Sobre el modelo de crecimiento de la economía española
Reconozco que he tardado en reaccionar, si bien podría perfectamente achacarlo al estupor que me produjo su lectura. Me refiero a una columna del suplemento Mercados de El Mundo del pasado 12 de julio. Tras la pregunta sobre si el crecimiento que ha mantenido la economía española en los últimos 7 años era bueno, se llega a la conclusión de que da igual de dónde venga el dinero, que siempre será bueno si cada día hay más. Y reflexiono sobre ello, y he de decir que sorprendido.
Sobre el modelo de crecimiento de la economía española
Reconozco que he tardado en reaccionar, si bien podría perfectamente achacarlo al estupor que me produjo su lectura. Me refiero a una columna, escrita por un profesor del IESE en el suplemento Mercados de El Mundo del pasado 12 de julio. Tras preguntarse si el crecimiento que ha mantenido la economía española en los últimos 7 años era bueno, llega a la conclusión de que da igual de dónde venga el dinero, que siempre será bueno si cada día hay más.
Gato blanco o gato negro, da igual si caza ratones.
Habla de que cada punto de crecimiento es riqueza y se distribuye. Pues claro!!!. Pero dice que el valor que se crea con mano de obra sin cualificar, y por ello de salarios baratos, es igual que el valor añadido por biotecnologías, nanotecnologías, microelectrónica, energías renovables, o nuevos modelos de negocio innovadores y sostenibles, pongo por caso. Podría preguntarme que para qué nos gastamos una barbaridad en universidades y para qué sirven las escuelas de negocios, porque estas son privadas.
Yo hice un PDD en el IESE y me dijeron que eso no era así, que son precisamente los países avanzados los que soportan su economía y la hacen crecer a largo plazo sobre nuevo conocimiento.
El artículo compara, además, el impresionante crecimiento del PIB español en los últimos años con el de Alemania, Francia o el conjunto de
En definitiva, nos dice el profesor del IESE que nos hemos hecho más ricos en menos tiempo que el resto de los europeos, si bien matiza que unos más ricos que otros. No cita que la riqueza de unos no es igual a la de otros, lo que se ve muy claramente cuando llegan las crisis como las que padecemos ahora.
Pero aún peor el final de la columna, porque el augurio pone los pelos de punta. “¿Y cómo vamos a crecer en el futuro?”, se pregunta. La respuesta es simple, quizá porque el profesor sabe más de historia que de economía: “De forma parecida a la que lo hemos hecho en el pasado”. Y las razones son sólidas: en primer lugar, nuestro clima no va a cambiar en el próximo futuro, y seguiremos por ello teniendo el sol que nos permite atraer turismo; en segundo lugar, la mejor forma de poner en valor el territorio es llenarlo de construcciones, tal como ocurre en las costas españolas en las que da el sol, primero por un lado de la muralla de apartamentos, la misma que por la tarde oscurece la playa y de esta manera crece el turismo.
Es sencillo. Tan sencillo que no puede ser cierto. Y si así fuese, aquí estamos todos perdiendo el tiempo, devanándonos los sesos para imaginar el “nuevo modelo de crecimiento” español. Será cuestión de esperar a que pasen los nubarrones y vuelva a salir el sol y mantener así nuestro turismo, que no olvidemos, representa más del 10% del PIB español.
Efectivamente no nos hemos movido y el sol está donde debería y por eso este año los presupuestos de I+D son los que son,
Sinceramente me parece que el artículo al que me refiero sostiene una argumentación fuera de lugar. Primero porque queremos estar entre las economías avanzadas (y he de suponer que un profesor del IESE se dedica a hacerlas avanzar), lo que significa generar valor añadido a través de nuevo conocimiento, lo que no se hace con salarios baratos. Segundo, porque el modelo de explotación del suelo que hemos tenido en España, ya se ha visto, no es sostenible: la costa está sobreexplotada en su recurso principal, que es el suelo que quiere usar el turismo de primera línea de playa y que ya trepa, como en los belenes, por las laderas. Llegará a
Evidentemente podemos llenar la meseta castellana de piscinas, “baretos” baratos y blanquitas construcciones mediterráneas, pero sospecho que no es eso lo que quiere un turismo de calidad. Tenmos, de acuerdo a casi todos los indicadores, un turismo que cada vez gasta menos euros, si es que gasta algo porque ya viene con la pulserita de color en la muñeca.
Y para vender las nuevas construcciones, es preciso generar valor para que alguien las compre. Si pudiésemos llenar la meseta de pueblitos blancos mediterráneos con piscinas y urbasón para los turistas churruscados, quizá la gente ganaría dinero, comprase casas y se harían más casitas, pero mucho me temo que no es por ahí por donde van las cosas.
A mi me da que lo que quieren los turistas que nos interesan, o deberían interesarnos, si es que queremos seguir viviendo del turismo, son costas limpias y menos, mucho menos urbanizadas, donde vayan turistas a gastarse más, muchos más euros de los que ahora se gastan por día. Lo que hemos hecho hasta ahora ya lo hacen otros en el Mediterráneo y hasta en el Caribe, adonde se va, como me decía una amiga, por menos dinero que a nuestras islas.
