¿Es el universo una simulación?

En un artículo en el NYT, Edward Frenkel, un profesor de matemáticas en Berkeley, se plantea esta pregunta.

Es claro que este Sr. es profesor de matemáticas y no es físico, aunque cita a tres supuestamente físicos, que ignoran la realidad de la naturaleza (física quiere decir naturaleza en griego).

Habla el Dr. Frenkel del teorema de Pitágoras, que es cierto existan o no los seres humanos.  Pero el teorema de Pitágoras es la sencillez misma, casi se puede decir que define la sencillez, los sistemas sencillos, no complejos, define lo contrario de los sistemas reales.

Se pregunta el Dr. Frenkel sobre qué clase de realidades pueden ser los teoremas matemáticos, y si existen en algún punto del universo.  Esencialmente los teoremas son resúmenes y extrapolaciones de las realidades físicas que existen aquí, allí y en todo este universo. Podemos construir triángulos rectángulos con altísima precisión.  En ellos, midiendo, se cumple, con la precisión de la construcción, que la suma de los cuadrados de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa. No cuesta nada asumir que esto es así sea cual sea la precisión que podamos proporcionar. De esta manera el teorema de Pitágoras es una realidad construible.

El pasar de esta realidad construible a otras imaginaciones es como imaginar pegasos, centauros o dioses. Podemos hacerlo, pero es irrelevante preguntarse que en que parte del universo (el universo es todo, incluidos muchos mundos si de estos hubiese) están o si los podemos ver: Los vemos en las páginas de los libros, o en las pantallas de los cines, pero viendo imágenes bidimensionales  o esculturas de los mismos, no podemos verlos, tocarlos, sentirlos, olerlos, gustarlos.

¿Existen los centauros, las sirenas, los pegasos, los ángeles, los dioses?  Es decir, existen como existe una piedra?

La ciencia diseñó un método, el método galileano, para separar ángeles de los que caben zillones en la punta de un alfiler, de la realidad. Solo si podemos medir, de manera repetida, por personas independientes los sistemas, y solo si las medidas coinciden dentro de un margen de error, podemos decir que lo medido existe.

Todo lo demás son los cantos de las sirenas que atraían a Ulises.  O los centauros que educaron a Aquiles.

Sugiere este Dr. Frenkel que pudiéramos ser simulaciones de un extraterrestre del futuro. ¿Y?  Si podemos medir ahora, lo que medimos es real, el extraterrestre es un ángel, u otro centauro Quirón: Algo que no podemos medir, y por lo tanto que carece de existencia.

Sugiere este Dr. Frenkel que algunos matemáticos han simulado en los ordenadores sistemas minúsculos de rango nuclear. Estos sistemas son inmensamente sencillos, similares a construir con tres varillas de madera un triángulo aproximadamente rectángulo.

Las fuerzas de la naturaleza son no lineales, y amplifican cualquier fluctuación hasta escalas intergalácticas. Simular el universo es esencialmente imposible, pues exige proporcionar al simulador las condiciones iniciales correctas, pero estas varían constantemente, de manera que el programa de simulación no puede empezar nunca.

El problema de los matemáticos, y de los matemáticos metidos a físicos  es que han olvidado la realidad, que sabiendo lo que son las ecuaciones olvidan que esas no sirven de nada sin condiciones iniciales y de contorno, que están determinadas por otras ecuaciones que no sirven de nada  sin condiciones iniciales y de contorno que ……

Que han olvidado que el mundo real no son los sueños de la razón, que el mundo real es un sistema complejo, y que debido a la no linealidad de las interacciones naturales, los sistemas complejos no pueden estudiarse con las ecuaciones de los sistemas simples.

Los matemáticos puros, como los matemáticos que dicen hacer física, son similares a los teólogos, en tanto en cuanto olvidan o rechazan el método científico.

Estas elucubraciones deberían dejarse de lado, salvo si queremos volver a la Salamanca del siglo XV y las discusiones sobre el sexo y tamaño de los ángeles.

Ya sabemos el camino que recorrió España al mantener ese tipo de discusiones y cerrar, bajo el control de la Inquisición, el método galileano de la ciencia  a los desgraciados españoles. Un  cierre uno de cuyos efectos fue la miseria española que duró 300 años y que puede volver si reanudamos aquí o en los EEUU, la teología en vez de la ciencia.

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