Los «papeles» oficiales y la identidad de los inmigrantes

                         

 

El tema de la identidad es uno de los temas estrellas en el debate público contemporáneo. Habitualmente cuando se habla o se escribe sobre esta noción -ya sea de su faceta individual como de la colectiva- se pone el acento en su dimensión meramente subjetiva (relativa a la autopercepción), obviando las fórmulas por las cuales las identidades se consolidan y adquieren perfil público, fórmulas consagradas generalmente por el derecho y por la práctica política. De esta manera se tiende a ignorar hasta qué punto las identidades tienen que llegar a ser codificadas e institucionalizadas para llegar a ser significativas socialmente. Esto tiene una plasmación directa en la compleja identidad que desarrollan los inmigrantes.

No es ninguna exageración afirmar que el registro legal, los documentos de identificación y las leyes conforman las claves que, a fin de cuentas, determinan la identidad pública de las personas, incluida la de  los inmigrantes. El estar literalmente «sans papiers» estigmatiza y sitúa a las personas al margen del sistema. La identidad de los inmigrantes -también la que ellos mismos se conceden a sí mismos- tiene una base institucional que se plasma en codificación legal previa de las diferentes categorías.

 

Las variadas posiciones jurídicas que los inmigrantes pueden llegar a tener, posiciones que están ordenadas en forma estratificada, tienen un inmediato correlato en los «papeles» que pueden portar y, llegados el caso, también  blandir ante los agentes de la autoridad y los empresarios. Además de estar controlado por el Estado receptor, la posesión de un documento de identidad oficializa la existencia del inmigrante ante las autoridades de ese Estado.

Los Estados modernos se han mostrado entusiastas a la hora de registrar a sus habitantes y de regular los movimientos de personas dentro y a través de las fronteras cuando así lo deseaban. Los documentos tales como los pasaportes y las tarjetas de identidad, así como los censos y los sistemas de registro de los hogares, han sido instrumentos cruciales para alcanzar estos objetivos. Los esfuerzos de los Estados para llevar a cabo un registro completo les ha llevado a crear unos medios exclusivos e inequívocos, y toda una abultada burocracia, para identificar los individuos, tanto los suyos propios como los de otros Estados.

 

Sobre el tema, véase John Torpey: The Invention of the Passport. Surveillance, Citizenship and the State, Cambridge, 2000.

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