Epidemia de Sarampión en las Islas Faroe

Prometí escribir un artículo sobre la epidemia de sarampión  en las Islas Faroe y aquí está.

 

El artículo original de Panum lo podéis encontrar en el siguiente enlace: Observations Made During The Epidemic Of Measles On The Faroe Islands In The Year 1.846” (naturalmente en ingles) y, la verdad, es una verdadera gozada.

 

Peter Ludwig Panum fue un médico danés enviado, recién licenciado, a las Islas Faroe.

 

Las Islas Faroe, se encuentran en un pequeño archipiélago del Atlántico, entre Islandia y Dinamarca, cuyo único acceso era por vía marítima. Un tripulante, aparentemente sano, que estaba en periodo de incubación de Sarampión, en un barco procedente  de Copenhagen, al llegar a la isla originó una epidemia en la población.


Leedlo con atención porque es el paradigma de un estudio descriptivo observacional

 

Observaciones realizadas durante la epidemia de sarampión en las islas Faroe en 1846. Por Peter Ludwig Panum

 

Peter Ludwig Panum refiere:

El sarampión no había sido prevalente en las islas Faroe desde 1781, hasta que brotó a principios de abril de 1846. Ya que es mi intención ofrecer algunas observaciones sobre esta enfermedad en otro apartado, me limitaré aquí a comentar el efecto de esta epidemia sobre la mortalidad.

 

De los 7.782 habitantes, aproximadamente 6.000 sufrieron de sarampión en el transcurso de unos seis meses; el primer caso apareció en Thorshavn, sobre el 4 ó 5 de abril, y aún después del 17 de septiembre unos pocos casos ocurrieron en Sando. Desde el principio del año hasta mediados de septiembre, un total de 255 personas fallecieron, de las cuales 102 como mínimo murieron de sarampión o de sus secuelas. Pero, debido a que no tengo datos estadísticos muy precisos sobre Sudero, informaré solamente acerca de las otras islas, que comprenden seis parroquias, con 6.626 habitantes, de los que aproximadamente 5.000 padecieron el sarampión el año pasado. Desde el principio del año 1846 hasta que terminó la epidemia, 215 personas murieron en estas parroquias; 164 de ellas murieron durante la epidemia y, de estas 164, 78 fueron victimas del sarampión o de sus secuelas.

No obstante, también se debe mencionar que el número de los que murieron de sarampión parece ser demasiado bajo con respecto a Sydströmo. La realidad es que, de esta parroquia, solo pude consultar los registros de la iglesia, en los cuales el sarampión constaba como causa de muerte solamente doce casos. Pero los registros de la iglesia también indican que, de los 68 individuos que murieron en Sydströmo entre el primer día del año y el 30 de julio, 64 murieron entre el 21 de abril y el 21 de julio, precisamente durante el período de prevalencia del sarampión en ese lugar; según el promedio de los años 1835- 1845, por regla general, la mortalidad anual era de sólo 23-9/11 personas en Sydströmo, por lo que es improbable que solamente 12 personas hubieran fallecido de sarampión. Esto es más extraordinario aún porque, de los 64 muertos, 45 habían vivido en Thorshavn (con 800 habitantes aproximadamente), en donde viven los dos médicos del país, y, de acuerdo con las instrucciones, notifican las causas de muerte a los sacerdotes, a fin de que estos últimos las inscriban en los registros parroquiales.

 

En todas las demás parroquias, en las que mediante presencia personal conseguí obtener información más fidedigna, resultó que entre la tercera parte y la mitad de las personas que murieron durante el año, fallecieron de sarampión o de sus secuelas, excepto en Sando, donde el sarampión no cobró víctimas.

Por lo tanto, aunque atribuyamos algunos efectos sobre la mortalidad a una epidemia de influenza, que se inició con la llegada del barco, me parece más probable que el número real de muertes por sarampión fuera entre 78 y 164; la primera cifra significaría que se había producido una muerte por cada 64 enfermos de sarampión, y la segunda, una por cada 30.

Mientras que la razón de muertes para el número total de habitantes de Dinamarca, según el cálculo medio para 1801 a 1834, era de 1:41,22 y en las Islas Feroe, según el cómputo medio para 1835 a 1845, era de 1:64,66, generalmente, aquí se encontró que era de 1:31,07 durante solo los dos primeros tercios del año 1846.

