Archivo de octubre, 2006

Reflexiones sobre la actual inmigración en cayucos – Canarias, ante la inmigración africana

Bajo el rótulo “Reflexiones sobre la actual inmigración en cayucos”, un grupo de diez investigadores de las dos universidades canarias presentaron en público hace un par de semanas un importante documento sobre la actual situación de la inmigración en el Archipiélago, un documento que invita al sosiego y a la reflexión.

 

Las imágenes televisadas casi en directo de los cayucos llegando a las playas canarias han impactado fuertemente en la percepción colectiva de la sociedad, convirtiendo la inmigración en el primer problema de los españoles (según datos de la última encuesta del CIS). 

 

Frente a las voces que hablan de consecuencias dramáticas provocadas por la “avalancha migratoria”, estos investigadores procedentes de diversas disciplinas subrayan que “la actual situación es una prueba para la madurez cívica y política de la sociedad canaria”, un reto que “hasta ahora la sociedad canaria lo está resolviendo mejor que sus políticos”.< ?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" />

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Racismo y estereotipos sobre la inmigración

Si se define una determinada imagen de la realidad, esa imagen tiene efectos reales

(Teorema de Thomas)

 

Cuando se saca a relucir el tema de la inmigración, ya sea en una conversación privada o en un debate público, aparecen una y otra vez los mismos  clichés y lugares comunes. Parecen inmunes a cualquier reflexión y da igual que concienzudos trabajos de investigación los desmientan con datos. A pesar de lo arduo de la tarea, resulta crucial combatirlos con información, pues se encuentran en la base (o son manifestación) de actitudes racistas. A continuación se reproduce una interesante reflexión enviada por Antonio Álvarez del Cuvillo (28/10/2006) sobre esta cuestión:

 

 

A mí, desde luego, me parece muy bien que los españoles expresemos nuestros miedos, nuestras dudas y nuestras inseguridades respecto a las migraciones. Para combatir el racismo, la primera condición es no demonizarlo, no convertirlo en una etiqueta que siempre colgamos a otros, sino entender que es una actitud humana, en la que caemos todos los seres humanos, y que tenemos que comprender para poder controlar y eliminar si podemos.

 

Las raíces del racismo están en nuestra obsesión por razonar conforme a etiquetas estereotipadas que imponemos a las personas. Está bastante estudiado cómo las etiquetas suponen “sesgos cognitivos” es decir, condicionan lo que percibimos de nuestro entorno y lo que percibimos de manera generalizada. Yo tampoco quiero ofender a nadie, pero creo que gran parte de los razonamientos y aseveraciones que aparecen en los comentarios de este blog y que exageran la conducta antisocial de los migrantes (por contraposición a una supuesta conducta social de los autóctonos) o que exageran la ayuda social que los migrantes reciben, o que toman la parte por el todo o generalizan sobre agravios particulares, son tributarios de todos estos “sesgos cognitivos” estudiados por la psicología social.


Una de estas descripciones deformadas es la percepción idealizada de la inmigración española. Hubo inmigración española ilegal Y MUCHA y te lo cuentan los propios que la hiceron. Mucha gente también vino con sus contratos de trabajo, pero esto se produjo porque había condiciones estructurales diferentes a las de ahora en las que no me puedo extender. En los países receptores hacían discursos básicamente iguales a los que hacemos nosotros, como cumpliendo implacablemente una ley social, y también acusaban a los españoles de no adaptarse a la lengua (cuántos siquiera aprendieron alemán), a la cultura y a las costumbres, o decían que eran unos guarros por freír tortillas de patatas. Cumplían el rol que les tocaba.


Obviamente, si los extranjeros no vienen hoy con contratos de trabajo no es porque no quieran (¡ya quisieran ellos!) sino porque el sistema de gestión de las migraciones es totalmente ineficaz (y presenta problemas para serlo totalmente aunque se mejorara).


Que los extranjeros van a seguir aquí está claro. Que van a venir más también está claro. Eso traerá cosas buenas y malas y regulares. Es el mundo que nos ha tocado vivir, los “tiempos interesantes” que nos tocan. Ese es nuestro contexto y a eso tendremos que adaptarnos. La adaptación no puede venir de posiciones ingenuas, que creen que no va a haber problemas, pero tampoco de lanzarse a ellos y avivar el fuego de los futuros conflictos étnicos. La adaptación es alejarse de los fatalismos, de los pesimismos y del miedo irracional sin sentido; mantener un optimismo moderado, que nos proporcione esperanza para trabajar. Tener el corazón abierto, pero la cabeza fría para pensar estrategias a nivel grande, pero también a nivel de nuestras pequeñas convivencias caseras, para que unos y otros vivamos lo mejor posible. Tener sentido práctico para definir problemas y buscar soluciones. Es cosa de los políticos, pero también de los internautas y de los que convivimos todos los días con estos problemas.


