Archivo de enero, 2014

Necesitamos una nueva teoría económica – 2.

La idea del expolio como parte esencial de la conquista de riqueza deriva de la evidencia tanto de la historia como de la evolución económica mundial a partir de 1800. En Egipto los Faraones se hicieron ricos concentrando en si mismos (y su aparato de control) el surplus de los campesinos del Nilo, y adicionalmente, en cuanto hubieron dedicado una parte de ese surplus a montar un ejército, mediante robo directo de sus fronteras sur (Nubia) y Este (Palestina, Libano, Siria).

En Sumer se puso en marcha la agricultura. En cuanto se hubo acumulado surplus suficiente, los que rodeaban Sumer empezaron a robar: Akkad, Babilonia, Asiria, los persas, Alejandro Magno, aunque este, cosa rara, y por eso es ‘Magno’, mas que robar, extendió la civilización, la democracia, al menos la de los ciudadanos como la de Atenas,  y la cultura.

Lo de los romanos fue, sin embargo, un expolio querido y buscado, un robo sistemático para tener al mundo como esclavo.

La misma idea de robo, conquista, expolio, esclavos, se extendió por el mundo a partir de Mahoma, que escribe en su libro que todos los que no sean islámicos pueden ser esclavizados, no son personas.  Las tribus de Siberia aceptaron el islamismo y se lanzaron al robo descarado de todo lo que les rodeaba.

En Europa, los castellanos y aragoneses hacían sus fortunas robando a los reinos bereberes de la Península, y fue la continuación de este esquema de latrocinio lo que marcó que cuando llegaron a América decidieran hacerse ricos robando a los pueblos amerindios. Los ingleses no les fueron a la zaga y decidieron robar a los españoles y a los indígenas del continente americano en lo que hoy son los EEUU, al mismo tiempo que robaban personas negras para que les cultivaran el azúcar, luego el tabaco y el algodón.

Llevamos imbuido en el cerebro, llevamos como background mental, como estructura ignota de nuestro pensamiento la idea del robo, la idea de que para hacerse rico la única posibilidad es robar. Y se sistematiza y se racionaliza, como entre los ”lobos” de Wall Street, que consideran ”comme il faut”, lo normal, ganar un millón de euros al mes por traspasar dinero de unos bancos a otros.  O por personas en España que consideran que ”trabajar” es cobrar decenas de miles de euros al mes por tirar de agenda telefónica.

Es preciso, es urgente sacar ese pensamiento, ese marco mental, de su estructura implícita, desconocida, a una visión explícita. Es preciso que los modelos matemáticos de la teoría económica se rehagan explicitando esta idea de robo como robo, y no que este robo quede diluido dentro de hipótesis y razonamientos especiosos que los disimulan hasta hacerlo desaparecer de la vista.

Si explicitamos el robo (por ejemplo, describiendo las ganancias del imperio inglés en la India como las de un sistema de narcotraficantes protegidos por la armada inglesa, las ganancias del imperio español en Perú y México como el expolio de millones de amerindios y esclavos negros para extraer la plata de las minas de Potosí y Zacatecas, y así uno por uno todos los sistemas organizados de latrocinio) podemos clarificar hasta hacerlos útiles los modelos económicos actuales.

Por ejemplo, cogiendo una página al azar en la Web, ”The Creation of Wealth”, de www.digitaleconomist.org/wth_4020.html, aparece que el crecimiento económico es la suma del ritmo de crecimiento de la tecnología sumado con un promedio del ritmo de crecimiento de la población y el ritmo al cual se acumula el capital. Adicionalmente se considera la creación de riqueza como producción de bienes, y quizás su reparto.

Sin embargo, si observamos cuidadosamente la historia de las naciones, y la acumulación de riqueza actual, vemos que esto del párrafo anterior se debe referir a Marte, o Alfa-Centauri, porque en la Tierra la riqueza no se ha conseguido produciendo, sino robando lo que otros han producido, o el suelo, o extrayendo hasta el agotamiento los minerales de las minas del planeta.  Incluso hoy, las mayores fortunas no tienen nada que ver con la producción, sino con la acumulación de capital, entrando el trabajo y los recursos materiales con coeficientes cero en las ecuaciones expuestas en los manuales.

