La próxima generación de robots carnívoros

La próxima generación de robots está en camino, y es una nueva generación que presenta un cambio sustancial en su planteamiento. No son robots capaces de hacer más cosas, o mejores, que los actuales, pero si abordan una problemática intrínseca de los robots (y, por extrapolación, demás aparatos electrónicos), como es el de la sostenibilidad energética y la capacidad de autoabastecerse de energía en cualquier entorno. Estos nuevos robots son capaces de digerir insectos o pequeños animales, produciendo energía a partir de la descomposición de sus cuerpos. Aunque pueda sonar terrible, abre un nuevo mundo de posibilidades.

Hasta ahora, la tónica general en el diseño de robots era asumir que estaban alimentados de electricidad a partir de algún tipo de batería de forma que les ofreciera cierto dinamismo. Muchos diseños orientados a ofrecer robots más autónomos contemplaban la posibilidad de que el robot detectara enchufes eléctricos para poder recargarse. Pero en los últimos tiempos han surgido nuevas técnicas orientadas a ofrecer una autonomía mucho más real, de forma que el robot sea capaz de obtener energía de una forma similar a cómo lo hacemos los organismos vivos.

Uno de los primeros modelos de “robots carnívoros” fue el EcoBot II, una evolución del EcoBot I que era capaz de alimentarse energéticamente a partir de azucar. La diferencia fundamental entre el EcoBot I y el EcoBot II es que el EcoBot II es capaz de extraer energía a partir de fuentes mucho menos procesadas, como pueda ser a partir de la digestión de insectos en lugar de a partir del azucar. En el siguiente vídeo se puede ver el funcionamiento del EcoBot II, que alimentado por un par de moscas es capaz de obtener la energía suficiente para moverse unos cuantos centímetros.

Utilizando un concepto similar, los mismos investigadores del Bristol Robotics Laboratory han desarrollado una fuente de alimentación que es capaz de extraer energía a partir del plancton marino y del oxígeno disuelto en el agua. Este nuevo modelo amplía las posibilidades de la tecnología, al ofrecer una fuente alternativa de energía adaptada a entornos marítimos y, con ello, posibilita la aparición de robots que exploren los fondos marinos.

Más recientemente, se han extendido estas ideas al diseño de muebles inteligentes para el hogar. El diseñador James Auger del Royal College of Art de Londres, junto con su colaborador Jimmy Loizeau, han construido 5 robots domésticos (similares al mobiliario habitual de una casa) que pueden sentir su entorno, mover ciertas partes y realizar determinadas tareas de apoyo a los humanos que viven a su alrededor. Para dotarlos de energía, han pensado en dotarles de cierto “gusto por la carne”, de forma que puedan extraer la energía necesaria para su funcionamiento a partir de moscas y ratones (plagas habituales en algunas casas). Estos robots domésticos son capaces de digerir los insectos o animales a partir de la descomposición de sus cuerpos gracias a unas bacterias, y obtener energía gracias a la liberación de electrones e hidrógeno generadas por el proceso de oxidación.


En ciertos aspectos el estado de la tecnología aún está “en pañales”, especialmente en el aprovechamiento energético de los insectos/pequeños animales digeridos. Aún así, estas tecnologías abren una buena cantidad de nuevas puertas para el desarrollo de robots realmente autónomos y sostenibles, y seguro que iremos viendo avances en los próximos años orientados a una mejor explotación de estas tecnologías.

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