Un articulo muy bello sobre el valor de la verdad


He puesto en

http://not-clima.es

en Noticias de Ciencia, un artículo muy bello de Friedrich Wagner, Presidente de la European Physical Society. Recomiendo vivamente leerlo.

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Comentarios

Stewie:

1) No encuentro nada moderno sobre la economía lejos del equilibrio en la escuela austriaca.

2) No es la "gente" la que elige nucleares o no nucleares, petróleo o no petróleo. El "mercado" , por desgracia, no existe a pesar de todos los discursos de los economistas. Hasta la ropa que compramos tiene precios que no responden a las leyes de oferta y demanda. Hasta tal punto nada responde a ellas que dudo yo mucho de que sean reales.

Saludos cordiales.

¡Oh? ….ahora el mercado no existe, …..los precios no corresponden con a la demanda de los productos, …..las leyes de oferta y demanda no son reales….. (nada responde a ellas)…

Antonio… mejor hable de física.

Las diferencias entre el enfoque del equilibrio neoclásico (la economía que usted conoce) y las de la escuela austríaca de economía: (Si le pone un poco de interes le aseguro que no le va a defraudar)

"los austríacos son especialmente críticos de la estrecha concepción de la economía que tiene su origen en Robbins y en su conocida definición de la misma como ciencia que estudia la utilización de medios escasos susceptibles de usos alternativos para la satisfacción de las necesidades humanas (4). La concepción de Robbins supone implícitamente un conocimiento dado de los fines y los medios, con lo que el problema económico queda reducido a un problema técnico de mera asignación, maximización u optimización, sometido a unas restricciones que se suponen también conocidas. Es decir, la concepción de la Economía en Robbins corresponde al corazón del paradigma neoclásico y es completamente ajena a la metodología de la Escuela Austriaca tal y como hoy se entiende. En efecto, el hombre robbinsiano es un autómata o caricatura del ser humano que se limita a reaccionar de forma pasiva ante los acontecimientos. Frente a esta concepción de Robbins, hay que destacar la postura de Mises, Kirzner y el resto de los austríacos que consideran que el hombre, más que asignar medios dados a fines también dados, lo que realmente hace es buscar constantemente nuevos fines y medios, aprendiendo del pasado y usando su imaginación para descubrir y crear (mediante la acción) el futuro. Por eso, para los austríacos la Economía queda subsumida o integrada dentro de una ciencia mucho más general y amplia, una teoría general de la acción humana (y no de la decisión humana). Según Hayek, si para esta ciencia general de la acción humana "a name is needed, the term praxeological sciences now clearly defined and extensively used by Ludwig von Mises would appear to be most appropriate" (5)."

El subjetivismo austríaco frente al objetivismo neoclásico.

"Un segundo aspecto de importancia capital para los austríacos es el del subjetivismo. (6) Para los austríacos la concepción subjetivista consiste en el intento de construir la Ciencia Económica partiendo siempre del ser humano real de carne y hueso, considerado como actor creativo y protagonista de todos los procesos sociales. Por eso, para Mises "la teoría económica no trata sobre cosas y objetos materiales; trata sobre los hombres, sus apreciaciones y, consecuentemente, sobre las acciones humanas que de aquéllas se deriven. Los bienes, mercancías, las riquezas y todas las demás nociones de la conducta, no son elementos de la naturaleza, sino elementos de la mente y de la conducta humana. Quien desee entrar en este segundo universo debe olvidarse del mundo exterior, centrando su atención en lo que significan las acciones que persiguen los hombres".(7) Por eso, para los austríacos, y en gran medida a diferencia de los neoclásicos, las restricciones en Economía no vienen impuestas por fenómenos objetivos o factores materiales del mundo exterior (por ejemplo, las reservas de petróleo), sino por el conocimiento humano empresarial (el descubrimiento, por ejemplo, de un carburador que duplique la eficiencia de los motores de explosión tiene el mismo efecto económico que una duplicación del total de reservas físicas de petróleo)."

Sigue aquí: http://www.jesushuertadesoto.com/madre2.htm

Saludos

Vaya parece que el enlace no lleva al artículo en cuestión (aunque sea de la web del Profesor Huerta de Soto. Le pego el resto si no es mucha molestia.

El empresario austríaco frente al homo oeconomicus neoclásico.

La función empresarial es la fuerza protagonista en la teoría económica austriaca, mientras que, por el contrario, brilla por su ausencia en la ciencia económica neoclásica. Y es que la función empresarial es un fenómeno propio del mundo real que siempre está en desequilibrio y que no puede jugar ningún papel en los modelos de equilibrio que absorben la atención de los autores neoclásicos. Además, los neoclásicos consideran que la función empresarial es un factor más de producción que puede asignarse en función de los beneficios y costes esperados, sin darse cuenta de que, al analizar al empresario de esta forma, caen en una contradicción lógica insoluble: demandar recursos empresariales en función de sus beneficios y costes esperados implica pensar que se dispone de una información hoy (valor probable de sus beneficios y costes futuros) antes de que la misma haya sido creada por la propia función empresarial. Es decir, la principal función del empresario consiste en crear y descubrir nueva información que antes no existía y, mientras tal proceso de creación de información no se lleve a cabo, la misma no existe ni puede ser sabida, por lo que no hay forma humana de efectuar con carácter previo ninguna decisión asignativa de tipo neoclásico en base a los beneficios y costes esperados.

