Archivo de diciembre, 2012

El deseo de miseria

 

En una etapa social, la de la sociedad medieval, no solo se aceptaba la miseria, sino que se estimulaba, pues los pobres daban a dios la posibilidad de mostrar su compasión, y a los ricos, la posibilidad de ganar indulgencias mediante la limosna.

La destrucción de la educación y de la investigación, dos objetivos claros del actual gobierno (por sus hechos los conocereis) llevan a la miseria de la población.

La población no ha conseguido salir, en España, yen 2013, de una cultura pueblerina, porque la educación no se estableció para conseguir una visión cosmopolita del mundo y hoy, con la destrucción del sistema educativo, mucho menos aún. La visión que tiene el español de la vida, de la sociedad, de los objetivos vitales, es la de las autonomías de España: La reconstrucción de pueblos minúsculos, encerrados entre sus paredes, hablando una lengua de 4 millones de personas y sin querer saber nada del sistema global, de la sociedad general del planeta. La visión mísera, en vez de la visón global.

No es posible interesar a la gran mayoría (digamos un 99.99%) de la población española en los problemas del mundo, y se queda, esta mayoría, en los problemas de su familia, de su patio de vecinos, de su barrio, de su -pueblo- y pare usted de contar. Si se interesa por el fútbol, se interesa por su equipo, o como mucho, por algún equipo tribal (Madrid, Barça). Se interesa por su cofradía, por sus ferias.

Hablar a esta población de cambio climático, de economía, del desarrollo de la China y de la India es como hablar en chino (y nunca mejor dicho).  La furia es inmensa si muere alguien de su tribu particular, la indiferencia es total si la muerte es de otros.

La educación que se proporcionó a lo largo de 34 años se basaba, en su aspecto más profundo, que ha coloreado toda ella durante estos 34 años, en el -desarrollo de la persona-, pero nunca en la -responsabilidad- de la misma frente a las ingentes cuestiones a las que se enfrenta esa misma persona como miembro de una sociedad global. Desarrollo significaba aprender a bailar, a tocar algun instrumento musical, a viajar, e incluso cuando la educación era técnica, en la universidad, a desarrollar habilidades individuales.

Este desarrollo personal, que es una responsabilidad -personal- y no del estado, ha substituido al desarrollo de la responsabilidad social, y al conocimiento profundo del mundo en el que esas -personas- viven.

El resultado es ideal para el ejercicio de la -democracia- entendida ésta como una justificación mediante el voto de ignorantes de los deseos y caprichos de los gobernantes ( a todos los niveles) votados por ellos, por unas personas que solo se interesan en esa -democracia- para satisfacer, no su responsabilidad social, sino -su derecho personal- a ese voto.

Nos va de miedo. Solo somos 6 millones de parados, o mejor dicho, x millones de parados e y millones de trabajadores en negro, que satisfacen -sus- necesidades olvidando las de los demás: El fruto de 30 años de educación.

¡Nos va de miedo!

 

 

 

 

 

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2012-La Ciencia en España

En 1570 España eligió la vía de la Inquisición, el Índice de libros prohibidos y la persecución a los humanistas. Tras la condena de Galileo por la Inquisición, en 1633 se dictó la orden de que en España no se enseñase el heliocentrismo. Poco a poco, y pesar de las investigaciones geográficas y de ‘Historia Natural’, España fue quedando apartada de las corrientes científicas del mundo, lo que se exageró de manera tremenda en el siglo XIX, llegando en 1906 a la frase lapidaria de Unamuno ‘¡Que inventen ellos!’, pidiendo para España el desarrollo de la mística nebulosa y una literatura basada no en la vida sino en la muerte.

En 2012 el gobierno español de mayoría absoluta del Excmo. Sr. D. Mariano Rajoy, y con la excusa de una crisis económica de efectos reales pero de causa ficticia, ha decidido, como hace 400 años,  dar un tremendo hachazo a la ciencia y a la educación en nuestro país. La ciencia crea seres humanos libres, aventureros, dispuestos y entusiasmados por encontrar cosas nuevas, nuevas tecnologías, pero tambien nuevas formas de organizar la sociedad, de la misma manera que en 1630 había españoles que pensaban que otra forma de vida era posible, libre, sin imposiciones, sin dogmas y sin las obscuridades del ‘misticismo’.

