No podemos dejar lo importante para mañana
Tras el resultado de las Elecciones Generales del 9 de Marzo y la creación del nuevo Ministerio de Ciencia e Innovación, estoy siguiendo las publicaciones en prensa y algún discurso relacionadas con la necesidad de incrementar nuestra inversión en I+D. Sigo de manera especial las que proceden del mundo empresarial, pero también las de carácter general. Todas tienen que ver con el momento actual de desaceleración económica que vivimos y de forma especial en España por la caída de lo que ha sido motor de nuestra economía, la construcción y la venta de viviendas.
Me llamaron poderosamente la atención tres artículos. Los dos primeros, en las páginas salmón de El País del pasado Domingo 4 de mayo, del Presidente de
Todos ellos se refieren a propuestas que estas organizaciones hacen al nuevo Gobierno para relanzar economía española en crisis, que si bien no todavía técnica sí de muchos de sus indicadores y, sobre todo, de confianza en todos los sectores, desde los empresariales a los consumidores. Los tres artículos mencionados proponen como poco 10 medidas, que pasan por la creación de nuevas infraestructuras, liberalización de los servicios públicos, reforzamiento de la capacidad de adaptación de empleados y empresas, apertura sin prejuicios del debate sobre la energía, un seguimiento intensivo del absentismo, el sector de la construcción pide socorro…
La competitividad se cita como uno de los elementos que es necesario mejorar para relanzar la economía, si bien es cierto que ninguno de los artículos hace mención expresa de la investigación, desarrollo tecnológico y la innovación, el trío que la sustenta y que más tarde aparecerá, sin duda, en todos los discursos.
Hay que tener en cuenta que el Consejo Superior de Cámaras agrupa, por Ley, a todas las empresas,
El artículo del Presidente del Consejo Superior de Cámaras plantea que “Es el turno del sector público”. Por supuesto que sí, el sector público es imprescindible, tanto que la Estrategia de Lisboa sobre la competitividad europea le otorga al menos un tercio del esfuerzo innovador. Los dos tercios restantes han de venir de las empresas, apoyadas en lo necesario por el sector público que ha de crear el entorno adecuado y dotarlas de las herramientas para hacerlo.
Un artículo de un reconocido economista español en El País, el 18 de mayo, proponía una serie de medidas para superar la crisis, pero tampoco he podido encontrar referencias a la I+D+i, señalándose que “no basta con fomentar la innovación” […] ya opera a largo plazo.
Si nos vamos más atrás en el tiempo, aparece en Expansión un titular, en mi opinión muy representativo: “Los empresarios reclaman alianzas con los Gobiernos para impulsar la I+D+i”. Leo atentamente, pero no encuentro sino referencias al despliegue de las operadoras de telefonía.
Hemos de esperar algún tiempo para encontrar un artículo de la Ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia y otro del Ministro de Industria, Turismo y Comercio, Miguel Sebastián. Posteriormente, dos artículos más, en el especial de expansión celebrando su 22 aniversario.
Y, finalmente, un artículo del Presidente de Confebask en el que ya plantea la necesidad inaplazable de invertir más en I+D, de alcanzar la media europea, de incrementar el número de empresas innovadoras creando una masa crítica que permita acelerar el proceso y todo ello mediante una muy estrecha colaboración entre los sectores privado, público y político.
Titulo intencionadamente estas reflexiones con una frase, plenamente acertada del artículo del Presidente de la CEOE (“No dejemos para mañana lo importante”), pero me permito añadirle un “no podemos” por la urgencia que me plantean las últimas estadísticas del European Innovation Scoreboard 2007, publicados en Febrero de 2008 por
Algunos datos. Suecia, Finlandia, Dinamarca, Alemania y Reino Unido son los países más innovadores de Europa, por delante incluso de Estados Unidos. España se encuentra en el último puesto del tercer grupo, el de los llamados “moderadamente innovadores”: Australia, Chipre,
El análisis indica que, si bien existe un proceso de convergencia en el Índice Sintético de Innovación, más allá de las diferencias en PIB importan los flujos de tecnología y el gasto empresarial para explicar las diferentes capacidades innovadoras del país en cuestión. El Índice Sintético de Innovación agrega los indicadores de capacidad innovadora nacional. Si la media europea se sitúa en 0,45, España se sitúa en 0,31. Por detrás Malta, Lituania, Hungría… Por delante los demás, con Suecia a la cabeza, con un índice de 0,73.
