La multiplicación de los muros y la intensificación de las corrientes migratorias

“En nuestros días la libertad de circulación es la excepción; la regulación y la restricción, la norma. La supresión de barreras y la liberalización de flujos que son consustanciales a la globalización no se han extendido a las migraciones internacionales” (Joaquín Arango).

El planeta entero está cubierto de cicatrices que los seres humanos trazan para intentar separarse de sus semejantes. Los motivos que se esgrimen para ello son sumamente variopintos, pero en todos ellos subyace el rechazo de lo diferente: hay que trazar fronteras para separarse de otros seres humanos que son de raza, nacionalidad, cultura, religión o ideología política distinta. Con todo, el motivo más potente, más frecuente y más auténtico es de índole mucho más materialista: pura y simplemente para impedir el acceso de seres humanos que son pobres y que aspiran a escapar de penurias y calamidades sin fin.

No hace mucho tiempo que fueron abatidos el muro de Berlín y el telón de acero que separaban los dos grandes bloques ideológicos durante la guerra fría, pero desde entonces se han levantado otros muros con longitudes muy superiores: miles y miles de kilómetros de nuevas separaciones físicas entre vecinos erigidas con la loca e infundada pretensión de ser infranqueables.

Se han levantando así nuevos muros, barricadas, vallas, verjas, fosos y trincheras en muchos lugares del planeta. Prácticamente, en todos los continentes: en Asia, América, África y hasta en Europa. Con todo tipo de materiales: con piedras y arena, con metal y hormigón, con alambre de espino; y sin olvidar las tecnologías más avanzadas para el control fronterizo: cámaras de vídeo, sensores de calor, rayos láser, equipos de visión nocturna, helicópteros, aviones robotizados e incluso campos de minas.

Las fronteras vigiladas y los muros militarizados son instrumentos de una política excluyente, de una política de rechazo y discriminación que se contrapone a las corrientes y flujos generados por los procesos de globalización. Los muros son expresión paradigmática de una concepción política radical y absurda puesta en marcha paradójicamente en un mundo que pretende ser cada vez más abierto y más global.

Como se ha señalado en posts anteriores, habitualmente se señala la frontera entre Estados y México como el mayor foso mundial de desigualdad entre riqueza y pobreza. Aunque sin duda aún mantiene toda la fuerza del mito, en realidad hoy en día ya no es así, pues la mayor sima mundial en ese sentido es la frontera entre España y Marruecos y, por extensión, entre la Unión Europea y el Magreb y África. Precisamente en esa frontera se erigió hace pocos años un nuevo muro: las vallas reforzadas de Ceuta y Melilla. Y justo a partir del momento en que estas vallas se mostraron eficaces, sobre todo gracias a la cooperación policial con Marruecos, se intensificó espectacularmente otra vía para los movimientos migratorios masivos: la seguida por los cayucos que arriban a las Islas Canarias. Si la corriente humana empujada por la miseria y el hambre está ahí esperando, siempre acabará encontrando una vía de escape, aunque sea por otro lugar. Esta lección no la debería olvidar ningún gobierno.

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Comentarios

Creo que uno de los grandes problemas con las migraciones es que seguimos mirándolas con los ojos de los países que las reciben… no desde la perspectiva de los que se van.

Comparto el enfoque de este artículo, y enlazo desde mi blog:

http://www.laotraagenda.com/

Gracias,

En referencia al muro que construye Estados Unidos en la frontera con México para frenar la inmigración, y a otros tantos que se erigen en todo el mundo con el mismo fin, quiero mostrar mi convencimiento de que no hay muro por alto, ancho, o largo que sea que pueda imponerse al sueño de una vida mejor. Y eso es así porque, en su gran mayoría, los flujos migratorios están vinculados a la pobreza, de modo que no hay ni muro ni foso que prevalezcan frente al intento de conquistar un futuro en bienestar.

Algunos de los problemas que en los ultimos tiempos experimenta España con los flujos internacionales de personas obedecen, y esto es toda una obviedad, a su posición geográfica. España constituye la última frontera en el sur de Europa. Muchos de los inmigrantes que anhelan pisar el suelo de las Islas Canarias, anhelan, en realidad, llegar a España, y en definitiva, alcanzar Europa. Un buen porcentaje de ellos no permanecen en territorio español una vez libres y toman rumbo a su destino real: Francia, Holanda, Alemania, Luxemburgo… Allí donde cuentan con un contacto o un familiar que les arrope en su nueva etapa. El drama de los miles de inmigrantes subsaharianos que llegan a las costas españolas es un drama europeo.

El año pasado las Canarias (al igual que Malta y la isla italiana de Lampedusa) fueron el destino de decenas de miles de africanos, desprovistos todos de la imprescindible documentación. A partir de entonces, la Unión Europea parece haberse percatado de la magnitud del problema. Las soluciones aportadas han sido, sin embargo, pocas. La Comisión Europea carece de competencias en materia inmigración ilegal y sus decisiones sobre control de las fronteras están limitadas. En esta situación, que la Unión Europea ayude a España a frenar este flujo depende más de la cooperación y la solidaridad individual de los Estados miembros que de una política común.

A lo largo de los últimos 20 años se han abierto túneles entre las fronteras más calientes del planeta. Por ejemplo, entre México y Estados Unidos: tras la gran operación iniciada en 1994 para levantar un poderoso dique a la inmigración mexicana hacia el gran vecino del norte, se han descubierto alrededor de 70 túneles a lo largo de esa frontera. Otro ejemplo: los sótanos de la franja de Gaza, perforados por multitud de túneles a lo largo de la frontera con Egipto, ahora bombardeados por la aviación israelí. Y un tercero: los boat peoples que se lanzan incansables desde las costas africanas hacia Canarias, el sur de Italia y Grecia. La proliferación de tecnologías contra el paso ilegal de las fronteras y de normas represivas para frenar a los inmigrantes indocumentados son, por el momento, las armas al uso en la UE para hacer frente a los escalones económicos que le separan de sus vecinos.

http://www.elpais.com/articulo/panorama/somos/46/millones/elpepusocdgm/20090104elpdmgpan_5/Tes

[...] deja de ser paradójico que desde que en 1989 se derribara el Muro de Berlín, la construcción de nuevos muros, vallas y fosos se haya multiplicado. Ahora, sin embargo, no se trata de mantener separados dos mundos con ideologías enfrentadas. En [...]

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