¿El mundo es la escuela?
Ha llegado a mis manos un manifiesto que la Escuela de Organización Industrial (EOI) ha publicado en diciembre de 2011 con el título “Manifiesto EOI- Open Learning”. En este documento la decana de las escuelas de negocios de España, haciendo uso de un tono panfletario-reivindicativo, presenta 10 puntos en los que pretende mostrar los desafíos a los que se enfrenta el aprendizaje en la sociedad actual. Así, según queda expuesto en el resumen con el que da inicio el documento, desde la EOI se considera que: “La formación de directivos emprendedores y de emprendedores directivos exige una respuesta alineada a las exigencias de una sociedad y de un mercado en donde la personalización y la humanización del aprendizaje se han convertido en el motor de una profunda transformación social y económica en donde lo público, lo privado y lo ciudadano se funden en la consecución del bien común. Con la expresión Open Learning se pretende recoger los desafíos a los que se están enfrentando tanto las instituciones formativas como los modelos tradicionales de aprendizaje”.
Y los diez punto del decálogo son los siguientes: 1. La escuela es una plataforma; 2. El aprendizaje se soporta en valores globales y sostenibles; 3. Emprendemos, hacemos, luego somos; 4. El mundo es la escuela; 5. Aprender es compartir; 6. Los contenidos nos presentan, los datos nos acreditan; 7. La pantalla transforma la experiencia de aprendizaje; 8. Del diálogo con el cliente surgen las necesidades; 9. El escenario es global, la realidad es local; y 10. Innovación social, innovación moral.
En realidad, me han dado ganas de entrar al detalle y analizar cada uno de los puntos (y no para criticar todos y cada uno de ellos, pues entiendo que hay planteamientos muy rescatables en más de una ocasión). Pero no tengo tanto tiempo. Por eso, debo confesar que de entre todos los puntos es el 4 titulado “El mundo es la escuela” el que más me ha llamado la atención. De hecho, inmediatamente me ha venido a la mente un texto de Iván Illich escrito en 1971 (ya ha llovido desde entonces…) en el que habla del peligro que representan quienes partiendo de una crítica de las instituciones educativas tradicionales se presentan como salvadores que lo único que proponen es convertir el mundo en un gran salón de clases. Illich los llamó “Masones del Universo”. En consecuencia he creído interesante rescatar las palabras que el autor de La sociedad desescolarizada dedicó en un panfleto escrito en 1971 y titulado “La alternativa a la escolarización” (publicado en el libro Alternativas, en Iván Illich Obras Reunidad Vol. I., pp. 125-146) a este género de reformadores de la escuela tradicional. Creo que la visión de Illich al respecto puede interesar a quienes están detrás de la publicación de este decálogo.
“Los reformadores de la educación que aceptan la idea de que las escuelas han fracasado caen dentro de tres grupos. Los más respetables son sin duda los grandes maestros de la alquimia que prometen mejores escuelas. Los más seductores son magos populares que prometen hacer de cada cocina un laboratorio de alquimia. Los más siniestros son los nuevos Masones del Universo que desean transformar el mundo en un enorme templo de aprendizaje.
(…) El tipo más peligroso de reformador de la educación es el que argumenta que el conocimiento puede producirse y venderse con mucha mayor eficacia en el mercado abierto que en un mercado controlado por la escuela. Estas personas consideran que es fácil adquirir una habilidad si el estudiante está realmente interesado en su adquisición, que los derechos individuales pueden proporcionar un poder de compra más equitativo para la educación. Piden una separación cuidadosa del proceso que se mide y se certifica. Me parece que estas afirmaciones son obvias. Pero sería una falacia creer que el establecimiento de un mercado libre de conocimientos constituiría una alternativa radical en la educación.
El establecimiento de un mercado libre realmente aboliría lo que anteriormente denominé currículum oculto de la escolarización actual –su asistencia específica en una edad determinada a un currículum graduado-. De igual manera, en un principio el mercado libre daría la apariencia de contrarrestar lo que he denominado bases ocultas de una sociedad escolarizada: el “síndrome de la inmigración”, el monopolio institucional de la enseñanza y el ritual de la iniciación lineal. Pero, al mismo tiempo, un mercado libre en educación proporcionaría al alquimista innumerables manos ocultas para encajar a cada hombre en los múltiples, estrechos y pequeños nichos que puede proporcionar una tecnocracia más compleja.
