SENTIDO Y SENSIBILIDAD
Serioargumento es el de la sensibilidad:
Amenudo se debate esto, y es centro de atención de los religiosos, que de Diosse tiene experiencia sensible, es decir, de alguna manera Dios nos habla a travésde los sentidos.
ElCatolicismo afirma vehemente esto; se tiene experiencia sensible de Dios. Perolo que no parecen muy dóciles en probar, el por qué la persona no puedeidentificar aquello que le habla.
Todos,cuando tenemos una experiencia sensible, tenemos una memoria, sabemos lo quehemos sentido. Ante la maravilla de un suceso, o de por si la realidad, si seha cruzado con nosotros un señor con gabardina, recordamos a ese señor congabardina. Si alguien nos pregunta por ese señor, le contestaremos, le diremoslas cualidades que podrÃa tener o no, etc.
Cuandoescuchamos un sonido, pasa lo mismo, o tocamos cualquier cosa también pasa.Pero, ¿que clase que experiencia sensible es esa la de Dios, cuando nos”habla” y no vemos, tocamos, ni sentimos nada?
Nose rÃan ustedes: ese Dios no habla en realidad, no dice nada. Una especie decatarsis, de asombro, de iluminación es lo que se produce en estas personascreyentes. Todos los axiomas y verdades latentes, que engullÃan en pensamiento,parecieran tener todo sentido.
Undisparo inusual de la dopamina, que tiene que ver mucho con el conocimiento. Induccióncomo llame un dÃa, hace el individuo escuchar sin oÃr, es decir, se tiene”experiencia sensible”, pero el ser no diferencia que es, no reconocenada, lo acepta sin más.
Situviéramos que pedir al creyente que describiera pormenorizadamente aquello queha sentido, el creyente no podrá hacerlo. Se traba, es incapaz. Es como siLacan nos diera la razón, y el ser humano se viera sumergido en una realidadque no puede describirse.
AunasÃ, si la realidad aun se pudiera representar, es decir, al fin y al cabo”la realidad” pudiera decirse de alguna forma, esa “experienciacon Dios” seria aun indecible para el propio ser humano, llegando hasta allÃel lÃmite del mismo lenguaje y la memoria. Aquel que “recuerda” ointenta recordar la “experiencia sensible de Dios” lo único que hacees repetirla.
Quizásen este punto un creyente me pueda “iluminar”, y sacarme de laignorancia, de como una cosa que es sensible, no se tiene ni recuerdo, ni diferenciación,ni nada.
Todoa lo demás que parece referirse el creyente es a lo concreto, o como la propia manifestaciónsensible divina, le puede dar conocimiento de lo concreto, pero nunca que esesa experiencia sensible.
Ylejos que sea un misterio, oculto eternamente para el hombre, yo me propondrésaber que es. Como doctor observa su paciente mientras enloquece. Espero queustedes, los creyentes, me lo perdonen.
Unsaludo.
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Comentarios
¿que clase que experiencia sensible es esa la de Dios, cuando nos "habla" y no vemos, tocamos, ni sentimos nada?
Creo que hay un punto importante que no se menciona, lo que nos enseñan, familia, sociedad, las propias religiones.
El hombre da sentido a la vida a través de las creencias, ¿El sentido de la vida?¿ Para morir? Yo creo que más que a Dios, un Dios que desde todas la religiones,y creencias, es algo tan grande, incognocible, que nadie sabe lo que es, a mi me gusta llamarle Big-Bang, mi Dios es la energía primígenea que dió origen a los mundos.