Por otro lado, hoy existe práctica unanimidad entre los economistas austríacos a la hora de considerar una falacia la creencia de que el beneficio empresarial se deriva de la simple asunción de riesgos. El riesgo, por el contrario, no da lugar sino a un coste más del proceso productivo, que nada tiene que ver con el beneficio empresarial puro (8).

La posibilidad del error empresarial puro (austríacos) frente a la racionalización a posteriori de todas las decisiones (neoclásicos).

No suele apreciarse el muy diferente papel que el concepto de error juega en la Escuela Austriaca y en la Escuela Neoclásica. Para los austríacos, es posible que se cometan errores empresariales puros (sheer entrepreneurial errors) (9) siempre que una oportunidad de ganancia permanece sin ser descubierta por los empresarios en el mercado. Es precisamente la existencia de este tipo de error el que da lugar al beneficio empresarial puro (pure entrepreneurial profit). Por el contrario, para los neoclásicos nunca existen errores genuinos de tipo empresarial de los que uno deba arrepentirse a posteriori (regrettable errors). Esto es así porque los neoclásicos racionalizan todas las decisiones que se han tomado en el pasado en términos de un supuesto análisis coste-beneficio efectuado en el marco de una operativa de maximización matemática sometida a restricciones. Por eso, los beneficios empresariales puros no tienen razón de ser en el mundo neoclásico y éstos, cuando se mencionan, se consideran simplemente como el pago de los servicios de un factor más de producción, o como la renta derivada de la asunción de un riesgo.

La información subjetiva de los austríacos frente a la información objetiva de los neoclásicos.

Los empresarios son constantes generadores de nueva información, que tiene un carácter esencialmente subjetivo, práctico, disperso y difícilmente articulable (10). Por tanto la percepción subjetiva de la información es un elemento esencial de la metodología austriaca que está ausente en la economía neoclásica, pues ésta siempre tiende a tratar la información de una forma objetiva. Y es que la mayor parte de los economistas no se dan cuenta de que cuando austríacos y neoclásicos utilizan el término información, están refiriéndose a realidades radicalmente distintas. En efecto, para los neoclásicos la información es algo objetivo que, al igual que las mercancías, se compra y vende en el mercado como resultado de una decisión maximizadora. Esta "información", almacenable en diferentes soportes, no es en forma alguna información en el sentido subjetivo de los austríacos: conocimiento práctico, relevante, subjetivamente interpretado, sabido y utilizado por el actor en el contexto de una acción concreta. Por eso los austríacos critican a Stiglitz y a otros teóricos neoclásicos de la información por no haber sido capaces de integrar su teoría sobre la información con la función empresarial, que siempre es su fuente generadora y protagonista, cosa que los economistas austríacos sí que han hecho. Además, para los austríacos Stiglitz no termina de entender que la información es siempre subjetiva y que los mercados que denomina "imperfectos", más que generar "ineficiencias" (en el sentido neoclásico) dan pie a que surjan oportunidades potenciales de ganancia empresarial, que tienden a ser descubiertas y aprovechadas por los empresarios en el proceso de coordinación empresarial que continuamente impulsan en el mercado (11).

El proceso empresarial de coordinación de los austríacos frente a los modelos de equilibrio (general y/o parcial) de los neoclásicos.

Los economistas neoclásicos suelen ignorar en sus modelos de equilibrio la fuerza coordinadora que para los austríacos tiene la función empresarial. En efecto, ésta no sólo crea y transmite información sino que, lo que es aún más importante, impulsa la coordinación entre los comportamientos desajustados de la sociedad. Toda descoordinación social se plasma en una oportunidad de ganancia que queda latente para ser descubierta por los empresarios. Una vez que el empresario se da cuenta de esa oportunidad de ganancia y actúa para aprovecharla, la misma desaparece y se produce un proceso espontáneo de coordinación, que es el que explica la tendencia que existe hacia el equilibrio en toda economía real de mercado. Además, el carácter coordinador de la función empresarial es el único que hace posible la existencia de la teoría económica como ciencia, entendida ésta como un corpus teórico de leyes de coordinación que explican los procesos sociales (12). Este enfoque explica que los economistas austríacos estén interesados en estudiar el concepto dinámico de competencia (entendido como un proceso de rivalidad), mientras los economistas neoclásicos se centran exclusivamente en los modelos de equilibrio propios de la estática comparativa (competencia "perfecta", monopolio, competencia "imperfecta" o monopolística). (13) Para Mises, y de acuerdo con la cita que encabeza este artículo, no tiene sentido la construcción de la Ciencia Económica basada en el modelo de equilibrio y en el que se supone que toda la información relevante para construir las correspondientes funciones de oferta y demanda se considera "dada". El problema económico fundamental para los austríacos es otro bien distinto: estudiar el proceso dinámico de coordinación social en el que los diferentes individuos empresarialmente generan de manera continua nueva información (que jamás está "dada") al buscar los fines y los medios que consideran relevantes en el contexto de cada acción en que se ven inmersos, estableciendo con ello, sin darse cuenta, un proceso espontáneo de coordinación. Para los austríacos, por tanto, el problema económico fundamental no es de naturaleza técnica o tecnológica, como lo suelen concebir los teóricos del paradigma neoclásico, al suponer que los fines y los medios están dados, planteando el problema económico como si se tratara de un mero problema técnico de optimización. Es decir, para los austríacos, el problema económico fundamental no consiste en la maximización de una función objetivo conocida sometida a restricciones también conocidas, sino que, por el contrario, es estrictamente económico: surge cuando los fines y los medios son muchos, compiten entre sí, el conocimiento en cuanto a los mismos no está dado, sino que se encuentra disperso en la mente de innumerables seres humanos que constantemente lo están creando y generando ex novo y, por tanto, ni siquiera se pueden conocer todas las posibilidades y alternativas existentes, ni la intensidad relativa con la que se quiere perseguir cada una de ellas (14).

