LIBERTAD EDUCATIVA, UN CONCEPTO DEVALUADO

Entre los valores que deben inspirar el sistema educativo de un estadodemocrático, el de la libertad es, sin duda, el de más difícil encaje,pues, como un ácido que corroe cuanto le rodea, tiene la peculiaridadde entrar en conflicto con los demás valores a la menor ocasión. Al finy al cabo la enseñanza, e incluso el “enseñar a ser libres”, consisteen buena parte en obligar a los niños y jóvenes a hacer una serie decosas que en general no les apetecen lo más mínimo, y, en nuestrassociedades, consiste también en obligar a los padres a desprenderse desus hijos durante una gran parte del día, si bien es cierto que uno sesuele acostrumbrar a casi todo, y estos actos de fuerza los acabamosaceptando como algo natural.

Entre los valores que deben inspirar el sistema educativo de un estadodemocrático, el de la libertad es, sin duda, el de más difícil encaje,pues, como un ácido que corroe cuanto le rodea, tiene la peculiaridadde entrar en conflicto con los demás valores a la menor ocasión. Al finy al cabo la enseñanza, e incluso el “enseñar a ser libres”, consisteen buena parte en obligar a los niños y jóvenes a hacer una serie decosas que en general no les apetecen lo más mínimo, y, en nuestrassociedades, consiste también en obligar a los padres a desprenderse desus hijos durante una gran parte del día, si bien es cierto que uno sesuele acostrumbrar a casi todo, y estos actos de fuerza los acabamosaceptando como algo natural. Esta naturaleza esencialmente problemáticadel valor de la libertad tiene como lamentable consecuencia el que seconvierta muy fácilmente en un concepto comodín, que tendemos a utilizar sólo de manera retórica, cuando no puramente defensiva, es decir, exigiendolibertad cuando vemos la nuestra amenazada, pero no promoviendo la delos demás cuando tenemos la ocasión pero no nos va nada en ello.
. .La polémica sobre la llamada “libertad educativa” es un ejemploparadigmático, pues a poco que nos molestemos en analizar lo que dichoconcepto significaría si lo aceptáramos con honradez, llegaremos aconclusiones que nos enfrentarán, radicalmente y sin excepción, con lasposturas que defienden todas las formaciones políticas relevantes denuestro país.
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. Laizquierda teme la libertad en la educación porque sospecha, confundamento, que un sistema de libre elección sin control del Estadoexacerbaría las diferencias sociales; la medicina recomendadatradicionalmente para fomentar la igualdad de oportunidades es quetodos los niños reciban la misma educación, aunque, como se sabe, éstecamino conduce fácilmente a la mediocridad.
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. Por su parte, laderecha se refugia en el principio de la libertad de elecciónprácticamente con el único fin de mantener los privilegios de ciertoscentros de enseñanza y de una cierta confesión religiosa; o,dicho más claramente, para favorecer la libertad de los padres deelegir con qué tipo de compañeros no quieren que sus hijos estudien, ypara respaldar a la Iglesia Católica (con cuantiosos fondos públicos)en su intento de dar formación religiosa a quienes, si no la recibieranen la escuela, muy probablemente decidirían con toda libertad norecibirla en ningún otro sitio.
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.Una propuesta que realmente se tomara en serio la libertad de elecciónpor parte de las familias tendría que empezar fomentando, primero, la diversidad en el terreno educativo: ¿porqué tienen que decidir las Administraciones Públicas el currículo queobligatoriamente deben seguir todos los alumnos, e indirectamente losmétodos de enseñanza? La alimentación no es más necesaria que laeducación, y el Estado no nos impone (de momento) el menú de cada día,ni obliga a los restaurantes a ofrecer exactamente los mismos platos.
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. En segundo lugar, el sistema tendría que transmitir de forma transparente a las familias la información sobre las (verdaderas) cualidades y resultados de cada centro.
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Y en tercer lugar, el Estado debería garantizarque cualquier niño, con independencia de las condiciones sociales yeconómicas de su familia, pueda asistir al tipo de escuela que suspadres prefieran.
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.Esto no debe interpretarse como una defensa de la privatización de laenseñanza: la diversidad también podría fomentarse, si se quisiera, enlos propios centros públicos, donde la autonomía de los profesoressuele ser mayor que en los privados. Tampoco afirmo que un sistema comoeste sería el mejor de los posibles, pues, como dije al principio, lalibertad siempre tiene riesgos y costes. En este caso, el riesgoprincipal no lo veo en la posible merma del valor de la equidad(recuérdese el punto tercero), sino más bien en otro valorimportantísimo, que los autoproclamados defensores de la libertadsistemáticamente ignoran: el derecho de los niños a recibir unaeducación que no consista sólo en un “lavado de cerebro” según laideología de sus familias o de otros agentes. No hay que olvidar que unade las razones principales por las que la enseñanza es obligatoria yestá controlada en mayor o menor medida por el Estado, es porquealgunos padres no querrían (si lo pudieran decidir libremente) que sushijos tuvieran una educación que, al común de la sociedad, le parecemínimamente razonable. Solemos pensar en los marginados aldefender este argumento, pero es igual de válido referido a gruposfundamentalistas de todo tipo, por ejemplo.
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.Ahora bien, decidir cuál puede ser esta educación “mínimamenterazonable” requiere una negociación abierta y profunda, en la queparticipen todos los estamentos de la comunidad educativa y de lasociedad, y que no se plantee como la búsqueda de una dieta ideal quese prescriba obligatoriamente a todo el mundo. Más bien setrata de ponerse de acuerdo en un catálogo de requisitos realmentemínimos, que dejen amplia libertad a los centros de enseñanza paraampliarlos en la medida y la dirección que consideren oportuna(al revés que con el método administrativo al que estamosacostrumbrados, en el que los currículos oficiales son tanmastodónticos que la decisión práctica que tienen que tomar losprofesores es por dónde cortar).
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. El principal reto de laAdministración sería, en tal caso, que sus aportaciones financieras,sobre todo en el caso de la escuela pública, estuvieran verdaderamenetea la altura de los proyectos que padres, estudiantes y profesoresfueran capaces de diseñar
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Comentarios

Muy buen artículo. Es lamentable que no se valore la libertad educativa.

http://www.andalucialiberal.com

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