Un “proyecto común” para un país de inmigración

Cuando el ambiguo y polisémico término ‘integración’ se utiliza en referencia al complejo y multidimensional fenómeno de la inmigración adquiere con frecuencia una connotación meramente unilateral, como si todo el esfuerzo tuviera que ser realizado únicamente por parte de los inmigrantes. En realidad, el reto consiste en lograr que los inmigrantes se sientan partícipes de una sociedad que estamos construyendo entre todos. Por ello, quizás sería mejor hablar de “proyecto común”.  Para evitar el peligro de la segregación social y territorial habría que construir también un relato compartido de derechos y deberes para todos.

Este proyecto debería basarse, ya en términos más concretos, en la necesidad de que los inmigrantes accedan a un trabajo estable y a una vivienda digna en condiciones similares a las existentes para el conjunto de la población. Es necesario también poner el acento en potenciar la red de primera acogida al extranjero y, sobre todo, en crear los servicios públicos necesarios para “construir ciudadanía”. En este mismo sentido, resulta prioritario incrementar las inversiones en los servicios públicos (escuelas, atención sanitaria, etc.) para que “la gente no piense que compite con los inmigrantes” por los mismos recursos sociales.

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Comentarios

Vivo parte del año en un barrio de Zaragoza lleno de inmigrantes. La mayoría quiere ser rico, y la mayoría es inmensamente hortera, insolidario, trepa, "listillo", caradura. Vienen a hacerse rico y con ese ansia nada se puede hacer con ellos de participación, solidaridad, revolución…

Me da mucha pena que sus héros sean Mac Donals, las marcas, los ricachos de la tele y todo lo hortera….

El número de inmigrantes que llegan a España a través de la reagrupación familiar se ha incrementado sustancialmente en los últimos años, lo que obliga a las distintas administraciones a encarar una cambiante realidad social que genera nuevas necesidades en terrenos tan sensibles como la atención sanitaria o la escolarización.

A lo largo del 2006, casi 100.000 ciudadanos latinoamericanos pudieron reencontrarse en nuestro país con sus allegados, un volumen que podría continuar al alza en los próximos meses a tenor de la cantidad de peticiones de visado cursadas ante los consulados españoles.

La reagrupación constituye una fórmula legal que facilita el arraigo de quienes han abandonado sus lugares de origen teniendo que dejar allí a los suyos. Pero también genera demandas de las que los poderes públicos deben ser conscientes para atajar situaciones irregulares o nuevas formas de desigualdad.

Existen unos límites subjetivos al fenómeno migratorio, subjetivos pero reales.

De tal modo que según las encuestas del CIS durante 2006 ha sido la principal causa de preocupación por parte de los ciudadanos y en el 2007 está en el 2º y 3er lugar tras el terrorismo y el paro por motivos obvios: el atentado en la T4, el juicio del 11M y las noticias alarmantes sobre el enfriamiento de la economía.

El futuro de la humanidad (si lo hay) es la mezcla entre todos los seres humanos, pero para que ese futuro sea una realidad hay que hacer las cosas con cordura, la confusión del deber ser con el ser ha sido causa de grandes conflictos y catástrofes.

Por otra parte el confundir el derecho de los seres humanos a la libre circulación con la obligación de acogida por parte de la sociedad de elección es a mi juicio descabellado, porqué imaginémonos que Madrid en bloque decide emigrar al Principado de Mónaco.

Eso no significa que el principio de solidaridad entre los seres humanos no deba estar presente en la política; sobre todo entre los políticos; pero el desarrollo de las sociedades con grandes carencias no pasa forzosamente por el modelo migratorio que trae con frecuencia consecuencias negativas para el inmigrante, la sociedad emisora y la receptora. Concretando este punto: ayuda decidida y suficiente al desarrollo (sostenible) de los países que la precisen.

El tema es serio y el debate sobre el mismo debe sólido, necesita una regulación socialmente aceptada y políticamente consensuada, una vez más urge el entendimiento de los partidos políticos (por lo menos los más representativos).

(requerido)

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