Es más, es preciso darse cuenta de que incluso aquellas acciones humanas que más parezcan meramente maximizadoras y optimizadoras poseen siempre un componente empresarial, pues es preciso que el actor implicado en las mismas se haya dado previamente cuenta de que tal curso de acción, tan autómata, mecánico y reactivo es lo más conveniente dadas las circunstancias concretas del caso en que se encuentra. Es decir, la concepción neoclásica no es sino un caso particular, relativamente poco importante, que queda englobado y subsumido en la concepción austriaca, que es mucho más general, rica y explicativa de la realidad social.

Además, para los austríacos ningún sentido tiene la separación radical en compartimentos estancos entre la micro y la macroeconomía, tal y como se efectúa por los economistas neoclásicos. Por el contrario, los problemas económicos han de estudiarse conjuntamente e interrelacionados entre sí, sin distinguir entre la parte micro y macro de los mismos. La radical separación entre los aspectos "micro" y "macro" de la Ciencia Económica es una de las insuficiencias más características de los modernos libros de texto y manuales introductorios de Economía Política, que en vez de proporcionar un tratamiento unitario de los problemas económicos, como intentan Mises y los economistas austríacos, siempre presentan la Ciencia Económica dividida en dos disciplinas distintas (la "micro" y la "macroeconomía") que carecen de conexión entre sí y que, por tanto, pueden estudiarse separadamente. Como bien indica Mises, esta separación tiene su origen en la utilización de conceptos que, como el de nivel general de precios, ignoran la aplicación de la teoría subjetiva y marginalista del valor al dinero y siguen anclados en la etapa precientífica de la economía en la que el análisis aún se intentaba efectuar en términos de clases globales o agregados de bienes, más que en términos de unidades incrementales o marginales de los mismos. Esto explica el porqué se ha desarrollado toda una "disciplina" basada en el estudio de las supuestas relaciones mecánicas existentes entre agregados macroeconómicos cuya conexión con la acción humana es muy difícil, si no imposible, de entender (15).

En todo caso, los economistas neoclásicos han convertido el modelo de equilibrio en su centro focal de investigación. En él se supone que toda la información está dada (bien en términos ciertos o probabilísticos) y que existe un ajuste perfecto entre las diferentes variables. Desde el punto de vista austríaco, el principal inconveniente de la metodología neoclásica es que, al suponerse la existencia de un ajuste perfecto entre las variables y parámetros, muy fácilmente puede llegarse a conclusiones erróneas en cuanto a las relaciones de causa-efecto que existen entre los diferentes conceptos y fenómenos económicos. De esta manera, el equilibrio actuaría como una especie de velo que impediría al teórico el llegar a descubrir la verdadera dirección que existe en las relaciones de causa y efecto que se dan en las leyes económicas. Y es que, para los economistas neoclásicos, más que leyes de tendencia unidireccionales, lo que existe es una mutua determinación (circular) de tipo funcional entre los diferentes fenómenos, cuyo origen inicial (la acción humana) permanece oculto o se considera carente de interés (16).

El carácter subjetivo que los costes tienen para los austríacos frente al coste objetivo de los neoclásicos.

Otro elemento esencial de la metodología austriaca es su concepción puramente subjetiva de los costes. Muchos autores consideran que esta idea sin mucha dificultad puede incorporarse dentro del paradigma dominante neoclásico. Sin embargo, los neoclásicos tan sólo incorporan de forma retórica el carácter subjetivo de los costes y al final, aunque mencionen la importancia del concepto de "coste de oportunidad", siempre lo incluyen en sus modelos de una manera objetivizada. En todo caso, para los austríacos, coste es el valor subjetivo que el actor da a aquellos fines a los que renuncia cuando decide seguir y emprender un determinado curso de acción. Es decir, no hay costes objetivos, sino que éstos continuamente deberán ser descubiertos en cada circunstancia mediante la perspicacia empresarial de cada actor. En efecto, puede ser que pasen desapercibidas muchas posibilidades alternativas que, una vez descubiertas, cambian radicalmente la concepción subjetiva de los costes por parte de cada empresario. No existen, por tanto, coste objetivos que tiendan a determinar el valor de los fines, sino que la realidad es justo la contraria: los costes como valores subjetivos se asumen (y, por tanto, vienen determinados) en función del valor subjetivo que los fines que realmente se persiguen (bienes finales de consumo) tienen para el actor. Por eso, para los economistas austríacos son los precios de los bienes finales de consumo, como plasmación en el mercado de las valoraciones subjetivas, los que determinan los costes en los que se está dispuesto a incurrir para producirlos, y no al revés como tan a menudo dan a entender los economistas neoclásicos.

