¿Qué cambio de modelo, qué reforma estructural?
¿Qué cambio de modelo?
La verdad es que he perdido la cuenta de cuándo se inició la discusión sobre la necesidad de realizar un cambio de modelo productivo en España. Creo que hace al menos tres años, en 2007, se empezaron a oír y leer opiniones sobre la necesidad de cambiar nuestro modelo productivo, altamente concentrado en sectores en los que el valor añadido era bajo, la cualificación del personal era igualmente baja y, por ello, el valor añadido era, singularmente bajo comparando con los países de desarrollo similar al nuestro.
Una vez reconocida la crisis que nos afectaba, reconocida sobre todo por la brutalidad del impacto que ha generado en el empleo, a nuestra capacidad productiva y a la productividad española, el cambio de modelo se ha transformado en el mantra que se repite cada vez que avanzamos por la crisis y el horizonte de recuperación sigue igualmente lejano debido a la crisis.
La vía rápida para transformar el modelo, en el contexto de este mantra, parece sencillo: incrementar el gasto “del” I+D+i y hacer una reforma profunda del mercado de trabajo. Con ello, en poco tiempo, estaremos de nuevo a la altura de los indicadores de calidad de nuestro entorno: desempleo, cualificación, productividad, y, por supuesto, creación de empresas innovadoras.
La dificultad parece que reside en materializar el mantra del cambio de modelo. El gasto en I+D+i se ha reducido (vale, se han incrementado los presupuestos en forma de créditos: si a una empresa le cuesta financiar el circulante, financiar la “I” le costará mucho más, como se está demostrando por el nivel de cumplimiento de los programas) y el número de empresas innovadoras no crece; el número de patentes apenas se mueve y las exportaciones de equipos, bienes y servicios de media-alta y alta tecnología no se incrementan de forma significativa.
Sin embargo, parece que la Ley de Economía Sostenible viene a resolver el problema: una miríada de ideas, unas en forma de Planes, otras de Decretos-Leyes, otras simplemente Leyes, como la de Enterramiento Geológico de CO2…. Se discute sobre esta Ley de leyes, que incluye, incluso, a aquellas que según mi parecer deberían englobar e informar la sostenibilidad, como es la de la Ciencia y la Innovación.
Me da que un cambio como el que precisa este modelo productivo no se hace por Decreto-Ley ni por Ley Orgánica. Requiere tiempo, mucho tiempo diría yo; dinero, diría asimismo que mucho; y cultura y reconocimiento del esfuerzo que hay que hacer, asumiendo que no se modificará el objetivo a alcanzar durante el tiempo, mucho, insisto, que haya de durar el esfuerzo y el sacrificio que ello suponga .
Pero llevar a cabo todo esto me parece que requiere una profundísima reforma estructural, reforma que afectaría, y en gran medida en mi opinión, a la estructura del tejido empresarial.
¿Qué reforma estructural?
El 17 de abril de 2007 escribí en este mismo Blog (El tamaño importa en la I+D empresarial) que “en España se da una situación que […] dificulta más el proceso de innovación si utilizamos como referente la dimensión de las empresas (y hay sin duda otros muchos)”. Utilizaba datos de la OCDE que muestran la escasa dimensión de nuestras PyMEs al compararlas con las de los países más potentes económicamente y en términos de I+D (lo que suele ir altamente correlacionado)
Añadía que “si son las grandes empresas las que generan un efecto de arrastre sobre las PyMEs como demandantes de innovación integrada en su cadena de valor, entonces sí tenemos en España un más que considerable déficit, que se pone de manifiesto […] cuando creamos la categoría PyMEs [por el muy limitado número de grandes empresas manufactureras en nuestro tejido empresarial y la dependencia orgánica exterior de la mayoría de las que hay]”.
