“Si a tu ventana llega un diplodocus, trátalo con cariño, que quedan pocus”, decía aquella habanera tan famosa (¿o recuerdo mal?).

“En realidad, no me preocupa mucho. Bueno, no me preocupa nada en absoluto” (ríe).”Pasé tres mil millones de años viendo sólo bacterias, con elenvenenamiento masivo por oxígeno de la población de la Era Arcaicacomo único espectáculo digno de ver. ¡Aquello sí que fue un descojone!
Muchasveces he estado tentada de repetir algo parecido, pero en el últimoinstante soy consciente de que en aquella movida se me fue un poco lamano, y casi me quedo sin juguetes. Pero, sobre todo a partir del finaldel Ediacarense, me di cuenta de que la verdadera juerga, lasexplosiones de diversidad, sólo surgen gracias a la destrucción masivade la diversidad anterior”.
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“Así que estoy disfrutando comoloca con mi último invento destructor, esa plaga humana que poco a pocovan dejando el terreno abierto para la próxima gran explosión de vida.Los resultados se verán dentro de unos cuantos millones de años, nomenos de veinte, pero no tengo prisa”.
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“Sólome preocupan algunos santurrones que intentan frenar la sangríainevitable y rejuvenecedora… Espero que no me haya pasado otra vez,ahora con la dosis de inteligencia que les he dado a la plaga humana, yme vayan a dejar a medias. ¡No soportaría otros cincuenta millones deaños de biodiversidad congelada! Aunque, hablando de congelación: tengopreparada otra temporadita de ‘bola de nieve’ en la recámara (pero delas de verdad, no como esas mariconadas de los últimos dos millones deaños), por si estos imbéciles me fastidian el invento. En cuanto dejende emitir CO2, el megainvierno llegará, y dejará helados a estospseudogaianos de pacotilla” (Ríe a carcajadas).
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Para que no quepa ninguna duda (y ahora hablo yo, no Gaia), os aseguro estoy convencido de que DEBEMOS conservarla biodiversidad y frenar el deterioro del medio ambiente; lo único quediscuto son las RAZONES por las que algunos afirman que debemoshacerlo, aunque el examen de estas razones puede afectar (lo admito) alos LÍMITES hasta los cuales puede ser razonable llevar elconservacionismo.
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En general, me parece que las consecuenciasde un colapso ecológico serían tan nefastas para la humanidad (aunaceptando que puede haber “colapsos” de diferente intensidad yextensión), que ya sólo por esoes necesario que seamos más respetuosos con el medio ambiente. Porsupuesto, como a mucha gente es difícil hacerle asumir los costesinmediatos que las medidas conservacionistas tendrían (reducción delconsumo, menores ingresos, precios más altos…), es bueno inventarseotros argumentos y motivos que puedan hacerles tragar mejor esapíldora. Pero no hay que confundir la eficacia propagandística de muchas llamadas a la conservación de la naturaleza, con su racionalidad filosófica.
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Todosdebemos tener claro que, ante una oferta fáustica en la que el Diablonos ofreciera viajar por teletransportación a un planeta lejano en elque las condiciones fueran tales que el nivel de bienestar de lapoblación humana fuese muchísimo mayorque en la Tierra (digamos, sin guerras, ni enfermedades, ni violencia,y con todas las demás cosas deseables, incluída una naturalezaexhuberante), pero el coste de llevar al género humano hasta el otroplaneta consistiera en la destrucción total del sistema solar,ante esta oferta, decía, la inmensa mayoría de la gente aceptaría conpocas dudas el irnos a vivir a la Nueva Tierra. A los elefantes,ballenas, chimpancés, hormigas, bacterias, araucarias, etc., etc., quequedasen atrás hasta que el globo terráqueo explotara hecho pedazos,nos limitaríamos a recordarles con añoranza, con un “encantados dehaberos conocido”, y compensaríamos esa tristeza con la satisfacción dedisfrutar del nuevo medio ambiente.