El formalismo verbal de los austríacos frente a la formalización matemática de los neoclásicos.

Otro aspecto de interés es la diferente posición de ambas escuelas respecto de la utilización del formalismo matemático en el análisis económico. Ya desde sus orígenes, el fundador de la Escuela Austriaca, Carl Menger, se cuidó en señalar que la ventaja del lenguaje verbal es que podía recoger las esencias (das Wessen) de los fenómenos económicos, cosa que no permite efectuar el lenguaje matemático. En efecto, en una carta de 1884 que escribió a Walras, Menger se preguntaba: "¿Cómo se podrá alcanzar el conocimiento de la esencia, por ejemplo, del valor, de la renta de la tierra, del beneficio empresarial, de la división del trabajo, del bimetalismo, etc., mediante métodos matemáticos?" (17). El formalismo matemático es especialmente adecuado para recoger los estados de equilibrio que estudian los economistas neoclásicos, pero no permite incorporar la realidad subjetiva del tiempo ni mucho menos la creatividad empresarial que son características esenciales del discurso analítico de los austríacos. Quizá Hans Mayer haya resumido mejor que nadie cuáles son las insuficiencias del formalismo matemático en economía al manifestar que "In essence there is an immanent, more or less disguised, fiction at the heart of mathematical equilibrium theories: that is, they bind together in simultaneous equations, non-simultaneous magnitudes operative in genetic-causal sequence as if this existed together at the same time. A state of affairs is synchronized in the "static" approach, whereas in reality we are dealing with a process. But one simply cannot consider a generative process "statically" as a state of rest, without eliminating precisely that which makes it what it is" (18). Esto hace que para los austríacos muchas de las teorías y conclusiones del análisis neoclásico del consumo y de la producción carezcan de sentido. Así, por ejemplo, la denominada "ley de la igualdad de las utilidades marginales ponderadas por los precios" cuyos fundamentos teóricos son muy dudosos. En efecto, esta ley supone que el actor es capaz de valorar de forma simultánea la utilidad de todos los bienes a su disposición, ignorándose que toda acción es secuencial y creativa, así como que los bienes no se valoran a la vez igualando su supuesta utilidad marginal, sino uno después del otro, en el contexto de etapas y acciones distintas, para cada una de las cuales la correspondiente utilidad marginal no sólo puede ser diferente, sino que ni siquiera es comparable.(19) En suma, para los austríacos el uso de las matemáticas en economía resulta vicioso porque las mismas unen sincrónicamente magnitudes que son heterogéneas desde el punto de vista temporal y de la creatividad empresarial. Por esta misma razón, para los economistas austríacos, tampoco tienen sentido los criterios axiomáticos de racionalidad que utilizan los economistas neoclásicos. En efecto, si un actor prefiere A a B y B a C, puede perfectamente preferir C a A, sin necesidad de dejar de ser "racional" o coherente, si es que, simplemente, ha cambiado de opinión (aunque sólo sea durante la centésima de segundo que dure en su propio razonamiento el planteamiento de este problema) (20). Y es que para los austríacos los criterios neoclásicos de racionalidad confunden la constancia con la coherencia.

La conexión con el mundo empírico: el diferente sentido del concepto de "predicción".

Por último, la distinta relación con el mundo empírico y las diferencias en cuanto a las posibilidades de la predicción oponen radicalmente el paradigma de la Escuela Austriaca al de la Escuela Neoclásica. En efecto, para los austríacos el hecho de que el científico "observador" no pueda hacerse con la información subjetiva que continuamente están creando y descubriendo de manera descentralizada los actores-empresarios "observados" que protagonizan el proceso social, justifica su creencia en la imposibilidad teórica de efectuar contrastaciones empíricas en economía. De hecho, los austríacos consideran que son las mismas razones que determinan la imposibilidad teórica del socialismo las que explicarían que tanto el empirismo, como el análisis coste-beneficio o el utilitarismo en su interpretación más estrecha, no sean viables en nuestra Ciencia. Y es que es irrelevante que sea un científico o un gobernante los que vanamente intenten hacerse con la información práctica relevante en cada caso para contrastar teorías o dar un contenido coordinador a sus mandatos. Si ello fuera posible, tan factible sería utilizar esta información para coordinar la sociedad vía mandatos coactivos (socialismo e intervencionismo) como para contrastar empíricamente las teorías económicas. Sin embargo, por las mismas razones, primero, del inmenso volumen de información de que se trata; segundo, por la naturaleza de la información relevante (diseminada, subjetiva y tácita); tercero, por el carácter dinámico del proceso empresarial (no se puede transmitir la información que aún no ha sido generada por los empresarios en su proceso de constante creación innovadora); y cuarto, por el efecto de la coacción y de la propia "observación" científica (que distorsiona, corrompe, dificulta o simplemente imposibilita la creación empresarial de información), tanto el ideal socialista como el ideal positivista o el estrechamente utilitarista son imposibles desde el punto de vista de la teoría económica austriaca.