A mí me parece que las religiones no aportan sensibilidad a sus adeptos, creo que configuran un tipo de personas,de acuerdo a las necesidades de ellas, La parte positiva es que sí… a los seguidores de cualquier religión, sus creencias les sirve….¡Ualà! genial, si no se hacen preguntas, no les inquieta pensar en la verdad, en la vida en la muerte, en el amor, en… les envidio, porque de algún modo tienen más paz que yo, que no ceso de ????? Aunque como dice el Bramín…………Historia de un buen brahmín
[Cuento. Texto completo]
Voltaire
En el curso de mis viajes tropecé con un viejo brahmín, hombre de muy buen juicio, lleno de ingenio y muy sabio; además, era rico, y por lo tanto su juicio era aún mejor; pues, al no carecer de nada, no tenía necesidad de engañar a nadie. Su familia estaba muy bien gobernada por tres hermosas mujeres que se esforzaban por complacerlo; y cuando no se distraía con mujeres, se ocupaba de filosofar.
Cerca de su casa, que era bella, bien adornada y rodeada de jardines encantadores, vivía una vieja india beata, imbécil y bastante pobre.
Cierto día el brahmín me dijo:
-Quisiera no haber nacido.
Le pregunté por qué. Me respondió:
-Hace cuarenta años que estudio, y son cuarenta años perdidos; enseño a los demás y yo lo ignoro todo: esta situación hace que mi alma se sienta tan humillada y asqueada que la vida me resulta insoportable. He nacido, vivo en el tiempo y no sé lo que es el tiempo; me encuentro en un punto entre dos eternidades, como dicen nuestros sabios, y no tengo ni la menor idea de la eternidad. Estoy compuesto de materia; pienso, y jamás he podido llegar a saber lo que produce el pensamiento; ignoro si mi entendimiento es en mí una simple facultad, como la de andar o la de digerir, y si pienso con mi cabeza como cojo las cosas con mis manos. No solamente me es desconocido el principio de mi pensamiento, sino que incluso el principio de mis movimientos me es igualmente ignorado: no sé por qué existo. Sin embargo, todos los días me hacen preguntas acerca de todos esos mundos; y hay que responderlas; no tengo nada interesante que decir; hablo mucho, y después de haber hablado me quedo confuso y avergonzado de mí mismo.
"Lo peor es cuando me preguntan si Brahma fue producido por Visnú o si los dos son eternos. Dios es testigo de que no sé ni una palabra de todo eso, y bien que se ve por mis respuestas. ‘¡Ah, reverendo padre! (me dicen), explícanos cómo el mal inunda toda la tierra.’ Mi ignorancia es igual a la de los que me formulan esta pregunta; a veces les digo que en el mundo todo va del mejor modo posible; pero los que se han arruinado o han sido mutilados en la guerra no me creen, y yo tampoco me lo creo; me retiro a mi casa abrumado por mi curiosidad y mi ignorancia. Leo nuestros antiguos libros y ellos espesan todavía más mis tinieblas. Hablo con mis compañeros: los unos me responden que hay que gozar de la vida y burlarse de los hombres; los otros creen saber algo y se pierden en ideas extravagantes; todo aumenta el sentimiento doloroso que experimento. A veces estoy a punto de caer en la desesperación cuando pienso que, después de tanto estudiar, no sé ni de dónde vengo, ni lo que soy, ni adónde iré, ni lo que será de mí."
El estado de este buen hombre me causó verdadera pena: nadie era más razonable ni más sincero que él. Comprendí que cuantos más conocimientos tenía en su cabeza y más sensibilidad en su corazón, más desgraciado era.
Aquel mismo día vi a la vieja que vivía cerca de su casa; le pregunté si alguna vez se había sentido afligida por no saber cómo estaba hecha su alma. Ella ni siquiera comprendió mi pregunta: en toda su vida nunca había reflexionado ni un momento acerca de una sola de las cuestiones que torturaban al brahmín; creía con toda su alma en las metamorfosis de Visnú, y con tal de poder tener de vez en cuando agua del Ganges para lavarse, se consideraba la más feliz de las mujeres.
Impresionado por la dicha de aquella pobre mujer, volví a visitar a mi filósofo y le dije:
-¿No le avergüenza ser desgraciado cuando a su puerta hay una vieja autómata que no piensa en nada y que vive contenta.