Esta misma reflexión ha sido expuesta recientemente, con mayor precisión, por el Presidente de COTEC, José Ángel Sánchez Asiaín, en la presentación del Informe COTEC 2009, en el que con gran precisión indica que “el tamaño es un claro determinante de la productividad de las empresas”, y añade que “<
Compara finalmente, en términos macroeconómicos, lo que esto representa: “En España, las PyMEs dan ocupación al 82% del total de los trabajadores, mientras que en Alemania dan empleo al 60%. Y que esas empresas, las pequeñas, generan en España el 60% del PIB, mientras que en Alemania solo aportan el 46%”.
Creo que es ésta la gran reforma estructural que España ha de llevar a cabo y sin la que las demás, los esfuerzos tendrán, mutatis mutandi, la misma productividad que una fuerza de trabajo empresarial enormemente atomizada, como reflejan las anteriores cifras.
Sin duda no va a ser sencillo, sobre todo si en España seguimos sin definir qué vamos a hacer con nuestras empresas para poder llegar a ser realmente competitivos. Hace unos meses, y en este mismo Blog, me refería a la pasión por la creación de nuevas empresas (Políticas de creación de empresas. ¿Y por qué no consolidar las que ya tenemos?), y un cierto olvido de la consolidación, del crecimiento, de las estrategias de crecer a partir de lo ya consolidado.
Parece que es políticamente más correcto hablar de creación que de consolidación, de nacimiento que de crecimiento, como si solo lo nuevo fuera bueno, moderno, progresista…. Creo que hemos de recapacitar seriamente sobre este tema, porque insisto en que siendo principalmente un asunto de medios o recursos, es, además y sobre todo, cultural, algo más difícil de modificar que los demás aspectos de la actividad empresarial.
Parece claro, y así parece demostrado, que la dimensión de la empresa tiene una clara influencia sobre su capacidad de innovación y sin duda Shumpeter hace una profunda reflexión sobre este asunto.
Una de las hipótesis básicas de Shumpeter indica que son las grandes empresas las que realizan los avances tecnológicos mediante sus actividades en I+D. El economista austriaco pensaba que las PyMEs eran incapaces de llevar a cabo de forma eficiente esta actividad. La constatación es más evidente en el marco de un mismo sector, de forma que las condiciones de competencia y mercados sean similares.
Esto lleva a que uno se interese por la distribución del tamaño de las empresas en los sectores que configuran el PIB y la intensidad de sus actividades en I+D+i. Asumida la anterior hipótesis, explicaría en gran medida la competitividad nacional y/o regional teniendo en cuenta la distribución de empresas por sectores y el tamaño de las mismas en una determinada área geográfica.
De acuerdo a esta hipótesis de Shumpeter, las grandes empresas, que ejercen en cierta medida una actuación monopolística llegando incluso modificar su entorno, actuarían como tractoras del avance tecnológico, debido a la propia estructura del mercado, que ofrece economías de escala que las PYMES no pueden utilizar o lo hacen en mucha menor medida frente a un determinado nivel del riesgo inherente a la I+D+i: gestión, financiero, regulatorio, contratación, mercado…
Si seguimos este razonamiento, las PyMEs tendrían una menor propensión a realizar proyectos de I+D por encima de ese determinado nivel de riesgo por no poder asumirlo. Tenderían, por el contrario y por una cuestión de ratio coste/beneficio, a seguir, imitar y asimilar los resultados desarrollados por las grandes empresas.
Sin embargo, y existen claras evidencias, hay que señalar que la formalización de las actividades innovadoras de las PyMEs tiene sus propias “reglas” en cuanto a la flexibilidad, adaptabilidad y eficiencia en el uso de los recursos, si bien esto requiere un tamaño mínimo que dé soporte a la necesaria estructura que permita llevar a cabo estas funciones.
Sin duda hay diferencias entre los sectores en función del valor que aportan sus procesos o productos, pero es preciso hablar en términos amplios para alcanzar a vislumbrar el problema que representa la escasez de dimensión.