Lo que se cuenta, por ejemplo en la referencia citada arriba, no es la creación de riqueza, sino la supervivencia de empresas y personas. Pero esto se cuenta explícitamente, mientras que la riqueza real que ven todos los ciudadanos es el esquema implícito del robo de recursos existentes independientemente de su producción.  Las ideas de equilibrio, ajuste de precios, oferta y demanda, competitividad, productividad, tecnología, etc. no tienen cabida en la economía del mundo real, aunque son lo único que se estudia y debate en el mundo académico y lo que configura los modelos matemáticos que se utilizan para regular la economía de los países, con un fracaso claro y evidente para todos salvo para los que los enseñan y utilizan.

Necesitamos hacer explícita en los manuales de economía, en los textos universitarios, esta forma real de absorción de riqueza y concentración de la misma en pocas manos.  La alternativa es una teoría económica ajena a la realidad del planeta Tierra.  Necesitamos modelos de la evolución natural de cualquier economía hacia el monopolio excluyente. Estos modelos no existen en la actualidad, y al no existir, ni se enseñan, ni se manejan por la clase política. Puesto que oficialmente no existen, no pueden deshacerse, y las demanadas de los ciudadanos se oyen por los gestores sociales como  locuras de aquellos que desconocen la realidad, aunque es claro que quienes  dicen conocer la realidad son los que esgrimen los modelos matemáticos erróneos que controlan nuestras vidas.

 

 

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Frio y calor: El cambio climático.

Hoy se publica en El Mundo un articulo sobre las olas de frío que una tras otra están sufriendo los Estados Unidos, y las compara con el invierno muy suave de los países del norte de Europa. Y aunque cita las opiniones de Holdren, también cita las de algunos funcionarios  e investigadores españoles, que siguiendo el dogma de nuestro país,  rechazan la realidad, apoyándose en efemérides y en los resultados de los modelos.

El que la ola frío del día de Reyes en los EEUU no era un ‘vórtice polar’ sino la llegada de un meandro del chorro que arrastraba aire de las tundras siberiana y canadiense sobre el Medio Oeste americano lo publique yo en El Mundo dos días antes de que la explicación de Holdren se hiciese pública, como llevo publicando desde hace diez años la realidad de que es el chorro polar lo que controla el tiempo en las zonas templadas del Hemisferio Norte.

Ante la realidad, las efemérides no tienen significado alguno. Si la curva de probabilidad, que es lo que es realmente el clima, cambia de forma, de una gaussiana de colas cortas a una función de Weibull de colas largas y su mediana o centroide se desplaza hacia temperaturas más altas, como así ha sucedido ya, y esto es el cambio climático, lo que digan los modelos es indiferente, pues los modelos matemáticos no son mas que la integración de las ecuaciones de la mecánica de fluidos. Las ecuaciones son correctas, pero las soluciones dependen fundamentalmente de las condiciones iniciales y de contorno que se les impongan y estas tienen incertidumbres de hasta el 20%.

Hay un problema en la comunidad física y matemática, que llega hasta las alturas enrarecidas de la física de supercuerdas, y es que se hace la física mediante ecuaciones diferenciales, y se olvida en el esquema el hecho básico de que las ecuaciones diferenciales no tienen significado alguno sin sus condiciones iniciales y de contorno, y para éstas ni la física ni las matemáticas proporcionan ecuaciones, ni esquemas sistemáticos de determinación.

El cambio climático es una realidad, medida hasta el aburrimiento, y su efecto más claro es la ralentización de la intensidad del chorro polar, lo que produce meandros mas profundos, y su desplazamiento hacia el norte en unos 5 grados de latitud.

Esto es una vinculación directa de las olas de frío con el calentamiento del Polo Norte, a pesar de que los modelos matemáticos del clima, como dice unas de las fuentes del artículo de El Mundo, no lo marquen. Si no lo hacen, habrá que corregir los modelos. La física no son los modelos, como la economía real no son los modelos económicos.  Es una perversión metodológica asimilar la realidad con las ecuaciones diferenciales, olvidando las condiciones de contorno, y otra perversión, en el otro campo de los sistemas complejos, la economía, asimilar la realidad a los modelos de ecuaciones lineales algebraicas.

La física, y la economía, deben volver a considerar las ecuaciones como lo que son, meras herramientas descriptivas al servicio de la mente humana.  En una parte de la física, la mecánica cuántica, se han elevado las ecuaciones, que no son más que una aproximación instrumental a la realidad, al rango de realidad de la Naturaleza, como en el caso, propuesto irónicamente por Schroedinger, de su gato, que está vivo o muerto en la realidad, pero esta vivo y muerto en las ecuaciones de esa mecánica cuántica.

