Archivo de enero, 2006

Los nuevos parias de la tierra: los inmigrantes irregulares (o indocumentados)

Millones de personas desplazadas desde sus lugares de origen, de manera voluntaria o por fuerza mayor, están poniendo a prueba las bases de unas estructuras sociales y de un orden político que durante siglos habían sido aceptadas como incuestionables. Entre estas bases se encuentran las formas de pertenencia de los individuos a la comunidad política, tradicionalmente asociadas a la noción de ciudadanía. Por si la diversidad interior no fuera ya suficientemente significativa en la mayoría de los Estados, la llegada masiva de inmigrantes confirma que el sueño del Estado-nación homogéneo está más que periclitado. Los nuevos imaginarios colectivos no saben de límites ni de fronteras.

Los inmigrantes son individuos que trabajan y viven en una sociedad, pero con frecuencia no son considerados como miembros de ellas y, menos aún, como legítimos receptores de los derechos derivados de esa pertenencia. Esta paradójica situación resulta aún más llamativa, por no decir sangrante, en el caso de los inmigrantes legales y de larga duración que además de vivir y trabajar pagan sus impuestos como cualquier hijo de vecino.

La diferente adscripción de derechos entre nacionales y extranjeros no es asunto menor y acarrea con frecuencia enormes prejuicios para los afectados. De hecho, deja a los residentes extranjeros en una situación de considerable vulnerabilidad social.

En sociedades democráticas, como las que conforman la Unión Europea, del mismo modo como ya ocurriera en la Atenas clásica, se les niega la condición de ciudadanos a personas que no son meros transeúntes ni turistas, sino habitantes habituales. Ni siquiera la residencia legal convierte a los extranjeros que viven en nuestros países en ciudadanos optimo iure, como dirían los romanos, esto es, en miembros de la comunidad con plenos derechos. La ciudadanía juega así el dudoso papel de mecanismo de inclusión/exclusión social: un principio de inclusión que genera exclusiones colaterales.

En orden a la verdad, se ha avanzado enormemente en lo que respecta a las garantías de residencia y el acceso al empleo de los inmigrantes, pero, con todo, subsisten algunas brechas significativas entre los derechos atribuidos a los ciudadanos y a los residentes legales. Una suerte muy distinta corre, sin embargo, otro importante colectivo. Así, son especialmente sangrantes las diferencias que separan a estos dos grupos de los modernos parias: los inmigrantes indocumentados, los ‘sans papiers’. Su situación irregular parece condenarles a una injustificable ilegalidad.

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Sobre la integración social

Comentario de María Machón (Berlín)

A parte de las fronteras, digamos, físicas, están las culturales y sociales. Éstas me parecen con diferencia las más difíciles de cruzar para el inmigrante e incluso de abrir para el pais anfitrión. Yo me pregunto: ¿es posible y/o necesaria la integración (y cómo se definiría)? En caso afirmativo, no creo que se pueda ni deba esperar de los inmigrantes que se integren espontáneamente, o dicho de otra forma, no se les puede cargar sólo a ellos con esa responsabilidad: ¿qué se puede hacer para fomentar la integración? ¿qué pasos debe dar el país receptor? ¿se trata de ayudar al inmigrante o de concienciar a la poblacion “autóctona”, o ambos?

 

En respuesta a estas cuestiones, véanse sociedad integrada y dilemas de las políticas de integración

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Sobre la permanencia de las fronteras

(Respuesta al comentario de Héctor Rivas)

 

He aquí el comentario del lector:

“Las fronteras no existen, sólo son el reflejo de una sociedad mundial intolerante. ¡¡¡Arriba el mestizaje, abajo las banderas!!!” 

 

Glosa a modo de respuesta:

 

Las fronteras sí que están ahí y numerosos son los Estados empeñados en que subsistan. Eso sí, su propia existencia es el testimonio palpable de diferencias intolerables. De la contingencia de las fronteras sabe bien la historia, que si algo nos puede enseñar es que todas ellas son cambiantes. Además,  nadie elige el lugar de su nacimiento y nadie, por tanto, puede y debe responder por ello. Sin embargo, una frontera levantada con criterios administrativos hace que, según el lado en que se haya nacido, uno disfrute ya de entrada de infinidad de oportunidades materiales o carezca de lo más mínimo para levar una vida digna, uno tenga reconocidos derechos y libertades básicos o se encuentre privado de cualquier protección jurídica.

 

También es cierto que los nuevos imaginarios colectivos no saben de límites ni de fronteras. Cada vez son más los individuos que asumen con mayor la naturalidad identidades múltiples y se sienten incómodos por trazos y líneas artificiales.

 

Juan Carlos Velasco

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EL VOTO INMIGRANTE

¿Es la concesión del derecho de voto a los inmigrantes de larga duración un instrumento de integración social?

 

He aquí una opinión expresada en la prensa en el día de hoy:

 

“El Parlamento Europeo rechazó el día 17 de marzo el derecho al voto para los inmigrantes residentes de larga duración. El Grupo Popular Europeo sumó sus votos con los de la extrema derecha para que la Eurocámara deniegue un instrumento fundamental en la verdadera integración de los inmigrantes en la sociedad de acogida. Porque la integración requiere participación y la participación conlleva necesariamente la implicación. Un inmigrante que trabaja y vive en un país durante mucho  tiempo y que no se siente implicado difícilmente puede integrarse en una sociedad que le demanda esa integración mientras las legislaciones y algunas voluntades políticas se lo niegan” (Mohammend Anouar Haidour, Madrid. Cartas al director de El País, 21-01-2006)

 

Dejando al lado qué fuerza política preconiza una cosa u otra (éste no sería el tipo de debate que se pretende abrir en este blog), parece más que sensato analizar la conveniencia y sobre toda la justificación moral y política de conceder el derecho de voto a quienes forman parte de una sociedad aunque no dispongan del status formal de ciudadanía. ¿Cabe negar derechos a quienes por otro lado se les exige el cumplimiento de obligaciones como, por ejemplo, los de índole fiscal? No taxation without representation.

