Llega la gripe

Como todos los años llega la gripe. Y la campaña de vacunación antigripal. Y el debate sobre si debe uno vacunarse o no, si la vacuna es efectiva o no, etc. Y es sorprendente ver que una gran parte de la población se mueve entre el escepticismo y la indiferencia. En general no se le da importancia a la gripe, no se la considera une enfermedad peligrosa o amenazadora, y los escépticos invocan diversos mitos acerca de la vacuna para justificarse.  Conviene recordar sin embargo que según datos de la Organización Mundial de la Salud el virus de la gripe infecta todos los años al 5-15% de la población mundial  (entre 350 y 1000 millones de personas), produce entre 3 y 5 millones de casos graves, y entre 250.000 y 500.000 muertes. Conviene recordar también que el año que viene se cumplirán 100 años de la “Gripe española de 1918”, la pandemia que mató entre 20 y 40 millones de personas en todo el mundo, en apenas unos meses… (evidentemente no era sólo española, para saber más acerca del nombre aquí).

 

Gráfica de mortalidad de la gripe de 1918 en varias ciudades de Estados Unidos y Europa. National Museum of Health and Medicine, Armed Forces Institute of Pathology, Washington, D.C., United States, publicada en Pandemic Influenza: The Inside Story.

 

El virus de la gripe es un fuerte inmunógeno, es decir induce una respuesta inmune fuerte, y la infección produce inmunidad contra futuras infecciones. ¿Por qué entonces volvemos a caer año tras año? Porque el virus cambia. Nuestro propio sistema inmunitario ejerce el papel de selección natural e impide que el mismo virus vuelva a expandirse en la población. La estrategia del virus para sobrevivir es cambiar para evitar ser reconocido por los anticuerpos que se produjeron en infecciones anteriores. Se genera así una gran diversidad de cepas o variedades del virus que van mutando gradualmente ó repentinamente (por mecanismos llamados deriva antigénica y saltos antigénicos). Y se llega a una situación dinámica, en la que se combinan factores evolutivos, climáticos y epidemiológicos para producir la gripe estacional, con diversas cepas del virus circulando y picos epidémicos centrados en los meses de invierno en los hemisferios Norte y Sur, y en la estación de las lluvias en los trópicos.

El objetivo de la vacuna de la gripe es dar a nuestro sistema inmunológico pedacitos de los virus que van a venir la temporada siguiente para producir respuesta inmune antes de que lleguen los virus reales, y así evitar la infección. Esto es más complicado de lo que parece a primera vista y la efectividad de las vacunas contra la gripe es variable, oscilando entre un 10 y un 90% de protección.

El primer problema es que las vacunas se fabrican inoculando los virus en huevos de gallina y se necesitan aproximadamente seis meses para su producción. Es decir que hay que saber cómo será el virus que vendrá la próxima temporada entre seis y nueve meses antes de iniciar la campaña de vacunación. La OMS vigila las cepas del virus que circulan en cada momento por el mundo, y cada año decide cuales son las que hay que introducir en la vacuna para la siguiente campaña. En febrero se diseña la vacuna para el hemisferio Norte y en septiembre para el Hemisferio Sur. Las vacunas suelen ser realmente buenas, e inducen protección contra el virus inoculado, pero si la vacunación llega cuando la epidemia ya está circulando en muchos casos no habrá tiempo para que se produzca la respuesta inmune adecuada (unos quince días desde la vacunación). Además, a veces el virus cambia después de que se haya diseñado la vacuna, o se expande posteriormente una cepa que no estaba incluida en el diseño. El resultado es que ese año la efectividad de la vacuna será baja porque la principal cepa del virus circulante no estaba incluida. También se ha observado que la producción en huevos selecciona ocasionalmente alguna variante mutada diferente a la que se inoculó, y la vacuna induce buena protección contra la variante mutada, no contra la inoculada. Cuando eso ocurre (la temporada pasada, por ejemplo) la efectividad de la vacuna es baja de nuevo.

Es evidente por tanto que hay mucho margen de mejora en la lucha contra la gripe. Actualmente se están haciendo muchos progresos en la investigación en nuevos fármacos antivirales más efectivos que los actuales. También en sistemas de producción más rápidos y menos problemáticos que permitan acercar más la producción de la vacuna a la temporada de gripe (utilizando cultivos celulares, ó sistemas de baculovirus y células de insecto). Una línea que está suscitando mucho interés es el desarrollo de una vacuna universal, no dependiente de cepa, que no habría que inocular cada año, sino tan solo una o unas pocas veces, como en la vacunación estándar. (Hay quien puede creer que esto iría contra los intereses de las compañías farmacéuticas, que podrían perder el negocio. En realidad no, porque vacunar a la población mundial llevará años, y no parece que vaya a ser un mal negocio, por otra parte, si puede hacerse, alguien lo hará y las grandes empresas preferirán formar parte de ello a quedarse al margen).

También se está dedicando mucho esfuerzo a los métodos de  predicción. Emulando a los meteorólogos, los epidemiólogos intentan predecir con mayor precisión qué cepas van a circular  a corto y medio plazo y cuál será su virulencia. Con ello se pretende ayudar a mejorar el diseño de las vacunas y los niveles de alerta.  ¿Cómo puede predecirse la temporada de gripe? Hay grupos que utilizan métodos estadísticos, recogen datos clínicos, demográficos, geográficos y epidemiológicos de las últimas temporadas, y extrapolan tendencias hacia el futuro. Otros grupos utilizan modelos epidemiológicos en los que se introducen parámetros como la infectividad, o transmisibilidad, la persistencia de la protección inmunológica, las fracciones de la población susceptible, infectada o inmunizada. Las dos aproximaciones obtienen resultados razonables al predecir las cepas que van a circular o el momento en que van a hacerlo, pero en general no predicen la magnitud del pico epidémico, a cuántas personas va a afectar. Recientemente un grupo del Departamento de Ecología y Evolución de la Universidad de Chicago, ha propuesto utilizar las secuencias del genoma del virus, que se obtienen fácilmente de las bases de datos públicas, para medir y cuantificar su evolución en términos de diferenciación antigénica con respecto a virus de temporadas previas.  Al añadir la información evolutiva a un modelo epidemiológico se conseguía, en 2016, predecir el pico epidémico de la temporada siguiente (2016-2017) y su magnitud.

Parece por tanto bastante probable que en los próximos años veamos progresos importantes en la prevención y el tratamiento de la gripe, y tal vez la próxima pandemia no nos pille desprevenidos.

 

REFERENCIAS

Chretien JP, George D, Shaman J, Chitale RA, McKenzie FE. Influenza forecasting in human populations: a scoping review. PLoS One. 2014 Apr 8;9(4):e94130. doi: 10.1371/journal.pone.0094130.

Du X, King AA, Woods RJ, Pascual M. Evolution-informed forecasting of seasonal influenza A (H3N2). Sci Transl Med. 2017 Oct 25;9(413). doi: 10.1126/scitranslmed.aan5325.

Nicholls H. Pandemic influenza: the inside story. PLoS Biol. 2006 Feb;4(2):e50. doi: 10.1371/journal.pbio.0040050

 


	
	
	
	
	
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