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Reconozco que la oferta es imposible, pero es sólo un experimento mental para poner a prueba nuestros valores: valoramosmuchísimo más nuestro bienestar que la conservación de la naturaleza.Lo que ocurre es que, en el mundo en que vivimos, necesitamos dichaconservación para que nuestro bienestar permanezca, así que no haynecesidad de elegir: si la Tierra se destruyera, nosotros caeríamos conella. Pero, como se sabe, a menudo el bienestar (el general, o el dealgunos) se puede conseguir destruyendo una parte de la naturaleza, y en ese caso se comprueba qué valoramos más.
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Otroargumento falaz es el que se refiere a los supuestos “derechos” de lasespecies a existir. Ya mencioné en la entrada anterior sobre el tema elhecho de que, hagamos lo que hagamos, necesariamente cambiamos ladistribución de especies existentes a largo plazo: si conservamos lasde ahora, impedimos queaparezcan otras muchas que habrían aparecido si no hubiéramosconservado aquellas (aunque esas especies nuevas aparezcan muchosmillones de años después, y sea imposible predecir cómo serán; pero aGaia le dan lo mismo tres años que trescientos millones). Así que laprotección de la biodiversidad actual es un atentado a las especies futuras que estamos impidiendo desarrollarse, exactamente en la misma medida enque es un atentado contra las especies actuales el propiciar sudestrucción. Esta consecuencia es inevitable si adoptamos la premisa deque la biodiversidad es valiosa en sí misma.
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En cambio, lo que es totalmente cierto es que la biodiversidad actual es mucho más valiosa para nosotros que la biodiversidad futura. Así que no hay ninguna necesidad en argumentar que la biodiversidad actual es valiosa en sí misma por ser biodiversidad, en vez de limitarse a aceptar que es valiosa porque es la actual.
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Desdeel punto de vista de Gaia, además, nosotros somos una especie como otracualquiera. Cuando Ella diseñó las cianobacterias que lo dejaron todoperdido de oxígeno y acabaron con su “primera creación” como un diluviouniversal sin arca, la diosa pudo pensar algo así como “se me ha ido lamano”, pero no creo que estuviera arrepentida. Nosotros no somos tandañinos: seguramente todos los phylasobrevivirían (aunque mermados) a una eventual catástrofeantropogénica, incluso a un apocalipsis nuclear. Y somos tan creación(y responsabilidad) de Gaia como los mejillones. Si adoptamos su puntode vista (el de Gaia, no el de los simpáticos y exquisitos moluscos),seguramente ella estará ENCANTADA conlo listos y destructivos que le hemos salido. ¿Qué argumentos tenemospara pensar que la eficacia con la que destruimos el medio ambiente noes un proceso tan NATURALcomo la fotosíntesis (aquel gran envenenamiento masivo)? De nuevo laconclusión es que adoptar el “punto de vista de la naturaleza” no noslleva a ninguna parte: nosotros somos naturaleza, y por naturalezasomos exterminadores. Si queremos justificar la tesis de que “hay queser conservacionista”, necesitamos un punto de vista diferente, y ¿cuálmejor que el de nuestros propios intereses a largo plazo?
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Yacabo ya retomando al viejo diplodocus. Si hubiera que extinguir laespecie de los chimpancés (no hace falta matarlos o hacerles sufrir:basta con lograr que no tengan crías durante unas décadas, y mientrastanto, que gocen de la vida a tope) para lograr que reaparecieran losdiplodocus, ¿estaríamos dispuestos a pagar ese precio? (Lospaleontólogos seguro que sí).
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¿Y si el precio fuera acabar con el lagarto del Hierro? (¿Tal vez eso los primatólogos lo empiecen a considerer razonable?).
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Resultan tus diplodocus y tus fotos muy curiosos, y "todos esos engaños propagandisticos racionales de algunos".
No se preocupe que afortunadamente, cuando usted piensa el mundo no explota, colapsa o deja de existir,
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"Pero como la pregunta debe consistir en que pensara, o en que se preguntara el hombre en el futuro, la respuesta es: ninguna cosa"…