¿Puede ser el cine una herramienta didáctica?

Hoy en día algo bastante extendido entre quienes practican la docencia (superior, escolar, infantil…) es la utilización de diferentes recursos para la articulación de unidades didácticas. Entre estos recursos las obras artísticas (en su más amplio sentido de la palabra) se han convertido en una herramienta pedagógica recurrente. Cuadros, esculturas, literatura, obras de teatro o música, son utilizados como guía del estudio obligatorio que marca el currículo oficial. Si bien, de entre todas estas formas de expresión artística, el cine es quizá el arte más recurrente en el campo de la formación. Sucede que, por lo general, es uno de los artes cuyo lenguaje mejor conocen y con el que más se identifican los jóvenes en la actualidad.

Participando en el XVI Coloquio Nacional de Historia de la Educación en la localidad soriana de Burgo de Osma, asistí a la presentación de dos comunicaciones que ofrecieron, desde diferentes perspectivas, la posibilidad de  debatir sobre esta cuestión. Así en los trabajos de Natalia Reyes y Patricia Quiroga, “¿Juegas, seño?: Importancia del juego en el arte de enseñar” y la comunicación de Virginia Guichot y Juan Diego Rueda, “Artistas de la enseñanza en el séptimo arte: Cómo trabajar el papel del profesorado en la educación española del siglo XX con el alumnado universitario a través del uso del cine”, quedaron expuestas tanto las dificultades como las oportunidades que ofrece una actividad lúdico-artísticas que se introduce dentro de una actividad formativa.

En la presentación de Natalia Reyes y Patricia Quiroga se hacía alusión a las consecuencias que se derivan de la reglamentación de una actividad libre por definición como es el juego. Plantearon un conjunto de interrogantes que suscita la integración de la actividad lúdica en los espacios educativos institucionalizados. Señalaron, de hecho (2011, p. 209), ambas autoras que: “La importancia de analizar qué consecuencias conlleva el juego en la escuela puesto que la intención de reglamentar una actividad natural y libre como es el juego, puede llegar a adoptar formas escolares tomadas como las únicas posibles”.

Por su parte en la comunicación de Virginia Guichot y Juan Diego Rueda fueron expuestas las posibilidades didácticas que ofrece el cine como factor formativo. En este sentido señalaron (2011, p. 153-154) como elementos que ofrece el cine: “el atractivo que, bien elegida la película, puede tener para nuestro alumnado, integrante de esa sociedad que llamamos ‘de las telecomunicaciones’, donde los medios de comunicación de masas juegan un papel de primer orden. Nuestros alumnos y alumnas  ‘necesitan’ imágenes; ciertamente, nosotros también, pero ellos, probablemente, conocedores de la oferta que tienen por parte de otros ‘vendedores’ distintos a nosotros, los profesores, son más exigentes a ese tema y no van a tener el menor reparo en desconectar de nuestro discurso-enseñanza, si lo que quieres presentarnos les aburre o les resulta poco significativo; si, en su lenguaje, les estamos ofreciendo ‘un tostón’ o queremos obligarles a que se formen con los mismos medios con los que estudiaban sus abuelos”.   

Desde mi perspectiva, considero que es necesario estudiar el modo en que el arte puede ser introducido en el recinto escolar y la forma en que su introducción puede ayudar a actualidar lo que sucede en el interior del aula. Y comunicaciones como las referidas, ayudan, sin duda, a este propóstio. Aunque tengo la sensación de que en ese proceso de introducción del arte en el ámbito escolar, la obra de arte es pervertida por el impacto que toda estructura escolar-educativa produce sobre las actividades que se desarrollan en su interior (más aún si, además, forma parte de currículum obligatorio). En el caso del cine, al ser proyectada una película como parte de una unidad didáctica, el componente de sorpresa, empatía sentimental, deleite estético, atención a los diálogos o disfrute de la música que acompaña a las imágenes se transforma. Pues cuando el objetivo último es alcanzar una calificación, portarse “bien”, desarrollar cierto valor o simplemente fingir que uno disfruta para pasar desapercibido, el placer que un arte como el cine puede ofrecer se diluye y corrompe, y consecuentemente parte de su misterio se evapora. Lo cual, pienso, puede ser aplicable a cualquier otra actividad artística que pretenda ser escolarizada.

GUICHOT REINA, Virginia y RUEDA ANDRADES, Juan Diego (2011, págs. 153-162) “Artistas de la enseñanza en el séptimo arte: Cómo trabajar el papel de profesorado en la educación española del siglo XX con el alumnado universitario a través del uso del cine”. En Pablo Celada Perandones (ed.) Arte y Oficio de enseñar. Sociedad Española de Historia de la Educación.

QUIROGA UCEDA, Patricia y REYES RUIZ DE PERALTA, Natalia (2011, págs. 209-216) “¿Juegas, Seño?: Importancia del juego en el arte de enseñar”. En Pablo Celada Perandones (ed.) Arte y Oficio de enseñar. Sociedad Española de Historia de la Educación.

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Comentarios

Interesante reflexión final de experiencia soriana machadiana a un tema de interés tan presente en nuestra sociedad, el juego y el cine, ese dualismo a veces mezclado que le llega a dar una esencia sigular a cualquier actividad realizada y por ende, a las tareas educativas.

Un caluroso abrazo, y suerte para tú defensa.

Creo que para que cualquier actividad artística o lúdica tenga sentido dentro del aula, debe contar con una experiencia previa del alumnado y no precisamente en un ámbito escolar.

Para que guste leer lo más seguro es que se haya cogido algún libro a escondidas que no te dejaban leer, para disfrutar del cine ha tenido que “hablarte” una película contándote tu historia o dándote claves para entenderla, para saber lo que significa jugar has debido hacerlo con tus amigos (imaginarios o no), tus hermanos, tus vecinos… cualquier grupo de iguales que no haya sido designado previamente como tal.
En mi opinión, es ahí cuando luego puedes extrapolarlo al aula y obtener sentido. Para disfrutar de cualquiera de estas cosas, debes tener la opción de no hacerlo. Mientras en el “cole” no se de la oportunidad de no hacer nada (y posiblemente, no sea el lugar para disfrutar dicha oportunidad) no se garantiza la libertad necesaria para aprender realmente con estos recursos.

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