Archivo de febrero, 2016

Un comentario al manifiesto “Clima de Cambios” de Odile Rodríguez de la Fuente

http://www.felixrodriguezdelafuente.com/PaginaGeneral.aspx?idContenido=26285

El análisis es perfecto y estoy tan de acuerdo con el mismo que coincide en la mayoría de los puntos con el que yo  he realizado  e impartido en unas 200 conferencias por toda España y más o menos el mismo número de posts en los medios de comunicación.

Es un ejemplo de convergencia que se da en la historia de la ciencia, cuando ideas nuevas están flotando en el aire y algunos pensadores con la suficiente capacidad mental las explicitan para su conocimiento por la comunidad.

Ahora bien, las soluciones al problema del cambio climático, o mejor, al problema del ataque en vez de colaboración con la naturaleza son inmensamente difíciles, y lo son por la misma llamada que Odile hace en su manifiesto:

La depredación actual de la naturaleza por el ser humano es una consecuencia directa del funcionamiento genético de todos los seres vivos, incluidos, evidentemente, los humanos.

Los genes no son otra cosa que máquinas replicantes, que utilizan, sin pensar, todos los recursos de que disponen para realizar su función.  El más común de los recursos es la creación de cuerpos y, posteriormente, mentes que permiten a los genes conquistar cada vez nuevos territorios.

Si las primitivas bacterias solo podían vivir en charcos con nutrientes inorgánicos, hoy los genes son capaces de saltar al espacio vacío y quizás colonizar otros mundos, vía los cuerpos que son su expresión fenotípica.

Las mentes construidas por los genes desarrollan esquemas de competición entre los cuerpos que albergan a estos últimos. Las especies vivas son conjuntos disjuntos de genes similares que compiten por los recursos de sus espacios vitales.

El equilibrio, y el desarrollo de nuevos genes, se mantienen solo gracias a esta competición. En ausencia de predadores, los genes individuales carecen de regulación interna que impida su desaparición por agotamiento: En presencia de recursos sobreabundantes, la expresión más directa de los genes, las bacterias, crecen hasta agotar esos recursos y después mueren todas.

Los seres humanos, uno de los últimos eslabones de la cadena de biodiversidad hemos eliminado a nuestros predadores externos, y solo quedamos nosotros mismos para predar sobre nosotros.

De la misma manera que al eliminar a los lobos como predadores los jabalíes han aumentado como la peste en España, al eliminar a nuestros predadores los seres humanos estamos acercándonos a la masa total de, por ejemplo, hormigas, en el planeta: Estamos creciendo como bacterias en un plato Petri lleno de azúcar: Hasta la saturación.

Uno (pero solo uno entre muchos) de los efectos de esa saturación en el cambio climático enormemente intenso y extremadamente rápido que estamos produciendo en el planeta.

Odile escribe, correctamente, que a la situación actual se ha llegado por una actividad humana lineal, reduccionista, cartesiana y determinista, de la que buena parte la responsabilidad es de la física que hemos desarrollado desde 1600 hasta hoy.

Pero luego dice: “… no podemos seguir viviendo de espaldas a la naturaleza, a nuestra verdadera identidad”.

De hecho hemos llegado hasta aquí por seguir ciegamente las leyes naturales de la genética, que como he dicho, llevan a los cuerpos (con sus mentes) construidos por los genes a aprovechar hasta el agotamiento todos los recursos disponibles, y a colonizar nichos nuevos, y a buscar constantemente nuevos recursos para la duplicación, con errores, de esos genes.

Como he dicho arriba, esto hace que las posibles soluciones sean extremadamente difíciles de encontrar y una vez encontradas, de poner en marcha y mantener.

En mis conferencia, a mis escritos, la reacción ha sido siempre de un rechazo absolutamente feroz. La razón de esa ferocidad no es la falta de comprensión del mensaje: Es una perfecta comprensión del mensaje: Las audiencias rechazan de plano la idea de ir contra las leyes genéticas que fuerzan a la destrucción de  todo lo necesario para la supervivencia momentánea de los genes que han construido sus cuerpos de los que las mentes forman parte.

¿Hay solución? pienso que no, pero si la hubiese, pasaría por la substitución del universo genético por el memético, aún dudando que esa substitución no genere, a la larga, los mismos problemas que producen los genes.

En la evolución de la vida, los genes han construido el fenotipo humano, y con él, la mente humana.

