Archivo de julio, 2013

La Ciencia

Estoy leyendo estos días un libro que me ha recomendado una de las personas que hacen preguntas tras ver los vídeos de ”El por qué de las cosas” que con patrocinio de la Fundación La Caixa emite El Mundo los domingos.  Esta persona es una muchacha de 16 años, Patricia. Las preguntas que me hace me sacan de la depresión de una España feudal y tribal. Pienso que con estos jóvenes, si se pudiesen quedar en España, se podría volver a intentar, –intentar–, una vez más, la regeneración de un país que hoy rechaza la investigación, aunque sea para poner un sistema de control electrónico en los trenes.

El libro se titula ”Bankrupting Physics”, de Alexander Unzicker y Sheilla Jones, y lo leo en Kindle.

Describe en él cómo una parte de la ciencia es hoy algo similar a los sistemas de distribución de riesgo financiero, es decir, del intento de eliminación de ese riesgo, que crearon la inmensa burbuja inmobiliaria en los EEUU y en España, y se parece a la estafa monumental que realizó Grecia sobre Europa durante décadas.

Una señal de esta bancarrota es que el acelerador del CERN se cerró nada más aparecieron unas ligerísimas indicaciones de que podría haberse detectado el Higgs.

La ciencia es la búsqueda del conocimiento, pero con unas condiciones absolutamente estrictas. Si no se cumplen esas condiciones la ciencia se convierte en mística, en filosofía barata, e incluso en estafa.

Uno de los socios fundadores de las teorías de cuerdas tiene unos 300 artículos sobre las matemáticas de las mismas, en ninguno de los cuales ofrece comparación alguna con resultados experimentales.

Hay un número inmenso de problemas no resueltos sobre la constitución del mundo, sobre cómo funciona, sobre cómo interaccionan entre sí sus componentes medibles (no las imaginaciones centáuricas derivadas de fórmulas matemáticas): Esos problemas van desde qué pasa en el interior de la Tierra, a 20 km de profundidad, aquí al lado, a como muta la vida microscópica mucho más rápidamente de lo que podemos combatir algunas de esas mutaciones que son letales, a la biodiversidad, a las leyes que producen fenómenos emergentes en sistemas complejos sometidos a interacciones no lineales, como puede ser, por ejemplo, la sociedad humana.

La ciencia fue un descubrimiento de Galileo. Una mutación aleatoria, no de los genes, sino de los memes sociales.

La ciencia es un método de trabajo cuyo objetivo es el conocimiento del mundo, y cuyo procedimiento es la libertad de tareas, la cooperación universal, y sobre todo, la validación o falsación de sus teorías en laboratorios absolutamente independientes mediante experimentos u observaciones repetidos miles de veces.

La ciencia no es una empresa en la cual se fijan unos objetivos concretos a alcanzar en un plazo fijo. Eso es hacer mesas, sillas o barcos, pero no es ciencia. No se pueden proponer proyectos de investigación en los cuales se especifique que es lo que se va a encontrar, y las fechas trimestrales en las cuales se van a alcanzar  descubrimientos parciales que lleven al descubrimiento final. En la ciencia no hay diagramas de Gantt.

Si escuchan a alguien que dice que se ha conseguido estandadizar el proceso de invención, los resultados científicos; que con sus métodos se descubren -x- cosas nuevas cada día o cada año, aléjense corriendo de ella. Es lo mismo que si escuchan decir que la didáctica se ha convertido en un proceso estándar y que se puede enseñar mediante fórmulas concretas. Esos, no profesores, sino técnicos de la enseñanza, producen alumnos absolutamente ignorantes, salvo mutaciones meméticas.

 

Los descubrimientos son todos, –todos–, procesos humanos estrictamente individuales, a pesar de que hoy se encuentren publicaciones firmadas por cientos y algunas por miles de personas.

La mejor manera, la única manera de estimular los descubrimientos es crear las condiciones ambientales en las cuales los investigadores puedan desarrollar su trabajo mental con entera libertad, sin prisas ni agobios, y los laboratorios que permitan validar o falsar esas ideas. En una mayoría de casos no se descubrirá nada, pero los descubrimientos que, con absoluta seguridad, se producirán, serán tan valiosos como para justificar la inversion realizada.