 

Un hecho notable, e indicativo de la naturaleza grave del sarampión entre las personas adultas, es que la edad media anual de mortalidad, 44-1/8 años, no sufrió prácticamente ningún cambio. Esta revisión muestra que el sarampión, quizás asociado con la epidemia de influenza durante la primavera, fue peligroso para los niños de menos de un año de edad, pero, por otra parte, no aumentó notablemente la mortalidad entre el primero y el vigésimo año de vida y que la mortalidad aumentó a partir de los 30 años, hasta llegar al máximo entre las edades de 50 y 60 años, es decir cinco veces mayor de los normal, y disminuyó de nuevo después de los 60 años. Esto se debió a que la enfermedad a que hacia exactamente 65 años desde la última epidemia de sarampión en las islas Faroe, y las personas que se habían recuperado de la enfermedad en aquel momento estaban ahora inmunes.

 

La influencia ejercida por la epidemia de sarampión de 1846 sobre las tasa de mortalidad de las Islas Faroe puede servir de ejemplo para ilustrar la tendencia de las epidemias a diezmar a la población de un país. En condiciones normales, el sarampión no suele amenazar a personas que no sean niños, pero en las Islas Feroe evidentemente atacó a casi toda la población, sin distinción de edad. Pienso que he establecido que la causa más importante de las favorables tasas de mortalidad en las Islas Faroe por muchas enfermedades que en otros lugares, por ejemplo Dinamarca, aumentan considerablemente la mortalidad, pude encontrarse en la libertad de estas islas, debido a su situación así como a su condición aislada con respecto al comercio.

 

Con respecto a la duración del período de incubación, hasta ahora han faltado observaciones precisas y satisfactorias, por lo que yo conozco, puesto que algunos autores consideran que es de ocho días, otros de 10 a 14 días, y otros suponen que no hay un stadium contagii latentis definido. No obstante, esto no es extraño, puesto que las observaciones relacionadas con este tema no se pudieron realizar de forma satisfactoria allí donde existe una gran relación entre la gente, y donde cada individuo entra en contacto con un elevado número de personas, cada una de las cuales puede ser portadora de la infección.

En Copenhague, rara vez se puede decir de un enfermo con sarampión que estuvo expuesto a al infección una sola vez, en este o aquel día; porque casi nunca se puede probar que no estuviera expuesto de algún modo, más temprano o más temprano o más tarde, sin conocerlo, a la influencia del contagio de sarampión. Para poder llegar a cualquier resultado definitivo con referencia, a esta cuestión, serían necesarias circunstancias especiales que posibilitaran las observaciones precisas, y estas circunstancias se ofrecieron en las Islas Feroe. La situación aislada de los pueblos, y las relaciones limitadas entre ellos, hicieron posible averiguar, en muchos casos (de hecho la mayoría), donde y cuando había estado expuesta a la infección la persona que primero se puso enferma, y probar que el contagio no le había podido afectar ni con anterioridad ni con posterioridad a una fecha determinada.

El 4 de junio una embarcación con 10 hombres de Tjöruevig habían participado en la pesca de ballena en Vestmanuhavu; 14 días después, el 18 de junio, el exantema del sarampión había brotado en todos los hombres después que se habían sentido enfermos por dos o cuatro días, y habían manifestado tos y dolor de ojos.

Con el fin de investigar si estas suposiciones estaban bien fundadas, decidí emprender en cada pueblo que visité una breve encuesta, lo más exacta posible, con respecto al origen, modo de introducción, y diseminación de la enfermedad. De este modo, obtuve en 52 pueblos los nombres de las primeras personas que contrajeron el sarampión, las circunstancias y fechas de su exposición a la infección, las fechas de aparición del exantema, y el intervalo de tiempo que transcurrió después de eso, hasta que el exantema apareció en otros habitantes. Sería demasiado tedioso presentar los datos de cada uno de los pueblos, especialmente después de que descubrí que las suposiciones presentadas anteriormente se confirmaron en todos los lugares, y no encontré ningún caso que pudiera probar que existieran excepciones a la regla.

