Curso de Desigualdades Sociales en Salud (lección 16ª): Las Medidas de la Desigualdad Social. 6ª parte: La perspectiva de la trayectoria vital (“lifecourse perspective”)

Hasta ahora hemos repasado dentro de nuestro curso de desigualdades sociales en salud (DSS), las diversas opciones que tenemos para medir la posición social de la población al diseñar un estudio de DSS. En los anteriores textos hablamos de la clase social,  la clase ocupacional,  la educación, el ingreso y el nivel de privación social.

 

Sin embargo, la relación entre la posición socioeconómica y la mala salud la debemos estudiar desde una visión que abarque toda la trayectoria vital de las personas y no solo un momento o periodo de su vida. Debemos por lo tanto considerar la acumulación de riesgos a los que se ha expuesto una persona desde antes de su nacimiento hasta el momento en que ha dado la cara el estado de mala salud. Si tenemos en cuenta esta perspectiva de la “trayectoria vital” (en inglés: “lifecourse perspective”) en el diseño de nuestros estudios de epidemiología social, también debemos considerar que la variable elegida para medir la influencia de la posición económica en la relación entre los riesgos estudiados y la mala salud (o la buena salud) puede (y a veces debe) ser diferente en cada periodo de la vida.

Un eje mplo, no lo dan John Lynch y George Kaplan cuando sugieren un modelo conceptual sobre las influencias socioeconómicas sobre las enfermedades cardiovasculares desde una perspectiva de trayectoria vital (ver figura) .

Fuente:  John Lynch and George Kaplan. Socioeconomic Position. En :  Social Epidemiology. Edited by Lisa F. Berkman and Ichiro Kawachi. Oxford University Press 2000.

 

En el nacimiento, serian el bajo peso al nacer y el retardo en el crecimiento los principales factores de riesgo relacionados con la arteriosclerosis. A su vez en la infancia, la adquisición de ciertos hábitos dietéticos (consumo de grasas), de ejercido físico y consumo de tabaco determinarían el riesgo de arteriosclerosis futuro, que a su vez determinaría el riesgo de enfermedad cardiovascular. La posibilidad de padecer esta enfermedad también dependerá del nivel de estrés laboral durante la vida adulta. Una vez instaurada la enfermedad cardiovascular al final de esta vida adulta o en la vejez, la función del sistema cardiovascular estaría más o menos reducida dependiendo de los cuidados médicos que recibe el paciente crónico.

 

Es decir, en cada etapa vital hay unos riesgos que inciden sobre el proceso de gestación y desarrollo de la enfermedad. Estos riesgos se distribuyen de forma diferenciada en la escala socioeconómica. Para capturar esta distribución diferencial, necesitaremos utilizar diferentes variables sociales. En la infancia los hábitos de salud estarán determinados por el nivel social de los padres y el contexto en el que se vive. Por ello, debemos elegir o bien variables sociales referidas a los progenitores o bien el nivel de educación que tenga el sujeto al finalizar el periodo infanto-juvenil, que a su vez esta fuertemente determinado por la posición social de los padres. Las variables contextuales (ejemplo, la infraestructura en el barrio para hacer ejercicio o de forma mas general, el nivel de privación social) van a ser también determinantes.

 

En la vida adulta, la ocupación y los ingresos, van a dar cuenta de cómo se ha rentabilizado el nivel educativo alcanzado y de los riesgos laborales que determinan un patrón de salud (incluido los riesgos psico-físicos, como el nivel de estrés laboral, o la exposición a riesgos físicos y químicos en el puesto de trabajo). También la ocupación va a determinar el nivel de ingresos y la posibilidad de que estos ingresos satisfagan las necesidades materiales y que “tamponen” en lo posible los problemas psico-sociales que emerjen en los momentos críticos de la trayectoria vital (entrada en la adolescencia, crisis familiares, separaciones de parejas, adaptación escolar en el paso a la secundaria, primeros síntomas de violencia o maltrato, entrada en el mundo laboral, desempleo, jubilación, etc)..

 

En la vejez, lo determinante no serán tanto los ingresos mensuales (la pensión de jubilación o viudez), sino los recursos acumulados (los ahorros, las rentas y los bienes heredados, no dependientes de los ingresos relacionados con el trabajo). Estos condicionaran el acceso a cuidados médicos adecuados (especialmente en países en que no haya un acceso universal y equitativo a los mismos). Finalmente, los riesgos al nacer estarán determinados por las condiciones intrauterinas, que deben ser medidas con variables sociales de la madre.

 

En resumen, para estudiar las Influencias socioeconómicas sobre las enfermedades cardiovasculares (por ejemplo sobre la mortalidad), deberíamos tener información retrospectiva de la personas o poblaciones estudiadas y considerar diferentes riesgos y diferentes medidas de posición social en cada periodo de su trayectoria vital. En caso contrario, debemos considerar que no estamos relacionando adecuadamente el efecto medido actualmente con el riesgo correspondiente (cuya exposición se ha dado en el pasado o,  mejor dicho, ha sido fruto de una exposición acumulativa que no se limita a los riesgos que pueden medirse en el presente en esa persona).

 

A la hora de diseñar el estudio y de entrevistar a las personas, para medir su posición social más que optar por una variable social única, deberemos recoger diferentes variables sociales, dependiendo del modelo causal de la enfermedad o problema de salud que estemos estudiando.

 

 

Javier Segura del Pozo

Médico Salubrista

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Este artículo forma parte del Curso de Desigualdades Sociales en Salud, escrito por Javier Segura del Pozo, que hasta ahora ha editado las siguientes entregas o lecciones (si queréis acceder a ellos, pinchar en cada titulo):

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