Nueva arma contra las superbacterias: aspergilomarasmina A

Los antibióticos son muy buenos como medicinas, y todavía curan la mayoría de las infecciones, pero son muy poco rentables como productos de consumo, precisamente por sus propiedades curativas. Aunque cada vez se encuentren menos antibióticos, la inversión para descubrirlos es menor. Los que eran fáciles de encontrar son los que ya hemos estado usando y su eficacia ha quedado mermada al propagarse las bacterias resistentes. Parece poco probable que ahora se produzca una afortunada coincidencia como la que ayudó a Fleming a descubrir la penicilina. Por eso el descubrimiento, realizado por un equipo canadiense y británico, de que hay un compuesto, la aspergilomarasmina A, que puede ayudar a anular la resistencia de varias bacterias Gram-negativas frente a los antibióticos del tipo de la penicilina, los llamados por su estructura molecular betalactámicos, además de ser una buena noticia, tiene un cierto grado de buena suerte. Porque el nuevo compuesto no es realmente nuevo, sino que se ha vuelto a encontrar.

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El moho que nos puede salvar de las superbacterias. Aspergillus versicolor se une al grupo de hongos que como ya ocurrió con Penicillium rubens, productor de penicilina, nos ayudan a curar las infecciones bacterianas.

La razón por la que muchos patógenos se hacen resistentes a los antibióticos como la penicilina es porque adquieren un gen que les permite producir una enzima, llamada betalactamasa, que rompe la molécula del antibiótico. En los medios de comunicación a estas bacterias se las llama con frecuencia “superbacterias”, un nombre sin duda atractivo para captar la atención del público. Hay una gran variedad de betalactamasas que han ido derrotando paulatinamente a cada nuevo antibiótico betalactámico descubierto. Entre ellas se han extendido recientemente las metalo-betalactamasas que se llaman así por ayudarse de uno o dos átomos de un metal, el Zinc, para funcionar.

Estas enzimas, de la que la llamada NDM-1 es un ejemplo, pueden degradar a muy diversos antibióticos, penicillinas, cefalosporinas, y carbapenems y han provocado una gran preocupación sanitaria llegando incluso a producir alarma en la opinión pública. Las letras ND de su nombre las recibió NDM-1porque se identificó en Nueva Delhi, la M por utilizar un metal. El peligro que presentan las bacterias que producen esta enzima es que, además de transferirse con gran facilidad de unas a otras la capacidad de producirla, la actividad betalactamasa de NDM-1 no se puede inhibir por los inhibidores de betalactamasas ya conocidos, como el ácido clavulánico, que usados en combinación con el antibiótico pueden vencer la resistencia.

La aspergilomarasmina A (AMA) la produce un moho llamado Aspergillus versicolor y lo curioso es que ya se había encontrado hace casi cincuenta años, pero no se había relacionado con las betalactamasas. Se sabía que la AMA produce lesiones en las hojas de las plantas y se había además estudiado su posible actividad como medicamento para controlar la tensión arterial. Los investigadores que iban buscando un compuesto que inactive la actividad NDM-1 han debido alegrarse al descubrir que lo habían encontrado, y más todavía al encontrar que ya se conoce bastante sobre su falta de efectos tóxicos en los animales de laboratorio. Los datos publicados ahora indican que la AMA devuelve la sensibilidad a los betalactámicos a estirpes de Enterobacterias, Acinetobacter y Pseudomonas que producen distintos tipos de betalactamasas como NDL y VIM (metalo-betalactamasa descubierta en Verona). Por último los investigadores, liderados por Gerard D. Wright, han comprobado que el tratamiento combinado con meropenem (otro betalactámico) y AMA es eficaz para curar a ratones infectados con una estirpe de Klebsiella pneumoniae productora de NMD-1. En definitiva, que pronto podemos esperar un tratamiento que combine un betalactámico con un inhibidor de betalactamasas para tratar las infecciones producidas por algunas superbacterias.

Como colofón recordaremos que Gerry Wright ya apareció en “microbichitos” hace tres años por su estudio de la presencia de resistencias frente a antibióticos en bacterias del período Paleolítico.

 

REFERENCIA:

King, et al. 2014. Aspergillomarasmine A overcomes metallo-β-lactamase antibiotic resistance. Nature doi:10.1038/nature13445.

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Comentarios

Interesantísimo. Nunca habrá una última barrera ante ellas porque las bacterias van más rápido que nosotros.

Muy interesante cómo no solo las vías directas son efectivas. ¿Cuantas vías indirectas nos quedarán por explorar?

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