Una mirada crítica (y necesaria) a las universidades españolas: “La fábrica de la ignorancia” (2009) de José Carlos Bermejo.

¿Qué está pasando en las universidades? ¿Cuál es su contribución real a la sociedad? ¿Cuál es su relación con el sistema económico vigente? ¿En qué medida contribuyen a la conservación y generación de nuevo conocimiento? ¿Cuál es el nivel de las universidades españolas? ¿Qué importancia tiene el pasado reciente en el estado que hoy presenta el mundo universitario en España? ¿Qué supone el Plan Bolonia en este contexto? ¿Cómo se constituyen las oligarquías académicas en las universidades? ¿Existe una base democrática en el gobierno de las instituciones universitarias? Todas estas son preguntas que quedan planteadas en el interesante libro La fábrica de la ignorancia. La Universidad del “Como si”. Una publicación muy recomendable para todos aquellos que en algún momento de su vida o de su carrera académica se hayan encontrado atrapados en el sinsentido (aparente) de la universidad española.

Hace unas semanas que leí el libro de José Carlos Bermejo La fábrica de la ignorancia. Un trabajo que presenta inicialmente una debilidad evidente, que tiene que ver con su fecha de publicación: 2009. Fecha que sesga, en parte, este trabajo. Pues a las interesantes reflexiones bien podría sumarse todo lo que ha llovido en los últimos tres años en el plano económico y político en el contexto español y europeo. Lluvia que ha empapado notablemente a las universidades y que en más de una ocasión a puesto al descubierto el despilfarro y la mala gestión que muchas instituciones académicas han llevado a cabo en las últimas décadas de relativa bonanza. Y eso es un handicap importante para los lectores que nos vamos incorporando a la lectura de este libro que aplica tesis históricas, sociológicas, políticas y económicas para elaborar una crítica al desempeño de las instituciones universitarias españolas.

Con todo, lo interesantes es que José Carlos Bermejo parte de un argumento que pocas personas que hoy trabajan en la universidad podrían rechazar: “Las universidades españolas actuales están viviendo una auténtica ficción en la que sobre todo los profesores, pero también el personal de administración y servicios y los alumnos, actúan siguiendo la lógica del «como si» (…) Cada universidad es como si fuese un país soberano, con un estatuto que es como si fuese su constitución, con un claustro que es como si fuese su parlamento, con grupos de profesores que actúan como si fuesen partidos políticos, con alumnos que actúan como si fuesen el pueblo de la nación, o como si ellos fuesen los trabajadores y los profesores sus empleados siendo así ellos los oprimidos y los profesores sus opresores”

En este sentido el autor de La fábrica de la ignorancia ubica una continuidad dentro de la lógica del «como si» entre la universidad actual y la universidad franquista. Pues según su análisis, los mismos patrones de conducta vigentes en las universidades del franquismo en materia de autoridad, establecimientos de jerarquías del conocimiento y uso de recursos económicos, se ha mantenido sin variaciones sustanciales. Sucede que la capa de maquillaje democrática que se ha dado a las universidades en las últimas décadas, no ha sido capaz de ocultar la evidencia de que todavía hoy los sistemas de evaluación del conocimiento de los profesores universitarios están basados en criterios externos que se sustentan en una débil y tendenciosa normativa donde quienes evalúan dependen, a su vez, del partido o partidos políticos que estén en el poder. Como queda escrito en el capítulo IV del libro titulado “¿En qué creen los profesores y por qué es tan fácil manipularlos?”: “Una vez que quedó claro que para ser profesor no es estrictamente necesario dominar los contenidos de una determinada materia, y que tampoco es necesario poseer una categoría como investigador, se llegó a descubrir que los importante en el mundo de las universidades no son los contenidos, sino las formas, los procedimientos que permiten lograr el objetivo básico de la vida académica: el reconocimiento ajeno” (p. 85)