No. Yo creo que si, efectivamente, vamos a seguir creciendo como hasta ahora, las cosas se pondrán, incluso, peor que hoy. Saldremos de esta, claro, o al menos saldrán los que queden, que siempre hay los resistentes, pero la próxima, y no tardará tanto, a estos resistentes los habrá dejado tocados y listos para su desaparición.
Si hay algo que veo claro es que este modelo de crecimiento se agota en sí mismo. Los empresarios del turismo español, junto con sus colegas alemanes, ingleses, franceses, suecos y demás, son pioneros en muchas fórmulas absolutamente innovadoras y así han transformado su sector en líder en muchos aspectos. Pero los tiempos cambian. La tecnología ha cambiado el modelo, el cliente quiere que cambie el modelo y lo ha cambiado utilizando la tecnología, y el operador ha de cambiar el modelo para seguir en su negocio y lo ha cambiado, asimismo, utilizando tanto la tecnología como al propio cliente y al proveedor. Se ha cambiado el modelo de negocio y la cadena de valor.
Creo que es acertado pensar que el modelo de crecimiento español pasa por ser más competitivo y por generar conocimiento y aplicarlo, generar valor sostenible, en definitiva. Recuerdo una noticia de julio de 2006, en “Cinco Días” que venía a decir lo siguiente tras el primer año de vigencia del Programa Ingenio 2010: “se trata de una apuesta por el desarrollo económico basado en el conocimiento y la extensión de las tecnologías de la información y de la comunicación”. Lo decía el Presidente del Gobierno.
El Plan Ingenio 2010 quería incrementar la inversión en I+D, casi duplicarla en términos de PIB, desde el 1,05% que estaba en 2003 hasta el 2% en 2010, pasando por el 1,6% en 2008. No. Estamos en 2009 y la inversión en I+D apenas alcanza el 1,3% sobre el PIB.
Hoy, el número de patentes triádicas españolas (las que se registran en Europa, Estados Unidos y Japón y tienen, por ello, el mayor valor económico) representa el 0,4% del total mundial, frente al 12% de Alemania o casi el 5% de Francia. Estados Unidos representa el 31% mientras que Japón y la UE-25 acaparan un 28 y pico cada una.
El Plan Ingenio 2010 quería incrementar la participación privada, con el objetivo de elevar la contribución empresarial en el esfuerzo en I+D, desde el 48% que tenía en 2003 hasta el 55% en 2010, pasando por el objetivo intermedio del 52,5% en 2008. Más o menos, si estiramos las cifras en algunas Comunidades Autónomas y con todos los matices de distribución del tamaño y sector de empresas.
Continuaba la noticia de “Cinco Días” comparando los porcentajes de inversión en I+D sobre el PIB español, apenas el 1,1% en aquel tiempo, con el 2% de la media europea UE o el casi 3% de Estados Unidos o Japón. Se olvidan siempre del 4 y mucho por ciento de Suecia y Finlandia, o del casi 7 de Israel. Más vale.
La nota del periódico terminaba diciendo que “el Gobierno pretende así modificar el modelo productivo, excesivamente dependiente de sectores poco intensivos en tecnología como la construcción o la hostelería…”. No le hemos hecho caso, a lo que parece.
Y añadía que “ya existen (en 2006) signos de dicho cambio de patrón, como el aumento de la inversión en bienes de equipo del año pasado (8%) o la mejora de las exportaciones en el primer trimestre de este año (2006)”
Hoy, en julio de tres años más tarde,
Quizá el artículo que ha dado pie a esta reflexión sea una claudicación, una aceptación de la realidad, un adaptarse a lo que hay, qué le vamos a hacer, España es diferente. Yo me niego. Y además no me gusta que un profesor de una de las grandes escuelas de negocios del mundo escriba algo que supone abandonar el reto y seguir haciendo lo mismo porque no se nos ocurre nada mejor.
Sé perfectamente que cambiar una cultura empresarial, académica y política no es fácil y que cambiar un modelo de crecimiento económico es aún más difícil, porque mientras se cambia hay que seguir pagando nóminas y la seguridad social, la salud y las carreteras y
Qué le vamos a hacer…..
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Comentarios
nadie ve nada, vete a tu pueblo, observa la vida economica de ese pueblo de esta españa, y veras lo siguiente, abre cierra, abre cierra,
abre cierra, ese es el sistema economico de españa
soy un burro pero algo menos que estos cinco que trabajan para mi (en mi empresa) y gano con la comision que me queda de lo que yo les pago y lo que yo cobro
alguien abre un taller que por ejemplo vende coches y arregla coches
bueno, no te preocupes que si ese funciona bien a los tres meses ya tiene 6 talleres mas en los alrededores
es que estas cosas solo las veo yo, no lo creo, pienso que los demas tambien tienen que ver esto que cito,
nadie se da cuenta que es directamente proporcional la preparacion con el exito de lo que emprendas,
es imposible y repito imposible que como se trabaja en este pais se pueda cambiar nada, sus gentes no quieren, sus gentes deben de vivir muy bien, pues este sistema, funciona por protestas, o por muertes, hasta que no muere el nº 40 no arreglan la curva (esto es otra), seamos serios aunque sea un patochon que lo es
este señor conoce a los españoles, y seguiremos siendo un pais de campesinos y agricultores que quiere estar en la elite de los paises cuando la realidad es que somos hoteleros y bodegueros y vivimos del turismo, osea , pasa un señor, y , se deja el dinero en nuestro establecimiento, si no viene nadie los hoteles cierran, pues no se pueden transladar a otro sitio, y entonces que queda? somos ilusos, vivimos por encima de nuestras posibilidades, y el sistema tira contra si mismo,
vamos a cambiarlo todo para que todo sigua igual, este dicho es muy viejo y va a volver a pasar,
antonio
Me parece muy buena la crítica que se hace al artículo.