Es un proceso altamente ineficiente, en el sentido financiero: No hay garantía de beneficio de cada inversión concreta, pero siempre, siempre, hay resultados inmensamente útiles, generalmente a partir de proyectos que los financieros habían despreciado de antemano.  Es un proceso de alto riesgo de inversión, pero como todo lo que conlleva riesgo, si produce, produce beneficios ingentes.

Compárenlo ustedes con la inversión en pensiones de jubilación.

El descubrimiento del transistor fue una invención inesperada y no buscada. Sus beneficios para la humanidad han sido incluso superiores a los de las vacunas y antibióticos.

La búsqueda de la fusión controlada lleva gastados miles de millones de euros, y el trabajo de decenas de miles de científicos. Resultado: Nulo.  Se busca alcanzar un objetivo concreto, y esto nunca se consigue en la ciencia.

¿Darán frutos los últimos esfuerzos regeneracionistas en España? Es dudoso, porque la mentalidad profunda de éste país rechaza el principio de precaución, la invención con riesgo de fracaso. Aquí, en trenes del siglo XXI se implantan sistemas de seguridad del siglo XX, porque ”están probados”.

Pero tenemos que volver a intentarlo, intentarlo una y otra vez. Quizás en el n-ésimo intento despegue de una vez la ciencia, la de verdad, en España.

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España eterna: El odio hacia la ciencia

(Publicado tambien en elmundo.es, blog clima)

Se odia la ciencia porque es libre, individual, personal. En España solo se acepta el esquema tribal, 100.ooo personas en el Camp Nou, un millón en EL Rocío, x mil en San Fermín. Las cofradias, las peñas. No se puede crear nada nuevo, todo tiene que ser ”según se ha hecho”, según las normas. En una asignatura que comparto con ingenieros estos enseñan los alumnos nada más que en qué lugares se pueden encontrar las normas oficiales que se refieren al tema en cuestión. Innovación, ¿en España? Emprendedores ¿en España?

He estado leyendo los comentarios de los lectores de  elmundo.es a un artículo sobre el estrangulamiento de la investigación en España. Puesto que los políticos (incluida la posible corrupción y deriva de dinero público a bolsillos privados, Bárcenas, Gurtel, EREs, Palaus y demás) solo son caja de resonancia de los ciudadanos, es decir, hacen lo que una buena cantidad de ciudadanos querría hacer,  se entiende de maravilla que la Secretaría de Estado de Investigación tenga el mandato de destrozar esa disciplina en España.

Es curioso que hasta los ”directores” de los centros de investigación disculpen la destrucción de ésta en España. Un director es alguien que quiere seguir subiendo en la escala política, y las críticas a los bosses son malas para ello. Se saca siempre a colación ”las circunstancias económicas”, y debo ser muy borde, a pesar de 30 años en ciencia, pero no consigo entender esto de ”las circunstancias económicas”.  Se han dado unos 160.000 millones a los bancos, tirados al desagüe. Y miles de millones para muchas otras cosas como ¿gastos electorales? y televisiones decuplicadas. ¿No hay 1000 millones para la ciencia?

Desde 1300, por lo menos, los ciudadanos españoles, sin intervalos ni fisuras, han rechazado el estudio y la investigación, salvo los que se referían a preguntas tan interesantes como cuantas almas hay en el infierno, cuanto tiempo se pasa uno en el purgatorio, y cuantos ángeles caben en la cabeza de un alfiler. Hasta un rector de una universidad española, la de Salamanca, elogiaba el interés por la ”espiritualidad” rechazando como tarea de menestrales indigna de hidalgos y eclesiásticos el estudio de la materia y la energía.

Al español medio (con maravillosas excepciones) le pasa lo que al autor del Génesis: El cosmos, el mundo, le da para 7 líneas, y jamás se pregunta sobre cómo esta hecho, cómo empezó, cómo funciona. Existe, y vale ya.  Hay preguntas chorras y preguntas realmente importantes cómo las del párrafo anterior.

Cuando una persona que hoy ostenta responsabilidades relativamente importantes (solo relativamente, España es, cómo California, o Florida, uno más de los estados de la Unión) hablaba de hilillos negros refiriéndose al Prestige, o mostraba su rechazo a la realidad del cambio climático (o  a la realidad en general) representaba a millones de españoles para los cuales hay cosas (aún no se sabe cuales), mucho más importantes.

