Personajes (1): Alan M. Turing (1912-1954)

Alan Mathison Turing (1912-1954) fue un matemático, criptógrafo y pionero de la informática moderna. La influencia de este brillante científico en el campo de la computación ha sido tan fuerte que, desde 1966, la ACM (Association for Computing Machinery) otorga de forma anual los Premios Turing a aquellas personas que han aportado contribuciones técnicas de gran impacto al campo de la computación (se consideran como los “Nobel” de la computación).

  Alan M. Turing nació el 23 de Junio de 1912 en Paddington, Inglaterra. Como Charles Babbage, y muchos otros genios del campo, Turing mostró signos tempranos de lo que muchos denominan el desorden de personalidad que lleva a vocaciones como la Ingeniería y las Matemáticas. La curiosidad de Turing a menudo se confundía con un carácter travieso. Se dice que, a una edad muy temprana, fue capaz de aprender a leer él solo en únicamente 3 semanas. Poco después descubriría los números, por los que quedaría tan fascinado que durante un tiempo se dedicó a revisar los números de serie de todas las farolas que encontraba en su camino.

Existen muchas anécdotas de la infancia de Turing, pero quizás una de las más sorprendentes es la que se relata en “El Criptonomicón”, un libro de ficción escrito por Neal Stephenson dónde Alan Turing aparece como personaje secundario. Parece ser que Alan tenía una bicicleta que tenía un problema en la cadena, ya que se salía cada cierto tiempo. Alan estudió este problema, contó el número de vueltas que hacía falta que se dieran para que la cadena se saliera y se dio cuenta que el fallo era regular, ocurría de forma repetida cada cierto número de revoluciones. Turing desarrolló un pequeño artefacto mecánico capaz de contar el número de revoluciones y reajustar la cadena de forma automática para no tener que bajarse de la bicicleta a arreglarla. Esta pequeña anécdota demuestra la personalidad de este gran genio, capaz de retarse a si mismo para solucionar problemas complejos en lugar de tomar los caminos más simples.

Sus padres lo inscribieron en el colegio St. Michael cuándo tenía 6 años, dónde sus profesores se percataron de su genialidad pero, a pesar de ello, se le obligó a seguir el camino natural dentro del sistema educativo inglés. A los 14 años fue al Sherborne School en Dorset, pero su primer día de colegio coincidió con una huelga general el inglaterra, así que, guiado por su determinación, cogió su bicicleta y pedaleó durante casi 100 kilómetros desde Southampton hasta su escuela, haciendo noche en una posada. Este hecho fue tan impactante que fue recogido como noticia en la prensa local. Sin embargo, Alan no hizo buenas migas con la escuela de Sherborne, más inclinada a formar ciudadanos que estudiantes y con mucho apego a los “clásicos”.

Alan cultivó su interés devorando libros. En 1927 fue capaz de encontrar las series infinitas de la función tangente inversa sin haber cursado cálculo elemental. Al año siguiente, a la edad de 16 años, encontró el trabajo de Albert Einstein, que no solo fue capaz de comprender si no también de extrapolar el cuestionamiento que hacía Einstein las leyes de movimiento de Newton a partir de un texto dónde no se hacía referencia explícita a esta cuestión. Posteriormente se interesó por la física cuántica, interés en el que estuvo acompañado de Christopher Morcom, el primer amor de Turing. Sin embargo, Christopher murió de tuberculosis bovina lo cuál condujo a Alan a convertirse al ateísmo.

Turing acabó la educación básica y era hora de asistir a la Universidad. Turing decidió ir a Cambridge ya que, durante los años 20, había alcanzado grandes cotas en las matemáticas modernas, solo detrás de la Universidad de Gottingen, en Alemania, lugar dónde trabajaron genios de la talla de John Von Neumann. Trató de ir al Trinity College, pero no logró obtener una beca, así que acabó yendo a su segunda opción, el King’s College, también en Cambridge, dónde entró en 1931, se graduó con distinción en 1934 y fue elegido profesor en 1935 gracias a la fuerza de su tesis sobre el teorema de límite central.