Estos mismos argumentos son también aplicables para justificar la creencia de los austríacos en la imposibilidad teórica de efectuar predicciones específicas (es decir, referentes a coordenadas de tiempo y lugar determinados y con un contenido empírico cuantitativo) en economía. Lo que suceda mañana no puede conocerse científicamente hoy, pues depende en gran parte de un conocimiento e información que aún no se han generado empresarialmente y que hoy todavía no pueden saberse; en economía, por tanto, tan sólo pueden efectuarse, como mucho, "predicciones de tendencia" de tipo general, que Hayek denomina "pattern predictions". Estas predicciones serán de naturaleza esencialmente cualitativa y teórica y relativas, como mucho, a la previsión de los desajustes y efectos de descoordinación social que produce la coacción institucional (socialismo e intervencionismo) que se ejerce sobre el mercado.

Además, hay que recordar la inexistencia de hechos objetivos que sean directamente observables en el mundo exterior, y que se deriva de la circunstancia de que, de acuerdo con la concepción subjetivista de los austríacos, los objetos de investigación en economía no son sino las ideas que otros tienen sobre lo que persiguen y hacen. Éstas no son nunca directamente observables, sino tan sólo interpretables en términos históricos. Para interpretar la realidad social que constituye la historia, es preciso disponer de una teoría previa, requiriéndose además un juicio de relevancia no científico (verstehen o comprensión) que no es objetivo sino que puede variar de uno a otro historiador convirtiendo su disciplina (la historia) en un verdadero arte.

Finalmente los austríacos consideran que los fenómenos empíricos son constantemente variables, de manera que en los acontecimientos sociales no existen parámetros ni constantes, sino que todos son "variables", lo cual hace muy difícil, si no imposible, el objetivo tradicional de la econometría, así como el programa metodológico positivista en cualquiera de sus versiones (desde el verificacionismo más ingenuo al falsacionismo popperiano más sofisticado). Frente al ideal positivista de los neoclásicos, los economistas austríacos pretenden construir su disciplina de una manera apriorística y deductiva. Se trata, en suma, de elaborar todo un arsenal lógico deductivo (21) a partir de unos conocimientos autoevidentes (axiomas tal como el propio concepto subjetivo de acción humana con sus elementos esenciales) que o bien surgen por introspección de la experiencia íntima del científico, o bien se considera que son autoevidentes porque nadie puede discutirlos sin autocontradecirse (22). Este arsenal teórico es imprescindible, de acuerdo con los austríacos, para interpretar adecuadamente ese magma en apariencia inconexo de complejos fenómenos históricos que constituye el mundo social, así como para elaborar una historia hacia el pasado o una prospección de eventos hacia el futuro (que es la misión propia del empresario) con un mínimo de coherencia, de garantías y de posibilidades de éxito. Se entiende ahora la gran importancia que los austríacos en general asignan a la historia como disciplina, y a su intento de diferenciarla convenientemente de la teoría económica, relacionándola a la vez adecuadamente con la misma (23).

Hayek denomina "cientismo" (scientism) a la indebida aplicación del método propio de las ciencias de la naturaleza al campo de las ciencias sociales. Así, en el mundo natural, existen constantes y relaciones funcionales que permiten la aplicación del lenguaje matemático y la realización de experimentos cuantitativos en un laboratorio. Sin embargo, para los austríacos en economía, y a diferencia de lo que sucede en el mundo de la física y de las ciencias naturales, no existen relaciones funcionales (ni, por tanto, funciones de oferta, ni de demanda ni de costes ni de ningún otro tipo). Recordemos que matemáticamente, y según la teoría de conjuntos, una función no es sino una correspondencia o proyección biyectiva entre los elementos de dos conjuntos denominados "conjunto original" y "conjunto imagen". Pues bien, dada la innata capacidad creativa del ser humano que continuamente está generando y descubriendo nueva información en cada circunstancia concreta en la que actúa respecto de los fines que pretende perseguir y los medios que considera a su alcance para lograrlos, es evidente que en economía no se dan ninguno de los tres elementos que son precisos para que exista una relación funcional: a) no están dados ni son constantes los elementos del conjunto origen; b) no están dados ni son constantes los elementos que constituyen el conjunto imagen; y c), y esto es lo más importante, las correspondencias entre los elementos de uno y otro conjunto tampoco están dadas, sino que varían continuamente como resultado de la acción y de la capacidad creativa del ser humano. De manera que en nuestra Ciencia, y de acuerdo con los austríacos, la utilización de funciones exige introducir un presupuesto de constancia en la información que elimina radicalmente al protagonista de todo proceso social: el ser humano dotado de una innata capacidad empresarial creativa. El gran mérito de los austríacos consiste en haber demostrado que es perfectamente posible elaborar todo el corpus de la teoría económica lógicamente (24), es decir, sin necesidad de utilizar funciones ni de establecer supuestos de constancia que no encajan con la naturaleza creativa del ser humano, que es el verdadero y único protagonista de todos los procesos sociales que constituyen el objeto de investigación de la Ciencia Económica.