Quizás esas cosas sean la riqueza de España y los españoles. ¿Cómo se consigue esa riqueza?  Estoy leyendo estos días un libro sobre las innovaciones en las guerras europeas: ”The military revolution: Military innovation and the rise of the West”, de Geoffrey Parker. Deberían leerlo los españoles. Habla de ”el ascenso de Occidente” pero podía haber escrito: ”y la decadencia española”.  En la época de Enrique VIII, el de las Bolenas, y Tomas Moro,  el gobierno inglés invirtió una cierta cantidad de dinero en diseñar cañones ligeros y potentes, y en estudiar cómo se montaban en barcos no muy grandes. La idea era crear una estructura naval flexible, maniobrable y rápida, cómo hizo Temístocles en Atenas frente a la amenaza persa. España no invirtió dinero en innovación y utilizaba grandes y pesados galeones y cañones casi inmanejables. Eso sí, en la Armada Invencible viajaban 180 eclesiásticos, entre sacerdotes y monjes.

La inversión dió resultado. A los ingleses. (Lo mismo pasó luego con Gibraltar, y llevamos 300 años.)

Tras ese desastre España se encerró aún más dentro de sí misma rechazando toda nueva idea, toda apertura de la mente al mundo, todo esquema de innovación mental.  Mientras Holanda e Inglaterra se abrían a todas las nuevas tecnologías, sin miedo, sin rechazo y buscándolas, en España aquellos que trataban de hacer eso eran, quizás no quemados, pero sí denigrados y apestados en la sociedad. Basta con recordar lo que aquí ya he contado (es claro que me repito, pero en esto sigo a Ansón, y su teoría de la gota de agua que horada la piedra) del rechazo al canal del Tajo Lisboa-Toledo.   Así hasta Unamuno.  En el siglo XX ha habido dos renacimientos científicos, y ambos se abortaron cuando empezaban a dar frutos. Uno de ellos, ahora, en 2013.

Lo mismo que hoy falta un objetivo claro para la evolución de España (ahora solo tenemos parches y parches para controlar el déficit de cada día,  ¡vaya un objetivo!) en la historia de España desde 1500 no hemos tenido otro objetivo, cuando ha existido, que ”defender la ¿verdadera? (¿cómo se puede probar que es la verdadera?)  religión, hasta en 1945 cuando Alvareda animaba a los jóvenes a investigar ‘para mayor gloria de Dios’.

¿Que dicen los comentaristas del artículo de ElMundo.es que señalo?

Tanto invertir, ¿para qué nos ha servido?”

”Las universidades son el mayor foco de corrupción de España”

”El dinero de proyectos sirve para viajar”

”Pedir dinero a las empresas …”

”Cuando el Estado invierte en I+D es una ¿escusa? para el electorado…”

”Extraer impuestos para dárselos a los científicos…”

”Los proyectos sirven para ‘pillar’ pasta y contratar a los ‘amiguetes’ …”

”Las publicaciones no suelen valer para nada…..”

…….

Hoy no se defiende la religión frente a la ciencia. Sencillamente se rechaza ésta porque ”no sirve para nada, mas que para contratar amiguetes”.

Esto de los amiguetes, familiares, etc.  es una constante no solo en los comentarios de ElMundo.es, sino en los propios artículos. Yo llevo toda mi vida en la Universidad  y amiguetes, aquí como en las empresas mas competitivas, en Alemania cómo en los EEUU y en la China.  Es más, he visto como personas de enorme valía eran rechazadas en la universidad por ser familiares de uno o amigas de otro .

Dejando esto aparte, ¿Qué quieren estos comentaristas, y otros millones de ciudadanos que piensan cómo ellos aunque no escriban? Si lo que quieren en una miseria generalizada, pero todos exactamente iguales entre sí (es decir, un mundo de clones del mediocre más mediocre que nunca haya habido), lo demuestran claramente en sus comentarios.

O quizás quieran riqueza para todos. Supongamos esto último.

Empecemos por cómo los holandeses y los ingleses crearon realmente el pool de riqueza que les permitió lanzar el capitalismo.  Antes de 1700, digamos, el ganado duraba en Europa 9 meses. En invierno no podía comer y había que sacrificarlo por San Martín.  Esto era tirar la riqueza por el desagüe.  Los holandeses se dedicaron a experimentar, como experimentaron los primeros agricultores que sacaron a los seres humanos del estadio cazador-recolector.  Dieron con el simple hecho (simple, como casi todos los descubrimientos) de que los nabos podían alimentar al ganado durante el invierno, de manera que éste, en vez de mantenerse en un pequeño número de animales, podía aumentar exponencialmente. Y al experimentar con los nabos, descubrieron la idea de la rotación de cultivos entre cereal, alfalfa y nabos, que permitía producir al menos tres veces más que sin ella. Los ingleses les siguieron y mejoraron el invento.