Tenemos que volver a la racionalidad, en el clima, en la economía, en la física.

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La economía mundial hace agua por todos los costados: Necesitamos una nueva teoría económica

China ya no crece como hace tres años (la curva logística es una realidad). Brasil se tambalea. De Rusia sabemos poco, pues vive en la opacidad. Kazakhastan gasta miles de millones, mientras le dure el petróleo.  Los salarios de los trabajadores en los EEUU rondan los 30.000 dólares/año, a lo que hay que quitar los seguros médicos.  Europa no sabe como salir de algo que se marca como ‘crisis’.

La economía despuntó en 1700 en Inglaterra, cuando algunos ingleses importaron las técnicas agrícolas de Holanda y empezaron a generar superávits económicos que almacenaban en bancos y en la ‘Deuda’ estatal.  Lo que realmente almacenaban era el sobrante energético capturado del sol por medio de las plantas y de una tecnología puntera. Con ese ‘capital’ se construían barcos, que vendían seres humanos como máquinas para cultivar caña de azúcar, tabaco y algodón, es decir, energía solar de nuevo. Esa energía solar producía superávits energéticos (económicos) que se podían volver a reinvertir, por ejemplo, en las minas de carbón.

En 1776 Adam Smith publicó el libro que se considera, como el de Newton para la física, fundacional para la teoría económica, pero en el mismo yerra de bulto, pues no descubre las causas ni la naturaleza de la

‘riqueza de las naciones”,

que era lo que se proponía hacer, pues centra su análisis en el trabajo, la división del trabajo,  el mercado, el dinero, los dividendos y las rentas de la tierra y de las fincas urbanas, comercio, importaciones y exportaciones, y demás elementos secundarios de la riqueza.

Así como Newton dio en la diana, Smith se salió del marco, pero perturbó durante casi dos siglos y medio la teoría real de la riqueza.

Antes de que una persona pueda trabajar tiene que haber generado carne y músculo, y desarrollado el cerebro, y eso exige una considerable cantidad de energía.  Se precisa vivir en edificios, transportar recursos, eliminar desechos, y todo esto exige energía.

Cuando se tiene energía de sobra, se puede mantener una parte de la sociedad improductiva, como ocurrió en Inglaterra en el siglo XIX. Esta parte de la sociedad recibía dinero (con el que compraban energía, directa, para calentarse y comer, o almacenada e incorporada, como edificios, fincas, viajes, etc. ) sin más que aportar otra cierta cantidad de energía (dinero almacenado, equivalente a energía almacenada). La puesta en explotación de la energía solar fósil (carbón, petróleo y gas metano) fué posible por el superávit anterior de la energía solar directa, y se consiguió con rendimientos (EREI: Energía Recuperada dividida por la Energía  Invertida en recuperarla) entre 50 y 100.

Esta captura de energía ya disponible de muy alto EREI era el equivalente del robo de tesoros acumulados, o de personas utilizadas como esclavos: Energía ya disponible lograda con una inversión pequeña.  Este robo generó acumulación de riqueza en ciertas capas sociales, o finalmente en alrededor de 3000 millones de personas (en la actualidad) pero teniendo como consecuencia el desastre de otras sociedades o capas sociales y hoy el agotamiento de las fuentes fósiles de energía.

El ser humano es un poco ‘lobo’, de ahí el éxito de películas como ‘El Lobo de Wall Street’, ‘Wall Street’, ‘El Capital’, y similares.  De ahí la elevación a rango de héroes españoles de personas como Hernán Cortés y Pizarro, y otros de estos últimos  20 años.

Estos esquemas económicos de robar recursos previamente almacenados (por otras sociedades humanas, o en el interior de la Tierra) no funcionan a plazos medios y largos, y no funcionan para toda la sociedad, pues si hay un ladrón hay siempre una víctima.

Necesitamos un cambio de paradigma:  Buscar la ”riqueza de las naciones” no mediante el robo o el expolio, sino mediante la captura de energía en dosis mayores de las necesarias para la mera supervivencia, pero garantizando que esa captura se mantiene a corto, medio y largo plazo y llega a todas las capas sociales y a todas las personas del planeta las cuales, una vez recibida la energía, pueden distribuirla de unas formas u otras, pero al menos que cada persona del planeta reciba la energía suficiente para una vida no solo digna sino estimulante y agradable.