Muchas décadas de dependencias en la escolarización han hecho que el conocimiento se convierta en mercancía, un bien especial susceptible de mercadeo. El conocimiento se considera ahora simultáneamente como bien de primera necesidad y como la moneda más preciosa de una sociedad. (La transformación del conocimiento en una mercancía se refleja en una transformación correspondiente del lenguaje. Palabras que antes funcionaban como verbos se están convirtiendo en sustantivos que designan propiedades. Ahora, por lo general, se conciben como mercancías o servicios a entregarse. Hablamos de la fabricación de la vivienda o de la entrega de asistencia médica. Los hombres ya no se consideran aptos para curarse a sí mismos ni para construirse sus viviendas. En este tipo de sociedad, el hombre llega a creer que los servicios profesionales son más valiosos que la atención personal. En lugar de aprender cómo cuidar a la abuelita, el adolescente aprende a hacer una manifestación frente al hospital que no la admite).
(….) Ni la Alquimia ni la Magia ni la Masonería pueden resolver el problema actual de la “crisis de la educación”. La desescolarización de nuestra visión mundial exige que reconozcamos la naturaleza ilegítima y religiosa de la empresa educativa misma. Su hybris descansa en el intento de hacer del hombre un ente social por haberse cometido a un tratamiento en un proceso manejado. Para aquellos que están de acuerdo con la moral tecnocrática, lo que es posible técnicamente debe ponerse a disposición de al menos de unos cuantos, quiéranlo o no.
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Comentarios
Hola Natalia, gracias por tu comentario. Efectivamente, ni el mundo es la escuela… ni la escuela es el mundo. Realmente me llamó la atención esa visión de la EOI en su manifiesto. De hecho, lo bonito del mundo es que nos permite aprehender lo que nos rodea en la medida que no posee una estructura formal.
[...] 6. La verdadera apuesta del siglo XXI no es que proliferen instituciones excelsas cerradas sobre sí mismas. De lo que se trata es de pensar la forma en que se tiendan puentes entre las instituciones universitarias tradicionales y los nuevos entornos de producción del conocimiento. Algunos lo llaman Ciencia 2.0, Modo 2 de la ciencia, otros Ciencia expandida. Admiro a Ivan Illich. Fui, incluso, su editor. Pero su crítica a los sistemas informales de educación frente a la universidad no se sostienen en un mundo donde la red ha puesto la escuela al alcance de todos, donde el movimiento Edupunk no es cosa ya de unos pocos tipos marginales y periféricos. Sí, el mundo es la escuela; [...]
[...] 6. La verdadera apuesta del siglo XXI no es que proliferen instituciones excelsas cerradas sobre sí mismas. De lo que se trata es de pensar la forma en que se tiendan puentes entre las instituciones universitarias tradicionales y los nuevos entornos de producción del conocimiento. Algunos lo llaman Ciencia 2.0, Modo 2 de la ciencia, otros Ciencia expandida. Admiro a Ivan Illich. Fui, incluso, su editor. Pero su crítica a los sistemas informales de educación frente a la universidad no se sostienen en un mundo donde la red ha puesto la escuela al alcance de todos, donde el movimiento Edupunk no es cosa ya de unos pocos tipos marginales y periféricos. Sí, el mundo es la escuela; [...]
Tengo varias dudas:
1. ¿El movimiento Edupunk no se basa en un sistema informal de aprendizaje? ¿La crítica de Illich no está cercana a la base de este movimiento?
2. ¿Lo informal puede ser sistematizado?
Este punto del manifiesto concluye: “Sí, el mundo es la escuela. El futuro de las instituciones de enseñanza en la era digital es diferente.” Y mi siguiente duda es:
3. ¿La era digital no abre el debate sobre si las instituciones de enseñanza tienen futuro?
Y, duda o contradicción, no lo sé, pero sí que pienso que las instituciones de enseñanzan serán diferentes. Lo que sigo sin ver es que todo lo educativo tenga que pasar por la escolarización real o figurada.

No, el mundo no es la escuela. No puede haber una estructura formal ni formativa en cada rincón, en cada acto con el que se aprende o se enseña algo. Creo que estamos rodeados de alquimistas, magos y masones. Si el mundo fuese la escuela, la vida empezaría a parecerse demasiado a “El show de Truman”. Creo.