Con el capital generado por el surplus de producción se incrementó exponencialmente la demanda de tejidos, y los artesanos ingleses descubrieron cómo producir mucho más. Sin el incremento de demanda, Arkwright no hubiese pensado que valía la pena experimentar con su máquina. A partir de aquí se desarrolló la máquina de vapor para mover los telares, y el resto de los descubrimientos que han hecho posible la vida que llevan todos estos que rechazan la investigación; éstos qué, cómo Unamuno, piensan que lo importante es la literatura de la miseria escrita por personas a la luz de una vela con un kilo de pan por todo alimento diario.

España, espiritual, rechazó de plano la idea de los nabos, la alfalfa y la rotación de cultivos hasta bien entrado el siglo XX. Y como con ésto, casi con todo. Eran inventos ‘protestantes’, o ‘materialistas’.

¿Que sugieren los comentaristas,  que parece que quiere el pueblo español? Desde el Génesis, la idea tribal es que las cosas ”están ahí”. Esta noción la tiene hasta el principal gestor de impuestos de la España de hoy.  Que la riqueza no se crea, sino que se coge de la alacena y se reparte a quien, por no ser amiguete, y sin saber hacer la O con un canuto, tiene derecho (porque la tribu debe repartir lo que tenga por igual) a las sinecuras que cada uno estime oportuno disfrutar, eso sí, sin ser amiguete.

Es preciso fajarse, buscar cada día cosas nuevas, y sobre todo buscar no cosas, sino cada día nuevas formas de actuar, de pensar, ideas que organicen los recursos existentes para sacar el mayor rendimiento de los mismos y sacar el mayor numero de recursos nuevos.

Y esto, señores comentaristas representantes de los ciudadanos, solo se consigue con un trabajo muy duro, de 12 horas 7 días a la semana pensando y experimentando sin parar. Investigando.

Sé que no cambiaremos.

Pero por lo menos que quede descrita la realidad, la realidad de cómo acceder a la riqueza.

La pobreza puede ser agradable: Puede uno pasarse el día entero tumbado debajo del olivo esperando a que le caiga la aceituna en la boca. Pero los olivos se secan, se queman.

Y entonces, ¿qué?

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Una propuesta positiva sobre educacion e investigacion

(Publicado tambien en ElMundo.es)

En la Atenas clásica, una vez al año se celebraba el rito del Misterio de Eleusis (probablemente un antecesor de El Rocío de Huelva). Una vez llegada la muchedumbre histérica a aquel pueblo cerca de Atenas, se la hacia recorrer una y otra vez las calles sin sentido y organización alguna, hasta que se sentían absolutamente perdidos.

Hoy, en Europa, en sus estados, en los EEUU, en los países del Islam, reina la  misma sensación de estar perdidos, sin rumbo fijo en la vida. ¿Qué queremos? Sobre todo, ¿Qué queremos conseguir?

Hubo épocas en que se quería que todo el mundo estuviese sometido al Islam, en otros periodos, que toda Europa fuese católica o protestante, … En el siglo XX a veces queríamos conquistar el espacio, otras veces erradicar la miseria, incluso a veces llegar a trabajar 4 horas al día, 4 días a la semana y holgar el resto del tiempo como bonobos: Completar el ciclo y volver a la selva como estos parientes nuestros.

Pero hoy ya no sabemos lo que queremos. No lo saben los gestores sociales, ni lo sabemos nosotros como sociedad, ni siquiera como sociedades parciales (individuos, familias, regiones, estados, el planeta entero).

Los gestores sociales, sobre todo aquí y en los EEUU, solo tienen interés en mirarse un partido al otro. Es un juego aburridísimo que solo interesa a los jugadores, y ni siquiera a todos ellos, y que se desarrolla ante la estupefacción de la sociedad que preferiría una atención mas directa a los ciudadanos que son quienes pagan el juego.

En España hemos entrado, desde principios de 2013, en un estado catatónico en el cual se anuncian decisiones sin ton ni son, decisiones que no se completan, que no se cumplen, que se apolillan en cajones olvidados.

