La abolición de fronteras: un tema de justicia social

Por Sara Riva

Voy a proponerte un experimento mental. Este experimento lo ideó el filósofo John Rawls en 1971 en su libro Teoría de la Justicia. Vamos con ello. Supón que todavía no has nacido, y tienes que juntarte con otras personas de tu comunidad, que tampoco han nacido, para decidir cómo es el mundo que queréis construir. Parece fácil ¿verdad? Te lo voy a complicar.

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Te voy a tapar con un velo que te va a impedir saber cómo serás cuando nazcas. Lo vamos a llamar: el velo de ignorancia (Rawls 2009). Este velo te impide saber si nacerás hombre, o mujer, si serás una persona blanca o negra, rica o pobre. Tampoco sabrás en qué país vas a nacer, si nacerás en medio de una guerra, o en un país con paz, ni si podrás utilizar las dos piernas, o tendrás que ir en silla de ruedas, ni si dependerás de alguien para que físicamente te dé de comer a lo largo de tu vida. Tampoco sabes lo que te gustará cuando nazcas, si serán personas de tu mismo sexo, o del sexo opuesto, o si no tendrás atracción por ninguno de los sexos, o la tendrás por todos. Y tampoco sabes si te sentirás lo suficientemente a gusto con tu cuerpo como para identificarte con él, ni si vivirás muchos años una vida sana, o tu vida será corta y llena de enfermedades. Y por supuesto, tampoco sabes cuáles serán tus talentos ni tus habilidades, o si tendrás talento para algo o alguna habilidad.

Ahora, teniendo en cuenta que no sabes ninguna dimensión de tu identidad tienes que decidir, junto con las otras personas de tu comunidad, qué tipo de mundo queréis construir. Rawls postulaba que esta era la única manera de poder consensuar una sociedad justa, llevando el velo de la ignorancia. Por ejemplo, para tu comunidad tenéis que decidir qué instituciones queréis tener. ¿Queréis que exista el matrimonio? Si es así, ¿queréis que sea exclusivamente para personas del sexo opuesto? ¿Queréis que exista el divorcio? ¿Queréis penalizar la homosexualidad? ¿Queréis tener cárceles, sanatorios, residencias para la tercera edad? ¿Queréis tener un sistema educativo universal? ¿Lo queréis gratuito, lo queréis de pago, lo queréis mixto? ¿Y el sistema sanitario? Recuerda que no sabes cómo ni dónde vas a nacer. Y dime ahora, ¿te gustaría que tu mundo tuviera fronteras?

¿Qué son las fronteras?

Las fronteras no sólo son construcciones sociales que separan a las personas ricas de las personas pobres. Sino que también son productivas (Anderson, Sharma, and Wright 2009), las fronteras producen desigualdad, construyen ilegalidad, y dejan desprotegidas de sus derechos sociales a muchas personas. Las fronteras son proyectos imperiales que fomentan el nacionalismo.

¿Dónde están las fronteras?

Antes la frontera se entendía como una línea que separaba un territorio de otro, pero a día de hoy, es difícil localizar su ubicación exacta. Con el crecimiento del neoliberalismo (sobre todo en los países occidentales), en los últimos años las fronteras se han ido externalizando. Es decir, las fronteras se han ido desanclando de su territorio físico.

Algunos mecanismos para externalizar la frontera incluyen: la terciarización o delegación a empresas privadas de los visados (Infantino 2015); el establecimiento de centros de detención y de procesamiento; la creación de zonas asociadas con el tránsito que se utilizan para aislar a las personas migrantes antes del desembarco de aviones o una vez han entrado en el aeropuerto; el confinamiento de personas en centros de detención en terceros estados-nación (Mountz 2010; Hyndman and Mountz 2007: 82); el endurecimiento de los requisitos para los visados (Loescher and Milner 2003: 595; Menz 2011: 117; Zolberg 2003); cooperación con otros países para las deportaciones; vigilancia de rutas y transportes de migrantes; cooperación técnica en mecanismos de vigilancia de fronteras; acuerdos como el de Dublín o como el de tercer país seguro (Mountz 2010: 123); acuerdos que permiten compartir datos con otros países (Longo 2018); y desarrollo e implementación y/o formación en medidas tecnológicas de seguridad.

Por ejemplo, si se le deniega el visado para Francia a una persona marroquí, no tiene a quién reclamar puesto que el sistema impide que esa persona se queje a Francia, y la empresa encargada de suministrar visados dirá que no puede hacer nada. Hoy en día, la frontera italiana para una persona africana puede estar en Libia, mientras que la frontera australiana para una persona de Afganistán puede estar en Indonesia. El norte global se blinda del sur global reproduciendo una estructura neocolonial en la que sólo las personas más privilegiadas pueden moverse libremente por el planeta.

Razones para abolir las fronteras

Hay muchos argumentos que justifican que habría que abolir las fronteras, desde el puramente utilitarista, hasta argumentos de justicia social como el del experimento de John Rawls. Sin embargo, debido a la retórica constante que recibimos por parte de determinados grupos políticos y medios de comunicación, hemos demonizado a las personas migrantes, refugiadas y solicitantes de asilo. Nos han infundido el miedo de que vienen a quitarnos el trabajo, simultáneamente nos llegan los mensajes contradictorios de que quieren aprovecharse de las ayudas sociales de nuestro país porque tienen pocas ganas de trabajar.

Entre unos mensajes y otros, se nos olvida que la gente que migra o que solicita asilo, tiene sus motivos para hacerlo, tan válidos como puedan ser los tuyos cuando eliges viajar. Muchas veces es gente valiente a la que la vida le ha puesto en la terrible situación de tener que dejar su hogar, y otras veces es gente que tiene aspiraciones, se enamora, tiene curiosidad, o necesita mejorar su situación económica.

Las fronteras lo único que hacen es potenciar un sistema que beneficia a las personas más privilegiadas, las del norte global. Cualquiera de esas personas, incluso las que promueven la importancia de las fronteras, si hubieran llevado un velo de la ignorancia a la hora de ponerse de acuerdo en las condiciones que quieren para su sociedad, estaría de acuerdo en que migrar no es un delito. Es un derecho humano.

 

Sara Riva es Contratada Marie Skłodowska-Curie Doctor en el Instituto de Filosofía (CSIC), Grupo: Filosofía Social y Política (FISOPOL)

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Comentarios

Del mismo hecho de plantear esta posibilidad – que aquí nos presenta Sara Riva – y de hacer reflexionar de manera crítica sobre aquello que suele darse por sentado se extraería ya un notable rendimiento práctico, tal como sostiene Joseph Carens con respecto a las fronteras abiertas (que no es, sin embargo, lo mismo que abolirlas como tal): “El objetivo del argumento de las fronteras abiertas es desafiar la complacencia, hacernos conscientes de cómo las prácticas democráticas rutinarias en inmigración niegan la libertad y ayudan a mantener la desigualdad injusta”.

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