ESTA REFORMA DEL BACHILLERATO, ¿SERVIRÁ PARA ALGO?

No soy de los que piensan que “cualquiera tiempo pasado fue mejor”. Talvez porque vivía en un barrio obrero y luego di clases en el mismo tipode ambiente (a lo mejor en los colegios pijos era distinto, pero nocreo que mucho), siempre he visto que la mayoría de los alumnos van a trancas ybarrancas en todos los niveles educativos. Pero, con independencia desi la educación ahora está “mejor” o “peor” que hace unas décadas, loimportante es que, estar, no está lo que se dice bien. El decreto que ha aprobado ayer el Consejo de Ministros intenta poner algún remedio, pero soy muy escéptico sobre las probabilidades de que lo consiga. 
En los años que fui profesor de filosofía en secundaria (de 1988 a2002) lo que más me gustaba era improvisar en las clases. Montábamos undebate socrático, y todos los temas habidos y por haber, tanto “deciencias” como “de letras”, pasaban por allí. Recuerdo que una vez unosalumnos me preguntaron extrañados que cómo era que sabía tantas cosas(no es que supiera tantas, en realidad, lo que pasa es que eran fácilesde impresionar, por lo que se veía). Tras pensar un poco en ello, les respondí: “porque lo estudié en el bachillerato”.
Más tarde me di cuenta de que esto no era muy exacto, pues muchas de
las cosas que les contaba las sabía por mis lecturas, no por haberlo
estudiado en el instituto, pero en el fondo sabía que les había dicho
una importante verdad: lo que aprendí en el bachillerato (el BUP y el
COU, no necesariamente mejor que lo que tenemos ahora) fue lo que me
dio la apertura mental que me permitiría ir encajando muchos otros
nuevos conocimientos con facilidad. Debo decir, para evitar malos
entendidos, que yo fui un estudiante de bachillerato más bien
normalito: nunca me quedó ninguna asignatura para septiembre, pero
solía aprobar con muchos “bienes” y “notables”, y sin que faltaran los
“sufis” (y los “sobres”).

No soy de los que piensan que “cualquiera tiempo pasado fue mejor”. Talvez porque vivía en un barrio obrero y luego di clases en el mismo tipode ambiente (a lo mejor en los colegios pijos era distinto, pero nocreo que mucho), siempre he visto que la mayoría de los alumnos van a
trancas y barrancas en todos los niveles educativos. Pero, con independencia
de si la educación ahora está “mejor” o “peor” que hace unas décadas, loimportante es que, estar, no está lo que se dice bien. El decreto que ha
aprobado ayer el Consejo de Ministros intenta poner algún remedio, pero soy
muy escéptico sobre las probabilidades de que lo consiga.

De las nuevas medidas, la que más me gusta es la introducción de unanueva asignatura de “cultura científica” (“Ciencias para el mundocontemporáneo”, se llama; se hablará mucho de ella en el Otto Neurath).
Creo sinceramente que es una buenísima idea presentar a los chavales la
ciencia, no como un conjunto de fórmulas y datos que hay que
aprenderse, sino como algo sobre lo que se puede discutir, y que es
relevante para nuestra vida. Los críticos dicen que esto va a ser una “maría” (como si eso fuera malo), que quitará horas de asignaturas más”serias”. Pero hay que reconocer que a los que se dediquen a cualquiercarrera científica, o en la que la ciencia desempeñe algún papeldirecto o indirecto, les será muy útil tener en el almacén de la mentela noción de que esos temas “sociales” y “filosóficos” están ahí, y queson relevantes a la hora de poner en práctica cualquier tipo deconocimiento. Si el bachillerato ha de servir para algo, es sobre todopara que los alumnos se enteren de en qué mundo viven, para queentiendan algo cuando lean un periódico o vean el telediario. Y paraponérselo un poco más difícil a los embaucadores de toda calaña, desdelos mercachifles de lo paranormal, hasta los vendedores deconspiraciones, pasando por los intermediarios de la espiritualidad.Todo esto no es algo que se deba aprender necesariamente a base deproblemas y exámenes.Lo peor de la reforma es, en cambio, el invento del “semi-promocionado”: alumnos que pasarán de curso parcialmente, repitiendo sólo las asignaturas que suspendieron, pero matriculándose de algunasdel curso siguiente (no es nada extraño: es sólo lo que se hace en launiversidad habitualmente). Por mucho que lo pienso, no acabo de vercómo se podrán organizar los horarios en los institutos para llevar ala práctica esta medida. Pero lo peor es la señal que se les manda a los
alumnos de que todo es superfácil. Alejandro Tiana (padre de la reforma, colega de la UNED y Secretario General de Educación) insiste mucho enque el bachillerato es demasiado exigente (y en parte puede tenerrazón), y que debe facilitarse a los chavales el tránsito por tan duro valle
de lágrimas (aunque en el MEC no han llegado a la generosidad de la Junta
de Andalucía, que pagará un sueldo a los alumnos para que no se vayan).
Pero en el fondo el problema surje por el “dogma central” de nuestro sistema
educativo: la idea de que todos los alumnos deben pasar por los mismos
cursos y contenidos.