Energía eléctrica, reforma de las Administraciones, educación a todos los niveles,  investigación, industria competitiva, modelo de Estado, hasta el juego. No hay línea de acción para nada de esto, y evidentemente, mucho menos para su coordinación y el desarrollo de los efectos sinérgicos de la misma.

Un objetivo razonable para individuos, familias, regiones, estados,  para el planeta entero es ser ricos, por ejemplo. Creo que es un objetivo práctico, decente, moral, realizable y alejado de cualquier ideología. Como el peso del baño nos aleja de cualquier ilusión sobre nuestra posible obesidad, la riqueza es, de la misma manera,  una medida objetiva del bienestar.

¿Qué es la riqueza? Hay dos definiciones, una tradicional desde hace miles de años, y que es idealista e impracticable, la otra que se expone poco, perfectamente practica y realizable.

La riqueza ”tradicional” es tener más que los demás y por tanto hacer a los demás que trabajen para el rico. Satisface el ansia primate de jerarquía, y realmente, salvo ese problema psicológico, no lleva a absolutamente nada. Hay milmillonarios en el mundo que se sienten felices al saber que tienen un dinero en un subterráneo en una isla del caribe. Esta riqueza desaparece, generalmente en el plazo de años, genera malestar social, y no produce una sociedad humana, sino animal.

Esta riqueza no sirve de nada, ni siquiera a los que la poseen.

Hay otra riqueza, que es el disfrute de recursos. Si tenemos un coche que funciona, aunque no sea una carroza dorada, si tenemos una vivienda cómoda, aunque no sea un palacio, si podemos calentarnos en invierno y estar frescos en verano, leer, escribir, hacer o escuchar música, educarnos, pasear por un bello paisaje, somos ricos de verdad, pues todo eso son realidades objetivas que nos permiten disfrutar realmente de la vida, dejando de lado psicosis, a ”la Breton” y similares, de cómo se comportan los demás conmigo, situaciones que, como la mística medieval frente a la ciencia, representan una mera subjetividad indemostrable frente a la objetividad palpable.

La primera riqueza exige robo, rapiña, lucha, traiciones, avances y retrocesos, y al final acaba siempre en nada.  Luis XIV la quería, decidió robar a los estados alemanes su tierras y sus gentes, decidió rapiñar Holanda. Tras años de guerras, dejo una Francia en bancarrota y arruinada. Un esfuerzo psicótico para realmente nada. Cómo él, otros muchos, o casi todos.

Suiza decidió trabajar tranquila, vender relojes y tecnología, no meterse con nadie y crear el segundo tipo de riqueza. A la vista están los resultados.

Gentes en España han querido esta riqueza. Estan en las cárceles, otros arruinados, otros temblando de miedo. Nunca ha servido de nada a nadie, y mucho menos a los ciudadanos, que somos quienes, al final, pagamos siempre ese juego.

Crear riqueza, por y para todos, implica establecer unos objetivos concretos, prácticos y realizables. Se puede hacer por etapas, con hojas de ruta fáciles de diseñar, con logros y fracasos, pero avances continuos.  Es factible y es para todos. Implica cooperar, como un equipo, implica construir en vez de destruir, e implica cuidar lo que nos rodea para garantizar esa riqueza tanto hoy como mañana.

Puedo poner ejemplos de ecologista, pero para aquellos que nos rechazan, prefiero ejemplos duros, sacados de los esquemas del primer tipo de riqueza. Roma basó su poderío psicótico en la explotación de los esclavos obtenidos por guerras de conquista. Acabó con ellos como los tejanos han acabado con su petróleo, y los estadounidenses acabarán con su gas natural.  Para tratar de conseguir más esclavos, su fuente del primer tipo de  riqueza, extendieron sus campañas militares a zonas tremendamente alejadas, y para poder mantener los ejércitos a esas distancias, tuvieron que contratar ejércitos de ”bárbaros”. Las derrotas se fueron sucediendo, y los ejércitos bárbaros, bien ilustrados y entrenados por los romanos, invirtieron la dirección y conquistaron, ellos, el imperio.

Los romanos tenían la tecnología disponible para generar riqueza real del segundo tipo, para producir recursos abundantes, pero la rechazaron, por su ansia de riqueza psicótica del primer tipo.

Hoy estamos, en España, destruyendo en unos años (empezó hace unos seis y la destrucción se ha acelerado en los dos últimos) todas nuestras capacidades para generar riqueza real.