Se trata de eliminar la característica de ciencia lúgubre de una economía que lo que quiere es repartir la escasez, y cambiar a una ciencia que genere abundancia energética, -para todos-.

Lo primero es reconocer que la riqueza no es dinero. Por ejemplo, según Oxfam, 85 personas en el mundo tienen tanto -dinero- como el que tiene la mitad, 3500 millones de personas de la población humana actual en el planeta.

Pero ese dinero no es -riqueza-, porque no sirve para nada.  Riqueza es la disponibilidad en el tiempo y en espacio de energía, para alimentarse, crecer, mantenerse sano, construir, y crear.  Si la energía no fluye (si esta en los pozos de petróleo sin salir de ellos, si no se captura constantemente la que llega en exceso del sol) la energía no se convierte en riqueza.

De nada sirve la división del trabajo (siglo XVIII) o los derivados y fondos cercados (‘hedge funds’, siglo XXI) si ese trabajo no genera energía para otros, o esos fondos no son capaces de producir bienes, recursos y servicios para toda la humanidad.  Y esto no es caridad, ni sentimentalismo: La riqueza solo es riqueza si es flujo, si esa riqueza genera otra cada vez más extendida.  Un sistema estático, de acumulación sin flujos es, sencillamente, el espejismo que llevo a los imperios romano y español, por citar dos de ellos, al colapso.

Los dividendos de las ‘acciones’, los intereses de las ‘deudas’, los alquileres recibidos como ganancias de la incorporación de energía en forma de pisos, y todos los demás esquemas financieros, no son riqueza si no se invierten en producir bienes, recursos y servicios para todos los seres humanos y para mantener la vida en el planeta.

Necesitamos una teoría económica dinámica, de flujos, y no de almacenes, fuera del equilibrio y no en el equilibrio, que reconozca el carácter no lineal, la acumulación de dinero en unos y la acumulación de miseria en otros, y no una economía lineal en la cual esas amplificaciones del dinero y la miseria no tienen jamás explicación y por lo tanto, no pueden corregirse (porque oficiealmente no existen en los modelos económicos) dentro de su esquema teórico.

Necesitamos cambiar radicalmente el paradigma que fundó Adam Smith, y que desarrollaron Ricardo y Marx, Marshall y Walras, Keynes, Samuelson, Solow, Hayek y Friedmann y los locos neoliberales de Chicago.

Necesitamos, ya, otra teoría económica, tan distinta de la que sufrimos desde hace 238 años como radicalmente distinta es la teoría heliocéntrica de la geocéntrica, como radicalmente distinta es la física galileana y de Newton de las ideas de Aristóteles y Tomas de Aquino.

La “Riqueza de las Naciones” de Smith comienza con una definición defectuosa:

El trabajo anual de cada nación es el fondo que le proporciona la satisfacción de todas las necesidades y conveniencias de la vida….”

Hoy, en Arabia Saudita, o en Kazakhstan el fondo que proporciona la satisfacción de las necesidades no es el trabajo de su población, sino el petróleo almacenado en sus subsuelos.  Y en la época de Smith, no era el trabajo lo que proporcionaba esa satisfacción, sino la captura de energía mediante la fotosíntesis y la extracción del carbón.

Debemos empezar cualquier teoría económica moderna con

“La disponibilidad de energía es el fondo que proporciona la satisfacción de las necesidades de la vida, y un superávit de aquella es lo que proporciona las conveniencias de la misma que denominamos -riqueza-”.

La disponibilidad de energía puede ser la mínima para garantizar la supervivencia (miseria) o suficiente para conseguir toda clase de bienes y servicios (riqueza extrema). Una persona como Bill Gates, Carlos Slim, o Amancio Ortega ha ido acumulando mes a mes, año a año energía sobrante, en forma de edificios, fábricas, estructuras, indexadas por un índice arbitrario que denominamos -dinero-, en cantidad tal que en un cierto momento puede conseguir los servicios (o adquirir los bienes) que desee, con escaso límite.

