Jesús, José y… Marías… ¡lo que hay que oír!

Quién me iba a decir a mí que Javier Marías iba a utilizar, en estos temas de la enseñanza, el mismo argumento que el extinto Caudillo.

 

Lo cito textualmente (a Marías, justificando que hay igualdad de oportunidades):

 

 

  “. el hijo de un estibador no tiene por qué ser peor estudiante que el de un catedrático, y ejemplos a millares presenta la historia de verdaderos melones nacidos de reconocidas lumbreras, y de asombrosos talentos cuyos progenitores no habían leído un libro en su vida (entre estos últimos vástagos, Kant, Kepler, Newton, Copérnico, Dickens, Chéjov y Edison, por citar solo unos pocos.)”

 

En paralelo, cito al Caudillo, no textualmente pero sí en el espíritu de su discurso, al darle el premio Nacional de Bachillerato a mi hermana Julia allá por los años sesenta (1967).

 

“. he aquí una muestra de como una alumna de familia humilde y abnegada, gracias a las becas del Sindicato, puede llegar a lo más alto de los estudios, demostrando que la igualdad de oportunidades ya es un hecho en esta España plena de futuro.”

 

Casi da rubor tener que aclarar que el hecho de justificar un argumento en base a casos puntuales no tiene la menor validez científica, pero es que incluso en los ejemplos que cita Javier Marías se detecta una falta de rigor extraña en él. Les resumo:

 

No se si el padre de Newton leyó algún libro o no, pero lo que es seguro es que su tío y “segundo padre” (el padre de Newton murió cuando éste tenía 3 años),  el reverendo William Ayscough, diplomado por el Trinity College de Cambridge, sí que leyó unos cuantos.

Copérnico era sobrino del obispo Watzelrade de Ermland, que cuando menos habría leído la Biblia, digo yo.

Y para completar la tríada de los científicos que junto a Galileo nos legaron una nueva visión del Universo, tenemos a Kepler, que era ni más ni menos de familia noble, y aunque es cierto que venida a menos en esto de los dineros, no creo que no les quedara algún libro que otro para leer, tanto el progenitor como el vástago.

 

Respecto a mi hermana, debo aclarar que aunque es cierto que mi padre empezó de la nada, marinero, a la sazón ya era patrón de pesca y que mi madre era maestra con una dedicación a nuestra formación total y absoluta. Sin ella y la famosa “cultura del esfuerzo” que nos inculcó, no habríamos tenido jamás la “igualdad de oportunidades”, y si no, que se lo pregunten al resto de nuestros compañeros de la infancia, brillantes muchos de ellos y que jamás pudieron estudiar una carrera universitaria.

 

Volviendo a mi estimado Javier Marías y a los tiempos actuales, creo que le conviene consultar las estadísticas y comprobar como prácticamente el 100% de los alumnos de los colegios de élite (y que conste que algunos sí que son auténticos “melones”, como muy bien dice él) acaban llegando a la universidad, mientras que en el último informe de la OCDE del 2005 nos aclaran que en España el 33% de los alumnos ni siquiera acaban el Bachillerato.

Así que, aún estando de acuerdo en que no se debe bajar el nivel de exigencia en los estudios (la LOGSE en ningún apartado lo dice y el nivel de nuestros alumnos de 2º de Bachillerato es perfectamente homologable a los de los países del entorno), lo que sí es una falacia es pensar que existe en nuestra sociedad una auténtica “igualdad de oportunidades”.

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