Doppler y medicina

Doppler y Medicina. Los caminos de la Ciencia llevan a lugares inesperados

Tengo alta la tensión, y podría decir que hay razones para ello. En cualquier caso, no voy a entrar en cuánto de alta, pero el caso es que la nefróloga que me atiende me ha propuesto una serie de pruebas que más se parecen a una profunda ITV que a un puro chequeo médico: los aparatos de diversos tipo dominan, al menos en principio, a la sabiduría galénica.
La primera prueba ha sido un Eco-Doppler de arterias renales. Cuando el doctor que realizaba las pruebas diagnósticas por imagen estaba trabajando, no dejé de mirar la pantalla, tratando de “ver algo”. Es ahí donde la medicina entra en acción. Si solo fuera la imagen no podría ser más que, acaso, un bonito cuadro.
De cualquier manera, mientras veía las imágenes en la pantalla y escuchaba los ecos que lanza el aparato y que son recogidos como olas en los gráficos, pensaba en el origen de este aparato, no excesivamente grande, de aspecto algo usado ya, en una habitación en la penumbra y conmigo tumbado en una camilla a su lado.
Minutos antes de salir hacia la consulta de imagen médica (antes eran palpaciones, golpecitos, olores, tensiones, vista si la lesión estaba fuera…. utilizando los propios sentidos), recuperé de Internet mis pocos y ya antiguos conocimientos sobre el efecto Doppler, que la prueba diagnóstica utiliza.
La base científica sobre la que se basa este aparato que le permite al médico observar cómo circula la sangre por mis arterias renales, se basa en un trabajo del astrofísico austríaco Christian Doppler, publicado en 1842 (ya son 168 años) en un Tratado cuyo título en alemán, impronunciable para mí, se puede traducir al castellano como “Sobre el color de la luz en estrellas binarias y otros astros”.
A primera vista, nada que ver con mis riñones ni con mi tensión alta, aunque haya razones suficientes para ello. Si profundizamos un poco más en el Efecto Dppler, resulta que se trata de de que por efecto del movimiento relativo de dos cuerpos, las ondas que uno de ellos, o los dos, emitan o generen se verán alteradas para el otro observador, cambiando su longitud de onda.
Este efecto, que inicialmente Doppler describe para la luz (las estrellas que se alejaban “alargaban” la longitud de onda de su luz emitida, tendiendo ésta hacia el rojo) se comprueba que igualmente se cumple en las ondas sonoras. Lo describe Hipólito Fizeau y desde entonces los franceses hablan del Efecto Doppler-Fizeau (y va servido el Sr. Doppler…).
Cualquiera puede comprobar cómo la sirena de una ambulancia que se acerca tiene un sonido más agudo, por acortarse la longitud de onda de su pitido que cuando esta misma ambulancia se aleja, en que se oye el sonido más grave al aumentar la longitud de la onda sonora.
Nada que ver con mi riñón…. todavía.
Como la prueba es una Eco-Doppler, interviene asimismo la ecografía. La ecografía utiliza los ecos de una emisión de ultrasonidos dirigida, en este caso, hacia mis riñones. Las ondas ultrasónicas emitidas por un transductor rebotan en mis riñones y se recoge su eco por otro transductor. Un ordenador procesa las diferencias entre las ondas emitidas y las recibidas y forma una imagen que solo entiende el especialista en la pantalla.
Nada que ver con mis riñones, excepto que éstos han servido para que las ondas reboten en ellos.
Como el diagnóstico se hace por Eco-Doppler, se ve que es la combinación de los dos efectos antes mencionados. Mediante el cálculo de la variación en la longitud de onda de un flujo cualquiera, el de mis arterias renales por ejemplo, la ayuda del ordenador, la sabiduría galénica y mi asombro, se puede determinar y visualizar la velocidad y dirección de ese flujo. No sé todavía si estaba bien o mal o regular.
Sí sé que me daba la risa de emoción, al mirar la pantalla y recordar que todo aquello había empezado con un buen hombre, científico, austríaco, mirando las estrellas y preguntándose por qué unas eran más azules y otras más rojizas, simplemente por el placer de preguntárselo y poder darle una explicación satisfactoria. Estoy seguro de que no pensaba en mis riñones.
El aparato, no demasiado grande, metido en una habitación a media luz, no parecía nada del otro mundo. Solo ponía General Electric, de los Estados Unidos, con su característico logo con letras un tanto antiguas. Alguien en esta empresa, en sus laboratorios de I+D, había recogido el conocimiento del austríaco y lo puso a funcionar. Ahora lo venden por todo el mundo para poder ver nuestros riñones.
Esto del saber, y aplicarlo, viene de lejos, en el tiempo y en el espacio y siempre hay que recorrer los caminos inexplorados. Quizá lleguen a algún sitio y sólo hay que hacerse preguntas inteligentes. Qué le vamos a hacer, pero la ciencia y sus aplicaciones a la vida cotidiana son así.

Etiquetas:

Si te gustó esta entrada anímate a escribir un comentario o suscribirte al feed y obtener los artículos futuros en tu lector de feeds.

Comentarios

[...] This post was mentioned on Twitter by madrimasd. madrimasd said: Blogs Doppler y medicina: Doppler y Medicina. Los caminos de la Ciencia llevan a lugares inesperados Tengo alta la… http://bit.ly/artJNd [...]

Escribe un comentario

(requerido)

(requerido)


*