En Mayo de 1936, Alan Turing definió, en su artículo “On Computable Numbers, with an Application to the Entscheidungsproblem” [Turing 1936], Turing reformuló los resultados de Gödel, desarrollando lo que se llamaría como Máquinas de Turing, unos “artefactos” formales y simples capaces de computar cualquier problema. Turing probó que una máquina, como la que definía en este artículo, sería capaz de resolver cualquier problema matemático si fuera representado como un algoritmo.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Alan Turing trabajó en Bletchley Park ayudando a romper los códigos de los nazis, siendo responsable de importantes avances que ayudaron a romper tanto Enigma como Lorenz SZ 40/2. Los trabajos en criptografía y criptoanálisis de Alan Turing son muy numerosos y sus contribuciones resultaron realmente imporantes en su momento, como se puede ver en una gran variedad de artículos sobre este gran genio (p.e. “Codebreaker and Computer Pioneer” o “Code-Breaker”). Sin embargo, a nosotros nos interesa más su faceta como pionero dentro de la Inteligencia Artificial.

Para ser capaz de romper los códigos de la máquina Enigma, Alan Turing hizo uso de búsqueda heurísticas, que posteriormente se han convertido en una idea central dentro de la Inteligencia Artificial. Turing quedó prendado con la idea de ser capaz de resolver problemas mediante búsqueda heurística y especuló acerca de la posibilidad de construir sofisticadas máquinas “haciendo uso de búsquedas guiadas”. Entre 1935 t 1947, Alan trabajó en el Laboratorio Nacional de Física, dónde diseño el ACE (Automatic Computing Engine), el primer intento de una computadora digital de propósito general. En la visión de Turing del desarrollo de ACE, la Inteligencia Artificial jugaba un papel dominante, ya que el pretendía “construir un cerebro” artificial capaz de solucionar problemas como lo hacemos los humanos.

Su investigación se solapaba con la filosofía, sacando a la luz cuestiones acerca de las relaciones entre las computadoras y la naturaleza. Turing creía que las máquinas podían crearse de forma que imitaran los procesos del cerebro humano. Estas cuestiones le llevaron a plantearse muchas ideas, entre ellas, Turing especuló con la posibilidad de construir una red de neuronas artificiales desorganizadas que podrían ser entrenadas para resolver cualquier tarea concreta, tal y como muestra en su trabajo “Intelligent Machinery” en 1948. Sin embargo, hasta casi 10 años después, no se desarrollaría más a fondo la idea, siendo Frank Rosenblatt quien inventó el perceptrón, un clasificador lineal considerado el tipo de red neuronal más simple.

Turing creía firmemente en que se podría crear una máquina inteligente copiando “los planos del cerebro”, así que en 1950 escribió “Computing Machinery and Intelligence” [Turing 1950], un trabajo seminal del área de la Inteligencia Artificial, dónde se introdujo el Test de Turing, que permitiría probar la capacidad de una máquina de demostrar inteligencia. Para poder desarrollar este test, un juez humano mantendría una conversación con un humano y otra con la máquina, sin conocer en ningún momento con quién está hablando. Si el juez no fuera capaz de decir a ciencia cierta quién es quién, entonces la máquina habría pasado el test. Este test todavía no ha sido pasado por ninguna máquina y, aunque algún grupo de investigadores creen estar desarrollado una máquina capaz de pasarlo, algunas otras predicciones auguran que hasta el 2020 las máquinas no tendrán las capacidades suficientes para pasar este test [Kurzweil 1990]. Lo que si queda palpable, es que esta visión de máquinas inteligentes de Turing planteó una serie importante de retos que todavía están por resolver [Schubert].

Turing nos ha dejado un legado impresionante. Ha sido una de las mentes más despiertas en el campo de la computación desde su nacimiento, pero su vida no fue nada fácil. La orientación sexual de Turing (era gay), en una época en la que los actos homosexuales eran ilegales en el Reino Unido, fue considerada como una muestra de enfermedad mental y Turing fue sometido a tratamiento. El 8 de Junio de 1954, Turing se suicidó comiendo una manzana envenenada con cianuro.

Referencias:

Videos de interés:

[José Carlos Cortizo Pérez]

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Comentarios

es tonto

me parece que es un tema muy importante,para el conocimiento de muchas personas

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