La ciencia en España ya sufría antes de 2012: En vez de una ciencia que buscase ideas nuevas era una ciencia que perdía miles de preciosas horas en tratar de conseguir una financiación que se había convertido en un complemento salarial más. Solo se concedía esa financiación para investigaciones ya hechas y para completar ideas gastadas, nunca para abrir caminos nuevos a la ciencia. Los rechazos a las propuestas de investigación incluían siempre la frase: ”Los resultados no estan garantizados”, invalidando con la misma toda la realidad de la investigación, que es una aventura intelectual en la cual los resultados NO están garantizados y de hecho ni siquiera se sabe cuales pueden ser.

La mejor imagen de la ciencia es el viaje de Colón, en el cual los resultados no estaban garantizados y además no fueron los que se buscaban, pero si fueron los que se necesitaban para la sociedad humana. España hizo entonces investigación de verdad, y la hizo desde 1492 hasta 1570: 78 años. España, con el paréntesis de la guerra civil y los años que la siguieron, ha hecho investigación durante 70 años. De la misma manera que se cerró la investigación en 1570 y se forzó una educación para formar eruditos que frenaban de cualquier manera la innovación, hoy se está repitiendo el proceso. Entoces fue la Inquisición. Hoy es la mordaza económica estatal la que cierra laboratorios y fuerza a los científicos a emigrar sin vuelta. Un familiar lee su tesis en física de partículas el 1 de Febreo de 2013. El 2 de Febrero está en Alemania trabajando para un instituto de allí. Todos nuestros alumnos de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Alcalá emigran al acceder al título. La formación que España ha pagado se rentabiliza en Alemania.

La mordaza económica es real como mordaza, pero una tomadura de pelo como excusa para el cierre. La ciencia y la educación son tremendamente rentables, lo que no es el caso de los sueldos y prebendas parlamentarias, el dinero disipado en sistemas de oligopolio, en empresas privadas que no compiten pues están protegidas por el sistema estatal, las televisiones que solo son gasto y nunca producción etc., etc.

Las universidades españolas no solo no apoyan a sus alumnos. Los profesores con ideas que quieren montar start-ups para traer dinero a las mismas, y generar empleo de los alumnos egresados se encuentran con tales reticencias políticas que el número de start-ups es infinitesimal.

La ciencia es la aventura del pensamineto, la innovación, la vida, la creación de riqueza.  Y en los gobiernos españoles la idea es destrozarla.

Las conscuencias, como las de la decisión de 1570: 360 años de miseria. Lo veremos.

 

 

 

 

 

 

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Necesitamos investigación, innovación, y para ello, enseñanza.

Estamos estos días asistiendo a dos procesos que nos distraen de los problemas reales de nuestras vidas y nuestro futuro. Mientras se desarrolla la pelea de machos dominantes en los montículos del paisaje español como lo hace en las sabanas africanas entre los papiones y monos semejantes, y mientras se retira el dinero productivo para convertirlo en deuda que solo genera intereses para los financieros, el esquema productivo interno cae sin cesar, en la más pura tradición española, la tradición que llevó a la destrucción sistemática del conocimiento en una estructura sin fisuras que se extiende desde 1560 hasta digamos, 1930.

La economía de un país puede ser extractiva o productiva, como bien dice Acemoglu, citando a otros muchos. En la economía extractiva, unos pocos viven bien extrayendo los recursos de una mayoría de pecheros que trabajan para ellos.  Las economías extractivas acaban agotándose, como se agotó la mina del Potosí en Bolivia.

En una economía productiva la riqueza se reparte, no equitativamente, pero si de manera dinámica, entre toda la población, y esa riqueza se recrea constantemente. La diferencia es la misma que entre el petróleo (extracción) y la energía solar (reparto y reproducibilidad). El petróleo da riqueza extrema a unos pocos y acaba agotándose como las minas de Rio Tinto, mientras que la energía solar puede permitir el acceso de muchos a la riqueza, a una riqueza esencialmente eterna, aunque nunca ofrecerá la opulencia concentrada del oro negro.