Añadiría los siguientes comentarios:
En primer lugar, el crecimiento que hemos experimentado en los últimos años se caracteriza por una transferencia de la riqueza: El españolito se ha endeudado todo lo que ha podido, y las inversiones que se podían financiar con este capital se han esfumado. No se ha reinvertido en una economía del conocimiento porque el ladrillo daba más dinero en el corto plazo. Conclusión, hemos perdido una oportunidad de oro.
Por otra parte, la competitividad industrial de nuestra economía se ha basado en mano de obra barata, y crecimiento de capital físico. Una vez que nos hemos hecho nuevos ricos (vendiendo nuestros grupos industriales, especulando con el inmobiliario, etc.), resulta que ya no somos atractivos para hacer de fábrica del resto de países. A eso le añades la competencia de los países del este, y nos da el siguiente resultado: las grandes decisiones empresariales no se toman en España, somos caros para producir, y no tenemos potencial de mejoras de productividad comprando máquinas mejores.
La apuesta por el nuevo modelo está muy bien, pero requiere un compromiso más a largo plazo de lo que hemos demostrado a lo largo de nuestra historia. Somos cortoplacistas por naturaleza, y ahí sí que suscribo otros comentarios, porque nos gustan más las tapas y las cañitas ahora que otra cosa. Y esto es reflejo de una sociedad en la que la competitividad entendida por el hecho de querer mejorar a través del trabajo, estudio, etc. está completamente desvirtuada.
Saludos,
Sebas
Si no recuerdo mal, la manera de hacerse rico en la España central y del sur ha sido la especulación desde época de la desamortización de Mendizábal. Así que efectivamente no hay gran cosa nueva bajo el sol. Fracaso tras fracaso en cada revolución industrial, o al menos llegando tarde y mal. El cambio cultural que lleva aparejado cada cambio estructural no se produce. Eso no es nuevo.
La semilla de los cambios debe producirse en la Universidad y el sistema de ciencia y tecnología, que debe hacerse competitivo y crear una generación acostumbrada a vivir en ese contexto. A través de esos individuos que crean empresas y se la juegan con ellas es cómo se puede empezar a cambiar las cosas, no pensando que las grandes empresas van a jugársela, junto con cambios en la formación del profesorado que permita a la mejor gente acceder a esas profesión.
Pero lo malo del futuro es predecirlo. ¿Resolverá la humanidad el nudo georgiano de la crisis energética y la crisis climática? ¿Seguirá el proceso de globalización? ¿Aguantará ésta con unos precios de la energía astronómicos? ¿En qué situación quedará España?
Efectivamente, hemos desprovechado los cambios estructurales generados por los cambios tecnológicos porque siempre ha sido más fácil, más rápido y con menos a repartir, los cambios basados en el territorio y el ladrillo.
Curiosamente no hay apenas diferencias de formación entre los emprendedores españoles y los del resto de Europa (un reciente libro del Profesor Tortella así lo muestra), pero hay muchos menos y en un ambiente mucho más hostil al progreso basado en el valos del trabajo y del conocimiento.
Creo que es de interés leer (entre otros) el libro del Profesor Sánchez Ron, "El poder de la Ciencia" sobre cómo pasaron las revoluciones tecnológicas en España, especialmente la los Siglos XIX y mediados del XX: siempre a remolque, con retaraso y utilizando tecnología externa, casi obsoleta y en cualquier caso dependiente. Todo por falta de interés empresarial en este desarrollo. Es por ello que me niego a admitir la realidad que todavía seguimos viviendo.

Y cuando en un futuro no muy lejano hayamos construido hasta en los monumentos que son patrimonio de la humanidad, ¿qué es lo que este eminente profesor recomendaría?. ¿Destruir las viviendas y construir en su lugar un nuevo modelo de vivienda y así comenzar de nuevo?. Sé que lo que digo es una boutade, pero después de leer este blog, estoy tan sorprendido como usted. Diga quien lo diga, el futuro de nuestro país, pasa inevitablemente por un cambio, más o menos rápido, del modelo productivo, lo cual no quiere decir que la construcción de obra y de vivienda civil, no tenga que ser significativa, pero una economía que básicamente depende de dos sectores productivos y, además, con mano de obra poco cualificada, es necesariamente rígida y responde con dificultades, como lo estamos viendo y padeciendo, a las crisis económicas.