Hasta los economistas neoclásicos más conspicuos han tenido que admitir que existen importantes leyes económicas (como la teoría de la evolución y la selección natural) que no son empíricamente contrastables (25). Los austríacos han insistido especialmente en las insuficiencias de los estudios empíricos de cara a impulsar el desarrollo de la teoría económica. En efecto, los estudios empíricos como mucho pueden proporcionar alguna información sobre ciertos elementos de los resultados de los procesos sociales que se dan en la realidad, pero no proporcionan información sobre la estructura formal de dichos procesos, cuyo conocimiento constituye precisamente el objeto de investigación de la teoría económica. O dicho de otra forma, las estadísticas y estudios empíricos no pueden proporcionar conocimiento teórico alguno (en esto consistía, precisamente, el error en el que cayeron los historicistas de la escuela alemana del siglo XIX y que hoy en gran medida repiten los economistas de la Escuela Neoclásica). Además, y como bien ha puesto de manifiesto Hayek en su discurso de investidura como Premio Nobel, en muchas ocasiones, los agregados que son medibles en términos estadísticos carecen de sentido teórico, y viceversa, muchos conceptos con un sentido teórico transcendental no son medibles ni permiten un tratamiento empírico (26).

En suma, las principales críticas que los economistas austríacos hacen a los neoclásicos son las siguientes: en primer lugar, concentrarse exclusivamente en estados de equilibrio a través de un modelo maximizador que supone que esta "dada" la información que necesitan los agentes en cuanto a sus funciones objetivo y a sus restricciones; segundo, la elección, en muchos casos arbitraria, de variables y parámetros, tanto en cuanto a la función objetivo como en cuanto a las restricciones, tendiéndose a incluir aquellos aspectos más obvios, con olvido de otros de gran transcendencia, pero que tienen una mayor dificultad en cuanto a su tratamiento empírico (valores morales, hábitos, etc.); tercero, centrarse en modelos de equilibrio que tratan con el formalismo de las matemáticas y que ocultan cuáles son las verdaderas relaciones de causa y efecto; cuarto, elevar a nivel de conclusiones teóricas lo que no son sino meras interpretaciones de la realidad histórica que pueden llegar a ser relevantes en algunas circunstancias concretas pero que no pueden admitirse que tengan una validez teórica universal, puesto que tan sólo conllevan un conocimiento históricamente contingente. Las anteriores consideraciones no significan que todas las conclusiones del análisis neoclásico sean erróneas. Por el contrario, gran parte de ellas pueden ser adecuadas y gozar de validez. Lo único que los austríacos quieren resaltar es que no existe garantía en cuanto a la validez de las conclusiones a las que llegan los economistas neoclásicos, de manera que aquéllas que sean válidas pueden obtenerse de forma más fructífera a través del análisis dinámico que los austríacos preconizan, el cual tiene, además, la virtualidad de permitir aislar las teorías erróneas (también muy numerosas) al poner de manifiesto los vicios y errores que actualmente quedan ocultos por el método empírico basado en el modelo de equilibrio en que se basan los economistas neoclásicos.

Jesús Huerta de Soto

Catedrático de Economía Política

Universidad Rey Juan Carlos de Madrid

"Sólo podrá reproducirse total o parcialmente el contenido de este trabajo citando expresamente a su autor y al medio en donde fue originalmente publicado (indicado, en su caso, en la sección de bibliografía del Curriculum vitae). A quienes incumplan esta condición les serán aplicados las leyes civiles y penales que correspondan, a parte de las procedentes indemnizaciones por daños y perjuicios".

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(2) Israel M. Kirzner, Competencia y función empresaria, Unión Editorial, Madrid 1975, p. 45.

(3) Israel M. Kirzner, The Meaning of Market Process: Essays in the Development of Modern Austrian Economics, Routledge, Londres 1991, pp. 201-208.

(4) Lionel Robbins, An Essay on the Nature and Significance of Economic Science, Macmillan, Londres 1932 y 1972. Traducido al español por Daniel Cosío Villegas, Ensayo sobre la naturaleza y significación de la Ciencia Económica, Fondo de Cultura Económica, México 1944.

(5) F.A. Hayek, The Counter-Revolution of Science: Studies in the Abuse of Reason, Free Press, Glencoe, Illinois, 1952, p. 209. La traducción al español de la cita del texto principal podría ser la siguiente: "necesita un nombre, el término ciencias praxeológicas, ahora claramente definido y ampliamente utilizado por Ludwig von Mises, parece ser el más apropiado".

(6) La concepción subjetivista de los austríacos permite la generalización de la economía en una ciencia que trata sobre todas las acciones humanas que, por tanto, y tan sólo en apariencia paradójicamente, tiene plena validez objetiva.

(7) Ludwig von Mises, La acción humana: Tratado de economía, 5ª edición española traducida por Joaquín Reig Albiol y publicada con un "Estudio Preliminar" de Jesús Huerta de Soto, Unión Editorial, Madrid 1995, pp. 111-112. Más adelante, en la p. 169, Mises añade, en la misma línea, que "la producción no es un hecho físico, natural y externo; al contrario es un fenómeno intelectual y espiritual"

(8)Ludwig von Mises, La acción humana, ob. cit., pp. 953-955.