En Velberstad, de Sydströmo, obtuve declaraciones que contradijeron mi suposición de un tiempo de incubación de duración definida, puesto que, en el caso de un paciente, parecían haber transcurrido solo 10 días entre el momento de la exposición del enfermo a la infección, y el día de la aparición de exantema. Ya que el que me lo contó era un hombre digno de confianza, y la enferma en cuestión era su propia mujer, pensé que había encontrado aquí una excepción a la regla. Pero en Olai (el 29 de junio) el mismo hombre me mandó un mensaje a través de su sobrino, el Pastor Djurhuus, en el sentido de que su declaración no había sido correcta, y que precisamente 14 días, en lugar de 10 habían transcurrido entre el momento de la exposición de su mujer a la infección y el día de la aparición de exantema. Poco tiempo antes de mi llegada, el hombre había perdido al mismo tiempo a su querida mujer y a una hermana, y su pesar le tenía confundido.

 

El otro caso en el cual pensé haber encontrado una excepción a la regla fue en Hattervig, de Fuglo. Un joven, la primera persona que había desarrollado allí el sarampión, me afirmo que no había salido de Hattervig excepto en el lunes de Pentecostés (el primero de junio), cuando estuvo junto con otro hombre en Arnefjord, de Bordo, lugar donde aquella fecha el sarampión aún no había brotado, pero en el cual, como él descubrió después, un hombre había desarrollado el exantema el 3 de junio, y otros dos más el 8 del mismo Mes. El primer joven afirmó que en su caso el exantema había aparecido el 11 de junio, pero en el caso de su compañero, no había aparecido hasta el día 14. Aunque le expliqué que era muy importante para otras personas que dijera la verdad, y que no era cuestión de responsabilidad para él, no quiso admitir que había estado expuesto con anterioridad a la infección. Pero por la tarde, cuando yo estaba sentado en el salón de fumar, vestido a la manera típica de Feroe, vino a pedirme perdón por no haberse acordado correctamente; la realidad era también había estado en Klaksvig, el 30 de mayo, y que estando ebrio, había estado en algunas casas donde había sarampión. El procedimiento que yo había seguido, algo parecido a un interrogatorio, había hecho que el joven de la localidad aislada de Fugo se sintiera inquieto, lo que le había inducido a ocultar la verdad.

 

En Selletraed, de Ostero, me contaron que un joven se había contagiado el 4 de junio en la pesca de arrastre en Vestmannhavn, y que el exantema le había aparecido el 9 de junio, y que su hermano menor y otras personas del pueblo habían sido contagiadas por él, y les había salido el exantema el 17 de junio. Pedí el almanaque, y pregunté dónde había estado el hermano mayor el 26 de mayo (14 días antes de que le apareciera el exantema). Me contaron que ese mismo día había estado en Nord-Ore, donde prevalecía el sarampión, y que en el camino de vuelta a su casa había pasado la noche del mismo día en Sydre-Göthe, y que había dormido en una cama con el criado de la viuda de P. Jonson; pero que en Nord-Ore no había estado en ninguna casa y no había sarampión en aquel momento en Sydre-Göthe. Consultando mis notas después, descubrí que el criado mencionado fue la primera persona que contrajo el sarampión en Sydre-Göthe, y que el exantema se había extendido por todo su cuerpo unos días más tarde. Entonces descubrí que solamente las personas del pueblo que presentaron el exantema de sarampión al mismo tiempo que el hermano menor habían estado con los hermanos en la pesca de ballena en Vestmannhavn. Ahora me resultó evidente que el hermano mayor había contraído la infección en Sydre-Göthe (o posiblemente en Nord-Ore), y el menor, junto con los otros, en Vestmannhavn.