-Tiene usted razón -me respondió-; cien veces me tengo dicho que yo sería feliz si fuese tan necio como mi vecina; sin embargo, no quisiera semejante felicidad.
Esta respuesta de mi brahmín me produjo mayor impresión que todo lo demás; me examiné a mí mismo y vi que, en efecto, no quisiera ser feliz a condición de ser imbécil.
Propuse el dilema a unos filósofos, que fueron de mi misma opinión.
Y no obstante -decía yo-, hay una escandalosa contradicción en esta manera de pensar; porque, al fin y al cabo, ¿de qué se trata? De ser feliz. ¿Qué importa tener talento o ser necio? Todavía hay más: los que están satisfechos de cómo son, están muy seguros de estar satisfechos; los que razonan, no están tan seguros de razonar bien. Está, pues, bien claro -decía yo- que habría que aspirar a no tener sentido común, por poco que este sentido común contribuya a nuestra infelicidad. Todo el mundo fue de mi parecer, y sin embargo no encontré a nadie que quisiera aceptar el trato de convertirse en imbécil para vivir contento. De lo cual deduje que, aunque apreciamos mucho la felicidad, aún apreciamos más la razón.
Pero, después de haber reflexionado sobre el asunto, me parece que preferir la razón a la felicidad es ser muy insensato. ¿Cómo, pues, puede explicarse esta contradicción? Como todas las demás. Hay aquí materia para hablar muchísimo.
un saludo.

Es algo innegable que las experiencias religiosas siempre han tenido un valor fundamental en todas las culturas. Desde las primeras civilizaciones existieron los gurús del grupo que podían hablar con algun Dios o que este Dios se comunicaba a traves de ellos y todo esto era algo imaginario y sin sentido alguno. Había otra rama de gurús que hablaban en nombre de un Dios para adivinar futuras predicciones metereológicas y que en realidad eran astrónomos. Ahí se podía ver un claro ejemplo de la utilización de Dios usando como medio auténtico la ciencia para adivinar el futuro. Pero aqui no nos referimos a esos falsantes si no a los que realmente creen tener un contacto sensible, real, con Dios. Esta más que comprobado que quien tiene una obsesión en la cabeza, algo a lo que daría su vida por ello o por demostrar que lo que piensa o siente es auténtico acaba percibiendolo aún siendo algo irreal. Este puede ser el caso mas común de la persona muy creyente que acaba viendo una zarza ardiendo que le habla o como llora una virgen. ¿Cuándo Dios a respondido a nuestras oraciones? Si pasa lo que deseamos a sido Dios que nos ha escuchado si pasa todo lo contrario Dios es un cabrón. ¿Realmente existió un contacto con ese Dios?. Nuestra imaginación es muy poderosa y se desarrolló evolutivamente a la par que nuestra capacidad para razonar. Después esta el caso de la persona que no cree en Dios y de repente en una situación algo escabrosa recibe un contacto directo con el y acaba descubriento el verdadero camino. Este en cuestión es un gran ejemplo para la comunidad de creyentes porque simboliza la oveja negra que se descarriló y ahora ve la luz. En momentos de máxima tensión en los que se pasa muy mal y que parece estar todo fuera de nuestras manos y ver que no se puede hacer nada el ser humano tiende a cambiar por completo su forma de sentir o percibir la realidad y recurrir a las fantasias o últimas opciones imaginarias que pueda haber para solucionar un problema. Es como vender el alma al Diablo por algo, pero al contrario. ¿De veras esta vivo por qué se lo pediste a Dios?. Desde mi punto de vista es algo ridículo. No se puede mantener comunicación con algo que no es tangible y ni siquiera existe, al igual que no se puede escuchar ni mantener una conversación con una persona muerta, aunque los de cuarto milenio no piensen asi. Y volmemos a la edad media, donde lo místico alcanza un nivel superior y es de interes popular. Hablaré con Dios personalmente y recibirá mi queja al respecto sobre el asunto.