 

 

Sobre este mismo asunto, véase información actualizada: De nuevo con el voto de los inmigrantes

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ESTEREOTIPOS SOBRE LA INMIGRACIÓN EN ESPAÑA

El debate sobre la inmigración, lleno de matices, se presta al simplismo y la demagogia. Éstas parecen que son efectivamente las monedas de uso más corriente. Así, cuando en España se saca a relucir el tema de la inmigración, ya sea en una conversación privada o en un debate público, aparecen una y otra vez y de manera casi inevitable los mismos mitos, estereotipos y falacias. Da igual que los trabajos de investigación realizados los desmientan con datos. Parece como si el trabajo realizado por sociólogos, antropólogos y otros científicos sociales dedicados al estudio de la inmigración en España se lo tragara la tierra. Pese a toda esa labor realizada por un montón de profesionales, el “encuadre negativo” de los medios de comunicación respecto a la inmigración ha influido en una percepción ciudadana del fenómeno que reveló un racismo simbólico creciente hacia los inmigrantes, alimentando tópicos negativos en el imaginario colectivo de la sociedad española.

He aquí algunos de los clichés y lugares comunes más recurrentes que, ahora en una primera instancia, expongo en el blog para someterlos a la discusión de los lectores:

1.       Los inmigrantes llegan a España de forma irregular, clandestina, ilegal.

2.       Los inmigrantes llegan a España mayoritariamente en pateras.

3.       Las medidas “abiertas” en materia de inmigración provocan un “efecto llamada”.

4.       La inmigración irregular es fuente de marginación y delincuencia.

5.     Los inmigrantes poseen un nivel educativo bajo.

6.       Existen unos inmigrantes más integrables que otros.

(A los mencionados se les podría añadir, entre otros muchos, los señalados ya hace un par de años por Sami Naïr en un interesante artículo de prensa

 

¿Tienen estos tópicos tienen algún fundamento objetivo o son más bien el reflejo de una mentalidad xenófoba? Quien quiera puede añadir los lugares comunes que con  mayor frecuencia escucha en su propio ambiente. Gracias por anticipado.

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INMIGRACIÓN Y CAMBIO DEMOGRÁFICO EN ESPAÑA. Nuevos datos

RESUMEN. Entre 2001 y 2005 la población española ha dado un gran salto. El impulso lo ha tomado la inmigración. En apenas cinco años, se ha duplicado el número de extranjeros: de 1.370.657 en 2001 a 3.730.610 personas en 2005, según datos del padrón recogidos por el INE. Buena parte de ellos, sin embargo, todavía se encuentra en un laberinto de difícil salida. Arribados a España esquivando los cauces legales, se hallan sin permiso de trabajo y sin permiso de residencia, un limbo que varios procesos de regularización han intentado reencauzar y varias normas se han propuesto solucionar durante los últimos años.

Es un hecho aceptado que la inmigración se ha convertido en muy pocos años en el fenómeno social más novedoso y potente de cuantos ocurren en España. Un fenómeno que afecta a los más variados aspectos de la vida social, empezando por la demografía.

De acuerdo con los datos del Padrón Municipal, referidos a la fecha de 1 de enero de 2005, la población española ha crecido hasta superar los 44 millones de personas, más exactamente: 44.108.530. Los extranjeros conforman el 8,5 por ciento de la población residente en España: 3.730.610 personas. El incremento demográfico durante el año 2004 ha sido sumamente importante: 910.846, lo que supone un aumento del 2,1%. La parte fundamental de este incremento se debe, sin duda, a la inmigración: durante ese año el número de inmigrantes residentes en el país aumentó en 696.284. De un año para otro la inmigración creció además en un 23%.

El resultado de este acelerado proceso de crecimiento de la inmigración es que España ha pasado en pocos años de ser uno de los países de la Unión Europea con menor porcentaje de inmigrantes -2% de su población total en 1998- a ser el cuarto -8,5% en 2005-. En comparación con otros países europeos el fenómeno migratorio en España tiene como característica que es mucho más reciente y, sobre todo, que ha sido mucho más intenso y más rápido. En este mismo sentido, un dato significativo es que España es por séptimo año consecutivo el principal país de acogida de inmigrantes en la UE. Se trata de un fenómeno de unas dimensiones casi únicas en todo el mundo, por su concentración en unos pocos años, y cuyo impacto social tendrán que apresurarse a valorar los demógrafos y sociólogos.



Actualización de datos. A 1 de enero de 2008la población empadronada en España es de 46.063.511 habitantes, de los cuales5,2 millones son extranjeros. El colectivo extranjero representa, pues, ya al11,3% de la población total. Con respecto al padrón anterior, el númeroabsoluto de habitantes aumentó un 1,9% y la población extranjera creció un 15,5%.

Sobre el mismo asunto, véase El crecimiento de la inmigración en España.

Sobre la cuestión de cómo han de interpretarse los datos estadísticos relativos a la inmigración (tantos de los presentados aquí como de los procedentes de otras fuentes estadísticas), véase el artículo de Joaquín Leguina: ¿Cuántos somos?

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