Si esa energía no fluye hacia todos los puntos, si esa energía solo se utiliza para, estáticamente, adquirir cuatro diamantes y los servicios de 10 personas, o un cuadro sobrevalorado, o una única o diez, pero no  más, villas de lujo, entonces no sale de los esquemas de incorporación o de almacenamiento. Si no fluye en torrente y no se invierte en obtener energía adicional (como al emplear energía para construir celdas solares o espejos parabólicos que permitan conseguir diez veces la invertida (EREI=10) , si la energía que estos sistemas capturan procedente del sol no se invierte en hacerla fluir hacia todas las personas para que puedan adquirir bienes y servicios, esa energía es inútil, ese esquema de equilibrio es falso y por mucho que se mantenga la energía o su representación, el dinero, a buen recaudo y buen guardado, esa energía estática no representa realmente riqueza.

Necesitamos pues una teoría económica que fuerce a la energía a fluir constantemente a todas las personas de la Tierra, en un esquema muy alejado del equilibrio.  Y este flujo, como todos, es no lineal, por lo que necesitamos esquemas de control de las amplificaciones positivas y negativas del mismo.

Esta teoría dinámica de una economía lejos del equilibrio, de una ‘plutonomía’ de flujos, se esta construyendo, pero es imprescindible que se acepte su necesidad, que no se insista en los conceptos obsoletos, y que se abran las puertas de la mente y de la enseñanza a esa nueva teoría del flujo de energía como teoría de la riqueza.

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Sistemas cíclicos y cambios de régimen

En los sistemas de la naturaleza (la evolución biológica, y por ejemplo, el sistema climático) se producen oscilaciones que a veces son cíclicas (línea azul), pero que otras veces son catastróficas (línea roja):  Son las llamadas oscilaciones de relajación, y modelan cambios de estado de los sistemas.

 

Figura 1: Oscilaciones de relajación propias de los sistemas no lineales (azul), o de sistemas de cambio de régimen. A partir de un punto se invierte el sentido de la oscilación y el sistema se coloca en otro régimen:

Figura 2: El sistema puede oscilar en una cuenca (alrededor de un cierto estado de equilibrio (mínimo de la izquierda) o pasar a otro estado distinto (mínimo de la derecha). Un ejemplo sencillo es el estado de riqueza social antes de 1800 y después de esa fecha.

En los últimos 120.000 años hemos tenido 2 etapas de temperaturas ”relativamente” altas (periodos interglaciares) y una etapa de temperaturas frías:

Figura 3: Oscilaciones climáticas de tipo de relajación en los últimos 600.000 años.

Si nos fijamos bien, las etapas ‘cálidas’ han durado muy poco e inmediatamente han bajado, con oscilaciones de tipo Dansgaard-Oescher:

Figura 4: Oscilaciones de menor amplitud dentro de cada periodo glacial.

Fijémonos en las escalas de 100.000 años de la figura 3, y de 5.000 años de esta última figura 4.  Estas oscilaciones, pequeñas en amplitud comparadas con las de los periodos glaciales-interglaciales, son las que eligen los escépticos del cambio climático para rechazar éste.

Fijémonos también que un sistema oscilante similar al del clima parece ser el que representa la evolución económica de los últimos 100 años:

Figura 5: Oscilaciones y catástrofe del sistema económica actual (al menos de los países ”occidentales”)

donde de nuevo podemos volver a poner el cambio de sistema de equilibrio posible:

  Un estado a la izquierda de alta riqueza social relativa, un estado de empobrecimiento social a la derecha.

En la naturaleza se dan estos fenómenos, como digo, y los saltos suelen ocurrir mediante fenómenos que se denominan de resonancia estocástica, bien estudiados.

Con respecto a la economía, el tiempo dirá si hemos pasado de la cuenca de la izquierda a la de la derecha, como, al menos en Europa y en los EEUU, parece ser, pues por mucho que mejoran los parámetros ”macroeconómicos” no lo hace la riqueza social, ni parece que lo hará salvo si no cambiamos radicalmente la idea de las empresas europeas, de empresas de maquila, de montaje de diseños realzados en otros países (Intel, Apple, etc.) a empresas que diseñan y montan ellas sus propios diseños: Empresas productivas en el sentido correcto de la palabra, no empresas que producen bienes copiados con salarios de miseria, sino empresas que producen bienes y servicios que el resto del mundo se disputa.

En el sistema económico parece evidente el esquema oscilaciones de relajación (vean esta noticia:

http://www.elmundo.es/economia/2014/01/19/52dae83a22601d4a6e8b456f.html),

y la posibilidad de cambio de estado, de régimen.