No obstante, algo que podría completar este libro es una crítica pedagógica más detenida de la función que hoy desempeñan muchos profesores de universidad. La falta de escrúpulos a la hora de exhibir su prestigio enfrentando a los estudiantes con porcentajes de suspensos arbitrarios, la arrogancia de quienes hacen de sus horas de docencia un coto privado, la desfachatez de quienes hacen uso del poder académico-institucional con el único fin de ocultar sus miserias intelectuales, el fomento de una endogamia enfermiza o la promoción de estudiantes y becarios en función de criterios dudosos (por no decir sospechosos…), son aspectos que bien podrían ser estudiados desde esta óptica pedagógica. Y los resultados serían de gran interés  en estos tiempo de crisis, especialmente si se tomara como referencia la actitud crítica y sin tapujos con la que José Carlos Bermejo se propone mirar cara a cara a las universidades.  Quizá sea esta una de las tantas tareas pendientes que deja el libro La fábrica de la ignorancia.

 

 

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Comentarios

Hola Jon:
Enhorabuena por su blog. Me parece muy interesante y es que últimamente estoy leyendo sobre este mismo tema. Me he leído de Llovet “Adiós a la universidad”, que me gustó bastante, y “Sin fines de lucro” de Martha C. Nussbaum. Este último me parece también muy interesante pero algo más flojo. He buscado sin éxito en su blog alguna crítica a los libros citados ya que me gustaría saber su opinión sobre ellos. No sé si es torpeza mía o es que efectivamente no ha dicho aún nada sobre ellos.
En cualquier caso a partir de ahora seguiré su trabajo con atención.
Un saludo

Efectivamente Roberto, no he leído los libros de Llovet y Nussbaum, aunque tomo nota de ambos. Sucede que más bien hace unas semanas “tropecé” con este libro de José Carlos Bermejo, y me resultó muy interesante. Sobre todo en la medida que ayuda a poner nombre y apellidos a muchas de las situaciones que en los últimos tiempos he tenido la oportunidad de observar (y vivir) dentro de la universidad.

No he leído el libro y lo pondré en la lista de “tareas pendientes”, así que no sé si está o no reflejado, pero me gustaría encontrar algo sobre la forma en la que se genera la “casta” de docente universitario y el machismo exacerbado de unos y otras.

Tristemente estoy de acuerdo con lo que leo en este post. Seguiré pensando que todo cambia y la universidad española también lo hará y para bien, siempre que se haga una crítica real y se dejen de reproducir las dinámicas que ahora conocemos ¿mucho pedir?

Ja,ja,ja. Como todos tendrás una vida llena de obligaciones y supongo que tardarás algún tiempo en hacerlo.Esperaré pacientemente porque como te digo tengo muchas de saber tu, nunca mejor dicho, docta opinión al respecto.
Sobre lo que dice Natalia creo que aunque hay muchas que cambiar hay una serie de valores buenos que las universidades deben conservar. No creo en blancos y negros y sí en una escala de grises. Por ejemplo en torno al supuesto machismo de la universidad y hablando desde mi campo que es la Historia. Si quiero obtener fondos para mi investigación la palabra clave es “género” y muchas veces la perspectiva de género se confunde con feminismo mal entendido. Mientras, otras buenas investigaciones mueren por falta de fondos. Es algo en lo que coincido con Llovet, profesor que puede ser sospechoso de otros defectos, pero nunca de machismo. Encantado de compartir ideas con ambos.
Un saludo

Hola Roberto:

Comparto la escala de grises y aquí hablaba de la zona más oscura, no niego que haya otras tonalidades que salvar de la quema. De todas formas, una crítica bien hecha las reconoce y pone en el acento en todo lo que necesita un cambio.

Se, y me molesta, que se atienda más a etiquetas (sea la de género o cualquier otra) que a contenidos cuando hay que decidir la financiación de los proyectos. Eso no es feminismo y de hecho es un flaco favor a políticas reales de igualdad. El machismo de la universidad se vive a pié de pasillo, de conversaciones, de congresos, de formas y de fondos. Es una estructura piramidal basada en el poder y masculina. Me gustaría una estructura más flexible e igualitaria. Y ni es sólo provocada por hombres, puesto que hay mujeres que entran en el juego, ni todas las personas buscan el poder o el control. Pero como las meigas, haberlas, haylas.
Un saludo.

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