(9) Israel M. Kirzner, "A Tale of Two Worlds", en Advances in Austrian Economics, Jay Press, Greenwich, Connecticut 1994, vol. I, pp. 223-226.

(10) Véase especialmente Jesús Huerta de Soto, "The Economic Analysis of Socialism", cap. 14 de New Perspectives on Austrian Economics, Gerrit Meijer (ed.), Routledge, Londres y Nueva York 1995, pp. 228-253, y también Jesús Huerta de Soto, Socialismo, cálculo económico y función empresarial, Unión Editorial, Madrid 1992, pp. 52-67 y 104-110.

(11) La crítica austriaca a la teoría de Grossman-Stiglitz sobre la información debe consultarse en Esteban Thomsen, Prices and Knowledge: A Market Process Perspective, Routledge, Londres 1992.

(12) Rothbard y Kirzner han criticado la extrema posición subjetivista de algunos teóricos que, como Lachmann y Shackle, consideran que en el mercado no existe ninguna tendencia coordinadora. Este error tiene su origen en el desconocimiento de la fuerza coordinadora de toda acción humana de tipo empresarial. Véase Murray N. Rothbard, "The Present State of Austrian Economics", en el Journal des Économistes et des Études Humaines, vol. 6, nº 1, marzo de 1995, especialmente pp. 56-59; e Israel M. Kirzner, "Subjectivism and Austrian Economics", cap. 1 de New Perspectives on Austrian Economics, ob. cit., pp. 11-22.

(13) Mis colegas de la Escuela Austriaca suelen referirse a que los procesos empresariales llevan el sistema hacia el equilibrio, si bien reconocen que éste nunca se alcanza. Yo más bien prefiero hablar de un modelo distinto, que he calificado de big bang social, que permite el crecimiento sin límite del conocimiento y la civilización de una forma tan ajustada y armoniosa (es decir, coordinada) como sea humanamente posible en cada circunstancia histórica. Esto es así porque el proceso empresarial de coordinación social jamás se detiene ni agota. Es decir, el acto empresarial consiste básicamente en crear y transmitir nueva información que por fuerza ha de modificar la percepción general de objetivos y medios de todos los actores implicados en la sociedad. Esto a su vez da lugar a la aparición sin límite de nuevos desajustes que suponen nuevas oportunidades de ganancia empresarial que tienden a ser descubiertas y coordinadas por los empresarios. Y así sucesivamente, en un proceso dinámico que nunca se termina y que constantemente hace avanzar la civilización (modelo del big bang social coordinado). Véase Jesús Huerta de Soto, Socialismo, cálculo económico y función empresarial, ob. cit., pp. 78-79.

(14) A.M. Endres ha llegado incluso a referirse al "principio mengeriano de la no maximización". Véase su artículo "Menger, Wieser, Böhm-Bawerk and the Analysis of Economic Behaviour", History of Political Economy, vol. 23, nº 2, verano de 1991, pp. 275-295 y en especial la nota 5 al pie de la p. 281.

(15) "La economía moderna no pretende averiguar cuánto vale ‘el hierro’ o ‘el pan’, sino cuánto vale una precisa cantidad de hierro o de pan para un concreto individuo que actúa en un determinado tiempo y lugar. Del mismo modo debemos proceder cuando se trata del dinero. La ecuación de intercambio pugna con los principios básicos que informan el pensamiento económico. Equivale a recaer en los modos de pensar ya superados, típicos de épocas primitivas, en que la gente no lograba captar los fenómenos praxeológicos precisamente porque partía siempre de conceptos holísticos. Es un procedimiento estéril, al igual que las arcaicas especulaciones sobre el valor del ‘hierro’ o del ‘pan’ en general". Ludwig von Mises, La acción humana, ob. cit., p. 482.

(16) Mises denomina al modelo de equilibrio "economía de giro uniforme" (evenly rotating economy) y lo considera una construcción imaginaria de valor exclusivamente instrumental para mejorar la comprensión analítica de únicamente dos problemas de nuestra Ciencia: el surgimiento de los beneficios empresariales en un entorno dinámico, y la relación que existe entre el precio de los bienes y servicios de consumo y el precio de los factores de producción necesarios para llevarlos a cabo. En este aspecto concreto yo iría aún más lejos que el propio Mises, pues creo que puede explicarse perfectamente el surgimiento de los beneficios empresariales y la tendencia hacia la fijación de los precios de los factores de producción de acuerdo con el valor descontado de su productividad marginal sin hacer referencia alguna a modelos de equilibrio (general o parcial), sino tan sólo al proceso dinámico que tiende hacia lo que Mises denomina "estado final de reposo" (que nunca se alcanza). Véase Ludwig von Mises, La acción humana, ob. cit., pp. 302-303.

(17) L. Walras, Correspondence of Leon Walras and Related Papers, W. Jaffé (ed.), North Holland, Amsterdam 1965, vol. II, p. 3.