 

En Fuglefjord, de Ostero, debido a mis observaciones, adquirí la reputación de ser capaz de profetizar. Al llegar allí, la hija del granjero J. Hansen, capellán, había padecido recientemente el sarampión, pero se había levantado y, excepto una ligera tos, estaba casi completamente curada. Las otras nueve personas de las casa se sentían bien en todos los aspectos y expresaron la esperanza de que no contraerían la enfermedad. Pregunté qué día había aparecido el exantema en la hija, pedí el almanaque, e indiqué el día 14 después del día en el que se había observado el exantema en la hija, con el comentario de que deberían trazar un alinea negra debajo de aquella fecha, porque temía que en esa fecha el sarampión se manifestara en otras personas de la casa; si no aparecía ese día, quizás podrían tener alguna esperanza de quedar exentos. Lo que sucedió fue que me llamaron de nuevo a Fuglefjord 10 días más tarde, y me recibieron con el grito: ” ¡lo que dijo era correcto!”. En el día que indicó, brotó el sarampión, con sus manchas rojas, en las nueve personas.

 

De modo similar, hacia el final de la epidemia, la enfermedad atacó de forma muy lenta en Kuno, Midtvaag, y Sandevaag. En el punto máximo de la epidemia, en Tjörnevig, por ejemplo, aproximadamente 14 días después de que una o más personas hubieran contraído el sarampión, la mayoría de los habitantes del pueblo fueron atacados, y solo un número relativamente pequeño quedó exento hasta 14 días después del gran ataque, pero los habitantes de los últimos pueblos citados enfermaron de forma paulatina, de modo que solo unos pocos fueron atacados 14 días después de estas otras, y así sucesivamente; en consecuencia, la enfermedad, persistió durante más tiempo en los últimos pueblos afectados que en aquellos que se infectaron más pronto. No obstante, al menos de acuerdo con los límites de mi experiencia, el sarampión conservó siempre su período definido de evolución ( desde el inicio de la infección hasta la aparición del exantema); y en realidad no conozco ningún caso en el cual, después de un intervalo de más de 14 días, el sarampión apareciera de nuevo en un pueblo sin que hubiera producido una infección que no proviniera de cualquier otro lugar. No obstante, no se puede negar la posibilidad de que el material infectivo pueda permanecer, por ejemplo en la lana o en la ropa, o bien en otros lugares capaces de albergarlo durante un tiempo considerable después del cese del sarampión.

Así pues, se ha probado que es constante para mi en una serie significativa de observaciones exactas, la regla de que el contagio del sarampión no produce absolutamente ningún síntoma de enfermedad durante un tiempo considerable después de que se ha recibido en el organismo, y entonces, según mis observaciones, después de un periodo prodrómico indefinido, se produce el exantema bien conocido, siempre en el decimotercero o decimocuarto día.

 

Se conoce la suposición general de que a veces el sarampión ataca al mismo individuo dos veces. No obstante, en relación con esto, es muy significativo que, de las numerosas personas de edad avanzada que aún viven en las Islas Faroe y que habían padecido el sarampión en 1781, ni una sola fue atacada por segunda vez, por lo que pude averiguar según una cuidadosa investigación. Personalmente vi a 98 de estas personas mayores, que estaban exentas porque habían sufrido la enfermedad en su juventud. Esto era todavía más notable puesto que el hecho de tener una edad avanzada no disminuyó de ningún modo la susceptibilidad al sarampión, ya que, por lo que supe, todos los ancianos que no habían sufrido al sarampión en un periodo anterior de su vida fueron atacados cuando estuvieron expuestos a la infección, en tanto que algunos jóvenes estuvieron exentos, aunque estaban constantemente expuestos. Si haberse recuperado del sarampión 65 años antes podía garantizar a las personas el no contraer la enfermedad por segunda vez, se podría suponer que aún resultaría una mayor protección el haberse recuperado de la enfermedad en un tiempo más corto; por lo tanto, me inclino a pensar que los casos en los que observó la aparición del sarampión por segunda vez en la misma persona pueden atribuirse a un diagnostico erróneo, o al menos a que son casos extremadamente raros.

FUENTE: Extracto de Peter Ludwig Panum, Observations Made During  the Epidemic of Measles on the Feroe Islands in the Year 1846. Traducción del dinamarqués por Ada Sommerville Hatcher. Sociedad Delta Omega, 1948.

 

 

 

Consuelo Ibáñez Martí médico salubrista

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Comentarios

Excelente presentación, aunque el método es observacional, es en si un experimento natural ¡Gracias!

Muchas gracias, por la ayuda con tú información.

Breve y clara, felicidades.

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