Es la mente, que descubre las leyes no lineales de la naturaleza, los sistemas complejos, los fenómenos emergentes que no pueden deducirse del esquema reduccionista de la física (y la ciencia de la genética) actuales lo que nos puede sacar del impasse en que nos encontramos.

En la naturaleza hay cooperación, pero siempre intertribal, salvo en los raros casos de simbiosis. Las abejas cooperan, como individuos, entre sí, pero nunca cooperan con lo que invade su territorio. No hay cooperación extra-tribal, sino competición dura por los recursos.

¿Que ocurre si una tribu de lobos, que controla un territorio de 400 km2 descubre que otra tribu se ha instalado en él?

Si queremos sobrevivir de acuerdo con la naturaleza, no tenemos más remedio que ir en contra de las leyes naturales que exigen, vía genética, que una de las dos tribus elimine a la otra.

Hoy la razón, la actividad de las mentes humanas, conoce que tenemos recursos de sobra en el planeta que nos periten vivir a 8.000 o 10.000 millones de seres humanos con el resto de los seres vivos.

Pero las demandas genéticas individuales, el mecanismo de duplicación individual de los genes de cada persona invalida en el 99.99…. % de los casos los argumentos de la razón.

Muy posiblemente los CEOs de Repsol y CEPSA, de Shell y de Exxon, saben, racionalmente, que deben cerrar los pozos de petróleo, desmontar las refinerías y dedicar sus inimaginables recursos monetarios a poner en marcha energías solares.

Pero esos mismos CEOs están sometidos a presiones genéticas competitivas de las que ellos mismos no se dan cuenta racional. Su pensamiento único es conseguir ganar a los rivales, tener más que los demás, ofrecer a sus accionistas más y más y más como las bacterias en el plato Petri, al que se añade glucosa una vez al día, la  absorben sin parar y crecen hasta acabar con ella en 12 horas y morir.

Las leyes naturales fuerzan a los seres vivos hacia la máxima eficiencia local y momentánea.  Si hay personas que pueden disponer de rendimientos del 5000% no aceptarán nunca, dentro de las leyes naturales, reducir esos rendimientos al 1000%. Un CEO de British Petroleum, hace unos 10 años, aceptó desarrollar, dentro de la empresa, energías solares. Fué substituido en menos de tres años.

Necesitamos leyes humanas, no naturales, leyes meméticas, culturales, racionales, si queremos detener el crecimiento de tipo bacterial en un plato Petri.

De la misma manera que Bismark, el canciller prusiano de finales del siglo XIX,  convenció a los empresarios de que era racional proporcionar un estado del bienestar en Prusia en pro de un beneficio no local en el espacio (en cada empresa) ni momentáneo, de la misma manera que Henry Ford I  vio, racionalmente, que la disminución momentánea de beneficios al aumentar los salarios de sus trabajadores quedaba compensada con un aumento substancial de los mismos a largo plazo, de esa misma manera podemos hacer ver a la humanidad que las demandas genéticas de ganancia aquí y ahora, pueden ser substituidas con ventaja por esquemas racionales agenéticos que reduzcan la ganancia individual momentánea en pro de una ganancia, también individual extendida en el tiempo.

Un ejemplo de nuestra situación actual puede dejar esto claro: Un joven postgrado que conozco ha hecho los cálculos para emigrar a los EEUU ante la situación laboral en España. Y a pesar de sueldos substancialmente más altos allí que aquí, esos cálculos no salen, no generan ningún beneficio real, siempre que aquí encuentre trabajo. Entre los precios de los alquileres, de los seguros médicos, de la educación de los hijos y los impuestos, sale a cuenta quedarse en España, donde los riesgos se comparten. Un sueldo americano de 60.000 euros queda reducido a un neto de 20.000 cuando se incluyen todos los gastos de la misma manera que ocurre en España con un sueldo de 30.000 euros.

La estratega programada en cada gen fuerza a su portador a hacerlo sobrevivir ahora, aún en perjuicio de la supervivencia general a lo largo del tiempo.  Si fuésemos bacterias racionales en un palto Petri en al que se suministra glucosa una vez al día, regularíamos la duplicación para no acabar con el alimento antes de su reposición. Iríamos en contra del ukase genético, y sobreviviríamos indefinidamente gracias a la razón.

Este es el mensaje que hay que lanzar una y otra vez a lo largo y ancho del planeta: Las luchas no sirven de nada, el destrozo de menos.  En vez de los instintos genéticos, la inteligencia racional.

¿Habrá quien lo escuche?

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