(18) Hans Mayer, "The Cognitive Value of Functional Theories of Price: Critical and Positive Investigations concerning the Price Problem", cap. XVI de Classics in Austrian Economics: A Sampling in the History of a Tradition, Israel M. Kirzner (ed.), William Pickering, Londres 1994, vol. II, p. 92. La traducción al español de la cita del texto es la siguiente: "En esencia, se produce en el corazón de las teorías matemáticas del equilibrio una ficción inmanente, más o menos camuflada: en efecto, todas ellas relacionan mediante ecuaciones simultáneas, magnitudes no simultáneas que sólo surgen en una secuencia genético-causal, como si éstas existieran juntas en todo momento. De esta manera, el punto de vista estático sincroniza los acontecimientos, cuando lo que existe en la realidad es un proceso. Sin embargo, uno no puede considerar un proceso genético en términos estáticos, sin eliminar precisamente su más íntima característica".

(19) Hans Mayer nos dice que cuando "all wants differing in kind or quality are not reciprocally present to one another, then the postulate of the law of equal marginal utility becomes impossible in the real world of the psyche". Y añade muy gráficamente, comentando lo absurdo teórico que es la sincronización forzada de estimaciones de utilidad que supone esta Ley, que "It is as if one were to express the experience of aesthetic value of hearing a melody -an experience determined by successive experiences of individual notes- in terms of the aesthetic value of the simultaneous harmonization of all notes of making up the melody". Hans Mayer, "The Cognitive Value of Functional Theories of Price", ob. cit., pp. 81 y 83. Análisis críticos muy parecidos pueden realizarse respecto de las curvas de indiferencia-preferencia, y del efecto renta-efecto sustitución. Véase, en este sentido, Pascal Salin, "The Myth of the Income Effect", The Review of Austrian Economics, vol. IX, nº 1, 1996, pp. 95-106.

(20) Ludwig von Mises, La acción humana, ob. cit., pp. 123-124. E igualmente Murray N. Rothbard, "Toward a Reconstruction of Utility and Welfare Economics", en Austrian Economics, Stephen Littlechild (ed.), Edward Elgar, Aldershot, Inglaterra 1990, vol. III, pp. 228 y ss.

(21) Así, por vía de ejemplo, sobresale la demostración que Mises efectúa en términos exclusivamente lógicos de la Ley de los Rendimientos Decrecientes (La acción humana, ob. cit., pp. 153-156). Esta demostración lógica se basa en el hecho de que, sensu contrario, si la mencionada Ley no se diera en el mundo de la acción humana, el factor de producción considerado como fijo tendría una capacidad productiva ilimitada y por tanto se convertiría en un bien libre. El matemático Karl Menger, hijo del gran economista austríaco, ha tratado, en nuestra opinión infructuosamente, de refutar el teorema de Mises sobre el carácter estrictamente praxeológico de la Ley de los Rendimientos Decrecientes. Véase Karl Menger, "Remarks on the Law of Diminishing Returns. A Study in Meta-Economics", Cap. 23 de Selected Papers in Logic and Foundations, Didactics, Economics, D. Reidel Publishing Co., Dordrecht, Holanda 1979, pp. 279-302.

(22) La primera es la posición mantenida por Rothbard y la segunda por Mises. Véase el resumen de la posición metodológica austriaca realizado por Hans-Hermann Hoppe en su Economic Essence and the Austrian Method, The Ludwig von Mises Institute, Auburn University, Auburn 1995; así como el muy reciente clarificador artículo de Barry Smith, "In Defense of Extreme (Fallibilistic) Apriorism", The Journal of Libertarian Studies, vol. 12, nº 1, Primavera de 1996, pp. 179-192.

(23) Una brillante, favorable y desapasionada explicación del paradigma metodológico de los austriacos puede encontrarse en Bruce Caldwell, Beyond Positivism: Economic Methodology in the Twentieth Century, Routledge, 2ª edición, Londres 1994, pp. 117-138. Sobre las relaciones existentes entre la teoría y la historia, el trabajo más importante es el de Ludwig von Mises, Theory and History, Yale University Press, Yale 1957 (traducido al español por Rigoberto Juárez-Paz, con el título de Teoría e Historia, Unión Editorial, Madrid 1975), así como la obra clásica de Hayek The Counter-Revolution of Science, ob. cit.

(24) Sería más preciso decir praxeológicamente. De acuerdo con Mises, la lógica se diferencia de la praxeología en que la primera es constante y atemporal, mientras que la segunda da entrada al tiempo y a la creatividad. Ludwig von Mises, La acción humana, ob. cit., pp. 119-120.

(25) Véase Sherwin Rosen, "Austrian and Neoclassical Economics: Any Gains from Trade?", manuscrito pendiente de publicación, The Mont Pèlerin Society General Meeting, Viena, 8-13 de Septiembre de 1996, p. 8.

(26) F.A. Hayek, "The Pretence of Knowledge", The American Economic Review, diciembre de 1989, pp. 3-7; traducido al español con el título de "La pretensión del conocimiento", cap. 1 de ¿Inflación o pleno empleo?, Unión Editorial, Madrid 1976, pp. 9-32.

ustedes son una boleta

holaaaaaaaaaaaaaaaaaaa….. chaooooooooo

patetico

q enbole q es leer todo eso,,,,, si escribieras mas corto capas alguien lo lee,,,, nadie busca un testamento…. es usar 2 neuronas,,, AVIVATE

la verdad es algo muy bello pero si pido una frase sean tan ambales de pornerme algo concreto no tanta palabreria porqeu con todo eso a veces no se explica bien

gracias

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