La educación en la competitividad de España medida por el Foro Económico Mundial

“España pierde competitividad”, “Los impuestos y el mercado laboral lastran la competitividad en España”, “El deterioro económico y laboral resta competitividad a España”… son titulares de diferentes diarios generalistas y económicos del 9 de septiembre de 2009. Hay muchos más y todos del mismo tenor

“España pierde competitividad”, “Los impuestos y el mercado laboral lastran la competitividad en España”, “El deterioro económico y laboral resta competitividad a España”… titulares de diferentes diarios generalistas y económicos del 9 de septiembre de 2009. Hay muchos más y todos del mismo tenor.

Los datos son sumamente preocupantes porque nuestro país pasa a puestos que nos sacan fuera de todas las listas de países competitivos, teniéndonos que comparar con otros anteriormente muy por detrás de España y que ahora nos adelantan, como la República Checa. Más preocupante aún, si cabe, es que los expertos y las instituciones coinciden en que de esta crisis, considerada inexistente o de bajo impacto hace menos de dos años, España va a salir muy mal parada y solo la supera Islandia.

Muchos son los motivos que se analizan y por los que España baja en el ranking de la competitividad mundial y quedará más “tocada que otras economías. El primero es el acceso a la financiación (también nuestro sistema financiero era el más preparado para afrontar cualquier situación por la excelente regulación que tenía), seguido de la rigidez del mercado laboral, la burocracia, los impuestos , solo en quinto lugar, aparece la educación.

No entro ni en la primera de las causas, porque no soy experto; mucho menos en la segunda: están los ánimos como para que se escape una sola palabra. El exceso de burocracia aparece, en las áreas en las que me manejo, como uno de los principales factores disuasorios para el acceso a los programas de apoyo a la innovación empresarial y en ello ha incidido CEIM desde hace mucho tiempo. Parece absolutamente contradictorio que las administraciones fomenten la Sociedad de la Información y se siga tardando una media de 47 días para poner una empresa a funcionar en regla y cada administración, formando parte de un todo, te pida “sus” datos y te los vuelva a pedir a pesar de lo fácil que es preguntar si algún dato relevante de la empresa se ha modificado desde el último expediente: SI/NO. Ya está. Es incomprensible.

En cuanto a los impuestos elevados, parece de sentido común que no se deben subir los impuestos en momentos en los que hay que generar liquidez en la caja de las empresas y las familias, ahogando más la capacidad de inversión y de gasto.

Decía que solo aparece en quinto lugar la educación. El World Economic Forum señala la escasa calidad de la educación, especialmente la primaria, que reciben nuestros jóvenes, algo que ya han señalado amplia y pormenorizadamente los diferentes informes PISA. En cualquier caso, el Foro de Davos y el Banco Mundial señalan que la educación es especialmente pobre en ciencias y en matemáticas.

Esto me parece importante y tengo la impresión que no se le presta la suficiente atención. El estudio de las ciencias y las matemáticas no es importante solo porque permita resolver problemas que se plantean. Así, las matemáticas podrían servir para calcular el cambio que hay que devolver al cliente tras tomarse una cerveza en un restaurante o la factura tras cinco días de hotel con un descuento promocional. El estudio de las ciencias dotaría nuestros alumnos de una cultura general necesaria para poder comprender mínimamente el mundo: por qué en el vacío una bola de plomo cae a la misma velocidad que una pluma y llegan juntas, al mismo tiempo, al suelo…

Creo que el estudio de las ciencias y las matemáticas, al fin y al cabo la herramienta esencial de las ciencias, es esencial por dos razones que me parecen las más importantes. La primera es que obliga a pensar, a buscar caminos para la resolución de un problema. Ello exige una comprensión del problema, una ordenación de los datos, el estudio de diferentes alternativas que permitan alcanzar un resultado, interpretarlo, elegir las herramientas que mejor se adapten para alcanzar una solución.

Se trata, por ello, de enseñar a la cabeza a pensar de manera ordenada. Y ello no solo sirve para resolver problemas que se plantean, sino para plantear otros nuevos, retos en definitiva, y resolverlos. Creo que a este proceso se lo llama innovación, el producto final de un largo proceso que se inicia en la ciencia básica y que utiliza todo lo que se tiene a mano para dar solución satisfactoria a un problema o a mejorar una alternativa existente.

Algunos de los problemas a los que se enfrenta la economía española, y que han sido analizados y evaluados en función de su importancia por el Foro de Davos son coyunturales. El acceso a la financiación, los impuestos y, a mayor plazo y con esfuerzo político y administrativo, la burocracia pueden ser resueltos. La reforma laboral, sin duda necesaria, requerirá un importante esfuerzo político y de consenso, sin olvidar que es el sector privado, los empresarios, los que generan el empleo y pagan a los empleados por su trabajo y su competitividad.

En el caso de la educación nos enfrentamos, creo, a un problema de mucho mayor calado. Desde que alumno entra por primera vez en el sistema educativo hasta que sale con una formación básica pasan, al menos 10 años. Si hablamos de formación profesional, pasamos a los 12 o 13 años y si se trata de una formación universitaria en ciencias variará pero no será menor de 20 años. Formar una generación es mucho más complejo, porque para ser competitivos no basta con tener unos cuantos buenos alumnos, que ya los tenemos; es necesario tener un buen sistema que los interrelaciones entre ellos, con la sociedad y con las empresas.

Al igual que los impuestos, la burocracia o el coste de la financiación, la educación puede ser transformada por decreto, pero las primeras tendrán efectos a uno, dos o tres años mientras que la educación tiene unos plazos incomparablemente mayores y que vienen afectados por otros muchos factores.

Los informes PISA, elaborados por la OCDE, no hacen más que señalar año tras año, la decadencia de nuestro sistema educativo en materias como las ciencias y las matemáticas. Todavía no hemos reaccionado y creo que, como decía antes, los cambios son a largo plazo. Si están directamente relacionadas las capacidades derivadas de la educación con la competitividad, deberemos pensarnos muy mucho cuál es el futuro de nuestra economía.

Siempre recuerdo una frase que me dijo un empresario, de un sector tradicional pero afectado, como todos por los avances de la ciencia y la tecnología. Me decía, que “lo importante es lo primero. Pues eso.

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