En el sistema climático, también. Basta con repasar las últimas noticias de los medios de comunicación:

http://www.elmundo.es/ciencia/2014/01/19/52d98aa4ca4741e2798b4586.html

http://www.elmundo.es/ciencia/2014/01/17/52d911c2268e3e8b5b8b4570.html

http://www.nytimes.com/2014/01/19/opinion/sunday/kristof-neglected-topic-winner-climate-change.html?hp&rref=opinion

http://www.nytimes.com/2014/01/18/us/as-californias-drought-deepens-a-sense-of-dread-grows.html

http://www.whitehouse.gov/photos-and-video/video/2014/01/08/polar-vortex-explained-2-minutes

etc.

Lo iremos viendo.

Pero si empobrecemos, empobrecemos la mayoría de nosotros, y si cambia el clima, los efectos que sufriremos todos serán enormemente serios.

Al tiempo.

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A vueltas con el ”debate climático”

Estamos registrando una subida considerable de extremos meteorológicos en las últimas décadas.  La gráfica de la NOAA nos dice que los extremos aumentan sin parar desde 1980.

Hay científicos que se curan en salud, y políticamente correctos, son blancos y negros, son ni si, ni no, no sea que se les vaya a reprochar algo.

El debate climático es una tontería. Es como debatir si las aves pueden volar o si los peces pueden vivir en el agua.  Los detalles individuales lo único que hacen es certificar la existencia de cambio climático, siempre que se entienda que cambio climático quiere decir lo que quiere decir: El cambio en las propiedades estadísticas del sistema meteorológico, que es lo que es el clima. El paso de una curva gaussiana  de colas cortas (extremos de la curva que tienden a cero muy deprisa) a una curva de Gumbel o de Weibull cuyas colas tienden a cero de manera parsimoniosa.  Esta es la realidad.

El por qué de este cambio del clima (de la distribución estadística de los fenómenos meteorológicos) ha de buscarse en algún cambio de los parámetros que controlan el tiempo atmosférico y la circulación oceánica. En los dos siglos alrededor del año 1000, el ‘óptimo medieval’, un cambio pequeño en la trayectoria de la corriente del Golfo, debido probablemente a un cambio en el talud entre Groenlandia e Islandia (una zona volcánica) que permite el desagüe del Ártico, produjo el calentamiento del norte de Europa, con las expediciones explosivas de vikingos (‘salir a piratear’, en danés antiguo) y la colonización, extremadamente reducida en el espacio y en el tiempo de las costas de Groenlandia.  En 1650 se produjo una ‘pequeña edad de hielo’ (denominación engañosa donde las haya, pues hizo frío durante 40 años, pero no avanzaron los glaciares como en las verdaderas ”Edades de Hielo”) debida a una disminución ligera de la radiación solar.

Hoy estamos en una situación de radiación solar esencialmente constante desde hace 100 años. Pero la temperatura media global (TMG) se mantiene unos 0.8ºC por encima de su valor medio estimado entre el año cero y 1800.

¿Estamos ante un cambio ‘natural’? Podría ser.  La concentración de CO2 en la atmósfera está en niveles de hace millones de años, mucho más alta de lo que ha estado a lo largo del último millón doscientos mil años, la etapa de las oscilaciones glacial-interglacial.

Un pequeño experimento realizado por el grupo de clima de la UAH en una de las ferias de la ciencia, y fácilmente repetible en cada instituto de enseñanza media, permite comprobar que una atmósfera de alto contenido en CO2 se calienta más, bajo la inyección de radiación infrarroja, que otra de bajo contenido en CO2.

A falta de algún argumento coherente como los del cambio de la corriente del Golfo, o la disminución de la actividad solar,  la única explicación racional de la subida de la TMG  es el aumento de concentración de CO2 en la atmósfera.

De la misma manera que la actual crisis económica no es uno más de los ”ciclos” de los modelos económicos basados en el equilibrio, sino que es una crisis estructural, o del paradigma económico al uso desde hace 200 años  (no hay más que ver que en ningún país que utiliza modelos cíclicos se ha conseguido superar la crisis,  la real, la de la riqueza de las personas, no la del dinero de los bancos), de la misma manera el sistema climático no sigue las curvas gaussianas de los años anteriores a 1870.

Estamos en regímenes estadísticos distintos, en la economía y en el clima. Es imposible negarlo.  El debate es infantil en un esquema científico.

 

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