Respecto a la energía, seguimos quemando carbón agotable, sin eliminar nuestra dependencia y pagos al exterior mediante nuestra propia tecnología, una tecnología que puede, perfectamente, generar toda la energía que consumimos en España, y de la cual la electricidad no es más que un 35%. Generar energía propia es crear riqueza, pues es disfrutar de un recurso real. Seguiremos quemando petróleo para mover nuestros coches y camiones, cuando podemos reducir esa quema a la mitad, y fabricar nuestro propio combustible con energías renovables. Recursos reales para todos.

Pero no los producimos. Preferimos comprarlos y disiparlos.

La investigación: La estamos destruyendo, cuando es la esencia de la creación de recursos reales. Los recursos conocidos están todos sobreexplotados. La única forma de aumentar el disfrute de recursos (es decir, de extender el uso de coches, de biocombustible o eléctricos, de viviendas de coste cero, de cultura y educación) es generar otros nuevos, y para esto la única posibilidad es la investigación científica,  tecnológica y cultural.

Pero estamos destruyendo la investigación.

La educación: Solo es educación la que de verdad consigue que el alumno conozca más de lo que conoce el profesor.  Necesitamos sociedades cada vez más educadas para que generen recursos cada vez mayores, recursos materiales, pero también culturales (culturales, no genéticos).

Pero estamos destruyendo la verdadera educación: Nuestros alumnos rara vez acaban sabiendo mas de lo que sabe el profesor.

Y estamos destruyendo nuestro entorno: La visión es una esponja estrujada hasta que ya no queda mas agua dentro.  Hoy leía de una compañía minera en Sudáfrica que hace bajar a los trabajadores a 3000 metros de profundidad, a 78ºC de temperatura.  ¿Para sacar algo productivo? Para sacar oro. Los estadounidenses están estrujando su subsuelo para sacar gas, y en la China se están hundiendo los terrenos porque se les está vaciando de su sostén: El agua.

Y claro, no podía faltar en este blog el cambio climático.

Lo que hay de hoja de ruta, de objetivo en España, si lo hay, es pagar a los gestores sociales (en el sentido amplio, incluyendo empresas de nula actividad), a los parados y a los jubilados. Ninguno de estos pagos genera recursos, es decir, riqueza, y lo que si hacen es disiparlos, a marchas aceleradas. Estamos estrujando la esponja humana y estrujando nuestra casa común, allí donde vivimos.

Lo mismo ocurre en los EEUU, y en una generalidad de países.

Lo que aquí propongo si es una hoja de ruta, con etapas y medidas como la de la báscula del baño.  La creación continua de riqueza para todos los seres humanos del planeta, y de riqueza perdurable en un entorno ‘sin estrujar’.

Tenemos que empezar por disponer de toda la energía que necesitamos, propia. A continuación, y al mismo tiempo, dedicar a la investigación a todos los jóvenes brillantes que habrán salido de colegios donde los premios y aplausos serán para los ”empollones” de 10, estimulando a todos, no a pasar de curso con -n- suspensas, sino a no suspender jamás una sola asignatura. Se puede hacer.

Tenemos que crear ciudades y metrópolis de alta produción y casi nula disipación. Y bellas. Se puede hacer. Sabemos hacerlo.

Y esto rodeado de la mejor cultura posible, no la salvajada tipo botellón, sino el arte sofisticado, no el quemar gasolina en circuitos de asfalto con máquinas muertas, sino en el disfrutar de la vida. Para todos.

Todo esto se puede hacer si se decide hacerlo: Es, sencillamente respetar y estimular el potencial humano que todos tenemos, en vez de degradarlo apoyando las soluciones más elementales y facilonas, que destruyen la sociedad y denigran a cada uno de nosotros, desde artista hasta el camarero. Estimular al alumno a sacar dieces, en vez de cuidarlo, ¡pobrecito! para que supere el trauma de la escuela con la mitad suspensas. Eso es denigrar a la persona.  Se trata de ayudar a pensar, no de apoyar lo más salvaje que alguien quiera hacer, sino lo mas sublime que esa misma persona ansíe.

Es, sencillamente, cambiar de perspectiva. Es invertir la idea de la Inquisición de tener una sociedad de borregos, a considerar a cada persona como capaz de los mas altos logros.

Es razonable.

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