De hecho, se indica en la literatura que esta manera de actuar de las PyMEs en I+D les lleva a ser más eficientes como agentes innovadores que las grandes empresas y que por ello producen un mayor número de nuevos productos y patentes por unidad de inversión que las grandes empresas a las que están ligadas.
Es este un planteamiento que el Presidente de COTEC hace en el discurso de presentación del Informe COTEC 2009. En el “Decálogo” de medidas que señala la Fundación como fundamentales para incrementar nuestra competitividad, aparece en el Punto 9 la necesidad de “aprovechar el mercado de las grandes empresas y de las administraciones como “<
Creo que es imprescindible plantearse, antes que el cambio de modelo, antes que definir “el sector a desarrollar” (lo comenta, y me asombra, Raúl Heras en su artículo “La España que ya no existe” [MÁS, nº 198, del 7.6.2010]), antes incluso que los procesos de transferencia de tecnología y de mejora y facilitación de las relaciones universidad empresa… antes que nada, insisto, creo que hemos de plantearnos el modelo de estructura del empresariado.
En 2005, el Consejo Superior de Cámaras publicó un análisis sobre el impacto del tamaño en la capacidad competitiva de las empresas, y comparaba la estructura del sector empresarial español con el europeo. El Presidente del Consejo Superior de Cámaras decía en la Introducción que el conocimiento “de los factores que condicionan la competitividad y su relación con el tamaño empresarial, proporcionan una información muy valiosa para el diseño de nuevos instrumentos y políticas que tengan como fin el desarrollo de la actividad empresarial y el incremento de la competitividad”.
Pienso que, a tenor de lo mostrado por la OCDE y los datos aportados por el Presidente de COTEC, entre otros, poco se ha avanzado en España en este terreno y creo, asimismo, que sin esa transformación me parece difícil modificar el modelo productivo para que sea más competitivo. Ahora tendremos que plantearnos cómo llevarla a cabo y creo que no faltan ni ideas, ni método, ni medios. ¿Quizá voluntad?
Habrá que analizarlo más adelante, pero cuanto antes.
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Comentarios
Estoy de acuerdo con la mayoría de las reflexiones que se hacen en este artículo. En particular me alegra que se trate sobre los problemas del sector privado en su aportación a la I+D+i nacional. Resulta paradójico que la mayoría de los artículos periodísticos o de divulgación que tratan sobre los problemas del I+D+i español se centran en la parte pública del I+D+i. Que si la ley de la Ciencia, los ránking de universidades y OPIS, la calidad de la producción científica (mayoritariamente pública), etc., todos ellos asuntos que afectan fundamentalmente a la parte pública. Me parece muy bien, para centrar el debate, hablar también (debería suponer incluso el centro del debate) sobre la parte privada del I+D+i (aunque sea simplificar, ya que el I+D+i se debe considerar como un todo público-privado, en mi opinión). Hay que tener en cuenta que la aportación pública ha permitido, incluso con los múltiples problemas aún por resolver (en particular el aumento de la calidad de la producción científica), llevar a España a un nivel acorde con su posición económico/social, al menos en términos de producción científica. En cambio, la inversión privada en I+D+i está en una posición vergonzosa, muy alejada de las cifras de países avanzados de nuestro entorno (más allá de los informes COTEC, se puede consultar “The 2009 EU Industrial R&D Investment Scoreboard”, disponible en http://iri.jrc.ec.europa.eu/research/scoreboard_2009.htm, para datos más o menos recientes). Sólo comentar que, según ese informe y por dar algún dato general (el detalle es igual de escandaloso), la inversión privada en I+D+i supone sólo un 1.1 % de toda la UE, 4 veces menos que una sola empresa alemana, Volkswagen. En mi opinión, más allá de los problemas estructurales comentados en el artículo (que también), hay un problema de mentalización general del sector privado: ¿Por qué una gran empresa europea ve más rentable su inversión en I+D+i que una empresa española de similares características?. No parece que sean diferencias en cuestiones fiscales, que son similares en términos globales. En cualquier caso, incluso con la actual distribución de empresas en cuanto a su tamaño, el nivel de inversión privada debería ser considerablemente mayor: no se puede explicar el déficit observado únicamente en términos de problemas estructurales. Es fundamental que, con paciencia, se afronten los cambios necesarios en el sector privado para poder establecer en el futuro estructuras fuertes de I+D+i que aprovechen al máximo todos los recursos disponibles (públicos y privados) y que permitan que el talento de nuestros investigadores se aproveche también en favor de toda la sociedad.
