Al hilo de las elecciones presidenciales en Francia (I)

Por Esteban Greciet

Por encima de las cuestiones suscitadas en el interesantísimo y apasionante debate del pasado miércoles entre los dos candidatos, Ségolène Royal y Nicolas Sarkozy, y una vez ha vencido éste último, puede resumirse la campaña electoral francesa señalando que ha pivotado sobre tres conceptos esenciales: identidad, ciudadanía y República, las tres relacionadas muy estrechamente con la condición que reúne Francia, desde la Segunda Guerra Mundial y el período de desarrollo económico posterior, de país de asilo y acogida de inmigración.

El primero de ellos se ha vivido con especial intensidad por el apego del francés a la tierra, pero también por la conjunción de una pluralidad de identidades en el territorio del Hexágono, con proyecciones en los planos religioso, cultural, económico y, al cabo, político. No en vano, buena parte de la inmigración que afluye a la Francia continental lo es en su calidad de antigua metrópoli de las colonias del Norte y centro de África, las Antillas, el Índico u Oceanía, lo que da idea de la diversidad existente; sin olvidar a la Francia de Ultramar que permanece aún bajo soberanía de la República. 

Pues bien, el debate sobre la identidad se ha planteado de forma especialmente intensa por la sensación de fragilidad y vulnerabilidad que ha transmitido la sociedad francesa, y con ello los goznes de la propia República, ante los retos de la globalización, de la que la inmigración es fiel trasunto. El papel asumido por el Estado en Francia no es muy diferente del de otros países europeos, en especial del Norte y Centroeuropa; pero acaso es visto como el faro señero del Estado social de bienestar transido, a su vez, de la secular idea de un État fort provisto, para la consecución de sus fines cuasi sagrados, de una Administración de dimensiones descomunales; y, por todo lo anterior, es percibido por muchos más como un obstáculo que como una garantía de solidez frente a aquellos desafíos.

Pasando a las expresiones más crudas del problema, no es necesario pensar en el conflicto latente de mayor relevancia, cual es el proveniente de los millones de musulmanes que habitan, practican sus costumbres y celebran su credo bajo las leyes republicanas, teóricamente resuelto tras la polémica del Informe Stasi y la ley del hiyab; sino en el no dado mayoritariamente en el referéndum sobre la Constitución Europea celebrado en mayo de 2005, como un no al extraño, un rechazo más a la ampliación hacia el Este de Europa que al Tratado constitucional en sí, y que se personificó en esa figura del fontanero polaco que aumenta la oferta de mano de obra cubriendo la demanda necesaria a los costes más bajos que pueden imaginarse en un mercado laboral como el francés. Un temor que compartieron votantes de ambos extremos, desde la extrema derecha de Le Pen hasta la izquierda altermundista, recordándonos la paradoja del nacionalbolchevismo de las clases menos favorecidas, sobre todo de los suburbios, que pasaron de votar al Partido Comunista a hacerlo por el Frente Nacional.

El Presidente electo es consciente de las repercusiones del no, pero a cambio propone una versión disminuida del Tratado constitucional, cuya génesis y tramitación está por ver, como lo está el tratamiento que dé a las migraciones.

(continuará…)

Etiquetas:

Si te gustó esta entrada anímate a escribir un comentario o suscribirte al feed y obtener los artículos futuros en tu lector de feeds.

Comentarios

Sarkozy llega al Elíseo con un mandato reforzado por la inusualmente alta participación de los electores – más del 85 por ciento – y por la viveza que ha adquirido el debate político e ideológico durante la campaña, con debates públicos envidiables por su calidad y transparencia.

Ese enorme interés que los ciudadanos han mostrado por la política, en un momento de crisis de identidad, es quizá el mejor mensaje, y no sólo para Francia, de este proceso electoral.

Una esfera política activa y una ciudadanía vigorosa son precondiciones para articular una identidad colectiva inclusiva, que abra las puertas a la diversidad cultural que caracteriza la actual sociedad francesa, como muchas de las sociedades europeas contemporáneas.

(requerido)

(requerido)


*