La economía productiva exige producir, claro, y exige, sobre todo, innovar. Los suelos se agotan y hay que cambiar el sistema de rotación de cultivos. Las minas se agotan y es preciso descubrir nuevos procesos. Los trabajos acaban haciéndose mucho más baratos en tierras lejanas y hay que inventar telares y barcos rápidos para mover los productos, ……

La economía extractiva está siempre satisfecha con el ”que inventen ellos”, obteniendo de los que inventan el producto acabado y, según Unamuno, devolviendo algo mucho mejor: la idea de la vida, la mística.

La idea, como idea, esta bien, pero el problema es que las ideas son gratis, las ideas las regalamos, y los productos los pagamos, aunque sean productos de software.  Los turistas se lo pasan en grande, con nuestro sol, nuestro arte, nuestras fiestas, pero no los compran.  Dejan algo de dinero, pero la diferencia es que para vivir -tenemos- que comprar las máquinas alemanas, o el software americano, pero nadie -necesita- unas vacaciones en España, que además solo dejan riqueza a una parte pequeña de nuestra población.

Las regiones ricas, las zonas que han repartido riqueza entre sus pobladores, pero sobre todo, que han incrementado el número de personas que acceden a niveles de una riqueza relativa,  han sido, desde el comienzo de los tiempos, aquellas que han desarrollado productos vendibles cada vez en mayor medida, en calidad y también, en algunos casos, en cantidad. Y para aumentar la calidad de los productos ampliando el espectro de los usuarios es -indispensable- la innovación.

Es una cuestión de definición: Lo tradicional, lo de siempre, lo de antes, es que X personas, y no más de X, disfruten y sigan disfrutando de un cierto nivel de riqueza. Lo -nuevo- es que haya cada vez más personas que accedan a ese nivel. Los que apoyan lo -tradicional-, lo -místico-, son aquellos que ya disfrutan de un cierto nivel de riqueza, y no tienen el mínimo interés en que ese nivel crezca hacia otras personas: En una palabra, los egoístas.

Pues bien, si para aumentar el nivel de riqueza se necesita innovar, para encontrar cosas nuevas se necesita investigar y para poder investigar con rendimiento, se necesita enseñar y estudiar.

Un país que decide desmontar la educación, deshacer la investigación, es un país que opta por la -no- innovación, por dejar las cosas cómo están. Es decir, que opta por mantener el nivel de pobreza, el número de parados, y los recortes en vez de la producción, el empleo y la creación de riqueza.

A los pocos que extraen, les es indiferente que los pecheros tengan más o menos.

Solo en las sociedades productivas el interés de los que más tiene es que también tengan más los que tienen menos, pues así estos les compran. Pero este interés no está presente en las sociedades extractivas. Este interés parece que no está presente hoy entre los ricos de España: Venden sus productos en el extranjero (las exportaciones son lo único que crece) y no hay en menor interés en que los españoles accedan algo de riqueza para comprar productos aqui dentro. Es claro que estamos marchando a ritmo acelerado de nuevo hacia una sociedad española extractiva: Impuestos a los pecheros, ventas hacia el exterior.

En España, basta con leer historias como las de Rosa Tristán sobre los buenos investigadores que tienen que emigrar a otras tierras, a sociedades productivas, para darse cuenta de en que sociedad estamos. Es una sociedad que solo quiere extraer para impulsar los gastos superfluos, los coches oficiales, los sueldos de parlamentarios, la basura televisiva, …. No quiere realmente producir para generar riqueza para todos.

El cerrar la investigación es cosa de extractores, no solo aquí, sino en los EEUU. El equipo de Romney quería recortar en ciencia y en investigación sobre energía. El mayor financiador de la campaña de Romney era un señor en quiebra que nos está engañando con el señuelo de querer  montar un casino en Madrid, algo que aquí se aplaude: Montar casinos está bien, mantener y aumentar la innovación, la ciencia no lo está, para muchos, en Madrid.

En un casino, el ejemplo perfecto de sociedad extractiva, el único que gana es el dueño, por definición. Un casino en España es mover el dinero sin aumentar la riqueza, y la parte de ganancias, enviarla hacia Las Vegas, Nevada, EEUU;  una forma de coger la riqueza de los españoles y llevarla hacia afuera.

En una sociedad innovadora, productiva, ganamos todos.

¿Que sociedad queremos, extractiva, productiva? ¿Queremos la investigación?

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