Yo creo que no se trata únicamente del tamaño de las empresas, sino de su actividad y dependencia orgánica. Me explico: tenemos pocas grandes empresas, las que tenemos son más pequeñas que las europeas (un 18 y pico por ciento menores. Las mayores empresas españolas son de servicios, y hay pocas manufactureras, precisamente las que más tiran de sus cadenas de valor para la innovación. Las grandes manufactureras, excepto honrosas excepciones, tienen dependencia orgánica (y me refiero al desarrollo de la I+D fundamentalmente) y ello limita en gran medida el desarrollo de las cadenas de valor. Otra cuestión. Las grandes empresas españolas, centradas en los servicios, tienen en general una muy dependencia tecnológica del exterior…
[...] This post was mentioned on Twitter by Agustin Fonts, madrimasd. madrimasd said: Blogs ¿Qué cambio de modelo, qué reforma estructural?: ¿Qué cambio de modelo? La verdad es que he perdido la cuent… http://bit.ly/cJ6VCK [...]
Yo creo que la falta de I+D en las empresas se debe a múltiples factores y es una complejidad enorme. Pero me gustaría comentar el tema de la educación y la cultura (empresarial y general). Acabo de pasar un año viviendo en Boston con mi familia y mis hijos de 14 y 11 años han acudido a un colegio público del área. Puedo decir que las diferencias en el sistema educativo son enormes, aquí se hace mucho hincapié en la creatividad de los niños, se les enseña a pensar y hacer cosas nuevas. Yo ya conocía la diferencia en el método educativo en la Universidad, pero me quedé impresionado por la diferencia en la educación primaria y secundaria, que obviamente empapapa toda la sociedad. El problema de la falta de competitividad de las empresas y administraciones españolas es un problema de mentalidad y educativo. Eso no se cambia de un día para otro, es un proceso lento, pero si no empezamos ya irá a peor y nos veremos teniendo que competir con el tercer mundo en lugar de con el primero, con lo que eso implica en términos de calidad de vida. Hay que cambiar la forma en que se educa a los niños en nuestro pais.
Sobre este tema, con el que coincido contigo en muchas cosas, me gustaría escribir algo y de alguna manera ya lo ha hecho en otros posts. Efectivamente nos falta una importante dosis de espíritu empresarial, como sociedad. Se trata, esencialmente y en mi opinión, de un problema sociológico y cultural y no es fácil modificarlo. Desde luego no se hace con decretros leyes, especialmente si pierden la oportunidad de acercar en mucha mayor medida el mundo académico al empresarial. Y eso funciona estupendamente en los EEUU y en el mundo anglosajón. Investiga en lo que quieras, pero, ojo, hazlo bien porque si no es así te quitaré la financiación y se la daré a otro. Investiga lo que quieras, que ya me encargaré de de que alguien piense sobre las posibles aplicaciones. Cada uno a lo suyo, pero siempre con excelencia
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¿y nuestra mano de obra cualificada que no para de abandonar el país?
El problema es que un cambio de modelo hay que planteárselo cuando se está en la cresta de la ola y hay dinero, no cuando hemos tocado fondo, y eso sin mencionar las serias barreras que pueden suponer para el país las actuales medidas económicas que se están tomando.
I+D+i + Trabajadores expertos que se han de quedar aquí.