Yo me apunto a eso y os animo a ello. Si alguien quiere quedarse en el muro de las lamentaciones y quejas en lugar de pensar en cosas concretas y trabajar por ellas con ánimo de solucionar algo, está en su derecho. Pero está condenado a seguir lamentándose toda su vida.

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Grados en la ciudadanía – Redefiniendo el ‘status’ de los inmigrantes

La posición de los inmigrantes en la estructura normativa de los Estados receptores es un tanto anómala, pues pese a ser miembros de hecho de sus sociedades de acogida no son, en sentido estricto, sujetos de pleno derecho de las mismas. Con la ayuda del concepto tradicional de ciudadanía cada vez resulta más difícil entender cabalmente el fenómeno de las migraciones y el de la progresiva extensión de derechos y prestaciones sociales a los inmigrantes.

Con el fin de salvar esas carencias, en los últimos años han surgido nuevos términos y clasificaciones que pretenden dar cuenta de las mutaciones experimentadas por la ciudadanía en el contexto de los procesos migratorios. Entre esas nuevas clasificaciones, quizás una de las más completas y ajustadas sea la propuesta por Marco Martiniello (1994), acuñada con el fin de caracterizar el acceso de las personas a derechos en función de las diferentes situaciones jurídicas en las que se encuentran. Atendiendo sobre todo al caso de los países de la Unión Europea, Martiniello propone clasificar la población en tres categorías: “full citizens”,“denizens” y “margizens”.

Los “full citizens” (ciudadanos plenos) serían aquellos que gozan del status legal de la ciudadanía nominal basada en la nacionalidad; los “denizens” son los extranjeros con residencia legal en el país de acogida y los “margizens” son los indocumentados u otras personas con status legal inseguro. Entre estas dos categorías se situarían la mayoría de los inmigrantes: los primeros, en la práctica están asimilados a los ciudadanos del país de acogida; los segundos, prácticamente carecen de cualquier reconocimiento legal y protección social. Entre estos dos extremos se ubicaría toda una larga serie de situaciones legales, con toda una prolija casuística.

El efecto práctico de las políticas migratorias es precisamente la potenciación de estos procesos de ‘estratificación cívica’. Se van creando estratos o clases entre los inmigrantes, que se ven ordenados por el mayor o el menor grado de disfrute de derechos. Autores como Bauböck, Soysal, Sassen o Morris han puesto en evidencia esta tendencia. ¿Cómo se podrá construir una sociedad integrada a partir de esta estratificación? ¿Es sostenible una sociedad escindida entre ciudadanos e inmigrantes?

Bibliografía recomendada sobre el tema:

- Marco Martiniello (1994): “Citizenship of the European Union: a critical view”, en R. Baoubock (ed.), From Aliens to Citizens, Aldesrshot: Avebury Press, pp. 29-47.

- Lydia Morris (2002): Managing Migration. Civic Stratification and Migrants’ Rights, Routledge, Londres, 178 pp.

- Rainer Bauböck (2006): “Migración y ciudadanía”, en Zona Abierta, nº 116/117, pp. 135-169.

Sobre este mismo tema, me permito la remisión a un artículo mío: “Estado nacional y derechos de los inmigrantes”

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Seguridad nacional e inmigración

En nuestros días, iniciado ya el siglo XXI, los distintos puntos del planeta se encuentran conectados en cuestión de segundos. Se producen intercambios a una velocidad inimaginable entre puntos remotos del planeta, de modo que la circulación de información o de recursos materiales y económicos se ve facilitada enormemente… pero las fronteras están abiertas para las transacciones financieras y comerciales, no para las personas.

 

Mientras por doquier se levantan las barreras que impiden la libre circulación de mercancías y capitales, simultáneamente se niega o se restringe la libre circulación de las personas.

 A ninguna autoridad del Estado parece preocuparle esta flagrante contradicción entre los principios de las democracias liberales. Sin apenas pararse a pensar en las consecuencias, en nombre de la seguridad y el interés nacional se refuerzan las medidas de control de las fronteras, se desarrolla una estrategia de creciente militarización de las mismas  (vallas, SIVE, FRONTEX) y de control de las aguas territoriales de diversos países africanos. El efecto de esta deriva es que el Atlántico y el Mediterráneo se han convertido en una fosa para miles personas que intentaron la travesía desde diferentes puntos del continente africano. (más…)

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