Otro día me meteré con esta idea (que realmente me pone furioso);
terminaré comentando que la medida que habría necesitado el
bachillerato es, pura y simplemente, la de un examen de ingreso o
“prueba de madurez”. No se trata de que al terminar 4º de ESO los alumnos
hagan una reválida en la que tengan que volver a examinarse de los contenidos
que han estudiado. No, es algo mucho más sencillo. Póngase a los chicos a hacer
una redacción (sin faltas de ortografía ni de sintaxis) sobre un texto
literario o periodístico, hagáseles un pequeño test de cultura general,
y plantéeseles un problema matemático elemental. Alguien que no sea
capaz de superar esta pequeña prueba (y estoy convencido de que tres
cuartas partes de los alumnos de bachillerato actuales, e incluso
muchos universitarios, no la pasarían) no merece realmente ingresar en
el bachillerato, y lo más seguro es que en el fondo tampoco lo desee.
Ábransele otras puertas, pues será mucho más feliz siguiendo otros
caminos. Y ahora que está tan de moda la reforma de los títulos
universitarios, y la idea de que la formación superior es una opción
flexible a la que se debe poder acceder o regresar a lo largo de la
vida para perfeccionarse, pues facilítese de verdad el paso a la
universidad para aquellos adultos que, en lugar del bachillerato,
siguieron otras vías académicas o laborales. Las universidades,
hambrientas de alumnos, estarán encantadas.La existencia de una “prueba de madurez” para ingresar en elbachillerato (prueba en la que, repito, sólo habría que demostrar que se sabe leer comprendiendo lo que se lee, que se sabe escribir con sentido y sin faltas, que se tiene unas nociones básicas del mundo en
el que se vive, y que se sabe plantear y resolver un problema sencillo
), tendría varios efectos beneficiosos:

1º.- Accederían al bachillerato, y de rebote a la universidad,únicamente alumnos que tuviesen una capacidad mínima de aprovecharintelectualmente dichos estudios.
2º.- Mejoraría el ambiente de trabajo en los institutos.
3º.- Serviría como incentivo a los alumnos de la ESO, que también
mejorarían sus resultados.
4º.- Obligaría a los profesores de primaria y secundaria a ser másestrictos en el cumplimiento de los objetivos, ya que éstos seconcretarían mucho más, y sería más fácil detectar si se han alcanzado.

A propósito de esto último: imaginemos que uno va a sacarse un certificadomédico, y, aunque tiene el tifus y no sé cuántas enfermedadescontagiosas más, le certifican que goza de una excelente salud -a lomejor hay países atrasados en donde los certificados médicos se danasí de alegremente, incluso los que se expiden para el carnet de conducir-;
¿no lo consideraríamos un fraude? Pues lo mismo ocurre con elcertificado que reciben la mitad -o más- de los estudiantes deEspaña: el título de la ESO dice que “han superado los objetivos”, perosi se lee en el BOE cuáles son éstos, y se comprueba si el poseedor deltítulo los cumple o no, ya veremos lo que pasa; volveré también otrodía sobre este tema.

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Comentarios

¿A donde vamos?, ¿es posible un poco de cordura?, nos estaqmos jugando lo mejor que tenemos, o para ser más exactos, lo único que tenemos. Nuestros jóvenes

Coincido plenamente contigo. Pertenezco al AMPA de un cole y siempre estamos con "los objetivos"; mis chicos (trillizos) están en Primaria y hay que trabajar mucho en el cole y …en casa también.

Algún mal pensado ha dicho que existe un complot contra la inteligencia entre los prebostes educativos promovidos por sus patrones. Pero leyendo Vida en las aulas de Jackson, se pudiera pensar en una conjura mundial, auspiciada no se porque sociedad utra secreta. Será por eso que los niños alemanes dejaron ya de usar uniformes y de entrar formaditos a clase. No acaso sería conveniente hacer primero una prueba de madurez a toda al runfla de burócratas que hacen las reformas y los que no pasen, simplemente darles plaza de soldados en el ejército.

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