelde, no un genio, porque genios hay muchos, pero genios rebeldes poquitos.

¿Debeemos entender que lo que se apunta en el artículo es que nos encontramos en estos inicios del siglo XXI con muchos genios, pero ninguno con el valor suficiente?

Saludos.

(requerido)

(requerido)


*