Para ser conscientes de la importancia relativa de
Señala el análisis que si bien se da un proceso de convergencia en el Índice Sintético de Innovación, es decir cada vez los diferentes países tienden a igualarse en los indicadores de innovación, la estabilidad general de los grupos (líderes, seguidores…) y de los países dentro de dichos grupos es grande, por lo que no fácil pasar de un grupo a otro superior a no ser que haya una decisión política y empresarial de hacerlo y que exige una visión a largo plazo. Esto indica el enorme esfuerzo que habrá de hacer nuestro país para jugar en la liga superior.
En el proceso de convergencia, continúa el estudio, hay países que tardarán más o menos en alcanzar la media europea. Así, Francia, Holanda o Dinamarca podrían caer hasta la media europea, ya que ésta crece más rápido que su incremento en capacidad de innovación. El proceso de convergencia también indica que hay países que van en la buena dirección, mejorando su posición relativa, como Reino Unido, Islandia o Austria, mientras que hay otros que siguen perdiendo terreno en el proceso de convergencia: España, Grecia, Croacia, Noruega y Turquía.
En estas clasificaciones ya casi preocupa más quién está por detrás que quién por delante, porque da una indicación de con quién y cómo ha de competir España como país si es que dejamos lo importante para mañana.
Un último apunte en este sentido. El European Innovation Scoreboard hace un análisis, si bien de forma indirecta, de cómo compiten, y también cómo tienen que competir, los países en función de sus capacidades de innovación. Señala que a los países que no realizan I+D únicamente les queda la opción de innovar a través de la compra de tecnología incorporada, es decir comprando
Las implicaciones de este hecho se ven claramente y afectan a muchas áreas de la economía, desde la balanza de pagos hasta la dependencia exterior o la imposibilidad de competir con países igualmente capaces de adquirir esa tecnología pero con menores costes de mano de obra o menores restricciones medioambientales o…
En fin, se tiene la sensación de que los resultados de este punto del análisis, en el que España depende en un 61% de
La tecnología de producción, los nuevos materiales, el nuevo conocimiento en definitiva son, prácticamente, una commodity que se adquirirán por aquel país que tenga dinero para comprarlos y mano de obra barata para usarlos. Eso hizo España en su momento, y no es malo. También lo hicieron Japón primero, más tarde Corea y ahora China,
Tras los datos aportados tan recientemente por
Es necesario, por ello, que los representantes empresariales se pongan al frente de esta imprescindible transformación. Se tienen que subir a la tribuna y expresar claramente que la I+D+i es importante porque en ello nos jugamos el futuro como país.
Yo estoy seguro de que la gran mayoría de las empresas agradecerían ver a las Organizaciones Empresariales ponerse al frente de esta manifestación, sujetando la pancarta que pide transformar el modelo de creación de valor, porque el proceso de innovar no es sencillo y además sigue siendo nuevo para nuestro país en su conjunto. Muchas de ellas ya lo están haciendo y ejemplos hay para quien los quiera.
Cuando el entorno global aprieta y no es favorable, como ahora, se hace más necesario y más urgente ser más conscientes de que no podemos dejar para mañana lo importante: generar nuestro propio conocimiento y aplicarlo. Lo demás ya lo hacen los demás.
Al final de todo ello siempre me vienen a la memoria las palabras de un importante empresario del pan: “Lo importante es lo primero”. Pues eso: al pan, pan y al vino, vino.
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